Manuel Edmundo Meza Coriche:Nacido en la ciudad de México en el año de 1986, en los últimos días del invierno. Estudió su educación elemental en Bahías de Huatulco Oaxaca. Regresó a la ciudad para culminar sus estudias de secundaría en el estado de México, donde ganó su primer concurso de recitación con el Poema: “Me encanta dios” del Poeta Chapaneco Jaime Sabines. Ya en el nivel medio superior ganó el concurso de Oratoria a nivel estatal en el año 2002 en Nepantla estado de México, con dos discursos sobre la importancia de la educación literaria a nivel medio superior.Ha publicado los poemas “Par de enamorados” y “Amor escamoso” en la revista Café con letras  y “Omnipresencia” en la revista Polaris; todas estas publicaciones son de circulación local en la ciudad de México. Además de  fundar  la revista Mancha con algunos compañeros de la universidad. Actualmente Estudia Letras Hispánicas (décimo trimestre) en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.

 

 

 

Secuestro  (Capricho parte I)

 

Las uñas esconden un muro

            erguido entre las comisuras del otoño.

         La flauta afila las cuencas de su virginidad

       y  encuentra una vorágine que enterró el olvido

      con su parpadeo de “parasiempres”.

 

           Muro perdido entre las hojas de Saturno

                                                [huérfano de hijos

 entre las migajas que se filtran por sus manos.

Las uñas disimulan las profecías,

                  la luz hace lápidas con el polvo,

   el tiempo recorre con pies de forastero

                              y brinda con cócteles de armonía

     por el hambre pueril y desalmada;

       aclama el renacer del centurión inabordable,

            enclaustrado detrás de los augurios que

   hacen eco con las hojas desterradas.

 

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¡Hoy… se declara la ignominia!

     Las nubes excitan las sombras en el horizonte

                                     y el inverno

                  [acampa entre las castañuelas del frío.

La Sinfonía del viento contonea las rama, murmura una despedida.

   ¿Cuándo acabará de lacerarse nuestra piel con el morbo fugaz de la inocencia?

      ¿Cuándo terminará el castigo sobre nuestras cicatrices?

           ¿Cuándo?

Hasta el final, hasta que el muro caiga con el padre derrotado

  y se confunda con las trasparencias áureas del olvido.

     Cuando Cronos levante el castigo a sus hijos

        y levante las uñas de entre las comisuras de nuestra piel.

 

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¿quién fuera voltereta entre las hojas?

    ¿quién fuera naufragio a media noche?

                        ¿Quién?

¡arrabal y desastre bordan las estepas del otoño!

    Encrucijada teñida de amenaza latente.

¿quién fuera invierno en este medio día pálido?

   ¿quién fuera maravilla de nieve entre los dedos del padre?

     ¿quién se consumiera antes de ser consumido por él?                                                                

        Sólo la monotonía aplaca la gula

           Sólo el viento trae esperanza

              a este muro atrapado por el otoño

               a este Dios que niega la herencia y el hambre de los puntos finales.

 

 ΘΘΘ

 

Deuda (Capricho parte II)

 

Un estrecho sacrílego nos separa…

  gasa que cercena tu carne en mi herida,

mi final con tu espalda de nube.

 No hay manos que revienten luz en tu puerta

   que se contraigan ante tus muslos de virgen ínfima

         ¿No?

Si fuera detector de abismos,

te regalaría uno, lo besaría

mientras lo pongo sobre ti, inmaculada

de toda ebriedad de manos

de eternidad morbosa

de belleza anónima

de felicidad apartada

de destiempo

¿Acaso las constelaciones de gas saben cuándo?

 

¿Cuándo intento engendrar sobre tus pies?

¿Cuándo no puedo enraizar la herida de tus cejas

Flor tristeza.

Somos tuertos del sendero que perdimos

   Somos el delirio de una marioneta obsesionada

      Somos polvo en la pulcritud de la galaxia.

