Poesía

 

 

 

Omar Requena Venezolano, nació en Caracas en 1972. Cursó estudios de Derecho y Artes Visuales en la misma ciudad. Actualmente culmina el segundo semestre de Comunicación Social en la Universidad Bolivariana de Venezuela, en la población de Ocumare del Tuy, antigua capital del Estado Miranda, donde reside desde hace varios años, interesado en la riquísima y poco conocida memoria histórica de la región. Tiene inédito un poemario: Palabras para Después, y prepara su primera colección de relatos.

DIA CENIZA

  

Día ceniza volvió sobre sus pasos

y trata de encontrarnos

en  el último peldaño

de la escalera que olvidamos

subir

 

Por  eso debes guardar el corazón

en el lugar más seguro

que conozcas

 

Dejarlo bajo llave

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De improviso

Mi antigua vida ha sido puesta a quemar en un vaso de alcohol. El discreto olor atrae murciélagos y acusadores de oficio. Todos esperan razones de mí. Aguardan impacientes un solo gesto mío, para abalanzarse y despedazarme con sus lápices de tedio.  

Ignoran que yo también conozco las variables de sus máscaras, lo falso de sus atavíos. Que guardo en los bolsillos puñados de niebla para confundirlos... que una mano puesta oportunamente sobre la boca del vaso, desaparecería toda la escena como por encanto. 

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Reloj de arena

Son verdaderamente extraños

estos días sin dueño

o nombres propios.

 

Sin llamaradas que enfrentar

que aliviar

 

Sin huellas

 

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A manera de conjuro

Repetir en voz baja

-dos veces-

tu cálido

tibio nombre

 

mientras cruza feroz la ventisca

por la ventana abierta.

ANTIGUOS MALES

 

La lluvia no es

omnipresente

 

Aquí  dentro creció también

el desierto

 

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Señales del cielo

 

                                        Para Alfredo Herrera Salas

 

Que alguno venga y me explique:

Por qué estos días guardan

 tanto parecido con otros

que jamás han existido

 

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         La  Realidad

  

                                        Si de pronto

                                                                    La realidad

                                        se desnudara

                                                                    y abierta

                                        de piernas

                                                                    te suplica

                                        en voz baja

                                                                    que la toques

                                        dime:

                                                                    ¿qué harías?

 

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Mediodía 

La ventana y yo

hemos pactado:

 

Ninguno espiará al otro

jamás

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Homenaje a Café Tacvba           

...el conquistador llegó a la ciudad, dispuesto a lo impensable y terminó hundido hasta las rodillas en el barro. Despojado de sus atavíos, lo adornaron con plumas diversas. Hicieron flautas de sus huesos; su cráneo limpio y pulido brilla como el azúcar el día de muertos. Se acostumbró a cantar con los niños, y demás desheredados... a dormir en el metro, escondido del espacio –tiempo de la ciudad. 

La última vez se le vio en Sonora, conversando con las serpientes: diciendo que un día vendrá el triunfo definitivo de la sagrada música... señora de todos nosotros.

 

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 destiempos.com  Año 1 I  Número 4 I  2006 ©

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