Fue
el mes de diciembre cuando nunca más regreso. Muchos dijeron que
el desierto y la soledad fueron los únicos elementos que
pudieron enterar al pobre de Leo.
Eligieron el último
mes del año para cristianizar la unión de sus vidas. Esa vida
entre Rosaura y Leo que llegó a nacer súbitamente, logrando
convertirse en poco tiempo en uno de los amores más intensos y
apasionados que pudo conocerse.
A ella le gustaba
despertar casi cuando el sol aparecía sobre el vidrio de su
ventana, solo le agradaba llevar un par de trapos encima para
salir de casa. Era sublime verla pasar sin gota de pintura
cogida de la mano de Leo.
Sus besos sabían a
rosas de mar, y su bella sonrisa era como sacada de un cuento de
reinas. Era una sensación ver su fino rostro a kilómetros de
distancia y quedar siempre satisfecho.
Vivieron deprisa, eso
está claro, pero además vivieron siempre en contra de la
corriente, opuestos a todo lo bello que la vida les quiso
ofrecer en el camino.
En tan solo cinco
meses llegaron a convertirse en los novios más felices sobre la
atmósfera, pero dolorosamente solo llegaron a eso, ahora, él
ronda su casa como queriendo proteger a las personas que siempre
amó y seguirá amando. Así es el amor, va más allá de esta vida.
A pesar del poco
tiempo que estuvieron juntos, ambos llegaron construir sueños y
alegrías, luego, a ella le quedó reinventar el destino a su
manera, ya no había caminos por recorrer, las estrellas se
apagaron de su vida para siempre, no valía la pena retroceder ni
pensar en el ayer. Solo la vida que protegía su vientre llegó a
convertirse en su único consuelo y adoración durante el resto de
su existencia.
Después de saber que
ambos se convertirían en padres por primera vez, ambas familias
decidieron que el fruto que estaba por venir tenía que nacer
dentro de una digna familia. Forzar y haber exigido un
matrimonio en sus noveles vidas los mató interiormente, no les
quedó otra opción que decir a los cuatro vientos que la idea del
matrimonio estaba revoloteando sus jóvenes percepciones, así
lograron salvar la injusta presión que los estaba matando día a
día.
La factura que les
tocó pagar fue injusta para cualquiera. El destino les aguardaba
una ingrata y fatal sorpresa una tarde de jueves. Leo nunca más
regresó, la línea roja traspasó, convirtiéndose en su pecado
mortal.
Muchos dijeron que
enseñarle una fotografía de su futura esposa al “Perro” hizo que
ese desgraciado maquinara en pocas horas el asesinato a sangre
fría.
Solo en un desfigurado
corazón pudo brotar tanta envidia, maldad e ira para haber
fecundado tan aberrante y terrible hecho.
Sobre un charco de
sangre encontraron a Leo boca arriba con la mirada perdida y su
viejo pantalón que en su billetera dibujaba un corazón que decía:
tú y yo. Ese maldito le tronó tres balazos en el pecho y lo
abandonó retorciéndose de dolor en medio de una desolada calle
de Magdalena.
Pedir prestado unos
fajos de dinero para demostrar a su nueva familia que no era un
vividor y que podía celebrar la mejor recepción a su amada
Rosaura le salió caro.
Recuerdo que Leo cada
vez que asomaba por la casa de su querida, tenía que dar miles
de vueltas para armarse de valor y tocar esa maldita puerta.
Siempre tenía que decir a esa fachosa familia que poseía más que
un cobre en los bolsillos que ofrecer a la linda Rosaura. Qué
injusto fueron con el pobre Leo. Ahora es tarde para
lamentaciones.
Al maldito del “Perro”
se lo tragó la tierra hasta la fecha, se borró del mapa ese
desgraciado. Aún sigue dando tristeza lo ocurrido y es cosa de
valientes recordar esos funestos momentos.
Fue en el último
encuentro entre Leo y el “Perro” que ocurrió el sangriento hecho.
El matrimonio tuvo que suspenderse de un momento a otro, casi
nadie llegó a saber los reales motivos de la abrupta cancelación,
pero supe que los murmullos y las historias que se tejieron
alrededor llegaron a ser más fatídicos que el mismo hecho real.
Que intrépidos y listos somos al reinventar en nuestras ladinas
mentes un trágico final.
Muchos aseguraban que
este matrimonio sería el casamiento del año, no sé por qué
Santiago nunca llegó a creer que tanta grandeza podía ser real
en una noche de bodas.
Ahora entiendo por qué
su amigo tenía esas tétricas visiones nocturnas con la novia,
con la novia de nadie, que el quitaba el sueño cada madrugada de
primavera.