México, Distrito Federal I Enero- Febrero  2009 I Año 3 I Número 18 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

 

LOS POETAS DEL GRUPO CÁNTICO DE CÓRDOBA (2)

 

Pedro Tejada Tello. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia (España) desde 1998. Compagina la docencia en un instituto de educación secundaria de Castellón con la investigación. En el año 2004 obtuvo una beca de investigación de la Fundación Max Aub, que ha fructificado en el trabajo todavía inédito Crímenes ejemplares: Humor y ‘más aún’. Entre sus publicaciones destacan las centradas en la poesía española de posguerra, tanto individuales (La revista Cántico. “Hojas de poesía” -1995-, La escritura poética de Mario López (poeta de Cántico)-2003-) como en volúmenes colectivos. También ha hecho incursiones en la lingüística (Variedades del castellano en Castellón, 1992) y en las relaciones entre lenguas y nuevas tecnologías. Ponente en congresos mundiales de lengua y literatura, colabora igualmente en diversas revistas especializadas.  

 

Sin dejar reconocer las personalidades poéticas de los cinco miembros fundadores de la revista Cántico (Ricardo Molina, Juan Bernier, Pablo García Baena, Mario López y Julio Aumente) –de quienes nos ocuparemos individualmente en próximos artículos-, y puesto que existe un fondo común de vivencias e inquietudes que cristalizó –sobre todo en las primeras obras de cada uno de ellos- en unos mismos temas, con un tratamiento y unos tonos muy próximos, podemos centrarnos en esta ocasión en la delimitación de la cosmovisión y motivos temáticos comunes, así como en los recursos estilísticos que también emplearon todos ellos. Temas, tonos y recursos que hicieron excéntricas sus obras respecto de los “centros poéticos” de entonces. A pesar de la dificultad de sintetizar en pocas páginas algunos de estos temas y tonos, creemos que los siguientes son los más importantes:

a)    Profundo vitalismo.

b)    Hedonismo y religiosidad.

c)    Tono elegíaco.

d)    Relevancia del paisaje urbano y rural.

e)    Ciertas implicaciones sociales.

 

a) Profundo vitalismo

Decía J. Aumente: “(…) los poetas de Cántico hemos vivido la vida, la hemos amado antes de ser poetas.”[1] La poesía de R. Molina es un reiterado canto a las excelencias del simple hecho de vivir: “mi alma acepta los dones de la vida en dorado racimo luminoso” (“A la vida que es gracia…”, El río de los Ángeles, v.7).

El vitalismo es aclamado por estos poetas, incluso cuando ―por influjo de ciertas tendencias en boga de la poesía de posguerra― aparecen preocupaciones de tipo existencial. Tal es el caso de J. Bernier, quien llega a la negación de la muerte a favor de la vida: “No preparo las maletas para este viaje terrible, / hay como un hálito fuerte de mi carne viva / que impide ni aun pensar que he de realizarlo.” (“Morir”, Aquí en la tierra, vv.37-39). 

 

b) Hedonismo y religiosidad 

Según el propio Bernier, el hedonismo se encuentra perfectamente enraizado en el Sur, “porque no hay ningún deseo que no se pueda satisfacer aquí abajo” (“Canto del Sur”, Cántico, I, nº 1, v.45). Sur que el poeta identifica con Andalucía, el Mediterráneo, Arabia…, pero que Molina concreta desde un principio en Córdoba, asentando así el hedonismo en su propia realidad inmediata (Piedrahita, Sandua).

La proclamación del goce de los sentidos se manifiesta primordialmente a través de la experiencia amorosa, que puede presentar diferentes aspectos y diferentes registros expresivos: el encuentro amoroso suele darse en un ámbito naturalista exclusivo de los amantes (Bernier, “Tierra de amor”, Cántico, I, nº 5; García Baena, “Noche del vino”, Mientras cantan los pájaros; Aumente, “Cántico sin nombre”, Cántico, I, nº 2); allí –como en la poesía de Vicente Aleixandre- los amantes buscan la fusión con la Naturaleza y la integración íntima en la tierra de la que nacieron (Molina, “El beso y el agua”, El río de los Ángeles; Aumente, “Elegía de La Granja”, Por la pendiente oscura); por otro lado, es el paisaje en sí mismo, sin necesidad de presencia humana, fuente de la que brota la sensualidad (Mario López, “Memoria del Sur de España”, Universo de pueblo).

