I
Esta manzana que se come y no se come. Que me deja esperando con la
lengua de fuera y las ganas adentro, tan adentro, donde ella no lo
nota o eso es lo que yo entiendo. Pálida roja y pálida amarilla, se
resiste a tenerme, a verse desnuda, exuberante, sintiendo el
golpeteo de los mordiscos en mi boca, acabando a pedazos mientras
pierde su fuerza, su fortaleza, y luego qué.
II
Ahora ya sé qué pasa, pálida roja y pálida amarilla. Te consume ese
miedo a querer más de nuestro jugo. O acaso eres tan tibia, fruto
que seca, poco firme. Y sin embargo, me sabes a madera, tan llena
de ti sobre esta mesa.
III
Pervertida manzana, tan pervertida como la piel con que ruedas por
los manteles, mientras piensas en tinto y sólo tinto. Tan envinada
estás que nada te sorprende. Puta manzana, de una mesa a otra,
mientras yo espero solo, solo y te contemplo.
IV
Puta manzana, emputecida; por qué no vienes de una vez a nuestra
mesa y nos hartamos, como entonces, una vez más.
Teognis y Cirno
I
Te tiemblan las manos, Teognis, que te tiemblan,
Pero alcanzarás los dones de ese Cirno.
*
Tu cántaro, Teognis, ¿la espuma
De algún Cirno no olvidado?
*
También de Teognis se enamora alguna...
II
*
Heroicos, ridículos, infames, los que en vano luchamos
-pero tal vez no tanto- por arrancarte algún favor.
*
Hoy vi tu rostro, Cirno,
Y no puedes saber cuán feliz fue charlar de nuevo.
*
Tú y yo, lo mismo que la naturaleza más fugaz,
Somos vaho.
*
Todos los poetas somos Teognis, Cirno.
Todos los hombres vueltos tontos, embrutecidos
Y tú te vas.
*
Acéptalo, Cirno, no sabes cuál de los dos es el más bello.

destiempos.com
I
Año 4
I
Número 23 I
2009 ©
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