México, Distrito Federal I Enero- Febrero  2009 I Año 3 I Número 18 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 

 








 

 

 

PARA SOÑAR DESPIERTO 

 

Magnolia Rivera (Sinaloa, México, 1962). Escritora y pintora. Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI 2004 por su libro Trampantojos: El círculo en la obra de Remedios Varo (Siglo XXI Editores, 2005). Es Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas (Universidad Autónoma de Guadalajara, México).  Ha publicado ensayos, poemas y viñetas en revistas literarias como Tierra Adentro del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (México), Armas y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), Lenguas de Fuego (España) y La Casa de Asterión (Colombia). Posee el Grado de Maestría en Artes Visuales con Mención Honorífica (Academia de San Carlos, Escuela Nacional de Artes Plásticas, Universidad Nacional Autónoma de México). Su obra plástica se ha expuesto en México, Estados Unidos y Centroamérica.

 

 

Soñaré en otra almohada el mismo sueño, / y daré el mismo beso en otra boca.

 Antonio Machado. Poema del árbol.

 

Para soñar despierto no hace falta más que sentarse a la orilla de la cama, o del camino. O recargarse en la ventana frente al mar.  Para soñar despierto a veces sólo es cuestión de poner la cabeza en la almohada.

Las almohadas no son sólo para dormir o reposar. Suelen ser el sostén de nuestra imaginación, de nuestras muchas horas de insomnio, de divagaciones y de ensueños. Sobre la almohada nace a veces el poema, surge la idea práctica, se retuerce una preocupación o, simplemente, se acude a la nostalgia. Marcel Proust escribió en su famosa novela En busca del Tiempo Perdido uno de los pasajes más bellos en homenaje a este mullido objeto:

Apoyaba blandamente mis mejillas en las hermosas mejillas de la almohada, tan llenas y tan frescas, que son como las mejillas mismas de nuestra niñez. (Por el camino, 8)

 Para los románticos mexicanos, este objeto es el instrumento que acompaña al enamorado no correspondido. Es decir que, con la almohada, se transita también hacia el dolor. En su Nocturno a Rosario, Manuel Acuña  escribe:

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada / y hacia otros mundos quiero / mi espíritu volver, / camino mucho, mucho, / y al fin de la jornada / las formas de mi madre / se pierden en la nada / y tú de nuevo vuelves / en mi alma a aparecer. (500 Poesías, 8-11)

La almohada está hecha, entonces, de una sustancia ambivalente: sustenta nuestra dicha y nuestra pesadumbre, alivia el pesar, conforta, evoca recuerdos amables y es, al mismo tiempo, el depósito del llanto y de la impotencia. Es el minuto apetecible o las incontables horas. Testigo de la salvación o del naufragio. Es por todo ello, definitivamente, motivo y origen del poema. Puedo evocar ahora, por ejemplo, aquellos memorables versos de la española Concha Méndez al escribir su Recuerdo de Sombras:

 Sobre la blanca almohada, / Más allá del deseo, / Sobre la blanca noche, / Sobre el blanco silencio, sobre nosotros mismos / Las almas en su encuentro. (Poemas)

Ésta es la materia de que está hecha: de pasión y de lamento, de alegría y de sinsabor. Me asomo al Diccionario de Sinónimos para ver si Sáinz de Robles ha podido encontrar palabras que sean iguales en significado a la que hoy dedicamos este ensayo. No. El lingüista ha escrito solamente aproximaciones, ni siquiera símiles.  El diccionario se equivoca al suponer que una almohada es lo mismo que un cojín o un respaldo. La almohada es mucho más, es todo un símbolo, y más que una metáfora, es una alegoría. Está hecha –ha nacido- para el poema. Imaginen si cambiáramos la palabra almohada por la de cojín en el siguiente poema de Gerardo Diego:

Debajo de mi lecho / pasa el río / y en la almohada marina / cesa ya de cantar el caracol vacío. (Literatura, 95)

No hay comparación posible. Si acaso esa palabra tiene un símil, tendrá que ser un vocablo hecho de magia, de eternidad y de sueño. Un poco todo eso. Esta noche, hagamos un ritual con ella. Acomodemos su tersa blandura y sigamos las instrucciones del poeta Sabines:

Pon una hoja tierna de la luna / debajo de tu almohada / y mirarás lo que quieras ver. (Poesía, 288)

Abramos así las puertas infinitas del  Universo. Comencemos de nuevo el viaje para retornar al Principio. Nada como la almohada para izar velas mar adentro. Nada como ella para entender a la Vida y meditar en la Muerte. En ella posaremos por última vez la cabeza. Sobre ella despertaremos, otra vez, mañana.

 

* Magnolia Rivera-Sphere-Lápiz Soluble s/papel-30X26 cms. México, 2008

 

BIBLIOGRAFÍA:

MÉNDEZ, Concha. Poemas 1926-1986. España, Hiperión, 1995.

PROUST, Marcel. En Busca del Tiempo Perdido 1. Por el Camino de Swann. Tr. Pedro Salinas. Argentina, E. Santiago Rueda, 1999, 572 pp.

500 Poesías Famosas de la Literatura Universal. México, El Libro Español, 1963,  620 pp.

OCASAR JOSÉ LUIS. Literatura Española Contemporánea. España, Edinumen, 1997, 175 pp. (Dos Orillas. Cuadernos de Cultura Hispánica).

SABINES, Jaime. Poesía, Nuevo Recuento de Poemas. México, Joaquín Mortiz/SEP, 1986, 305 pp. (Lecturas Mexicanas 27. Segunda Serie).

MISTRAL, Gabriela. Sonetos de la Muerte. (Desolación: Dolor).  Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades.  (Retablo de la Literatura Chilena).  http://www.gabrielamistral.uchile.cl/poesiaframe.html

 

 

 

 

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