El hedonismo es combinado frecuentemente por los poetas de Cántico con un ideal de belleza pagano. En algunos versos, pretenden hacer revivir el paganismo, sobre todo de la Grecia clásica (Bernier) o desearían haber vivido en aquellos tiempos (Molina). Sin embargo, lo que hace más singulares a estos poetas es la combinación de este hedonismo con fervor religioso. Decía en cierta ocasión García Baena: “Mi poesía es religiosa, aunque no se hable de Dios, ni nada de eso. Lo que pasa es que, como sucedía con otros poetas de Cántico, junto a lo religioso también eran unos grandes profanos. Es decir, soy religioso pero no acabo de rechazar un bello cuerpo que se presente, o cualquier cosa de éstas. Entonces cierro un poco los ojos y paso por ese agradable cáliz.”[2] Estos términos, aparentemente irreconciliables, son compatibilizados, sin embargo, de una forma muy personal por cada poeta. R. Molina, en ocasiones, se decanta claramente por el amor carnal difuminando lo espiritual: “Por eso / te miraré mas no como un espíritu / sino con mirada de hombre que aún tiene en sus manos el barro de la tierra.” (“Respuesta”, Regalo de amante, vv.37-39). Esto, a veces, reporta al hablante lírico angustias y remordimientos. No obstante, Molina es capaz de aunar en un mismo poema paganismo y religiosidad cristiana. El mejor ejemplo nos lo ofrece, como indicó Mantero (1986: 375), “Ganymedes”, pieza que cierra su libro Psalmos. En García Baena la conciencia de culpa no está tan marcada como en Molina. En Rumor oculto aparece el adolescente que cae en las tentaciones de la carne, y que luego siente remordimientos. Este descubrimiento del placer lleva, como escribió G. Carnero (1976: 68), a “una segunda voluptuosidad (…) la voluptuosidad del remordimiento anticipado.” A Julio Aumente más que la conciencia de pecado le preocupa el egoísmo y la falta de amor, que conducen toda pasión amorosa al fracaso y a la tristeza (vid. “Nunc”, El aire que no vuelve). En la poesía de J. Bernier hallamos la declarada incapacidad de renuncia a los placeres terrenales. Y cuando las dudas y el “inútil taladro del pensamiento” (“Interrogación”, Aquí en la tierra, v.78) le torturan, sólo cobra valor el mundo exterior que descubre con “el mágico filtro de los cinco sentidos fuera de mí con un agua fresca tras un camino sudoroso.” (v.34). La idea de Dios de Bernier tiene mucho de convencionalismo, pues la totalidad de la obra bernieriana demuestra su escepticismo filosófico, político y religioso, aunque como señaló C. Clementson (1990:XIV) “impregnado de un difuso, pero sincero cristianismo de raíces evangélicas y erasmistas.” En el caso de Mario López la religiosidad es sincera y sin conflictos. 

 

c) Tono elegíaco 

La actitud vitalista y el hedonismo de estos poetas quedan frecuentemente ensombrecidos cuando toman conciencia de la finitud de las glorias mundanas. Aparecen entonces los cantos elegíacos, cargados de decepción, como Elegías de Sandua de R. Molina.

Estos cantos elegíacos pueden venir dados por diferentes bienes irremisiblemente perdidos, como: 1) el amor (Rumor oculto de García Baena, Por la pendiente oscura de Aumente). 2) La infancia como recinto dichoso (Antiguo muchacho de García Baena, Garganta y corazón del Sur de Mario López). 3) Escenas cotidianas del pasado y formas de vida extinguidas (también Antiguo muchacho y Garganta y corazón del Sur). 4) Sean o no sean imágenes de la infancia, el poeta se convierte en narrador de experiencias pretéritas, componiendo piezas de marcado carácter episódico (“La Huerta de la Cruz” de Antiguo muchacho, “Elegía de la Granja” de Por la pendiente oscura, “Elegía XII” de Elegías de Sandua, “Las luciérnagas” de Nostalgiario andaluz de Mario López). 

