México, Distrito Federal I Agosto-Septiembre  2010 I Año 5 I Número 26 Publicación Bimestral I ISSN: En trámite

 

 

 








 

 

BATALLAS

 

Javier Aguirre Ortiz (Bilbao, 1973) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto y en Filología Inglesa por la UNED. Vive en Temuco, Chile, donde se desempeña como profesor universitario y responsable de un laboratorio de idiomas. Participó durante años en el taller literario La Galleta del Norte. Ha colaborado como poeta y crítico literario en numerosas publicaciones literarias de México, Venezuela, Chile, Francia y España. Ha sido incluído en varias antologías poéticas. También ha incursionado en la poesía visual. Varios de sus poemas han sido musicalizados

 

 

I

 

Ha quedado la luz hecha pedazos,

La sombra se ha quedado pensativa;

La brisa, que era brisa intempestiva,

Se ha quedado callada en nuestros brazos.

 

Vamos buscando nubes y regazos

Aún sin saber si el ánima está viva,

Y siempre está la luz, la luz esquiva,

Evitando fijarse en nuestros trazos.

 

No nos quedan palabras verdaderas,

Andamos promoviendo inquisiciones

Como sube la sombra enredaderas.

 

No nos movemos ya de estas prisiones.

Las esperanzas van, perecederas,

Trazando cruces en sus posiciones.

 

 

  

II

 

 

Esta canción que aquí comienza y muere.

Esta prisión con alas de esperanza.

Esta vida inicial que no se alcanza,

que todo desestima y todo quiere.

 

Esta espuma que navegar requiere

pero que apenas en la orilla avanza.

Esta luna que al agua no se lanza,

que proyectarse en ilusión prefiere.

 

Esa nítida luz que arde en tu boca,

esa palabra que alimenta el fuego,

ese ronco animal que no te toca.

 

Aquel dolor encadenado, y luego,

aquella lumbre que se vuelve loca,

aquella claridad a la que llego.

 

  

III

 

El corazón apenas ha cantado

la luz que parte interminablemente.

Apenas nace, el corazón ausente

las sombras avenidas ha contado.

 

El corazón no se ha desperezado.

Simula algunas sombras en su mente.

El corazón de ayer siempre está en frente,

como una eternidad agazapado.

 

La sombra se pasea lentamente

por los pasos fugaces a tu lado.

Te irás muy pronto, lamentablemente.

 

No me importa mi ser atribulado;

esta pena de ser, diariamente,

la sombra de la luz de tu costado.

 

 

 

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