En
la actual narrativa venezolana, la obra de Israel
Centeno se asoma como una de las más originales y
más sólidas. Una obra que mezcla acertadamente
géneros narrativos aún menospreciados por la crítica
como la novela negra y el erotismo, uniéndolos en un
ambiente de violencia y caos en donde los rasgos más
oscuros de la modernidad vienen torciendo el cuello
al hombre, haciéndolo –ahora más que nunca– un ser
para la muerte. Quizás por eso se ha transformado,
casi unánimemente, en una referencia obligatoria
entre los escritores más jóvenes de una Venezuela
devorada por el mismo caos que ella engendró.
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