Cuando los estridentistas proclamaron a la
Academia como su enemiga levantándose en armas contra ella,
estaban marcando su propio escabroso destino que habría de
perseguirlos incluso muchos años después de su propia
desaparición. El contrataque de la Academia contra los
irreverentes vanguardistas mexicanos se manifestó en forma
de una descalificación constante de la obra que éstos
produjeron, de tal suerte que hasta hace algunos años el
calificativo de malos poetas era la constante en los juicios
sobre la poesía estridentista. Más aún, las críticas
generalmente estaban dirigidas contra Manuel Maples Arce, a
quien, acaso con cierta benevolente superioridad, se le
reconocía algún talento, no así al resto de los poetas del
movimiento, Germán List Arzubide, Salvador Gallardo y Kin
Taniya, a quienes se consideraba meros imitadores de aquél.
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