México, Distrito Federal I Enero- Febrero  2009 I Año 3 I Número 18 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 

 








 

 

 

Comentario del Capítulo XX de las Memorias de un loco de Flaubert

 

 Sócrates Adamantios Tsokonas (Caracas, 1979), ensayista grecovenezolano, concluyó en 2007 su carrera de Letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Se dedica a la redacción de textos literarios con el objetivo de incentivar y promover la lectura. Su tesis de grado trata de un ensayo acerca de la épica y de la tragedia griega y fue aprobada con calificación sobresaliente.

 

Para mí es ciertamente más revelador del pensamiento de Flaubert el Capítulo XX de Memorias de un loco que los amores o desamores de este autor por María o Caroline, sus amores de infancia y de juventud. Después de hacer dos lecturas de su libro recién citado, en Flaubert podemos ver su actitud hacia el hombre y hacia el mundo como un rechazo por lo convencional y como un interés natural de su edad prematura por temas tales como la fugacidad de la vida, la insignificancia y la pequeñez del hombre en su paso por la Tierra.

         En tal sentido, Flaubert aborda temas que se asemejan bastante con el tópico bíblico fundamental del Eclesiastés, que comienza por la vanidad de todo aquello que atañe al hombre, desde sus trabajos, sus días y su jornada sobre la Tierra. Parece que Flaubert tenía a sus diecisiete años preocupaciones bastante más avanzadas que otros muchachos de su misma edad.

También cabría decir que esta vanidad y la sinrazón e hipocresía del hombre es el centro de un continuo ataque flaubertiano a lo largo de todo el apartado número veinte de las Memorias de un loco. Entre las cuestiones que él menciona están la insuficiencia del ser humano como ente dotado de razón ante fenómenos como la naturaleza; su constante hipocresía al autonombrarse o denominarse a sí mismo “grande” mientras que él no fue más que un escupitajo antes de nacer y más fétido que la orina.

         Así, conviene además puntualizar tres argumentos usados por Geoffrey Braithwaite en su defensa de Flaubert más allá de la mitad de El loro de Flaubert. Los puntos son los siguientes, paso a citar tres de ellos que me han llamado la atención. Son todos acusaciones que se le hicieron a Flaubert y que Braihwaite contradice o desmiente:

1.-Que odiaba a la humanidad.

2.-Que no creía en el progreso

3.-Que era un pesimista.

         Yo me pregunto, ¿no podríamos afirmar acaso que el capítulo XX de las Memorias de un loco no sea la posible justificación de Julian Barnes cuando escribe la famosa defensa de Flaubert a través de Geoffrey Braihwaite?

La defensa que hace Braithwaite de Flaubert, ¿no es la contraparte de ese apartado XX de las Memorias de un loco?

         También quisiera relacionar otra acusación de la que Braithwaite defiende a Flaubert: que vivió no muy a fondo y que no se entremezcló mucho con el mundo. A este respecto dice Alfredo Bryce Echenique estar de acuerdo con Julian Barnes: que no hay mejor forma de vivir sino aquella que te procura escribir los mejores libros. Para Bryce fue un error tratar de imitar los “grandes viajes” de los escritores famosos. También hace que reflexionemos en torno al verdadero papel del escritor, ya no como una máquina de escritura ni con cierta y tanta parquedad, sino con una profusión adecuada y un estilo propio.  

         Después de esta breve alusión a Bryce conviene hacer algunas aclaratorias:

1.-Que odiaba a la humanidad: palabras más, palabras menos, Braithwaite sostiene que Flaubert amaba a su familia, amigos y mascotas. De hecho, a estas últimas les dedica especial atención en su apasionada, acalorada y excitante defensa de Flaubert.

         También cita Braithwaite estas palabras de Freud, diez años antes de morir: “En el fondo de mi corazón estoy irremediablemente convencido de que mis queridos prójimos, con unas pocas excepciones, son unos seres despreciables.” Es decir, con esta cita Braithwaite invita al acusador a tomar conciencia de que éstas fueron las palabras del que quizá entendió mejor a la humanidad. Por lo cual, un lector cualquiera podría deducir o inferir que Flaubert tal vez pensó como Freud pero en su caso, en el caso de Flaubert, se justifica tal pensamiento por ser él una persona no docta ni exclusivamente dedicada en la comprensión de la condición humana. Yo añadiría: pero de que Flaubert fue un inquisidor a su vez de la condición humana, seguro que lo fue. Pero Braithwaite se encarga de limpiar la imagen de Flaubert y trata de que lo veamos con otros y nuevos ojos, con una luz diferente de aquella con que lo han iluminado varias personas, entre ellas la Dra. Starkie.

