Revista de curiosidad cultural

 

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PETER HANDKE, UN TESTIMONIO DE LA MEMORIA SUBTERRÁNEA

Edgar Borges

 

En el discurso que Peter Handke (Griffen, Austria, 1942) pronunció en el entierro de Slobodan Milosevic  habló de “El mundo, el supuesto mundo”, para referirse a la realidad mediático-política que nos imponen como verdad absoluta. Más allá de las simplezas conservadoras que nos quieren dividir la vida en blanco y negro (buenos y malos de una mediocre película), y sin centrarme en el caso Milosevic, las palabras de Handke apuntan directo al centro de la mentira global. Sirven para mostrar los hilos invisibles que se utilizan para manejar la tierra. El mundo que vemos es una vestimenta ajena a la vida (y por ende a la naturaleza), los muchos mundos que existen (y que sangran a contra luz) andan por los subterráneos del planeta.

Peter Handke, alejado de la simpatía que hoy muestra un “gremio literario” empeñado en caer en gracia a la estupidez generalizada, compromete doblemente (en voz y técnica) su palabra.  A paso de equilibrista atraviesa el hilo que comunica el borde del precipicio literario con el del precipicio político. Llega, escribe novelas sobre la incomunicación (interior y exterior) del ser humano, y regresa a la crónica para descomponer las piezas del puzzle social (y no detiene su viaje de ida y vuelta). Handke contradice, quizá como ningún otro intelectual (y vaya que reivindica la acción que hay detrás de esa palabra), el dogma capitalista que nos pretende hacer creer que “literatura y compromiso son dos vías que en la supuesta posmodernidad caminan por separado”. A la obra de Handke le llegamos por cinco caminos de alto brillo (y compromiso): la poesía, la novela, la crónica, el teatro y el cine. Y en los cinco senderos la llegada (que nunca es llegada porque siempre es camino) es de las más importantes que ofrece la literatura concebida en tiempos de aislamiento humano.  En su escritura el lector deberá aceptar el reto de sentir que la palabra sólo es útil si nos sirve como puerta de acceso a un espacio (muchos espacios). La palabra, más que llegada, es una vía. Handke, como implosionista, dinamita palabras en uno y otro extremo del abismo. Y entre las ruinas del verbo encontramos los pedazos del mensaje que andábamos buscando (que acaso sea una réplica del individuo extraviado).Seguir leyendo

 

 

 

 

 

 Distrito Federal I Marzo - Abril   2011 I Año 6 I Número 29 I Publicación Bimestral 

Editorial  Grupo destiempos S. de R.L. de C.V.