 

d) Relevancia del paisaje urbano y rural 

Cuando el paisaje urbano se concretiza en Córdoba, suele entonces hablarse de ella como marco para sus ensoñaciones y para la proyección de sus propios sentimientos. En ella Bernier sueña ese mundo grecolatino que adora. Molina identifica su alma con los lugares solitarios por los que camina. Mario López percibe en ella los ecos de las diferentes civilizaciones que la poblaron: “Tu honda raíz de gravedad romana, / dórico aroma en mármol de ruinas, / su alma trasciende en flor por las esquinas / del aire que te asiste musulmana.” (“Soneto a Córdoba”, Antología poética, vv.1-4).

El paisaje urbano en general, sin concreciones, representa para estos poetas el ámbito de una vida impura e inauténtica: “El corazón vende sus joyas falsas. / Los ingenieros, arquitectos, empresarios / están seguros y satisfechos en sus sillones. / La fe es un prodigioso equilibrio de alambres.” (R. Molina, “Ciudad por la tarde”, Corimbo, vv.5-8). Por el contrario, con el ámbito rural reviven el tópico de “alabanza de aldea, menosprecio de corte”, pues el campo es un reducto de vida auténtica y pura, un remanso de paz (Elegías de Sandua de Molina, Mientras cantan los pájaros de García Baena).

 

 f)    Implicaciones sociales 

Aunque los puntos anteriores pudieran hacer pensar en poetas que adoptan actitudes egotistas y evasivas, ciertamente son hombres enraizados en su tierra y en su circunstancia histórica, muy preocupados por la suerte de sus semejantes, denunciando, cada uno a su modo, todo aquello que supusiera un agravio a sus principios éticos y cívicos: Mario se conmueve del sufrimiento de los campesinos (“Ante el retrato de un campesino andaluz por Povedano”, Museo simbólico); Aumente se manifiesta a favor de los más humildes, despreciando irónicamente a ricos y poderosos (“Incursión surrealista al modo de Juan Bernier”, Por la pendiente oscura); García Baena se alza contra las convenciones sociales, morales y religiosas que coartan la libertad sexual de las personas (“Llanto de la hija de Jefté”, Mientras cantan los pájaros). Pero los dos que mantuvieron posiciones más próximas a la poesía social fueron Bernier (Aquí en la tierra)[3] y Molina (A la luz de cada día).

 

RASGOS Y RECURSOS ESTILÍSTICOS 

 

La cosmovisión e inquietudes esbozadas en líneas precedentes, se materializaron en los poemas de cada autor con unos rasgos y recursos estilísticos determinados. Algunos de éstos, coincidentes en todos o en la mayoría de poetas de Cántico, contribuyeron también a darles ese sello diferenciador o “ex-céntrico”. Destacaremos como principales recursos: (i) la tendencia a lo hímnico; (ii) el culturalismo; (iii) la gran importancia de las imágenes; (iv) la elección de un léxico suntuoso; (v) el versolibrismo y (vi) el esteticismo. 

(i)           La tendencia a lo hímnico 

Es perceptible desde sus primeras colaboraciones en la revista Cántico. Esta propensión a lo hímnico –más acusada sobre todo en Molina- se manifestó en el cauce de los versos con unos recursos concretos y recurrentes, como: el tono invocativo, con muy diferentes seres apostrofados (el ser amado, el Sur, la Naturaleza, Dios…); profusión de exclamaciones; larguísimas series enumerativas y anáforas, etc. 

(ii)          El culturalismo 

Las referencias recurrentes a creaciones artísticas y literarias en los poemas de los autores de Cántico no resultan accesorias, pues como indicó Carnero (1976: 41) responden a “un intimismo de contenido culturalista, heredado del Modernismo y los poetas del 27”. Encontraremos en sus versos personajes literarios (Sandokán, Hamlet, Yorick, Juan de Mena, Lanzarote, Hero, Tristán…), topónimos (Caná, Maracabio, Esmirna, Hedjaz, Indostán…), personajes religiosos (Jephté, Baltasar, Ángel de Lot, Arcángel San Rafael, Adán y Eva…), toreros (Joselito, Belmonte, El Gallo, Lagartijo…), figuras del mundo flamenco (Carmen Amaya, Pastora Pavón, “Niña de los Peines”…), mitología clásica (Venus, Narciso, Ariadna, Ulises, Apolo…) y mitos cinematográficos (Rita Hayworth, Jorge Negrete, Marlene Dietrich…).