 

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En la sombra que hace ruido entre las sabanas

  En la mañana traicionada por el sol

Ahí estás con tu pose de virgen entallada

                                    [a tu cintura

    con tu figura inalcanzable

  con tu aliento frágil

como agujas que bordan un estela de distancia

¿Dónde no serías tú?

   En el extremo del ciclo.

 

Maltratada por las miradas

  acostada en la serenidad de saberte

    envuelta en el universo de agonías

 

Ahí estás y estarás siempre

  Esperando…esperando    esperando        esperando    a que pagues tu deuda 

                        

 

 ΘΘΘ

 

La palabra (Capricho parte III)

 

La rapidez del síndrome exilia todas Las lenguas

                                                          [Las convierte en cristal,

Las levanta en una vitrina olvidada   Las expone al anonimato.

Un silencio aborda nuestra calma

    Nos persigue por callejones

Casas

Escuelas

Turbas

Incertidumbre

Entre pies

Entre marchas

Entre manos

Entre aplausos

¿qué sería del silencio si no tuviera paz que corromper?

    ¿qué sería del silencio si no existiera medicina histórica?

Sería escándalo morboso

Sería estampa de la sinrazón

un montículo en el centro del lenguaje

una montaña que seduce a los hombres a escalarla;

en su punta un aire escalofriante de piel y carne

que hincha nuestras lenguas de un hambre atroz.

 

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Alpinista del idioma, cometa de de carbón celeste

las aves huyen del llanto atrevido de la bestia

los insectos se encarnan en la piel  del grifo

¡el morbo quedó atrás!

 

Ahora hay solución

   Ahora hay corteza de lenguaje

       Ahora hay un peligro de alpiste sobre nuestra cabeza

 

Palabra, ídolo de los dientes

   Antídoto del síndrome del silencio

   encumbrada estás en las células de un viejo pergamino

palabra contra el movimiento,

                       contra la velocidad

                                   palabra que se vuelve contra mía…

 

    palabra erguida de sílaba, palabra hastiada de acentos, palabra cenefa de contradicciones….silencio…parece palabra.

 

 

 ΘΘΘ

 

 

Estado de coma (Capricho parte IV)

                                            

A la necesidad que nos invade

 

Soy un bulto inmaculado a  orilla del arco-iris

   como un algodón de azufre recostado entre la hierba.

      Observo las minorías recorriendo las murallas encantadas

          los cíclopes… sin Agosto y sin dueño.

    Tú, armado hasta la esfinge, das volteretas en cielo

  te desdoblas en sombra… en camino de misterio

esquivas buitres de vulgar cintura,

y  observas entre la maldad de claroscuros

   hombres recostados en la luna, turca sin permiso.

     Gritas entre ponzoñas de minutos:

     ¡he visto… por fin… el final de la gruta!

  he visto las nubes cansadas de hacer noche en la cima

                                agotadas de ser estrato en la ventana.

Él se vuelve inspector de versos que se hacen carne

         Sílabas que agonizan en la capilla estratosférica

              por fin… la fiebre de Ícaro terminó 

     ahora camina por adoquines de espuma,

             despacio, entre las camisas de alcanfor y plata;

con el pie hace siluetas de rima ausente

                            [y metáforas que arden en fiebre.

 

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De la superficie saltó un “nosotros” que aturde;

  un maullido que dispersa la liviana diáspora

        sumerge la palabra en pedazos de vanidad.

 

La poesía, débil

mutilada por sus miembros

amputada de la garganta sesgada

enferma, sin Dios, sin sangre, sin alma…

 

 ¿por qué siempre que  leo sueno a moribundo?

¿Acaso será un atisbo de mi parquedad, de mi desvelo?  

 ¿cuándo fue la última vez que se acostaron con un diptongo sin deshacerlo?

     En una blando acento de terciopelo negro     

     En un “versaría” hecho papel por un demonio de china negra 

        ¿de dónde salió este último verso, si la metáfora está tendida

                                                                          [ por un coma profundo? 

                                                

 

 

 .::.

 

 

 destiempos.com  Año 1 I  Número 5 I  2006 ©

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