Frente al portón de la
iglesia
frente al altar y a
los santitos
nos besamos.
Un beso leve
un roce de los labios
que detuvo el reloj en
la fachada.
Ahora marca las once
y cada mediodía
nuestras sombras se
toman de las manos
y al acercar los
labios
el tiempo se detiene.
LA
LUZ EN LA COLINA
En la colina que
remata el horizonte
hay una casa.
Sus tejas se recuestan
sobre el verde
las ventanas oscuras
los pinos como agujas.
Soñamos con subir cada
mañana
pero en la tarde la
desdibuja el agua.
Después de la tormenta
un punto luminoso nos
anuncia
que allí siguen los
sueños
agazapados tras del
manto de niebla.
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I
Año 5 I
Número 24 I
2010 ©
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