Willy Gómez Migliaro (Lima-Perú, 1968). Poeta y profesor de literatura. Ha dirigido las revistas de poesía Polvo enamorado (1990-1992) y Tocapus (1993-1996). Así mismo ha publicado los libros de poesía Etérea, Nada como los campos y La breve eternidad de Raymundo Nóvak, todos bajo el sello Hipocampo Editores. Sus poemas han aparecido en diferentes antologías como La letra en que nació la pena, muestra de poesía peruana 1970 – 2004, cuya selección estuvo a cargo de Maurizio Medo y Raúl Zurita (Santo Oficio editores 2004), Caudal de piedra,  veinte poetas peruanos, elaborada por Julio Trujillo (Fondo Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, 2005).

 

ETÉREA

 

                                       para Margarita

 

 

GÓTICA

 

 

Ella es un carmín en nieve azul transparente.

 

El terror que brama sus flores la ha definido así.

 

Desde que llegué a su vida como el Regador Enigmático,

no hace sino afirmar que la sustancia de mi memoria blanca

es la alegría de las ninfas y de sus flores.

 

Pero yo que siempre callo ante el misterio,

no dejo de preocuparme de tal afirmación fantasmal

y de bajar a los sótanos de su casa

para atemperar el miedo o el oscurecimiento de mi alma.

 

Entonces Ella viene a mi encuentro.

Abrazada a mi pecho de huesos dañinos,

con un murmullo triste por el viento de su jardín,

agradece a sus flores del astro de mi cadáver,

tanto amor y comprensión al carmín,

tanto vuelo de ángel dado

y tanta vestidura de dios para nuestro cielo 

de violetas y orquídeas.

 

Su vida de flor en nieve azul es inenarrable.

 

Pues solamente luce viva en su mundo

si dejo libre

                      esta voz en la intemperie. 

.::.  

CENA

 

 

Jarrón de plata del novecientos para vaciar

el vino y la claridad del jardín de nuevo para ti,

y mis palabras ya no busquen luz en el terrible

silencio de la región de los muertos adonde

te acompañaré girando en oscuras esferas.

 

Carne en salsa de espinacas y mantequilla

para admirar nuestras lámparas del mar y nos sepamos

conducir midiendo la hoguera sentimental

del cuchillo en el cuerpo y su concesión

al temblor de nuestra voz y su deseo de eternidad.

 

Pasteles de limón, finalmente, para dominar

el lenguaje del nuevo jardín y sus flores

no con la fuerza elemental sino con el suspiro

y la mano de humo con que te desangras                                     

y hermosa cantes en el semicoro de las liliáceas.

 

 .::.

 

 

EL PASEO

 

 

Cuando llega la mañana,

el Regador Enigmático camina por la ciudad de las Iglesias

y frente a la farmacia amarilla

el azote de los muchachos

es un resplandor de pastillas impalpables,

y entre voces y gemidos

el cielo de nube gris reabre su melancolía.

 

El amor debe ser un exceso de frutas, piensa,

o una meditación,

pero la misericordia aún tiene un derramamiento

de palabras alérgicas.

 

Se detiene en El Destino

donde los sonámbulos e insomnes toman café.

El saludo de la despedida divierte a algunos

que al final tienen una caída lenta y completa hacia afuera.

Dice adiós, entonces, y va hacia Los Jardines,

el desierto que destruye espejos,

y besa a la única mujer del Recuerdo

durmiendo desnuda en una habitación.

 

Espera, algo espera desde la esquina del desierto

donde hierven plantas y queman flores

como en un antiguo sepulcro griego.

El hedor de la droga y del verano

trae hermosas mariposas descomponiéndose

en un vuelo violento.

El Regador Enigmático lo sabe y está nervioso,

sabe, además, que no puede esperar mucho

e ir detrás del sol porque Gótica es

un carmín en nieve azul transparente.

Llega, al fin, el mismo Resplandor de las sustancias

y ríen de algo.

 

Ahora el Regador Enigmático ha empezado a buscar

la ruta que lo llevó a este encarcelamiento. Está perdido,

la ciudad huele a hueveras y arvejas sancochadas,

los jóvenes de la farmacia amarilla han envejecido

y su oscura novia se ha desprestigiado una vez más

en ese vuelo sinuoso que crea

su fábula de vasto desierto. 

 

 

.::.  

 

OCéaNO

 

 

Tú, que existes al fin cuando te alcanzan

de la manera en que llegan al altar vacío reflejos del cielo,

-aquí ahora en el país más próximo a la destrucción­-

no sé ya cómo sería posible una despedida de tus aguas mortales?

