México, Distrito Federal I Octubre- Noviembre  2009 I Año 4 I Número 22 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 

 








 

 

 

FUTURO

 

Washington Daniel Gorosito Pérez. Nace  en Montevideo, Uruguay el 24 de junio de 1961. Radica en Irapuato, México desde 1991.Autor de la columna en Contacto con Washington de Análisis Internacional en el periódico El Heraldo y en la página www.noticiasguanajuato.com.mx. Ha obtenido premios de periodismo, ensayo y poesía en México, Uruguay, Brasil, Argentina, Alemania y Francia. Ha integrado antologías poéticas en México y Argentina. Ha publicado en Brasil, Ecuador, Suiza, México, Argentina y Uruguay.

 

                                                Nombrar la desesperación es trascenderla

Lautreamont

 

 

No vendo predicciones.

Tengo una visión regresiva y retrógrada del progreso.

Vamos hacia la deliciosa barbarie.

Las profecías apocalípticas siempre se cumplen.

El progreso,

es una superstición

como cualquier otra.

Desconozco la futurología.

 

Acumular ciencia, conocimientos, tecnología,

no es progresar.

El futuro es una pendiente

por la que empezamos a caer,

desde el momento de la concepción.

 

Nacer es comenzar a agonizar

el futuro, quizás abriga esperanza para la humanidad.

Pero, es derrota para el individuo.

El futuro es arbitrario, imposible de controlar

ni siquiera me consta que habrá un mañana.

En el futuro nada es certeza,

imposible guiarlo, asegurarlo, enriquecerlo.

 

Más que cambio

el futuro implica una sensación de cambio.

Hay veces en que me es necesaria la permanencia

y la estabilidad.

 

Los buenos y los compasivos creen en el progreso,

en el sentido de una mejoría de la condición humana,

en una sociedad armónica, noble y buena.

 

En una vida bucólica, alejada de lo urbano,

de lo industrial, de lo artificial,

de la barbarie tecnocrática.

Hermosa utopía.

 

Por mi parte,

percibo el futuro, decadente,

cuesta abajo, como el tango.

 

 

En el mejor de los casos,

lo imagino como algo estático,

en el que nada pasa,

en el que todo da vueltas sobre sí mismo.

 

No tengo valor para imaginar el futuro.

Quisiera ser un ingenuo,

nada quiero saber del futuro,

con todo su cortejo de noticias,

de acontecimientos, de sucesos, de sorpresas.

 

No me interesa el futuro.

 

Un futuro que ya no está,

que ya se fue,

superar mi futuro,

dejarlo atrás,

sin llevarlo a cuestas.

 

Me conformo con el presente,

con este infimo pedazo de eternidad.

Que el presente se prolongue

como un prólogo de un libro

que nunca se escribe.

 

Que ya no pase el tiempo,

quiero quedar desterrado para siempre del tiempo.

Todo quieto, cristalizado,

que no se mueva ni una hoja.

 

Que nada fluya

la gota que cae, que quede suspendida en el aire,

que nada se desmorone.

 

Sin horas, sin minutos, sin segundos,

ni siquiera instantes.

 

Cada momento que pasa me pesa.

Sin sumar, sin restar,

sólo escuchar como no transcurre el tiempo.

 

Sin que principie el tiempo

sin que luzca el tiempo

cansado de que pase el tiempo

ya sin la lentitud del tiempo

un tiempo que ya no es implacable

ni la brisa de las horas me despeina.

 

Ni el vendaval de los años

ya sin los tiempos que ya pasaron,

sin los tiempos que vendrán

sin que nos quede poco tiempo.

 

Este instante detenido en una cósmica explosión

sin tiempo para amontonar inútiles recuerdos

arrumbar de antemano el futuro

alejarme de esa muerte lenta a pedazos,

que son los días, meses y los años.

 

Medidas de tiempo que ya no están a mi alcance

quedarme con estos dolores,

con estos sinsabores,

con estas ausencias y con estas nostalgias.

 

Permanecer en una infinita lentitud,

holgada,

perezosa,

leve.

 

Sin perder el tiempo con sermones,

ni darlos ni recibirlos,

me subleva que me quiten el tiempo,

me anula y me paraliza.

 

Ya no sé que hacer con el tiempo.

No logro enfrentarme al tiempo.

Estoy saturado de tiempo.

 

Dejar el tiempo perdido y marchito

tiempo que no termina

pero deja de existir.

 

Muerte, Dolor y Elegancia

 

Voy a empezar por el principio

Y sin  embargo algunas cosas

No suelen empezar por el principio,

Ni en general, tampoco,

Terminar en el final,

La mayoría de las veces comienzan

Por la mitad.

 

Sólo algunas veces, afortunadas, desde el principio

Son  y allí comienzan.

Por otra parte, algunas veces terminan por el comienzo

O antes de terminar y algunas veces

Duran hasta después.

 

La vida es una de esas cosas,

El tiempo es otra,

Y, definitivamente, la muerte es una de ellas.

O, a lo mejor, todo es así.

Pero eso no es lo mejor, eso es lo peor.

Luego, debo decir: a lo peor todo es así.

O a lo mejor,

Mejor es no decirlo de ningún modo.

 

El punto de partida es esto, entonces

Esto, aquí y en este instante, ahora,

Y el tema es ése, ése es

El problema, el asunto, ésa, es la llaga

Pero también el dedo que se hunde en ella.

