Ricardo Daniel Piña nació en la Capital Federal de Argentina un 22 de agosto de 1962, donde reside actualmente. Está incluido en una antología de poesía joven argentina de Ediciones Del Dock (1995) Poesía En La Fisura, antologada por Daniel Freidemberg.Goza de algunas menciones y premios por su obra: Seleccionado para la Prebienal de Arte Joven organizada por la MCBA año 1991. Mención especial por la Dirección de Bibliotecas Municipales año 1993. Primer premio compartido Municipalidad de Vilallonga 2001. Publica en la revista de poesía/arte/noticias Morimbia y publicó en su antecesora Moriana. Publicó en El escriba de Pilar, psicoanálisis/arte/noticias. Publicó en la revista del Personal del Congreso de la Nación.
No eres mi niñera, eres mi mariposa...
Existirá una seña
que me guíe
por la oscuridad
que me deja tu nombre...?
Ahora empiezo
a ser un animal
en extinción
con la violencia del mediodía
como un recreo para el instinto,
o como el pasaje
a una selva cubierta de orquídeas.
No confiaba
en el ángel de tus jardines.
Ni en las sombras
del comienzo.
Nunca pude pensar claramente.
No puedo, me da pavor pensar en el mundo.
Soy como caca de perro en la baldosa.
Pasa el tiempo
y no me convenzo.
Cada vez creo más en tu cuerpo.
Y en la solemnidad
que me despierta tu cuerpo.
Y mis pensamientos
abarcan la música suave
de tu forma de hembra
tibia
sabrosa.
Suponer una vulgaridad me eriza la piel.
Pero no esquivo pensar
en hechos asombrosos
y asquerosos
y puros.
Como verme enredado en tu pelo castaño,
en tus tetas bellas
y encantadoras
como bebés recién nacidos.
Tu nombre me suena
turbio y primerizo
para este amor
audaz y perverso.
Solamente mi lengua
podrá entender
tu piel transparente
en ese alfabeto
de pelos sedosos
y jugos salados
preciosos de tus glándulas sebáceas,
y el gusto de tu sudor y el ritmo sexual.
¿Y está mal
que sienta esta tristeza
por esa felicidad inútil?
El temblor
de presenciar
tu fauna de hembra
destrozando lentamente
el trabajo de los colores
disueltos en mi fiebre.
Tus ojos transparentes achinados,
tus tetas gordas, grandes
que avanzan...
y no puedo decir
perfectas como una gota de agua
porque me quedo frío
como una momia del Louvre.
Plenitud. Maravilla.
Me termina asqueando
la justicia de la perfección.
Son gestos que encadenan mi instinto.
Y frente
a toda esa urgencia
de carne germinando
como gritos de socorro,
me enveneno con el sulfuro
que brota de mis pantalones.
Sigues sentada frente a mí
enfundada en tu jean
y con las piernas abiertas.
Voy a quedar descerebrado de un momento a otro.
Tengo que levantarme y envenenarme.
Y tengo que volver
a sentarme frente a ese “caldo de la felicidad”.
Me canso
por no mirar ese ángulo
entre las piernas.
Me canso
por hacer el esfuerzo de mirarte
a los ojos.
Y me vuelvo a levantar
y me vuelvo a envenenar
con el ácido sulfuroso de mi entrepierna.
Y así otra vez,
y otra.
y otra.
Oh! Ya basta!
Por favor! Te dije que no eres mi niñera.
Eres mi mariposa...
Ricardo Daniel Piña
Martes 4 y miércoles 5 de abril de 2006
Buenosayres miserable
::
Comparaciones elementales surgidas en el campo
o meditaciones sobre el estado autófago.
“Esta es la generación de ese gran Leviatán o más bien (por hablar con mayor referencia) de ese Dios Mortal a quien debemos, bajo el Dios Inmortal, nuestra paz y defensa.”
El estado es la bestia que se devora a los trabajadores
que han delegado su soberanía individual
en la institución que normaliza las voluntades,
los deseos individuales
y que reparte
y administra la justicia.
Mi caballo y mi perro son animales sudorosos.
Apestan en el verano cuando la precisión de lo nauseabundo
se convierte en un alfabeto.
Podrán ser testigos los ojos del mundo a este acto celeste de iluminación
en los dones de la carne
y sus instintos animales elementales.
Los guiños de mi caballo, su docilidad,
el transcurrir del trayecto, toda esa ceremonia de la marcha.
