Para mí es ciertamente más revelador del
pensamiento de Flaubert el Capítulo XX de
Memorias de un loco que los amores o
desamores de este autor por María o Caroline,
sus amores de infancia y de juventud. Después de
hacer dos lecturas de su libro recién citado, en
Flaubert podemos ver su actitud hacia el hombre
y hacia el mundo como un rechazo por lo
convencional y como un interés natural de su
edad prematura por temas tales como la fugacidad
de la vida, la insignificancia y la pequeñez del
hombre en su paso por la Tierra.
En tal sentido, Flaubert aborda temas
que se asemejan bastante con el tópico bíblico
fundamental del Eclesiastés, que comienza
por la vanidad de todo aquello que atañe al
hombre, desde sus trabajos, sus días y su
jornada sobre la Tierra. Parece que Flaubert
tenía a sus diecisiete años preocupaciones
bastante más avanzadas que otros muchachos de su
misma edad.
También cabría decir que esta vanidad y la
sinrazón e hipocresía del hombre es el centro de
un continuo ataque flaubertiano a lo largo de
todo el apartado número veinte de las
Memorias de un loco. Entre las cuestiones
que él menciona están la insuficiencia del ser
humano como ente dotado de razón ante fenómenos
como la naturaleza; su constante hipocresía al
autonombrarse o denominarse a sí mismo “grande”
mientras que él no fue más que un escupitajo
antes de nacer y más fétido que la orina.
Así, conviene además puntualizar tres
argumentos usados por Geoffrey Braithwaite en su
defensa de Flaubert más allá de la mitad de El
loro de Flaubert. Los puntos son los siguientes,
paso a citar tres de ellos que me han llamado la
atención. Son todos acusaciones que se le
hicieron a Flaubert y que Braihwaite contradice
o desmiente:
1.-Que odiaba a la humanidad.
2.-Que no creía en el progreso
3.-Que era un pesimista.
Yo me pregunto, ¿no podríamos afirmar
acaso que el capítulo XX de las Memorias de
un loco no sea la posible justificación de
Julian Barnes cuando escribe la famosa defensa
de Flaubert a través de Geoffrey Braihwaite?
La defensa que hace Braithwaite de Flaubert, ¿no
es la contraparte de ese apartado XX de las
Memorias de un loco?
También quisiera relacionar otra
acusación de la que Braithwaite defiende a
Flaubert: que vivió no muy a fondo y que no se
entremezcló mucho con el mundo. A este respecto
dice Alfredo Bryce Echenique estar de acuerdo
con Julian Barnes: que no hay mejor forma de
vivir sino aquella que te procura escribir los
mejores libros. Para Bryce fue un error tratar
de imitar los “grandes viajes” de los escritores
famosos. También hace que reflexionemos en torno
al verdadero papel del escritor, ya no como una
máquina de escritura ni con cierta y tanta
parquedad, sino con una profusión adecuada y un
estilo propio.
Después de esta breve alusión a Bryce
conviene hacer algunas aclaratorias:
1.-Que odiaba a la humanidad: palabras más,
palabras menos, Braithwaite sostiene que
Flaubert amaba a su familia, amigos y mascotas.
De hecho, a estas últimas les dedica especial
atención en su apasionada, acalorada y excitante
defensa de Flaubert.
También cita Braithwaite estas palabras
de Freud, diez años antes de morir: “En el fondo
de mi corazón estoy irremediablemente convencido
de que mis queridos prójimos, con unas pocas
excepciones, son unos seres despreciables.” Es
decir, con esta cita Braithwaite invita al
acusador a tomar conciencia de que éstas fueron
las palabras del que quizá entendió mejor a la
humanidad. Por lo cual, un lector cualquiera
podría deducir o inferir que Flaubert tal vez
pensó como Freud pero en su caso, en el caso de
Flaubert, se justifica tal pensamiento por ser
él una persona no docta ni exclusivamente
dedicada en la comprensión de la condición
humana. Yo añadiría: pero de que Flaubert fue un
inquisidor a su vez de la condición humana,
seguro que lo fue. Pero Braithwaite se encarga
de limpiar la imagen de Flaubert y trata de que
lo veamos con otros y nuevos ojos, con una luz
diferente de aquella con que lo han iluminado
varias personas, entre ellas la Dra. Starkie.