 (iii)         Relevancia de las imágenes 

Nuestros poetas concentraron muchos de sus esfuerzos a la búsqueda de la imagen lograda y deslumbrante (siguiendo el ejemplo de la poesía modernista, Juan Ramón y el 27), y desmarcándose así del signo general –“lo céntrico”- de su época. Veamos algunos de los rasgos más característicos y comunes a la imaginería de estos poetas.

En primer lugar, es frecuente hallar en sus composiciones metáforas muy visuales y brillantemente plásticas (no debe olvidarse que García Baena, Mario López y Aumente también fueron pintores) emparentables con el Modernismo: “cuando playas de arena la pupila, la forma innumerable de las cosas pisa, / sobre el cristal convexo el color clava su agudo temblar de fajas espectrales / y la herida de crepúsculo desangra en la mirada sus vidrios encendidos” (J. Bernier, “Interrogación”, Aquí en la tierra, vv.20-22). Estos poetas encuentran la mayor veta para sus imágenes en el mundo vegetal, escogiendo muchas veces una flora deslumbrante (sirva de ejemplo ésta, tomada de García Baena: hortensias, clavellinas, lilas, jazmines, azucena, rosa, mastrantos, juncos, benjuí, cinamomo, alerces, sauces, álamos, castaños, alazor…) con la que se inscriben en una tradición poética andaluza de todos los tiempos. También las aves aparecen como términos imaginarios: “donde el adolescente alza su grito melancólico / como ave que despierta asustada en la noche” (García Baena, “El retorno”, Antiguo muchacho, vv.6-7). Y en general toda la Naturaleza: “Ámame ahora que tengo en los ojos / la suave llama de la tarde / y la gracia de la sonrisa / y la leve frescura de los manantiales” (R. Molina, “Invitación a la dicha”, Regalo de amante, vv.5-8); “Un viejo libro lleno de nostalgia / como los olivares en Septiembre.” (Mario López, “Muertos de pueblo”, Universo de pueblo, vv.2-3).

El culturalismo religioso que exhiben algunos de estos poetas se traduce en imágenes religiosas, si bien muchas de ellas aparecen como correlato prescindible. Es García Baena quien más se vale de este tipo de imágenes. Entre todas ellas resultan recurrentes aquellas que presentan cáliz como vehículo, como en “y la mañana alzaba su cáliz transparente rebosante de llanto.” (“Verónica”, v.31).

El paganismo, hedonismo y sensualidad reivindicados por estos poetas también se manifiesta en sus imágenes. Bernier identifica los cuerpos desnudos con la belleza estática de las culturas clásicas: “Ven, ven y que de pronto antes mis ojos fijos / se rompa en el agua clara y reviva la estatua de tu cuerpo perdido / como un mármol mojado por la lluvia del alba” (“Tierra de amor”, Cántico, I, nº 5, vv.32-34).

La sensualidad implica la comunión perfecta entre las personas y la naturaleza. De ahí que sean frecuentes las metáforas antropomórficas: “y se ofrece el húmedo beso de la hierba a la silenciosa caricia de los pasos” (J. Bernier, “Marzo”, revista Almotamid, v.6); “desgarramos el abrazo de las ondas / que se abrazan lo mismo que nosotros, /que se acarician infinitamente y arrastran hacia el mar un beso inagotable…” (R. Molina, “El beso y el agua”, El río de los Ángeles, vv.4-6).

Todas estas proclamas de hedonismo y sensualidad suelen determinar en los poemas la frecuente aparición de imágenes sinestéticas: “en el silencio rojo que rumian las chicharras” (J. Bernier, “Sierra”, Cántico, I, nº3, v.10); “ven y enciende tu antorcha de perfumes” (García Baena, “Primavera”, Mientras cantan los pájaros, v.20); “Encienden las perdices / sus ásperos reclamos junto a los paredones del lindero” (M. López, “Los ecos”, Garganta y corazón del Sur).

