México, Distrito Federal I Junio-Julio 2009 I Año 4 I Número 20 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

“Heredia es un personaje resistente y contestatario

al sistema neoliberal”

Entrevista con el escritor chileno Ramón Díaz Eterovic

 Entrevista realizada por Álvaro Bernal

 

 

El café Colonia en el centro de Santiago nos sirvió de sitio de reunión para hablar con el creador del detective Heredia y para conocer detalles de sus novelas policiales reconocidas ampliamente por la crítica literaria y el público en general. Ramón Díaz Eterovic de forma pausada y amable nos contó detalles de sus novelas y de su vida como escritor.

 

AB. Parece que usted logra lo que pocos escritores consiguen, gran acogida de lectores, buena recepción crítica y éxito comercial.

 

RDE. No soy un autor que se pueda calificar de éxito comercial, pero tengo una cantidad importante de lectores que siguen mis libros y eso, desde luego, es un estímulo para seguir creando cosas nuevas, igual que la valoración de la crítica, los premios que he obtenido y el hecho de haber sido traducido a varios idiomas. Sin embargo, lo realmente importante es que conservo el entusiasmo para escribir y que sigo trabajando en nuevos textos con el mismo empeño que tenía en mis inicios de escritor. Lo que más me interesa es escribir, sin pensar en todo lo anexo que conlleva la publicación de un libro y pertenecer a un medio literario, que como el chileno, es más bien reducido y carente de condiciones que permiten la profesionalización de un escritor.

 

AB. Háblenos del protagonismo de la ciudad de Santiago en sus novelas.

 

RDE. En mis novelas hay una fuerte presencia de Santiago, lo que responde a mi deseo de hacer de ella un personaje más de las historias que cuento. Esto puede tener dos explicaciones. Una, es que los temas que me interesan, vinculados a la relación crimen-poder y política, por lo general tienen su expresión más clara en ciertos ambientes urbanos, donde la marginalidad suele mostrarse con toda su crudeza. Y la segunda explicación es que en algún momento sentí que Santiago era una ciudad que no estaba muy presente en la narrativa chilena y me propuse hablar de ella como una manera de dejar una suerte de huella o registro de lo que es una ciudad que continuamente se transforma y en la que muchas veces se destruye parte de su historia. O sea, en mi trabajo con la ciudad hay un ejercicio de memoria, que desde luego se relaciona también con los hechos que narro, los que en su mayoría corresponden a situaciones históricas, a hechos vividos en Chile durante los últimos 25 o 30 años. También siento que mi trabajo con la ciudad provoca una mayor cercanía con los lectores, dado que estos habitan y reconocen los espacios que menciono en mis novelas. Mi visión de la ciudad sigue determinada por la curiosidad y el asombro que sentí cuando llegué a Santiago proveniente de Punta Arenas, una de las ciudades más aisladas de Chile. Desde entonces soy constante viajero que intrusea por los espacios de la ciudad, rescatando ambientes, personajes y sensaciones.

 

AB. ¿Cómo nace el detective Heredia?

 

RDE. La primera novela de Heredia –“La ciudad está triste” – la escribí en agosto del año 1985, después de un viaje a Buenos Aires donde esbocé los tres primeros capítulos de la novela. Hasta entonces venía pensado en la posibilidad de escribir una novela policial a través de la cual pudiera reflejar la situación social y política que vivía Chile en esa época, bajo una dictadura militar que cometía los más atroces atropellos a los Derechos Humanos. Heredia nace como un justiciero y un testigo. La novela se publicó dos años más tarde y tuvo una buena acogida entre sus lectores, lo que de alguna manera me motivó a escribir las siguientes historias de Heredia.

