México, Distrito Federal I Marzo  - Abril 2009 I Año 4 I Número 19 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

 

 

Entrevista a la hispanista filipina
Lourdes Castrillo de Brillantes
 


Por Andrea Gallo

 

Lourdes Castrillo de Brilllantes es una escritora y ensayista filipina. Nació en San Juan, Manila y, en la actualidad, reside en Ciudad de Quezón (Metro Manila). Ha sido catedrática de español, desempeñando su actividad en la Facultad de Letras de la Universidad de Filipinas (UP – Diliman). Es autora del ensayo histórico-literario 80 años del Premio Zobel (Manila, Instituto Cervantes – Fundación Santiago, 2000), el primer libro que se ha recopilado sobre el Premio homónimo, el galardón de las letras hispanofilipinas fundado en 1920 por la familia Zóbel de Ayala. De este libro, Brillantes ha realizado una segunda edición actualizada, en inglés, 81 years of Premio Zobel (Makati, Georgina Padilla y Zobel – Filipinas Heritage Library, 2006). Otra publicaciones suyas son la traducción al castellano de la monografía de Bienvenido Lumbera Pelíkula: un ensayo sobre cine filipino (Manila, Cultural Center of the Philippines, 1990) y la traducción al castellano del drama teatral Retrato del artista como filipino (Quezon City, UP Press, 2000) de Nick Joaquin. Artículos de Brillantes en español se pueden encontrar también en la rúbrica “Crónica de Manila” que el periódico Manila Chronicle publicó desde 1994 hasta 1997.

Lourdes Castrillo de Brillantes es miembro de la Academia Filipina y en 1998 ha recibido el Premio Zóbel por su actividad de hispanista.

Recientemente en Manila nos ha concedido esta entrevista. 

AG: El Premio Zóbel es una de las pocas instituciones filipinas que valoran y fomentan la lengua castellana como legado propiamente filipino; al mismo tiempo es una de las instituciones culturales más prestigiosas del país. Sus libros, por fin, han colmado un vacío de información y documentación recuperando de archivos privados y de la prensa de la época, todo aquello que una guerra, el tiempo y el desinterés aún no habían destruido. ¿Cuáles han sido las dificultades con las que ha tenido que enfrentarse en la recopilación de esta obra?  

LB: En realidad, no hubo grandes dificultades o por lo menos fueron menores de lo que pensé antes de emprender este trabajo. Aunque con anterioridad no se hubiera publicado ninguna obra relevante sobre este asunto, se ha conservado buena parte de la información sobre esta importante institución cultural filipina en los archivos de Ayala, de la Universidad de Filipinas, de la Universidad Santo Tomás y de la biblioteca Filipinas Heritage en Makati. Una mínima parte del material que utilicé era de propiedad de privados; algunos de ellos no estaban tan dispuestos a prestar sus fotos u otro tipo de material de que disponían, pero se trató de un detalle marginal. La primera publicación – la edición en lengua española ideada por el entonces embajador español Delfín Colomé – fue posible gracias a la colaboración de AECI, del Instituto Cervantes de Manila y de la Fundación Santiago. Muchas son las personas con las que estoy en deuda de consejos y ayuda, pero no puede eximirme de mencionar a Doña Georgina y Don Alejandro Padilla y Zóbel que siguen manteniendo el premio, al académico Don Guillermo Gómez Rivera, conocedor de muchos desconocidos datos, y a algunos de mis colegas de la Universidad de Filipinas.  

AG: Hoy en día en Filipinas se hablan muchas lenguas; el castellano es hablado en el ámbito doméstico por un número extremadamente reducido de personas. ¿Dónde aprendió usted el español? ¿Se hablaba en su casa? ¿Alguien de su familia lo solía utilizar? Y si usted se educó en inglés, como la mayoría de los filipinos, ¿por qué, entonces, decidió escribir libros en español? 

LB: Efectivamente hoy en día el castellano casi parece haber desaparecido de mi país. Sin embargo, para mí el español no es simplemente una lengua estudiada durante unos años de escuela: aprendí el español en casa. Mis padres lo hablaban habitualmente, lo utilizaban para contarse noticias, escándalos, chismes y problemas que no debían ser escuchados por parte de los menores de edad. Entonces el español era una de las lenguas que se hablaba en nuestro hogar.

Lo de escribir fue sucesivo. Ya era catedrática en UP desde hacía muchos años y me invitaron a formar parte del equipo de redacción de “Crónica de Manila”, el suplemento en español del diario filipino en inglés The Manila Chronicle. Desafortunadamente, esta “brisa de esperanza” duró sólo un año, entre 1994 y 1995. Tras esta experiencia recibí la invitación a escribir el libro 80 años del premio Zóbel en español que más tarde apareció en una edición actualizada en lengua inglesa y más accesible para todo el público filipino. Esta última versión se ha hecho precisamente con esta intención, es decir, para que los filipinos pudieran conocer parte de su historia cultural y literaria que se ha expresado en español, que ha sido relevante para el país y que hasta hoy la mayoría de ellos ignora.  

