¿De qué está hecha la arena en las playas del tiempo
para transcurrir de un mar a otro océano con muelles
levantados desde la orilla de un puerto que se
aproxima a la ciudad y entra por los ojos a través
de las ventanas en el mundo?
Así, de las azoteas columpiadas en las terrazas, la
bajamar espera de la altamar en la resaca de las
palmeras aún borrachas de sol, ardiendo en la boca
del estómago el agua de coco en la ginebra que gusta
de la lengua aquellas palabras que se embarcan por
la transmarina de un cuerpo desnudo hecho de agua,
sal, mar, arena y tiempo.
Al fin no es el fin, acaso el ocaso que no haya más
que el crepúsculo untado en el lienzo de un cielo
que se contempla en los ojos de quienes
extáticamente hacen como que se emocionan cuando las
ballenas, ondulantes y livianas, lanzan sus chorros
de agua con la presión de quienes soplan y flotan
desde un polo a otro polo sobre balsas gigantescas y
serpenteantes a un trópico cálido que las
transmariniza con el vapor y el pavor de no ser
alcanzadas por los aguijones metálicos de los barcos
balleneros.
Lutramarina,
se tambalea dramática y trágicamente el viejo Malcom
con una botella, media bebida y media tomada, de
ultramarina en la mano derecha cuando se asoma por
la barranca hacia el mar, y dice: ¿Le
gusta este jardín, que es suyo? ¡Evite que sus hijos
lo destruyan!
Desde
entonces, de la manera en que todo está escrito sin
decirlo, el arrastre de la banda transbordadora con
los chalanes de los vientos altos y las corrientes
de las aguas profundas ocasiona que una caravana de
dromedarios lleguen a las orillas de las playas para
ver cómo un piélago de tortugas escarban en la
impronta de la arena el regreso y el nacimiento de
los éxodos con el caparazón de los cambios
climáticos tan llevados y tan traídos de renovada
cuenta a la cuenta regresiva de las noches con los
días.
When
you wake up
en los días habremos de palidecer con el sol lunar
de nuestras eyaculaciones y menstruaciones
justamente cuando el boqueamiento global de nuestro
éxtasis orgásmico tocará en la superficialidad de un
cerebro quemado por el bulbo raquídeo de una columna
vertebral hecha pedazos en esa franja de Gaza donde
los peces han sido asesinados por la onda expansiva
y explosiva de quien ha matado un pueblo de
pescadores como quien sale en un día de pesca.
Por la transmarina oceánica y pacífica de una larga
avenida del mar, pasan los obuses como los
autobuses, y en el Sunshine of your love
Frank Zappa-zarpa con las madres de la invención con
los hijos fosforecidos y gritando de dolor
enfurecidos por un xilófono que arde y otea desde un
faro en que todos los mares, los caminos y las
navegaciones van a naufragar a un mismo y diferente
mar.
Sí, a un mismo y diferente mar en un ballet de
fuego en que el Nijinsky salta a través de una
ventana desde la siesta de un fauno a la
consagración de la primavera cayendo en los brazos
de Isadora Duncan cuando era estrangulada por los
acelerados motores del tiempo, pasando así lo que no
se vio cuando Nijinsky se masturbó con la chalina de
la trágica ninfa.
Entre el Atlántico y el Pacífico está el
Mediterráneo de todas nuestras conjunciones en esa
transmarina que toca al mar rojo con el mar negro en
el mar muerto de todos nuestros rollos pétreos en un
una lengua remota y espolvoreada por los polvos
insombres de las tribales sombras que transmigraron
desde África a Jerusalén para ser separados y atados
a la explotación de una migración que aún no termina
en un mar de sangre que se abre y se cierra en
pústulas de olas que revientan con la pus de la
condición humana, y al no poder ser amantes en el
viento, las palabras son reducidas y difuminadas
sobre la arena cristalizada en errantes cenizas.
Por todo lo anterior, la nada descansa con la cara
encremada de un bloqueador solar en la transmarina
de su cuerpo tendido y desnudo bocarriba
rebrillándole el vello púbico con un ardoroso placer
de labios vaginales, en tanto, cercanos pero
furtivos unos niños la contemplan darse vuelta
bocabajo y ver que ese promontorio carnoso de nalgas
relumbre en los ojos infantiles quedando
encandilados por un instante, y al no poder poseerla
por completo, la atacan lapidariamente hasta hacerla
desaparecer en la nada de la arena, encontrándola
siglos después un paleontólogo en un reducido montón
de piedras sacrifícales, diciéndose que fue allí
donde se puso la más antiquísima mojonera para
separar el mar de la arena, no aceptándose esa
teoría porque allí lo único que sucedió es el que el
mar no quería ser agua y sal sino cantos rodados,
redondos y ovalados guijarros, un mar de piedras,
una transmarina de piedras en el horizonte como una
petrificada escollera para aguantar los embates de
un mar inesperado que se alza lunarmente cuando las
mareas.
Y A divinis es más cercano lo terrestre que
acecha en la transmarina de la tarde, porque en esos
muros de concreto armado las fronteras tienen las
estructuras de los campos de concentración que no
van a ninguna parte, salvo al exterminio de los
pozos y los pasadizos subterráneos que van a chocar
con los Bunkers de los que trafican con la carne y
la sangre.
Y así ha sido desde Ad initio por más que
todo lo anterior en la nada del cuerpo de la
transmarina se nos diga que el alma negra de un
líder político es blanca, porque si del corazón de
África salió la esclavizada alma negra con un azul
violáceo en los labios, lo que tenemos que dudar de
nuestro génesis mitocondrial es quién nuestro padre
mulato y quién es nuestra madre mestiza, y si la
anchurosa transmarina por venturosa nos trajo a aquí
para que viéramos el hermanecer de nuestras
esperanzas, el cielo está dividido donde los muros y
las fronteras, quedando de por medio una media luna
roja postrada entre el mar y la arena.
Ab imo rectore, Transmarina,
es más allá del mar y es más acá de la tierra, sueño
que no he de ser más que realidad de hacer que el
agua conjugada en la sal son esas lágrimas en el
cuenco de tierra que es la tierra, el mar y la
arena, la luna y las estrellas, el sol disparando
sobre las fronteras los rayos láser cuando en un
zoológico de animales sometidos a la bestialidad de
la domesticación casera, habrán de rebelarse contra
los látigos virtuales de la barbarie civilizada de
los cazadores y los domadores de esos hombres que
alguna vez fueron niños y lapidaron la nada en la
arena para dejar ellos sus huellas en la transmarina
de la tierra.
Y no tardan en venir otros niños en otros cazadores
y en otros domadores que son los hombres para
finalmente acabar con la solución final de que la
transmarina acaso quede en el horizonte del ocaso
piedra sobre piedra.
Entonces, la transmarina en el Ad memoriam rei
perpetuam, otra vez en la renovada cuenta de la
cuenta regresiva, regresará a tirarse sobre la arena
desnuda y extensa como quien espera que, la noche en
las sombras del día, venga y la cubra con el manto
oleaginoso de la carne y la sangre, erupcionándola
en el invernadero de sus ojos y la impacte en el
cambio climático de su cuerpo.