Posteriormente, cuando ya había publicado tres novelas, me di cuenta que en otros países había otros autores haciendo algo similar a partir de los códigos de la novela negra. Un grupo de escritores, que sin ponerse de acuerdo y en muchos casos sin conocerse, deciden dar estatura literaria al tema policial, adoptar este género ya clásico y trabajar con sus fórmulas a partir de la realidad que cada cuál vive, y con la firme convicción de hacer buena literatura a partir de los códigos de un género que hasta entonces, y al menos en Chile, era mirado en menos y tenía una expresión más bien reducida. Y claro, hay similitud, porque los proceso sociales, políticos que se han vivido en Latinoamérica son semejantes: dictaduras, violación de derechos humanos, crímenes irresolutos, corrupción política, narcotráfico, tráfico de armas, marginalidad, son todos fenómenos que con más o menos fuerza se expresan en toda Latinoamérica. Al escribir la primera novela de Heredia encontré un punto de vista para mirar la sociedad chilena desde la perspectiva de un antihéroe marginal, desprovisto de medios, pero por sobre todas las cosas, honesto y capaz de jugarse el pellejo por encontrar las verdades que le interesan.

 

AB. Coméntenos acerca del Barrio Mapocho de Santiago, lugar clave para entender a Heredia y su contexto.

 

RDE.  El barrio Mapocho es un sector de Santiago, próximo a su Plaza de Armas y a lo que se llama el barrio cívico, lugar donde está el palacio de gobierno y otros edificios que representa al poder gubernamental. Hoy en día es un barrio algo venido a menos, avejentado, en el que sobreviven ciertas expresiones populares y marginales. A comienzos del siglo pasado fue un barrio que acogió a la bohemia literaria, y entre otros a Pablo Neruda cuando era un joven poeta recién venido de Temuco. Neruda solía juntarse a beber con sus amigos en un bar llamado “Hércules”.

Pese a los cambios y al paso del tiempo, el barrio Mapocho mantiene su vitalidad, su colorido, su aire popular. Cuando tuve que ubicar a Heredia en algún lugar de Santiago, pensé de inmediato en este barrio, porque es el último reducto antiguo que va quedando en el centro de Santiago. Heredia es un tipo algo nostálgico y me pareció que se sentiría bien en un barrio que, en muchos aspectos, es un resistente, al igual que él.

 

AB. Algo que resulta un tanto curioso es hablar de esa marginalidad chilena que se reconoce como en cualquier otro país latinoamericano pero que siempre se oculta o manipula con aquello del “milagro económico chileno” y toda la puesta en escena de una aparente economía del primer mundo.

 

RDE. En el mundo se tiene la idea de que Chile es un país económicamente floreciente, y si bien es cierto que se han producido algunos progresos económicos, especialmente vinculados a la exportación de recursos naturales, no es menos cierto que Chile es uno de los países que ostenta una de las peores distribuciones de ingresos en todo el mundo. La diferencia entre los ricos y los pobres es abismante. Y esto es consecuencia de un sistema neoliberal que provee bienestar solo a un grupo de gentes y al resto las condena a ser los meros espectadores de una fiesta a la que nunca son invitados. Hoy en día si quieres una educación buena, o una salud decente, o una jubilación digna, necesitas dinero, mucho dinero. Y hay una enorme cantidad de gente que no accede a esos y otros bienes. Hay muchas zonas de Santiago y regiones del país muy pobres. Chile ha desarrollado un modelo económico exportador que produce riquezas pero carece de una distribución equitativa. Por otro lado, el exceso de consumo inducido por la publicidad y el acceso a préstamos fáciles, hace que mucha gente lleve una vida hipotecada, sobre la base de los endeudamientos constantes. Y esto del consumismo y del endeudamiento se ha utilizado como forma de contención social. Si años atrás se contenían las demandas a través de la represión armada, hoy se hace a través de una represión económica, del endeudamiento que provoca temor en la gente, que se abstiene de opinar, de participar en agrupaciones sindicales, de luchar en definitiva por sus legítimos intereses.

 

AB. ¿Heredia es entonces una víctima más de este sistema?

