México, Distrito Federal I Marzo  - Abril 2009 I Año 4 I Número 19 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

Transmarina

 Nino Gallegos. (El Paso Resbaloso, P.N. Dgo., México. 1957). Profesor en la Fac. de Ciencias Sociales-UAS, periodista y promotor cultural. Colabora en la sección cultural del periódico El Sol de Mazatlán, con la columna Trópicos Subterráneos, así como en el semanario estatal Ríodoce, y en algunos medios impresos de la RepMex. Publicaciones: en el colectivo del taller literario Inés Arredondo, 5x3=8: Proa MarAdentro (Difocur, 1988), De la piel de húmedos vientos trópicos y la tristeza silenciosa en barcos vacíos, presentado en el museo Carrillo Gil (Difocur, 1989), Agua que se está haciendo tarde, tarde que se está haciendo agua (EdiUAS, 1997), Andar en la soledad del puerto, con la cabeza a pájaros, presentado en el museo Diego Rivera (Difocur-Editorial Praxis, 2001). Aparece en una Antología de Escritores Sinaloenses, como en el Diccionario de Cultura Sinaloense. Becario-Foeca, 1996-1997.

 

 

¿De qué está hecha la arena en las playas del tiempo para transcurrir de un mar a otro océano con muelles levantados desde la orilla de un puerto que se aproxima a la ciudad y entra por los ojos a través de las ventanas en el mundo?

 Así, de las azoteas columpiadas en las terrazas, la bajamar espera de la altamar en la resaca de las palmeras aún borrachas de sol, ardiendo en la boca del estómago el agua de coco en la ginebra que gusta de la lengua aquellas palabras que se embarcan por la transmarina de un cuerpo desnudo hecho de agua, sal, mar, arena y tiempo.

 Al fin no es el fin, acaso el ocaso que no haya más que el crepúsculo untado en el lienzo de un cielo que se contempla en los ojos de quienes extáticamente hacen como que se emocionan cuando las ballenas, ondulantes y livianas, lanzan sus chorros de agua con la presión de quienes soplan y flotan desde un polo a otro polo sobre balsas gigantescas y serpenteantes a un trópico cálido que las transmariniza con el vapor y el pavor de no ser alcanzadas por los aguijones metálicos de los barcos balleneros.

 Lutramarina, se tambalea dramática y trágicamente el viejo Malcom con una botella, media bebida y media tomada, de ultramarina en la mano derecha cuando se asoma por la barranca hacia el mar, y dice: ¿Le gusta este jardín, que es suyo? ¡Evite que sus hijos lo destruyan!

  Desde entonces, de la manera en que todo está escrito sin decirlo, el arrastre de la banda transbordadora con los chalanes de los vientos altos y las corrientes de las aguas profundas ocasiona que una caravana de dromedarios lleguen a las orillas de las playas para ver cómo un piélago de tortugas escarban en la impronta de la arena el regreso y el nacimiento de los éxodos con el caparazón de los cambios climáticos tan llevados y tan traídos de renovada cuenta a la cuenta regresiva de las noches con los días.

 When you wake up en los días habremos de palidecer con el sol lunar de nuestras eyaculaciones y menstruaciones justamente cuando el boqueamiento global de nuestro éxtasis orgásmico tocará en la superficialidad de un cerebro quemado por el bulbo raquídeo de una columna vertebral hecha pedazos en esa franja de Gaza donde los peces han sido asesinados por la onda expansiva y explosiva de quien ha matado un pueblo de pescadores como quien sale en un día de pesca.

 Por la transmarina oceánica y pacífica de una larga avenida del mar, pasan los obuses como los autobuses, y en el Sunshine of your love Frank Zappa-zarpa con las madres de la invención con los hijos fosforecidos y gritando de dolor enfurecidos por un xilófono que arde y otea desde un faro en que todos los mares, los caminos y las navegaciones van a naufragar a un mismo y diferente mar.

