Pablo Brito Altamira no se considera un escritor sino alguien que se vale de la escritura y otras formas de expresión como instrumentos para transmitir experiencias y experimentar en la comunicacíón dentro de la “vida real”: para él, el único arte posible es el de vivir. Autor de algunas piezas de teatro, numerosos relatos , algunos textos teóricos y unos cuantos ejercicios narrativos que prefiere no llamar novelas, es sobre todo un investigador de la naturaleza humana y un poeta. Su historia , ciertos casos que recordar no quiere. Autor de Teatro , Director, Productor y Publicista, es responsable también de un buen número de guiones de cine y t.v. para largos y cortos - comerciales o experimentales, filmados o por filmar - de cuyos nombres no quiere acordarse.Ha obtenido numerosos reconocimientos por su trabajo. El último de ellos es el primer premio en el certamen literario “Villa de Navia” 2005.
Dora Maar-Composición
Pablo Ruiz Picasso
10 febrero 1937.
Podría decirse que toda obra de arte es un enigma, y si la modelo del artista es un enigma también, el misterio se potencia, por así decirlo.
Mis ojos son de esta época y no de aquella, pero si algo tiene el arte de universal y eterno es que parte de lo que el artista coloca en la obra, si no todo, puede entrar en sintonía con un ámbito paralelo en el espectador : evocar un sentimiento parecido al que el creador experimentaba en el momento de producir la pieza.
De otra manera sería imposible vibrar con las notas de una sonata de Mozart, por ejemplo, y no sé hasta qué punto puede favorecer o entorpecer ese fenómeno el conocimiento que pueda uno tener sobre la vida de Mozart y las vicisitudes por las que atravesaba en el momento en que compuso la obra.
He escogido deliberadamente el ejemplo musical para referirme a una obra plástica a la que el artista denominó “composición” (¿o lo habrán hecho los catalogadores?... poco importa ) porque en ese lenguaje de lo visual, como en el de lo auditivo, las palabras cuentan sólo para contar: que sirva la repetición como énfasis de la intuición que tengo de que quien realizó la pieza no quería contar nada, sino simplemente mostrar lo que ocurría en el lugar de su alma donde las palabras no llegan para asir la realidad y embotellarla en el frasco etiquetado y farmacéutico de los conceptos.
Viene al caso , creo, este breve ejercicio como primera aproximación al acertijo que al comienzo afirmé que una obra de arte puede llegar a ser, porque la pieza – se dice- fue creada un 10 de febrero de 1937, dos días después de que la ciudad en la que el artista nació fuera invadida en una guerra brutal, fratricida, donde nadie tenía toda la verdad y donde pocos, incluso, la buscaban.
No quiero seguir la exploración con los instrumentos del historiador , en parte porque no soy eso y en parte porque creo que el sujeto es demasiado delicado, por así decirlo, para no ser violentado por el bisturí de la exégesis, por fino que éste sea.
Si la obra de arte permanece y es capaz de transmitir incluso después de la muerte del artista (paradoja ésta que conmovía a Rilke ) es – quiero creerlo y por eso lo creo, como diría Unamuno - porque la obra de arte es un ser vivo.
Pienso en una flor, en un pájaro : para entenderse con ellos hay que acercarse dulce, apaciblemente. De lo contrario huirán o se cerrarán en si mismos como hacen las madreperlas para ocultar su tesoro.
Y pienso que así , con la delicadeza de quien acaricia o besa, con la sutileza que sólo puede poner en juego quien experimenta amor, se acercaba el artista a lo que ese otro ser vivo que era la mujer que estaba junto a él, parecía mostrar en su mirada de asombro silencioso, melancólico tal vez (nuevamente caigo en la tentación de contar lo que no cuenta) o , simplemente, atónito: espantado, pasmado, diría seguramente el pintor en su español andaluz.
¿Es ella o él quien está así, quien siente así? ¿Soy tal vez yo, que intento descifrar una incógnita que quizás nunca pasó por la mente de ninguno de ellos en aquel momento?
Ciertos adagios de Bach, como el del concierto para violín en Mi mayor , producen en mí algo que de alguna manera se relaciona con esa mirada, que es – sólo para mí y sólo a través de estas palabras que no abarcan mi sentimiento- la de una mujer que no llora, pero no porque no quiere, sino porque no puede.
Está atrapada en una telaraña y es incapaz de moverse.
Las imágenes que la acompañan sugieren otras ideas que no contaré: dejo a los especialistas la tarea.
Agregaré solamente, para hacer con palabras el sinuoso y subrepticio acercamiento que sólo la poesía sabe hacer para tocar la realidad sin ahuyentarla, que junto al adagio que me sugiere esa mujer - que se me antoja niña paralizada por la visión de los desconocido- resuenan como en una caverna las palabras de Vallejo:
Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si caeNo he resuelto ningún enigma, lo sé. He agregado otro, a lo sumo.
Esa es ,casi siempre, la suerte de la escritura.
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destiempos.com I Año 1 I Número 4 I 2006 ©