Me cerraron «Vesper», Elisita.
eso duele más que mil patadas,
que empujones, o insultos, o esta celda...
Terca soy como poeta y espero que tú me ayudes,
porque mira que presiento que tus ojos
son los hacedores y debemos convocar
esa magia, «Hágase la Luz», Fiat Lux,
sí, luz en la oscuridad, con las miradas.
[1]
Por una afortunada casualidad, Juana Gutiérrez, a
diferencia de muchas mujeres nacidas en el México
del el siglo XIX, pudo tener las primeras enseñanzas
gracias a “don Felipe”, profesor de la comunidad,
quien motivado por el interés de la chica persuadió
a los padres, Santiago Gutiérrez y Porfiria Chávez,
para que dieran permiso a la niña de ir a la
escuela de la hacienda. Este primer impulso la
llevaría a la adquisición de conocimiento de manera
autónoma y, con ello, más tarde, a su incursión en
la poesía, en el anarcosindicalismo, a su activismo
feminista y contra la dictadura de Porfirio Díaz por
medio de la publicación de boletines, cuadernillos y
revistas, a su participación en la elaboración de
los planes de la Sierra de Guerrero y de Ayala, e
incluso a su incorporación a las huestes rurales
dirigidas por el proyecto educativo de José
Vasconcelos.
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