 

-No lo sé -dices-, existí y tú no estabas en mi luz.

El amor paralizado confesaba tu enfermedad.

 

Volvamos, entonces, a tu piano

húmedo y profundo en la arena,

sin descanso alguno que su quieta luz extendida

por el vaivén de olas.

 

Tú, que vives allá, el cieno perfecto donde absorbes

perfume inmortal de rosa y música,

cubres, también, las islas

en tu brumosa e insospechada cadencia de la agonía?

 

El ansia te conoce, no hay olas contra las piedras del cielo

sino una voz humillante que entre lágrimas será

la que alguien viva,

porque amor llama al que inventó el tormento.

 

Tú, ojos de físico llorar, siempre al finalde una pesada memoria

o en orillas de un cielo de azufre,

separas las aguas vivas del deseo

en otras costas, lejos ya, de los jardines oscuros.

 

 .::.

 

ALUMBRAMIENTO

 

 

Con los mil sombreros del Mago se visten los paisajes.

Ya no mires el último firmamento que sobrevuelen las aves,

porque será otro lugar del desierto, una herida detrás

del sol donde amarás el horizonte de los iluminados.

 

La ceniza azul del sueño es el silencio de la noche,

constancia que el Mago extiende cuando el dinero se acaba

y el tiempo, engaño de zafiros, trae un bosque, y es la moneda

con que compras la rosa y te desangras para alimentar deprisa

 

un descubrimiento de nuevas alas salvajes en el cuerpo.

¿Qué verás entonces desde este campo que el cuerpo devora?

Nada que no se forme de soledad / sino la lluvia ácida

 

de palabras en una fiesta parda que todos dejan en su avanzada.

Hay nacimiento de ruiseñores cantando oscuras ciudades en ti.

¡Escucha!, escucha con gozo la profunda tonada de tu cielo caído.

 

 .::.

 

 

 

SIDERAL

 

tus ojos espacio de arena

están en mis ojos

espacio de ti

 

.::.  

 

ÓYEME, SEÑOR DE LOS BOSQUES

 

 

Le bastó el olvido para cantar.

Revistió el temblor de la armonía celeste

que arreció la fe de sus pasiones.

Al abismo de la palabra sin fruto tuvo por amor

y desnuda la hizo bailar sobre los muertos,

desnuda la besó endemoniadamente.

Fue sabio en su afán por la ambición

y con el filo de la luz que exigía esa voluntad,

una ciudad de excesos interminables

fue reemplazada por un campo de anémonas.

Su furia cosechó presagios

cuando el amor corno un impulso siniestro

vació sus cantos en el cuerpo de la noche.

En las estancias del fuego donde la muerte centella,

donde fue encontrado bebiendo la sangre de sus mujeres,

lloró su desolación,

y en el cuerpo de otra noche,

ciudad invisible,

sus ruinas despertaron.

Quien lo viera desearía llegar a un dios en silencio

y extirpar su linaje en los hospitales.

¡Mírenlo!, allí va con su cuerpo invisible,

desorbitado en una palabra sin fin.

¡Pobre Mago!,

en el futuro lo asustaremos y correrá a ningún lado.

¡Pobre Mago!

Ahora mismo está entre las flores liliáceas

del vestíbulo de su infierno,

silencioso desde su sobreexcitada vieja piel

y con los ojos vueltos a ese cielo gris que lo transfiguró,

apretando los puños para no volver a llorar,

para no volver a oxidar su máscara de hierro. 

 .::.

POEMA

 

he vencido al destino en el creciente cielo de la voluntad

todo mi ser no podrá reñir con toda mi ausencia

ahora

pero si acabara esta paz de nadie

jugaría a la eternidad

a morir sin ella

lo mejor no es a veces esta reconciliación

 

 .::.

EPÍLOGO

 

 

Si yo fuera un petrel,

nunca me dejaría invadir por la angustia o la ansiedad.

Me alzaría contento cortando el viento y la lluvia

y rompería la cresta de las olas.

Cantaría con mi voz profundas tonadas de amor

más conmovedoras que cualquier marcha militar.

Y cuando el viento amainara y las aguas se calmaran,

volaría alto hasta el límpido cielo, admirando con gozo

todas las formas y colores del universo.

 

                                                  Lei Shih-yu

                                          (Poeta y pintor chino)

 

 

 

 

 .::.

 

 

 destiempos.com  Año 1 I  Número 5 I  2006 ©

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