2.-Que no creía en el progreso: bien, bastaría
con que el lector se diera cuenta de la relación
de amor-odio de Flaubert con los ferrocarriles.
Aunque nos dice el Doctor Braithwaite que le
fueron muy útiles en su romance con la señorita
Louise Colet; de hecho, el viaje en ferrocarril
le acortaba el tiempo en una cantidad de horas
considerable para sus encuentros amorosos con
ella. Así que es de suponer que aunque le
parecieran a Flaubert un tema cliché o un
lugar común de su época, los ferrocarriles le
gustaban y fueron incluidos en algunos de sus
escritos.
Sin embargo, a pesar de que el Dr.
Braithwaite dice a este respecto que cita el
siglo XX en defensa de Flaubert, yo creo que
este escritor francés era reacio a los cambios.
Pero no debemos olvidar que Flaubert también era
un ser humano y quizá lo que quiso Braithwaite
fue ser un poco más benigno con Flaubert de lo
que éste fue consigo mismo.
Nos habla Flaubert más de sí mismo sin
hablar de él que si nos hubiera hablado todo el
tiempo de sí. Yo considero que Flaubert tenía
una visión un poco conservadora, tomando en
cuenta por supuesto sólo sus memorias. Cito a
Flaubert textualmente o como dice Bryce,
profesionalmente: “(…) eras esclavo antes de
haber nacido y desdichado antes de vivir!” ¿De
qué nos está hablando él? Pues de la libertad de
cada ser humano, que está atado a mil cadenas
antes de ser llamado al mundo y piensa que es
grande por ponerle nombres a los astros y
llenarse la boca con ellos. Es una visión
también un tanto existencialista. O sea, ¿que él
se adelantó a los existencialistas del siglo XX
con sus ideas escritas apenas con diecisiete
años?
Yo creo que Flaubert sí se adelantó. Él
no solamente nos habla del misterio de la vida,
de la inmortalidad del alma, del “prisma” con
que cada uno ve el mundo sino también y más
concretamente de qué habría pasado después de
nuestra muerte. ¿A dónde estábamos antes de
nacer y adónde vamos después de la muerte?
Parece un tema ya bastante masticado por la
religión, la psicología, la filosofía; pero es
un asunto crucial en la madurez del individuo.
3.-Que era un pesimista: la verdad es que en
esto concuerdo con el doctor Braithwaite. Como
dijo el mismo Flaubert, citado en El loro de
Flaubert: “no se hace Arte con buenas
intenciones”. Además, el pesimismo es un motivo
para que seamos un poco existencialistas o
viceversa. No todo puede ser amor. También se le
debe dar cabida a lo sórdido, a lo absurdo y a
la duda. Aquí me acuerdo de lo que se acusa
injustamente también a Flaubert: que no era un
patriota. Digamos que la acusación tiene dos
caras, son dos loros cotorreando entre sí. Uno
dice que Flaubert no fue un patriota. Otro dice
que tenía una digna justificación para ello: su
madre. ¿A cuál de los dos le hacemos caso? Pues
yo diría que podemos siempre mirar a través de
otro cristal. Así podremos ver con más claridad.
Escuchemos no los dos sino los cincuenta loros
hablando de Flaubert. No solamente lo que dice
la Dra. Starkie ni sólo lo que dice el Dr.
Braithwaite.
Antes de finalizar este brevísimo ensayo diría
que la guerra franco-prusiana de 1870, ¿era
realmente para preguntarse sobre cuestiones de
moral patriótica, cuando en vez de ir a la
guerra decides cuidar de tu madre sola? Yo
prefiero creer en Braithwaite, porque Flaubert
habla con su loro o éste le habla a él de
cuestiones de la vida y de la muerte, del hecho
de escribir o morir como un idiota en la guerra.
No siempre el héroe es el que muere en batalla
sino aquel que la sobrevive. Finalizo con esta
cita que hace Braithwaite de Flaubert:
El público quiere obras que adulen sus
ilusiones.
Bibliografía
Gustave Flaubert. Memorias de un loco.
Del Zorzal; Buenos Aires, 2004. 1era edición.
Julian Barnes. El loro de Flaubert.
Anagrama; Barcelona (España), 1989. 5ta edición.