Como sucede con algunas obras maestras, el
Quijote se construye sobre una intencionada
variedad de discursos y géneros, narrativos
primordialmente, entre los que debemos destacar
los libros de caballerías, pero también los de
pastores, los relatos de cautivos, la picaresca,
las novelas “griegas”, las novelas cortas, las
relaciones o los relatos folclóricos. Además, la
complejidad de su texto difícilmente se
entendería sin un sutil manejo de los recursos
escénicos, sin el empleo preciso del diálogo y
del humor, de modo que algunos de sus mejores
episodios se deben interpretar en clave de
farsa; a su vez, la presencia de la lírica no
podemos limitarla a los poemas insertos: su
huella dejó su impronta en la prosa quijotesca,
en la que asoman con generosidad versos de
Garcilaso o del Romancero. Cervantes dio
renovadas muestras de sus inquietudes literarias
hasta su muerte, muchas de las cuales tuvieron
especial acogida en su creación, entre ellas el
discurso teórico puesto en boca de los
personajes, confrontado con la práctica de la
propia novela.
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