Harán del camino la consecuencia de ir siempre hacia adelante.
Un jugo blanco y rancio en la boca.
Los objetos del porvenir deteniéndose entre las palabras.
Buscan significados a los signos de propiedad en la alegría de mi perro,
el terreno, la zanja, el puentecito.
El chumbido incomparable de su felicidad y su pelo turbio.
Los abrojos hacen que este momento sea una casualidad
para que el polvo del camino se aplaste en su lomo.
La vida de perros es un cortejo.
Siempre detrás o al costado.
Es una la fórmula innata de perseguir siempre a alguien para alguna cosa.
Un grito, una patada, una caricia, una palabra, una mirada.
O nada.
Igual, siempre está la felicidad.
Como esa condición canina inmanente.
La comunicación nunca llega a convertirse en indiferencia.
El lenguaje tiene el poder de llevarnos de visita por las cosas.
Y a maravillarnos gracias a la poesía de la naturaleza.
Pero yo,
ahora afirmo,
que si el estado sabe
y no le teme al choque de clases,
deberíamos deducir que,
la cualidad del súbdito
(léase: ciudadanos, trabajadores, compañeros)
sigue siendo
la sumisión.
&
II - Criaturas políticas.
Aristóteles habló de las criaturas políticas.
Las abejas y las hormigas le sirvieron de ejemplo.
Viven comunitariamente
y no tienen proyección en sus juicios
ni en los apetitos individuales.
En las sociedades modernas los hombres
acuerdan voluntariamente entre ellos someterse a otro.
Así nacen las repúblicas.
Pero yo mismo
hablaré de mis hijos
y de los hijos de mis hijos.
Y de mi descendencia
y de mi campo.
Y de mi caballo y mi perro. (Sus hermosas compañías.)
Y sus diferentes formas de estar a mi servicio.
Y de los gallos azotando el sueño en el viaje.
Hablaré de mi felicidad
por saborear los días en la satisfacción de las palabras.
Hablaré de los años
y el paso del tiempo
y tantos objetos
y personas amontonadas en mi memoria.
Diré que usé el silencio como una decoración de intimidad para estar con los muertos.
Diré que la fuente femenina de mi niñez nunca abandonó mi sed.
(Mis abuelas, mi madre, mi hermana, mis tías, mis primas).
Quiero para decir que nunca tuve un plan en mi poesía.
Planes como relojes circunvalando cada acción, sometiendo a los acontecimientos a una métrica temporal.
Y disgregándome.
No trazo nunca ningún camino a través de mi poesía.
Seguiré bailando ciego entre las delgadísimas palabras.
Las abejas, las hormigas, mi caballo y el campo.
Las abejas,
las hormigas,
mi caballo
y el campo.
“El hombre es bueno por naturaleza y son las instituciones la que lo pervierten.”
Jean Jaques Rousseau (Francia 1712 – 1778)
Martes 10 de enero de 2006
Entrecomillado de Thomas Hobbes ( Inglaterra 1588 – 1655)
“El Leviatán, materia y forma y poder de una república eclesiástica y civil.”
Buenosayres miserable.
::
El tratamiento más honroso para la propiedad del ojo izquierdo de Mariano.
Mariano tiene ojos marrones como el papá, mi amigo Lucio.
Uno es de vidrio.
Y es de su propiedad
porque se lo compró el papá
en una casa especializada en ortopedia ocular,
en Buenos Aires.
A veces, usa uno de color azul mientras le hacen el service
al que suele usar.
Y es maravilloso mirarlo a los ojos de dos colores.
El arte puede hacer monumentos cotidianos y en el mismo instante se aparece
“eso” que queremos. Es sorpresivo.
Y nos persuade desde los bordes con forma y color.
Y nunca llegará a ser “la última coca cola en el medio del desierto”.
El ojo
de vidrio
está
en esa cuenca que quedó vacía.
Vacía por un descuido de una microcentésima de segundo.
Vacía de un pensamiento que sea suficiente para lamentar la fatalidad.
El vacío pretende justificar lo ausente, irremediablemente.
Habrá alguien que me diga cómo hacer para morirme un poco
y luego encarnar en un cuerpo con dos ojos...?
Existirá algún árbol, en este campo del fondo,
que se brote de ojos como retoños, como flores...?
Retoños como uvas, guindas, nísperos...ojos...?
Podré usarle alguno y ver las cosas que todos ven. Y las que nadie ve.
