Guillermo García (Argentina, 1966) es Licenciado en Letras. Actualmente se desempeña como profesor asociado de Literatura Latinoamericana I y II en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Ha publicado en medios nacionales y extranjeros ensayos de crítica literaria. También un libro de poesías, Evidencias (2003). Además es editor de la revista Hologramática literaria
La niña de Marwaheen
y otros poemas de la guerra
I. La niña de Marwaheen
“El sábado [15 se julio de 2006], las tropas israelíes ordenaron, usando un cuerno de buey, a los habitantes del pequeño pueblo fronterizo de Marwaheen que abandonaran sus hogares antes de las 18 horas. Marwaheen está cerca del lugar donde los guerrilleros de Hezbolá rompieron la frontera de alambre hace una semana para capturar a los dos soldados israelíes y matar a otros tres, el ataque que provocó esta cruel guerra en el Líbano. […] De manera que la gente de Marwaheen partió para el norte en un convoy de automóviles que sólo unos minutos más tarde, cerca del pueblo de Tel Harfa, fue atacado por un cazabombardero israelí F-16. Bombardeó todos los automóviles y mató a por lo menos 20 civiles que viajaban en ellos, incluyendo a muchas mujeres y niños. Doce personas murieron carbonizadas en sus vehículos, pero otros, incluyendo la niña que yace como una muñeca de trapo cerca del incendiado convoy civil, fueron lanzados fuera de los autos por la explosión de las bombas. Cayeron en los campos y valles cerca de la escena del ataque. La fotografía de la niña la tomó, a costa de grandes riesgos, el fotógrafo de Associated Press, Nasser Na-sser. Israel no expresó arrepentimiento o pesar por estas muertes.”
Mercedes López San Miguel y, desde Beirut, Robert Fisk (The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12 de Buenos Aires. Traducción: Celita Doyhambéhère).
fue lo último que vio
un cielo en llamas
un cielo en Marwaheen
en llamas
y antes todavía
metálicas langostas
y aún antes
los estruendos
y el camino más acá del eclipse del sol
y del exilio
son ahora la niña y su mirada de la tierra
la niña y su mirada…
(igual en el final a la mirada
de otra niña
mucho tiempo atrás
en Auschwitz)
mientras tanto
lejanos hombres digitan desde cúpulas y torres
inaccesibles
encristalados hablan
con las bocas del cemento y dicen:
palabras / palabras / palabras / palabras
mensajeras deformes de argumentos
ahí están:
planeando invulnerables
sopesando balanzas vacilantes
trazando ambiciones sobre mapas
ciegos
no previeron ellos ese cuerpo
privado ahora
del tacto del agua
no previeron ese cuerpo
ellos
vacío para siempre de palabras
no vieron y no ven
el fuego
ni perciben sus oídos los gritos de la carne
todavía…
una niña en Marwaheen antes del fuego
y las metálicas langostas
y las balas
una niña en Marwaheen ayer jugaba.
II.
devaluada moneda ahora
cada palabra
inútil
en el ocaso inútil
y vacío
todo lo por ellas declamado
¿dónde
-me pregunto-
detrás de qué pantallas
encriptaron simulacros
el dolor infinito de la carne?
III.
hijas absolutas del metal
madres del fuego
sobrevuelan langostas las ciudades
más allá de las cavernas hondas
y las manos desatadas del herrero
falsos ángeles de sombra
aletean
heraldos de naciones como mares
rigen intraducibles.
IV.
muertos ya los ojos y las bocas
muertos
eran de los cuerpos mártires
ellos
bajo el fuego
ya sin voz
ya sin mirada
yertos cuerpos
yertos
de sus nombres exiliados para siempre
aguardan.
V. Qana
lugar del milagro recóndito
primero
del agua / vino
impuestas las manos
palparon ellas
entonces
vientres de vasijas
palparon ellas antes de la fuga del misterio
hoy sin embargo es el fuego
y los cuerpos ya sin vida
aquí y allá
definitivos
hoy sin embargo es el fuego
y la ausencia de una voz que explique
inerte todo
inerte
apenas antes de la medianoche
se aproxima un galope
es el jinete blanco quien cabalga.
VI.
son ahora los otros sin historia
esos cuerpos desnudos
ahí están
refractarios a una voz que los nomine
yaciendo
(ya no siendo)
inmóviles y mudos
sin lógica sembradas en ciudades
(ex ciudades)
petrificadas pupilas
sin respuestas.
VII.
la voz de los muertos habla sin palabras
mudos son los cuerpos
sin embargo…
la voz de los muertos no calla y balbucea
desorbitados cadáveres cargan impasibles su cuota de violencias
andan
sutiles tatuajes del horror
perduran alaridos en el aire.
.::.
destiempos.com I Año 1 I Número 5 I 2006 ©