México, Distrito Federal I Enero- Febrero  2009 I Año 3 I Número 18 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

El cautiverio infamante, o “vergonzante” de Cervantes y sus personajes

Margarita Peña Muñoz. Doctora en letras, profesora en la facultad de filosofía y letras de la UNAM desde 1969. Autora de más de 30 libros, entre ellos Juan Ruiz de Alarcón ante la crítica, en las colecciones y en los acervos documentales; Rehén de la fortuna, La vampiresa de Dakota, El masaje y otras historias de amor. editora de Flores de baria poesía y El libro del juego de las suertes. Ha recibido el premio Universidad Nacional y homenajes por parte de la UNAM

 

 

Me referiré aquí al cautiverio “infamante” en la existencia del escritor, el que tiene lugar en la cárcel de Sevilla (1597-1598), por oposición al cautiverio “honroso”, cuyo escenario es Argel durante el largo periodo que va de 1570 a 1575. Y a sus personajes. Uno de ellos, Ginés de Pasamonte, el valentón del episodio de los galeotes, fue una  persona real de quien se sabe se llamó Jerónimo de Pasamonte, escribió su autobiografía de tesitura picaresca (La vida de Gerónimo de Pasamonte), al que Cervantes pudo haber conocido en la cárcel sevillana (o en sus inmediaciones, en la urbe sevillana), y de quien se ha dicho también que, resentido por la representación que de él hizo el novelista, hubiera podido ser el desconocido autor del Quijote apócrifo, Fernández de Avellaneda. Parece ésta una presunción arriesgada, por lo que me limito a acercarme al personaje a partir de su caracterización como “bellaco” en el citado capítulo de la novela cervantina. El bellaco y el valentón (ambos personajes del hampa) están relacionados entre sí; el primero, el bellaco, vendría a ser la manifestación extrema, la exageración, la  hipérbole del segundo, del valentón. Ambos pertenecen al submundo, sea el de Sevilla, Córdoba, Madrid, o Málaga.  De acuerdo con José Luis  Alonso Hernández en su Léxico del marginalismo,  valentón es “el que presume y se jacta de valiente”, [1] “el arrogante o que se jacta de guapo” (loc.cit.). En cuanto a la “valentía”, el mismo Alonso Hernández apunta: “Dícese de los hombres u hombre que se hace o tiene por oficio hacer de valentón. Espinel los define diciendo: ‘Especie de gentes que ni parecen cristianos, ni moros, ni gentiles, sino su religión es adorar en la diosa Valentía, porque les parece que estando en esta cofradía los tendrán y respetarán por valientes, no cuanto a serlo sino a parecerlo” (loc. cit.). Y, por último, una definición más: “Valentona. La valentía. Alude a una supuesta congregación de matones y carcelarios” (loc. cit.). “Valiente” o “valentón” parecen haberse usado como sinónimos en el habla del hampa. Una Relación de la Cárcel de Sevilla, de 1556, proporciona la siguiente descripción: “Son conocidos como los ‘valientes’ de la cárcel en el calzón y media gualda [azul] o de otro color, con liga de lo propio, jubón acuchillado, abierto el cuello, rodeado con un rosario grueso, y tocador [bonete] en la cabeza, y siempre tienen punzado [tatuado] un corazón de cardenillo en la mano o en el brazo, como letras de esclavo herrado”(Alonso H., p. 769). Continuar leyendo


 

[1] José Luis Alonso Hernández, Léxico del marginalismo del Siglo de Oro, p. 768. Salamanca, Universidad de Salamanca, 1976 (Acta Salmanticensia. Filosofía y Letras 99).       

 

 

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