 (iv) Léxico suntuoso 

Caracteriza a estos poetas el gusto por la palabra exquisita y selecta. Este vocabulario suntuoso, y muchas veces barroco, puede pertenecer a determinados campos léxicos muy queridos por los de Cántico. He aquí algunos de estos campos:

- Flora: anémona, cítiso, acacias, magnolias, almezos, ricinos…

- Instrumentos y términos musicales: pífano, tiorbas, címbalos, vihuelas, rabel, cítara…

- Objetos y paramentos litúrgicos: píxide, dalmáticas, incensario, ostiario, tiaras…

- Piedras preciosas: rubí, gemas, zafiro, ónices, amatista, ágata…

 (iv)         Versolibrismo 

El versolibrismo está presente en estos autores desde sus primeras producciones. Es en J. Bernier donde los versos alcanzan mayor amplitud (muchos versos de más de treinta y cuarenta sílabas), con grupos fónicos amplísimos que otorgan al discurso un tono grave, solemne y un ritmo retardatario que encaja perfectamente con los temas que escoge: pausada delectación de los cinco sentidos (“Miro, ansiosamente miro…”), la lentitud con que se tortura a un reo (“Pero él llamaba a la muerte…”), etc.

Sin embargo, junto a estos alardes métricos propios del espíritu renovador del siglo XX, estos cordobeses aman la tradición poética y todos ellos, sin excepción, también emplean combinaciones estróficas clásicas. Todos cultivaron, por ejemplo, el soneto. 

(v)          Esteticismo 

Es este el rasgo más definitorio del grupo, ya que determina tanto sus diferentes cosmovisiones como sus peculiares estilos. Es para ellos tan importante este esteticismo –heredado del Modernismo y del decadentismo- porque les ofrece una función consolatoria ante las miserias de la condición humana y les permite transformar en maravilloso lo más vulgar: “bordonea la siesta igual que una moscarda de berilos azules” (García Baena, “El Corpus”, Antiguo muchacho, v.40). Es en definitiva, el esteticismo el que les impide caer en la poesía de posguerra que desde Cántico combatían y a la que, a veces, se aproximaban (sobre todo Bernier y Molina).

 

[1] Luque (1997: 31).

[2] Luque (1990: 37).

[3] Vid. Tejada (1994). 

 

 

                                   BIBLIOGRAFÍA

 

Aumente, Julio (1978) Por la pendiente oscura (1947-1965), Sevilla, Calle del  Aire.

Bernier, Juan (1977):  Poesía en seis tiempos, Madrid, Editora Nacional.

Carnero, Guillermo (1976):     El Grupo “Cántico” de Córdoba. Un episodio clave de la  historia de la poesía española de posguerra, Madrid, Editora Nacional.

Clementson, Carlos (1990): “El pensamiento de un poeta” “Cuadernos del Sur”, Suplemento de Cultura de Diario Córdoba, nº181, especial Juan Bernier, 08-11-90, pp.XIV-XV.

López, Mario (1997):   Poesía, Córdoba, Diputación Provincial.

Luque, R. (1990):   “Entre el cielo y la tierra. Pablo García Baena, el poeta solitario que prefirió el mar”, entrevista en Diario Córdoba, 15-07-90.

Luque, R. (1997): “Por la pendiente oscura” (Entrevista a Julio Aumente),  “Cuadernos del Sur”, Suplemento de Cultura de Diario  Córdoba, 27-02-97, pp.31-33.

García Baena, Pablo (1982): Poesía completa (1940-1980), Madrid, Visor.

Mantero, Manuel (1986):  Poetas españoles de posguerra, Madrid, Espasa-Calpe.

Molina, Ricardo (1982):  Obra Poética Completa (2 vols.), Granada, Excma. Diputación Provincial de Córdoba, Antonio Ubago, editor.

Tejada Tello, Pedro (1994): “En torno a la ‘poesía social’ de Juan Bernier, un ‘raro’  de Cántico. Primera etapa de su producción (1947-  1954), Ribalta. Quaderns d’aplicació didàctica i   investigació, Castelló, Semestral nº 7, pp.105-113.

Tejada Tello, Pedro (2003)La escritura poética de Mario López. Análisis de la obra  de un poeta de Cántico, Córdoba, Diputación de  Córdoba.

VV. AA. (1983): Cántico, Hojas de Poesía. Córdoba 1947-1957, ed.  facsímil, prólogo e índices de Marie Christine del Castillo   y Abelardo Linares, Excma.   Diputación Provincial de  Córdoba.

 

 

 

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