¿Y la solución cuál es?

 

La solución es cerrar el puño y cogerlo,

Apretar el corazón, como si fuera un puño,

Apretar el pensamiento como si fuese un puño,

Y cogerlo prisionero, verlo claro

Al pensamiento, al corazón, como un pájaro nervioso,

Y después dejarlo ir y que la vida

Se la harten de una vez.

 

Pero después,

Después de haberla comprendido,

De haberlo tenido en el puño,

Prisionera un instante,

Por un instante mía.

Y otro tanto con el tiempo.

Y otro tanto con la muerte.

 

 

En la mitad está el principio

Y el principio en el final, y el final

En el principio, en el comienzo mismo,

Como dijo San Pablo, que el hombre cuando nace,

En el nacimiento mismo, se tropieza con la muerte.

Estoy hablando del pájaro nervioso

Que no tiene principio ni final

Sino mitad solamente,

“en la mitad de la vida”

como lo dijo Dante.

Estoy hablando de eso.

 

Es un asedio de palabras,

Un sitiar al silencio,

Una emboscada a lo desconocido:

El tiempo, la vida, la muerte, yo mismo.

No “mismo”, diferente, y desde luego

Desconocido, silencioso.

Ya quisiera yo que esto no fuera más que literatura.

¡Ya quisiéramos señores!

 

En primer lugar, la vida,

Y en segundo y en tercer lugar también.

Y aunque nos de vergüenza,

La soledad de isla que hay entre la gente,

El hecho escueto, crudo, la verdad aleteando

Como una paloma presa entre las barras del pecho

Es que no sé, no sabes, no sabemos

A quién estamos esperando o qué cosa,

Qué es eso, quiero decir, la vida,

Las cosas, uno mismo, este silencio,

Como una puerta abierta al gran vacío,

Tan grande como Dios que existe

 

Quién sabe qué delito la rosa encubre,

Quién sabe qué cosa perdió el viento y lo busca.

Quién sabe en que noche duerme la noche.

Cuando al final del día, cierro mi libros,

Reviso mis heridas, cierro los ojos y pienso:

Estoy vivo, lo he estado siempre y lo estaré para siempre.

Exactamente como el muerto,

Que es como si no hubiera nacido nunca.

 

 

Así también el vivo, que es como si no hubiera nacido nunca,

Ni tuviese nunca que morir tampoco.

Pero muere, lo matan desde fuera, le cae una teja en la cabeza

Un microbio, un virus, un balazo, un hechizo...desde fuera,

Siempre desde fuera,

Porque la vida misma es inmortal, sin principio y sin final,

Como la muerte, exactamente igual.

Como la muerte.

 

Me he sentado a pensar. No oigo

La jauría de perros. Mi corazón es el conejo.

No oigo el canto de sirenas.

El niño que yo fui es Ulises.

El corazón me palpita como un conejo en pánico,

Y la nuca me tiembla y el amor se me cuela a los huesos,

Como si estuviera huyendo de ladridos de perros.

 

Pero estoy huyendo del dolor, no de los ladridos,

El dolor no comprende los sentimientos humanos,

Traiciona, hiere, agrede y hostiliza sin el más

Mínimo remordimiento.

El dolor viene del Diablo.

Es su tacto, su caricia.

El dolor nos hace inclinarnos, suplicar, huir.

Y el dolor se revela como el hermano de la muerte.

Nos llena de terror, pero sin él la vida sería incomprensible.

 

No vas a poder cogerlo con las manos,

Ni con el corazón,

Y mucho menos con el pensamiento.

No se deja, es de aire, aire que se cuela entre los huesos,

Aire frío, silencio lloviendo sobre las palabras,

Derritiéndolas.

 

Y las palabras se reconstruyen,

Y el mensaje no lo vamos a poder decir nunca,

Nunca, de ningún modo, de eso no tengo la menor duda.

 

Pero siempre estaremos al borde de decirlo,

La palabra exacta,

En la punta de la lengua, como se dice.

Y es como si li hubiésemos olvidado,

Pero no es verdad,

No lo hemos sabido nunca,

No lo vamos a saber jamás.

 

 

Nunca la vida ha sido más trivial,

Casi sin poetas,

Plana, insulsa, más bien aburrida,

Pero ni siquiera eso mucho.

Estoy hablando de la muerte.

Y estoy hablando de ti, no mires a los lados.

Estoy hablando de mí, de ti, de todos.

Puede que no sea serio,

Puede que ni siquiera sea muy interesante.

Eso es bien posible.

Pero es verdad, y eso, que puede no ser mucho,

Es algo por lo menos,

Y desde luego es todo cuanto tenemos.

 

Cuando te vayas y te la quieras llevar.

Si es que te la quieres llevar,

Y es qué hipotéticamente hubiese un sitio

Donde llevarla,

Te va a caber entera en un bolsillo.

 

Entonces, compañero, hermano hombre,

Animal de mi especie,

Si te preguntan por la vida,

Mejor dices que se te olvidó,

Entre tanto dolor y placer,

Que no te diste cuenta,

Que no te fijaste bien.

Por lo menos seamos elegantes.

Por lo menos

1er. Lugar Tema Libre

XXXVII Juegos Florales de la Revolución Mexicana

Jiquilpan, Michoacán.

Noviembre 2001

 

 

 

 

 

 

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