2.-Que no creía en el progreso: bien, bastaría con que el lector se diera cuenta de la relación de amor-odio de Flaubert con los ferrocarriles. Aunque nos dice el Doctor Braithwaite que le fueron muy útiles en su romance con la señorita Louise Colet; de hecho, el viaje en ferrocarril le acortaba el tiempo en una cantidad de horas considerable para sus encuentros amorosos con ella. Así que es de suponer que aunque le parecieran a Flaubert un tema cliché o un lugar común de su época, los ferrocarriles le gustaban y fueron incluidos en algunos de sus escritos.

         Sin embargo, a pesar de que el Dr. Braithwaite dice a este respecto que cita el siglo XX en defensa de Flaubert, yo creo que este escritor francés era reacio a los cambios. Pero no debemos olvidar que Flaubert también era un ser humano y quizá lo que quiso Braithwaite fue ser un poco más benigno con Flaubert de lo que éste fue consigo mismo.  

         Nos habla Flaubert más de sí mismo sin hablar de él que si nos hubiera hablado todo el tiempo de sí. Yo considero que Flaubert tenía una visión un poco conservadora, tomando en cuenta por supuesto sólo sus memorias. Cito a Flaubert textualmente o como dice Bryce, profesionalmente: “(…) eras esclavo antes de haber nacido y desdichado antes de vivir!” ¿De qué nos está hablando él? Pues de la libertad de cada ser humano, que está atado a mil cadenas antes de ser llamado al mundo y piensa que es grande por ponerle nombres a los astros y llenarse la boca con ellos. Es una visión también un tanto existencialista. O sea, ¿que él se adelantó a los existencialistas del siglo XX con sus ideas escritas apenas con diecisiete años?  

         Yo creo que Flaubert sí se adelantó. Él no solamente nos habla del misterio de la vida, de la inmortalidad del alma, del “prisma” con que cada uno ve el mundo sino también y más concretamente de qué habría pasado después de nuestra muerte. ¿A dónde estábamos antes de nacer y adónde vamos después de la muerte? Parece un tema ya bastante masticado por la religión, la psicología, la filosofía; pero es un asunto crucial en la madurez del individuo.  

3.-Que era un pesimista: la verdad es que en esto concuerdo con el doctor Braithwaite. Como dijo el mismo Flaubert, citado en El loro de Flaubert: “no se hace Arte con buenas intenciones”. Además, el pesimismo es un motivo para que seamos un poco existencialistas o viceversa. No todo puede ser amor. También se le debe dar cabida a lo sórdido, a lo absurdo y a la duda. Aquí me acuerdo de lo que se acusa injustamente también a Flaubert: que no era un patriota. Digamos que la acusación tiene dos caras, son dos loros cotorreando entre sí. Uno dice que Flaubert no fue un patriota. Otro dice que tenía una digna justificación para ello: su madre. ¿A cuál de los dos le hacemos caso? Pues yo diría que podemos siempre mirar a través de otro cristal. Así podremos ver con más claridad. Escuchemos no los dos sino los cincuenta loros hablando de Flaubert. No solamente lo que dice la Dra. Starkie ni sólo lo que dice el Dr. Braithwaite.

Antes de finalizar este brevísimo ensayo diría que la guerra franco-prusiana de 1870,  ¿era realmente para preguntarse sobre cuestiones de moral patriótica, cuando en vez de ir a la guerra decides cuidar de tu madre sola? Yo prefiero creer en Braithwaite, porque Flaubert habla con su loro o éste le habla a él de cuestiones de la vida y de la muerte, del hecho de escribir o morir como un idiota en la guerra. No siempre el héroe es el que muere en batalla sino aquel que la sobrevive. Finalizo con esta cita que hace Braithwaite de Flaubert:

El público quiere obras que adulen sus ilusiones.

                                                                            

Bibliografía 

Gustave Flaubert. Memorias de un loco. Del Zorzal; Buenos Aires, 2004. 1era edición.

Julian Barnes. El loro de Flaubert. Anagrama; Barcelona (España), 1989. 5ta edición.

 

 

 

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