Has venido como si nada.
Ufanamente tuyo y sin respuesta,
me has mirado altivo,
como si nada.
Increíble tu descaro.
Llegas, me desnudas con la mirada,
inhalas tu aliento
en la palma de tu mano hueca,
me volteas hacia ti patas arriba
y termino,
hecha un cromo,
como antaño.
Ah, vaya, lo tengo repetido.
Adiós, nena, vístete rápido.
Y huyes,
como si nada.
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I
Año 5 I
Número 24 I
2010 ©
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