México, Distrito Federal I Diciembre  2009- Enero 2010 I Año 4 I Número 23 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 

 








 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AMORES CONFUSOS

Andrea Benavídez. Nació en 1976 San Juan (Argentina) donde se licenció en Filosofía en la Universidad Nacional de San Juan (U.N.S.J.). En 2008 obtuvo un Máster en Pensamiento Contemporáneo en la Universidad de Murcia. Actualmente trabaja en la Tesis para obtener el grado de Doctor, en el mismo centro. Ha publicado en 2008 Narrativas sanjuaninas actuales, en Confluencia, Revista Hispánica de Cultura y Literatura; y en 2006 Tesorito (cuento). En 1997 El Sótano novela corta editada por la U.N.S.J.    

“La mejor palabra objeto es de burla,

 cuando un majadero es el que la escucha”.

J. W. Goethe. Diván de Occidente y Oriente

 

 

I-

Querida amiga me ha estado contando por e-mail una reseña pormenorizada de su vida sentimental. A pesar de estar enterada del proceso, tengo que confesar que el último correo electrónico me ha dejado pasmada.

En él relata las consecuencias terribles de haber descubierto el origen de una confusión. Querida amiga posee gran inclinación a interpretar sus propios sueños. Muchos años de escucha sostenida en el oído de su terapeuta la han convertido en una gran habladora. Y ese estado le ha revelado increíbles imágenes provenientes del conciente y sus alrededores.

Por eso cuando tuvo el sueño que tuvo, sumado al deseo que había acumulado de encontrar un hermosos adonis con quien compartir el verano, no le quedó más remedio que admitir que el amor la andaba cercando. Con esas certezas ululando en micro ondas me escribió un correo diciendo: “He tenido un sueño iluminador; dos hombre muy hermosos aparecían en la ensoñación, supe entonces que uno de ellos es el amor que tanto estoy esperando. Una voz inexplicable, ha dirigido mi atención (en el sueño) a la hebilla del cinturón que apresaba el pantalón de uno de ellos y es por esa señal, tan clara por cierto, que sé que él será el padre mis hijos. Creo que sólo debo esperar un poco y el tiempo hará su trabajo para mi beneficio”.

Al leer las líneas escritas por querida amiga no me he sentido con el valor suficiente para desmotivarla, ya que, aunque es improbable del todo que su sueño se haga realidad (con la exactitud que ella pretende), no creo lograr disuadirla de su ambición de espera. Después de todo, los últimos amores que ha tenido no eran, precisamente, una imagen onírica estimulante.

Inesperadamente, querida amiga, ha conocido a los seres trasnochados que su informante secreto le había develado. Al relatarme el acontecimiento, el e-mail parecía emanar corazones y certezas de un modo perturbador:

Querida amiga cuenta que: “Los dos sujetos estaban igual que en mi sueño, uno sostenía en la mano un candelabro con la vela encendida y el otro una copa antigua de color roja, con un sorbo de vino. Yo había salido de una fiesta y caminaba a casa respirando el sereno de la noche cuando uno de ellos me habló de un poeta del lugar. Siendo yo forastera, me acerqué a preguntar los detalles específicos. Esa conversación se amplió durante mucho rato en que tuvimos tiempo de intercambiar ideas, versos sueltos de sonetos y direcciones de correo electrónico.

Al cabo de la noche decidí irme, fue cuando noté la hebilla que antes había soñado. ¿Te imaginarás cuánto de impresionada me quedé? ¿Qué podía yo decirle al hombre hermoso en ese momento?, ¿cómo podía hacer para que el amigo se esfumara en la bruma de la noche? Presa de la emoción estuve a punto de soltarle las buenas nuevas: he soñado contigo vamos ha tener una larga y maravillosa historia de amor cinco hijos y un árbol de cerezas en la maceta de la sala de estar. Todo eso se desvaneció cuando en un momento de escalofriante sensación la luna desapareció y el sol brillante nos perturbó”.