 Sí, a un mismo y diferente mar en un ballet de fuego en que el Nijinsky salta a través de una ventana desde la siesta de un fauno a la consagración de la primavera cayendo en los brazos de Isadora Duncan cuando era estrangulada por los acelerados motores del tiempo, pasando así lo que no se vio cuando Nijinsky se masturbó con la chalina de la trágica ninfa.

 Entre el Atlántico y el Pacífico está el Mediterráneo de todas nuestras conjunciones en esa transmarina que toca al mar rojo con el mar negro en el mar muerto de todos nuestros rollos pétreos en un una lengua remota y espolvoreada por los polvos insombres de las tribales sombras que transmigraron desde África a Jerusalén para ser separados y atados a la explotación de una migración que aún no termina en un mar de sangre que se abre y se cierra en pústulas de olas que revientan con la pus de la condición humana, y al no poder ser amantes en el viento, las palabras son reducidas y difuminadas sobre la arena cristalizada en errantes cenizas.

 Por todo lo anterior, la nada descansa con la cara encremada de un bloqueador solar en la transmarina de su cuerpo tendido y desnudo bocarriba rebrillándole el vello púbico con un ardoroso placer de labios vaginales, en tanto, cercanos pero furtivos unos niños la contemplan darse vuelta bocabajo y ver que ese promontorio carnoso de nalgas relumbre en los ojos infantiles quedando encandilados por un instante, y al no poder poseerla por completo, la atacan lapidariamente hasta hacerla desaparecer en la nada de la arena, encontrándola siglos después un paleontólogo en un reducido montón de piedras sacrifícales, diciéndose que fue allí donde se puso la más antiquísima mojonera para separar el mar de la arena, no aceptándose esa teoría porque allí lo único que sucedió es el que el mar no quería ser agua y sal sino cantos rodados,  redondos y ovalados guijarros, un mar de piedras, una transmarina de piedras en el horizonte como una petrificada escollera para aguantar los embates de un mar inesperado que se alza lunarmente cuando las mareas.

 Y A divinis es más cercano lo terrestre que acecha en la transmarina de la tarde, porque en esos muros de concreto armado las fronteras tienen las estructuras de los campos de concentración que no van a ninguna parte, salvo al exterminio de los pozos y los pasadizos subterráneos que van a chocar con los Bunkers de los que trafican con la carne y la sangre.

 Y así ha sido desde Ad initio por más que todo lo anterior en la nada del cuerpo de la transmarina se nos diga que el alma negra de un líder político es blanca, porque si del corazón de África salió la esclavizada alma negra con un azul violáceo en los labios, lo que tenemos que dudar de nuestro génesis mitocondrial es quién nuestro padre mulato y quién es nuestra madre mestiza, y si la anchurosa transmarina por venturosa nos trajo a aquí para que viéramos el hermanecer de nuestras esperanzas, el cielo está dividido donde los muros y las fronteras, quedando de por medio una media luna roja postrada entre el mar y la arena.

 Ab imo rectore, Transmarina, es más allá del mar y es más acá de la tierra, sueño que no he de ser más que realidad de hacer que el agua conjugada en la sal son esas lágrimas en el cuenco de tierra que es la tierra, el mar y la arena, la luna y las estrellas, el sol disparando sobre las fronteras los rayos láser cuando en un  zoológico de animales sometidos a la bestialidad de la domesticación casera, habrán de rebelarse contra los látigos virtuales de la barbarie civilizada de los cazadores y los domadores de esos hombres que alguna vez fueron niños y lapidaron la nada en la arena para dejar ellos sus huellas en la transmarina de la tierra.

 Y no tardan en venir otros niños en otros cazadores y en otros domadores que son los hombres para finalmente acabar con la solución final de que la transmarina acaso quede en el horizonte del ocaso piedra sobre piedra.

Entonces, la transmarina en el Ad memoriam rei perpetuam, otra vez en la renovada cuenta de la cuenta regresiva, regresará a tirarse sobre la arena desnuda y extensa como quien espera que, la noche en las sombras del día, venga y la cubra con el manto oleaginoso de la carne y la sangre, erupcionándola en el invernadero de sus ojos y la impacte en el cambio climático de su cuerpo. 

 

 

 

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