 

RDE. Heredia es un resistente que se mantiene al margen de las cosas materiales que caracterizan al sistema. Un testigo crítico, molesto con las peores expresiones del sistema económico y de la democracia acotada, parcial, que se vive en Chile.

 

AB. ¿Qué puede tener su estilo que lo hace diferente a los demás autores que hacen policial?

 

RDE. Creo que mis diferencias con otros autores están determinadas por las características de mis personajes, en especial Heredia, y porque escribo novelas policiales en las que el enigma es secundario, y lo realmente importante es el entorno social, político e histórico en el que se desarrollan mis historias.

 

AB. De lo que se está escribiendo ahora dentro de lo policial en su país ¿hay algo que le guste?

 

RDE. En Chile, en los últimos años se han escrito algunas novelas policíacas interesantes. Se escriben mucho más novelas policíacas que hace 20 o 25 años. Cuando publiqué mi primera historia de Heredia tenía que ir explicando lo que era la novela negra, pues prácticamente no había autores que la cultivaran. Ahora hay diez o doce autores que le están dando vida al género en Chile, lo que indica que algo está pasando con esta narrativa en un país que no cuenta con una gran tradición de autores policíacos, pero que permite hacer una literatura social de nuevo cuño. Hay autores que me gustan. Por ejemplo, José Román y su novela, “El espejo de tres caras”, José Gai y su novela “Las manos al fuego”, o “Morir en La Paz” de Bartolomé Leal y “El mercenario adhonorem”, de Gregory Cohen, por mencionar sólo algunas.

 

AB. ¿Tendremos más Heredia?

 

RDE. Sí, hay Heredia para un buen tiempo más. Desde septiembre de 2008 tengo lista la novela número 13 de la serie. Se llama, provisoriamente, “Treinta y siete a ganador” y está ambientado en el medio de las apuestas hípicas. Quise escribir una novela sobre las carreras de caballos, que es algo que le gusta a Heredia, y que para mí constituye un mundo fascinante, colorido, en el que se tejen muchas pasiones y no pocas historias turbias. Y bueno, en estos días escribo otra novela, que está en sus capítulos iniciales y de la que por ahora prefiero no hablar mucho. No he pensado en terminar con la saga herediana, y me motiva ser parte de esa tradición de autores policíacos que han creado largas series con sus personajes.  

 

AB. Me imagino que usted está muy al tanto de la narrativa policial.

 

RDE. Leo menos literatura policial de lo que la gente suele pensar, pero siempre trato de mantenerme al día con lo que se está escribiendo en Chile y en otras partes. Me gusta el género y hay autores que sigo con interés, pese a que en las librerías chilenas no se encuentra todo lo que se publica constantemente en España u otros países de habla hispana. En realidad, leo de todo, con algún énfasis en la poesía y en narradores latinoamericanos. Al menos una vez al año leo algo de Balzac o Dickens que son dos de mis autores favoritos. Y la verdad es que ocupo más tiempo en leer que en escribir.

 

AB. ¿Cómo es su rutina de trabajo literario?

 

RDE. Trabajo por las tardes y en las noches. Procuro escribir un par de horas al día y soy bastante disciplinado en eso, de otro modo creo que no podría escribir mis novelas. Escribir una novela exige concentración y un tiempo largo en el que uno convive con los personajes. Más allá de las horas que estoy frente al computador, escribo durante casi todo el día. Siempre estoy pensando en alguna trama por desarrollar, en algunos personajes, en cómo sigue la novela que estoy escribiendo. Tengo la cabeza llena de novelas y seguramente nunca podré escribir todas las novelas que pienso, imagino o sueño.

 

AB. ¿Y nos podría adelantar algo de lo que viene?

 

RDE. Por lo menos dos novelas más de la saga de Heredia y una novela de corte histórico, vinculada a una revuelta obrera que se produjo el siglo pasado en la región donde nací, Magallanes, en la zona austral de Chile. También es probable que publique un par de libros de cuentos.