Ver las cosas que ahora veo, solamente, en dos dimensiones...?
Siempre
fui un niño travieso.
Matábamos pajaritos con Toto, en el campito del fondo.
Paveando (como dice mi mamá) y de golpe sentí algo caliente
y líquido en la cara.
No podía ver nada. Y me asusté.
Corrí a los brazos de mi mamá.
Siempre las mamás pueden encontrar todo.
Pueden vengar o restaurar.
Que es lo mismo.
Mariano tiene al otro ojo desde siempre. Desde que nació.
En el accidente, el ojo se le corrió como un jugo caliente
cayendo por la mejilla y la boca.
Como un huevo de gallina roto. Como de la misma textura.
Y una misma razón para el universo.
&
&
Un óvulo con los colores de la descendencia.
Un fondo rojo de hueso y músculos.
Un alarido incurable y mudo.
En el vidrio
o el acrílico
estará la urgencia
de los colores que diseñaron mis padres
con un espermatozoide y un óvulo.
A Mariano no le interesa terminar la secundaria.
Quiere trabajar en el taller de chapa y pintura del papá.
Las chapas, dice, son de las pocas cosas en el universo
que celebran el color al quitarles,
el óxido y la herrumbre,
y masillarlas y completarlas de cualquier rugosidad,
y dejarlas secar
y volverlas a lijar
y masillarlas nuevamente... Hasta encontrar la más alta perfección.
Mariano está haciendo un seminario sobre La Biblia,
en la parroquia a la que asiste regularmente.
(También tiene una banda musical donde toca batería, o guitarras y canta.
Hacen música evangélica, o con letras contempladas en las sagradas escrituras.
Yo diría que es así.)
“Eso es estudiar”. El me dice que La Biblia habla de todo.
Y que no le interesa tener que ir a la universidad para ser un ingeniero
y terminar manejando un taxi. Prefiere ayudar al padre.
Son cuatro bocas para mantener. La de Lucila (la hermana), Ramona (la mamá), Lucio y él. Y a veces está Aldana, de ocho años, la hija de Valeria (madre soltera). Hija de otro matrimonio de Ramona.
El viejo solo, no da abasto.
Está diabético y tiene que cuidarse de las lastimaduras, además de su lucha desde chico con las secuelas de la poliomielitis. Renguea. Tiene una pierna más corta.
Ahora, yo, celebro el trabajo.
Y pienso en las pulsaciones de Dios dentro de los cuerpos.
En la limosna. Y la penitencia.
En Toto y Mariano que tienen seis años, apenas.
Y pienso en ojos como racimos de frutas
y en niños orinando en un baldío, cazando pajaritos.
Y veo a Dios, enyesado de la cintura para abajo,
soñando con la poliomioelitis en un taller de chapa y pintura.
Tratando de desplazarse, enyesado, en el vértigo veraniego y húmedo
de la provincia de Corrientes con la epidemia de polio masticándose los años ´60.
Dios con su ropita blanca de comunión,
cazando pajaritos con la gomera,
y haciendo esos acostumbrados y largos soliloquios acerca de las pavaditas del cielo...
Pero siempre a un promedio de 70 gorriones,
60 torcazas,
45 jilgueritos.
10 cabecitas negras.
Mirlos, renegridos o churrinches, como 8 ó 9.
Urracas, ruiseñores, venteveos, algunos menos.
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Una que otra gaviota.
Y una vez, hace mucho, una laucha que quedó seca
de un disparo muy preciso con una tuerca, en la cabecita.
Son bichos que corren al ras del piso
y frenan de golpe y aceleran de golpe.
Y cambian de dirección como Manu Ginóbili en los Spurs.
Pero eso pasó, solamente, en las mejores tardes despiadadas y letales...
El mismísimo Dios en persona
está enyesado de la cintura para abajo,
cazando (con zeta...)
alguna yunta de humanos.
Que quieren entrarse el uno en el otro.
Hay ojos a racimos en el monte.
Que se deshacen entre los dedos como huevos de gallina.
Hay ratoncitos Manuel Ginóbili´s San Antonio Spurs.
Torcacitas.
Jilgueros.
Y la maldita
y sucia
providencia.
::
Del miércoles 26 de abril al jueves 4 de mayo de 2006.
Buenosayres miserable
A Douglas Diegues por la última coca-cola en medio del desierto...
A Mariano González y al Negro Lucio.
destiempos.com I Año 1 I Número 4 I 2006 ©