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- Graciela Cándano Fierro Doctora en Letras Españolas por la UNAM y con estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, España. Investigadora Titular del Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM) en el área de literatura ejemplar de los siglos XII al XV. Profesora de asignatura en el Curso de Literatura Española Medieval, desde 1975. Autora de los libros:La espina y la rosa. La ambivalencia en torno al `dogma´y al `instinto´ en torno al Libro de Buen Amor. Estructura, desarrollo y función en las colecciones de exempla del siglo XIII.Una faceta de la mujer en la literatura ejemplar, La seriedad y la risa, La comicidad en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media ,La harpía y el cornudo. La mujer en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media española, Sendebar para estudiantes, Un modelo de las colecciones de exempla del siglo XIII. Autora de diversos artículos sobre literatura y sociedad medieval española. Ponente en diversos foros nacionales e internacionales. Entre sus áreas de investigación e interés se encuentra la defensa de los DERECHOS HUMANOS.

 

La risa como castigo social .                          

                                                            Sí yo me río ¿tú también?

                  Sí tú te ríes, yo también.

         (Anónimo) 

 

 ¿Acaso sería muy atrevido afirmar que la misoginia y la comicidad  están relacionadas, y que pueden marchar codo a codo?

    Las secuelas de la risa provocada por personajes, que a pesar de aparecer en obras didácticas o moralizantes resultan cómicos, ridículos etc., no es poco común. Se puede decir que, como Jano,[1] presentan dos caras: una aleccionadora y la otra escarnecedora; una buscaba y la otra muy probablemente, no.

    “La risa [puede ser] ambivalente;  alegre y llena de alborozo, pero al mismo tiempo burlona y sarcástica”. [2]

 

    A fin de determinar las consecuencias de la comicidad en la literatura ejemplar (moralizante) en los lectores u oyentes, hay  que entender cuál es la función de la risa, es decir el resultado inmediato de lo cómico.

    Pongamos un ejemplo:

    Lo que llamamos “excentricidad” puede ser aquello que transgrede los convencionalismos  y reglamentaciones de la sociedad. Es decir lo que no está en sintonía  con esta última.

    Aquel que no enfrenta  la vida con la aplicación, el cuidado y la reflexión (o mesura, tolerancia, dinamismo, maleabilidad) que la sociedad le impone, es un descentrado, un excéntrico, alguien despreciado por el común de la colectividad.

    Pero si bien la sociedad cuenta con instituciones que castigan   o controlan materialmente a excéntricos  como por ejemplo el individuo descarriado que comete un asalto –o el desadaptado que queda tirado en la vía pública por ebriedad, o el demente que se desnuda en un parque, o jardín de diversiones-, no tiene elementos para sancionar de igual manera al descentrado que hace el ridículo por anticuado, distraído, deforme, exagerado, confiado traumatizado, obsesivo o ingenuo.

    No obstante, la sociedad esgrime un arma terrible contra todos estos incómodos inadaptados: la BURLA. Se ríe de ellos. Freud afirma: “Uno puede volver cómica a una persona para hacerla despreciable, para restarle [...] dignidad y autoridad.”[3]

 

    Por su parte Bergson, aludiendo a los miembros de la comunidad que se amoldan a las corrientes mayoritarias -en nuestro caso serían los hombres que por confiados, son burlados por sus mujeres- señala que pueden ser susceptibles de ser mortificados por la vía de convertirlos en blanco de la risa de la sociedad. La risa constituye una sanción a su derrota, una pesada llamada de atención:

     “A este fin, hace que sobre cada uno se cierna, si no la amenaza de un correctivo material, al menos la perspectiva de una humillación que es siempre temida, aunque sea levísima.” [4]

    Además de la amenaza directa que, obviamente, existe en la literatura ejemplar acerca de no prestar oídos a los consejos de las mujeres, de desconfiar siempre de ellas, de estar alertas ante su astucia, etc., está el mensaje subliminal que debe penetrar en la mente del hombre: si no domina a la mujer, si no la controla, si no desconfía de ella permanentemente, entonces recibirá el merecido castigo social de la risa.