AG: Usted ha traducido al castellano un libro de uno de los más destacados ensayistas filipinos (Lumbera) y una obra de teatro contemporánea del más ilustre autor filipino en inglés (Joaquin). Ambos han sido publicados en Filipinas; es éste un episodio interesante y en cierto modo curioso, ya que lo más común habría sido editarlos en un país de habla hispana, ¿cuál ha sido la razón de estas traducciones? ¿A qué público querían dirigirse? ¿Representan tal vez el deseo y el intento de poner en contacto sectores lingüísticos diferentes (inglés/español) dentro de una misma cultura, la filipina?  

LB: Sí, diría que la idea era precisamente ésta, la sugerida en esta última pregunta, es decir, ponernos en contacto entre distintos pero complementarios sectores lingüísticos-culturales que, en definitiva, son parte de una misma cultura: la cultura filipina.

Además, allende los mares, por expresarlo en un cliché, hay muchísimos hermanos, hermanos con quienes los filipinos compartimos la cultura hispánica, ellos saben muy poco de nosotros; sin embrago lo más triste es que hoy en día en Filipinas casi ha desaparecido la lengua española y con ella la conciencia de pertenecer a una misma raíz cultural. 

AG: En diciembre de 2007 la presidenta de Filipinas, Gloria M. Arroyo (que es también miembro de la Academia Filipina, correspondiente de la Real Academia Española), anunció en Madrid que en Filipinas se volverá a instaurar la enseñanza obligatoria del español y ha rematado en su discurso la relevancia del patrimonio cultural común entre vuestro país y las demás naciones de habla castellana, ¿El mundo intelectual filipino se da cuenta de la importancia de lo hispano en vuestra cultura e historia? ¿Lo sabe valorar y promocionar? 

LB: En Filipinas hay muchos que saben valorar la lengua española como patrimonio propio, nacional. Pero al mismo tiempo son muchos más los que quieren negar la influencia española por razones de un mal entendido “nacionalismo”. Estos puristas quieren cortar el árbol del desarrollo cultural y extirpar las raíces que innegablemente fueron sembradas por España y sobre las que se constituyó la actual cultura nacional.

Pero todos los intelectuales de nuestro país no tienen, por supuesto, el mismo punto de vista hacia la herencia hispánica. Ya se recordó al gran Nick Joaquin; ahora voy a mencionar a Gregorio C. Brillantes, mi amado consorte, que, a pesar de ser un famoso autor en lengua inglesa, bien sabe apreciar la tradición hispánica. Fue él, por ejemplo, que me empujó a traducir la obra de teatro de Nick Joaquin. En fin, creo que hay intelectuales que saben promocionar y valorar la herencia hispánica de Filipinas así como la lengua castellana.

Curiosamente, hay varios escritores que han elegido títulos en español para sus libros escritos en inglés, así como es sabido que hay muchísimas palabras españolas en nuestro Tagalog que ya están incluidas en la lengua y todos hoy en día piensan que son vocablos nacidos aquí. 

AG: Usted es miembro de la Academia Filipina ¿piensa que esta institución está haciendo todo lo posible para fomentar y difundir el castellano en Filipinas y para que éste se perciba como una integrante imprescindible del patrimonio cultural del país?  

LB: Pues, creo que sí. Creo que en el fondo nuestra Academia está trabajando bien, con seriedad y empeño dentro de lo que son sus reales posibilidades. Lo cual no significa que sea suficiente lo que hace y puede hacer la Academia misma. Creo que la recuperación del español en Filipinas es algo muy pero que muy difícil aunque tengamos la obligación de intentarlo.  

AG: ¿Cuáles son sus futuros proyectos artísticos? ¿Piensa seguir escribiendo en español? ¿Tiene preparado ya algún otro libro o está pensando en dedicarse a otro género literario como la poesía o el cuento en español? 

LB: Estoy a punto de publicar Tesoro Literario de Filipinas, una antología en versión bilingüe ingles/español de cuentos filipinos. Luego pienso recopilar mis ensayos cortos que se publicaron en “Cronica de Manila”, estos también me gustaría que apareciesen en versión bilingüe. Otro proyecto sería la traducción al castellano de Manila, My Manila, el libro de Nick Joaquin y finalmente otra antología de cuentos filipinos contemporáneos.

 

Andrea Gallo (Venezia, 1974). Licenciado por la Università Ca' Foscari de Venecia. Doctorando de la Università Ca' Foscari y de la Universidad de Valladolid. Ha publicado en Rassegna Iberistica, Annali di Ca' Foscari, Cuaderno Internacional de Estudios Humanísticos y Literatura, Humanities, Critica letteraria, Otto/Novecento, Archivi del Nuovo, Forum Italicum, Studi Medievali e Moderni, y en web Tonos Digital, Revista Filipina, www.escritorasypensadoras.es.

 

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