Al pasar los días, querida amiga, no cabía dentro su emoción. Ahora, según sus conjeturas oníricas, sólo se trataba de esperar que los hechos acontecieran y que el tiempo y sus fuerzas devoradoras fueran haciendo lo suyo.

La sorpresa de querida amiga fue de tamaño inconmensurable cuando recibió un e-mail, sumamente encantador, pero del varón que no poseía la hebilla en su pantalón.

Claro está que querida amiga no estaba a la espera de cualquier amor. Ella quería un  gran amor, de esos que después sirven para hacer películas de clase B o C, entonces no estaba dispuesta a perder la oportunidad de su protagónico, aunque el segundo chico también fuera casi un bombón.

Querida amiga me cuenta que ha resuelto salir de cualquier forma con el hombre encantador, porque, según están las cosas, es la única manera de no perder el contacto con el auténtico amor.

Al volver de la cita, querida amiga estaba presa de un sentimiento extrañamente contradictorio, ya que confiesa sentirse tan atraída por el hombre encantador, que casi ha olvidado al otro. Más, obligando a su voluntad a no perderse en el camino de la tentación divergente, ha resistido los intentos repetidos y repetidos en los que el hombre encantador ha intentado besarla.

Al avanzar la noche, querida amiga le ha mostrado los dientes en señal de enojo, por la actitud acosadora de él y le ha hecho saber que en la próxima cita si no viene acompañado por el amigo de la hebilla en el pantalón no podrán volver a verse.

Querida amiga cuenta que ante la solicitud y, contemplando los apremios que conlleva el amor en el verano, el hombre encantador ha accedido a todo.

 

II-

Querida amiga se encuentra en una situación comprometedora, porque, piensa ella, ¿cuál será la forma más adecuada para terciar la cuestión?, ¿cómo hacer realidad su sueño?

El hombre encantador es, según su relato: encantador. Pero la energía psíquica no deja de punzar a favor de la hebilla en cuestión.

Querida amiga ha resuelto ser frontal. Cuando la cita triple tenga lugar, hará lo imposible por lograr quedarse un momento a solas con el hombre de la hebilla. Ahí le soltará todos los detalles de su sueño, y le explicará la improcedencia de avanzar en tratos con el hombre encantador, siendo el otro, con quién ella está interesada en casarse.

Los días habían pasado unos tras otros sin recibir ninguna noticia de querida amiga. No sabiendo qué podía haber sucedido le envié un correo interrogando sobre la situación, para saber de cuánto tiempo estábamos hablando, porque la confección de vestidos de ceremonia no es algo que se pueda improvisar.

Lamentablemente algunas cosas han cambiado en el escenario de querida amiga. Ella cuenta que está desconsolada, y que las cosas no han funcionado como esperaba. Porque cuando la cita triple tuvo lugar, y el hombre encantador se ausentó un momento, ella aprovechó para ilustrar al hombre de la hebilla en sus verdades psíquicas.

Querida amiga me cuenta con todo su ser atormentado, que el hombre de la hebilla le confesó una horrible verdad: La noche en la que se habían conocido los tres, él había tenido un percance con el botón de sus pantalones, y éste, siendo de una tela extremadamente endeble se le caía. Entonces, el hombre encantador le había ayudado a mantener la compostura prestándole su cinturón. Y por esa razón le explicó que no era él el hombre de sus sueños sino el otro varón en cuestión.

Querida amiga escribe que desde ese momento no ha podio superar el trance de su equivocación. ¿Cómo había podido su psique ser tan traicionera? ¿Cómo podía ella haber errado así la interpretación de los símbolos?

De un momento a otro, y presa de una conturbación indescriptible, ella abandonó la cita sin mayores detalles. Y desde estonces, querida amiga, no puede responder los correos que el hombre encantador no deja de enviarle cada día a las siete y cuarenta y cinco de la mañana.

 

 

 

 

 

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