    Tal como se ganarían dicho escarnecimiento las personas que obraran de forma similar al mercader estafado, el idealista delirante, el juez escarnecido, el obeso vegetariano, el anacoreta corrompido, sin olvidar por supuesto, el más ridículo y frecuente  de los personajes engañados por el ingenio femenino: el cornudo, quien por el puro temor a la risa de la sociedad habría de inclinarse al “centro común” de esa sociedad que lo obliga a no ser confiado, abstraído o irreflexivo ante las mujeres,

    La comicidad, por lo tanto, juega un papel coherente con el mensaje misógino de la literatura ejemplar [de los siglos XII al XIV] a despecho del sempiterno marido burlado que aparece en ellos.

    Lo que tiene de festivo –para los receptores- la invariabilidad de la dicotomía, adúltera/cornudo contenida en una gran proporción de relatos ”ejemplares” [5]  sirve de llamada de atención para que le hombre, concientizado, cambie la blandura  y la rigidez  [Cf. Bergson] por una vigilancia y una elasticidad necesarias para lograr una vida digna.

    En suma, la enseñanza central de la broma pesada que le juega la sociedad medieval y la de cualquier otra época al humillado CORNUDO consiste en que esté alerta ante las artimañas de cualquier HARPÍA. Porque “reírse del buey Apis”[6] es convertir al animal sagrado en vulgar toro.[7]

    La enseñanza de las obras didácticas de la Baja Edad Media, en virtud de la comicidad (voluntaria o involuntaria)[8] que hay en ellas, contiene dos sentidos simultáneamente; el posible, que pretenden darle las autoridades: despreciar a la  mujer, cuidarse de ella;  y el real, que le da una importante fracción, de los receptores: despreciar al hombre, aplaudir a la mujer”.[9] 


 

[1] Uno de los dioses más antiguos de Roma, guardián de las puertas, cuyas entradas y salidas vigilaba, se le representaba con dos rostros opuestos (Jano bifronte), que evocaban las dos caras de una puerta.

[2] Mijaíl  Bajtín,  La Cultura popular,  p.17.

[3]  Freud,  El chiste, 180.

[4] Bergson, La risa , 92

[5] Diciplina clericalis (siglo XII), Sendebar, Calila e Dimna (siglo XIII), Exemplos por a.b.c. (sigloXV).

[6] Toro divinizado de la mitología egipcia. Adorado en Menfis desde fecha muy temprana; encarnaba a Ptah, considerado el Verbo creador y representado en forma humana con el cuerpo envuelto en un sudario. También el buey Apis era considerado como hipóstasis de Ptah y Osiris.

[7] A. Hazen, Sobre el arte, ed. Is Kousstro,  Moscú, 1954, 223. apud. Bajtín,  Cultura popular, 87, n.1. 

[8] Cándano, La seriedad y la risa, 317-329

[9] “...el ingenio [es] la única defensa de la `gente menuda´ contra la rapacidad de los grandes  (Darnton, La gran matanza, 50)

 

Bibliografìa

 

BAJTIN, Mijaíl, La cultura popular en la Edad Media y Renacimiento, Barcelona: Barral Editores, 1974

BERGSON,  Henri, Introducción a la metafísica. La risa. México: Porrúa (“Sepan cuantos...” 491), 1986

CÁNDANO, Graciela, La seriedad y la risa. La comicidad en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media, México: UNAM/IFFl (Bitácora de Retórica 7), 2000.

DARNTON, Robert, La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, México: Fondo de Cultura Económica, 1987.

FREUD, Sigmund, El chiste y su relación con el inconsciente, Buenos Aires: Amorrotu editores, 1979.

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 destiempos.com  Año 1 I  Número 4 I  2006 ©

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