Un loco sentado en una rama,
un saxofón que perdona luminoso, como una santa pierna,
como un triunfo pálido entre el tigre y las bellotas.
todo en la torre está tranquilo.
las olas de plata y los animales que blasfeman,
la necesidad de compararte atado a mis uñas.
la salud como aspaviento de leche y petróleo,
la infancia socavando lo repentino, las velas, las luces,
el humo de la cocina y la estrella fija en el cielo,
la misma que acompaña ardiendo, contemplando,
sin respuesta,
sin pedazo de polvo
sin desnudez que agobie
cosmos infinito, descifrado engranaje solar,
jardín repleto de nadas rotas,
ruido mucho ruido y el polvo
el pájaro dibujado tras la sombra
Las reglas de las excepciones resplandecen soledosas y tristes,
perdiéndose entre el tiempo, mirando a lo lejos,
a los átomos
que caen libremente,
como las gaviotas tras las olas, precisas, puntiagudas
en una ceremonia de tiempo blanco, en un baile luminoso que solloza.
pájaros vivos cualquiera salpicando llamas puras de viento, espuma,
detonando agrestes, solitarios,
como mi corazón
cuando se hunde en la noche.
los átomos y los pilares del cielo,
el amor entero rozando los ojos abiertos.
la luz transfigurada y la maravilla de robarte
como si fueras mariposa en primavera,
pincelada azul escarlata, cielo estrellado, melancólicas manos de río,
distancias y miradas.