 

AB. ¿Por qué sus novelas no se consiguen en otros países de América Latina?

 

RDE. Trabajo con una editorial que distribuye sólo en Chile, lo que obviamente impide la difusión de mis novelas en Latinoamérica. También tengo publicadas tres novelas en España, con circulación reducida a ese país. Y también hay varias novelas traducidas y publicadas en Francia, Italia, Holanda, Alemania, Croacia, Grecia y Portugal. Supongo que para llegar a toda Latinoamérica debería estar publicado en una editorial española de circulación internacional y eso, por ahora, no se ha producido.

 

AB. ¿Cuál es su balance personal o profesional después de haber publicado más de una decena de novelas?

 

RDE. Lo que más valoro es la complicidad que logro con los lectores a través de mis personajes, y en especial a través de Heredia. Eso es algo muy gratificante, y desde luego más importante que todo lo que se relaciona con críticas, premio o ventas. Es algo que tiene que ver con un personaje que a mucha gente conmueve y que desean convertir en su amigo. Tengo muchas anécdotas de personas que me dicen que van a los restaurantes y lugares a los que va Heredia. Lectoras que le escriben cartas a Heredia y quisieran consolarlo; gente que se reúne a comentar las novelas de Heredia. Todo eso es muy especial pues el mayor desafío para cualquier escritor es crear personajes que sean convincentes y que los lectores los recuerden y quieran.

 

AB. ¿Qué tan cercano es Ramón Díaz Eterovic a Heredia o viceversa?

 

RDE. Hay cierto humor similar y una mirada más o menos común hacia las cosas de la vida. Pero, más allá no llegan las similitudes. Llevo una vida tranquila, y al contrario de Heredia, no tengo conocimientos acerca de armas, no sé manejar autos y no sería capaz de asumir los líos en que se mete Heredia. Otra cosa que comparto con Heredia es el amor por los gatos. El de él se llama Simenon, y el mío o de mi familia, Balzac. Y a diferencia de Heredia tengo una familia, compuesta por mis tres hijos, y mi compañera Sonia González Valdenegro, quien también es escritora. Bueno, llevo una vida similar a la de muchos; trabajo como el común de las personas, y eso parece que desilusiona a alguna gente cuando lo sabe, tal vez porque persisten algunas ideas románticas respecto a escritores muy bohemios o que viven apartados del mundo, en sus torres de cristales. Soy un tipo normal que sobrevive con el incurable vicio de escribir. 

 

AB. Y si no hubiera sido escritor, ¿qué otra profesión le hubiese gustado ejercer?

 

RDE. Me hubiera gustado ser pianista, cantante de tango o boxeador. Tres actividades o profesiones para las cuales no tengo la más mínima aptitud. 

 

 

* Entrevista realizada en mayo 5 del 2009.

* Esta entrevista y el trabajo combinado de investigación sobre la narrativa policial del autor fueron auspiciados por “Faculty Research Grants Program” de la Universidad de Pittsburgh, USA.

 

 

 

 

Álvaro Antonio Bernal (Bogotá, Colombia 1971) Profesor de literatura y lengua en la Universidad de Pittsburgh en Johnstown, Estados Unidos. Tiene una licenciatura en lenguas – Español Inglés - de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá. Posee una Maestría en literatura norteamericana de Governors State University y una en literatura hispanoamericana de University of Northen Iowa. Su doctorado en literatura es de University of Iowa. Ha publicado algunos artículos en revistas especializadas en Colombia y Estados Unidos, y en su tiempo libre escribe relatos y microrelatos. En la actualidad trabaja en proyectos relacionados con literatura urbana contemporánea cuyos escenarios son Bogotá, Santiago y Buenos Aires.

 

destiempos.com  I  Año 4 I  Número 20I  2009 ©

volver al índice  

Copyright 2006-2009- destiempos.com - All Rights Reserved -