I
Ha quedado la luz hecha pedazos,
La sombra se ha quedado pensativa;
La brisa, que era brisa intempestiva,
Se ha quedado callada en nuestros brazos.
Vamos buscando nubes y regazos
Aún sin saber si el ánima está viva,
Y siempre está la luz, la luz esquiva,
Evitando fijarse en nuestros trazos.
No nos quedan palabras verdaderas,
Andamos promoviendo inquisiciones
Como sube la sombra enredaderas.
No nos movemos ya de estas prisiones.
Las esperanzas van, perecederas,
Trazando cruces en sus posiciones.
II
Esta canción que aquí comienza y muere.
Esta prisión con alas de esperanza.
Esta vida inicial que no se alcanza,
que todo desestima y todo quiere.
Esta espuma que navegar requiere
pero que apenas en la orilla avanza.
Esta luna que al agua no se lanza,
que proyectarse en ilusión prefiere.
Esa nítida luz que arde en tu boca,
esa palabra que alimenta el fuego,
ese ronco animal que no te toca.
Aquel dolor encadenado, y luego,
aquella lumbre que se vuelve loca,
aquella claridad a la que llego.
III
El corazón apenas ha cantado
la luz que parte interminablemente.
Apenas nace, el corazón ausente
las sombras avenidas ha contado.
El corazón no se ha desperezado.
Simula algunas sombras en su mente.
El corazón de ayer siempre está en frente,
como una eternidad agazapado.
La sombra se pasea lentamente
por los pasos fugaces a tu lado.
Te irás muy pronto, lamentablemente.
No me importa mi ser atribulado;
esta pena de ser, diariamente,
la sombra de la luz de tu costado.
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I
Año 5 I
Número 26 I
2010 ©
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