México, Distrito Federal I Enero-Febrero 2007 I Año 1 I Número 6

 









 

Celia Ortiz Lombraña Licenciada en filología hispánica en la Universidad de Valladolid y actualmente realizó la tesis doctoral en la Universidad de Cantabria. Publicaciones: Cuentos para recordar en el número  7 de la colección Aula XXI (Aula de Letras de la Universidad de Cantabria),¿Volverá mi tierna golondrina?,  poema incluido en la  antología titulada Penumbra y Amanecer con  otros autores noveles (Centro de Estudios Poéticos de Madrid) Revistas electrónicas: "Almiar"; ”Me robaron la azucena”; ”Injusticia insoportable" Kiosko de poesía” La morada”

 

 

¡Oh inteligencia adormecida!,

dime al menos si debo creer en tu despertar,

tú que te sumes en un espacio insólito,

en el  que intento llamarte en vano.

Exploradora de una casa suntuosa

que no es la mía, has elegido

esta ocasión para abandonarme,

buscándote entre dos muros de hierro.

Sin ti percibo cada día un nuevo objeto,

al que no puedo definir, ni tan siquiera tocar,

debes volver, inteligencia, tú eres el puente

por el que mi caminar es veloz.

Siento un vendaval de hielo rociando mi alma,

cuando creo que tu ausencia  es eterna.

¿ Inteligencia, tanto dolor sientes,

que reniegas de lo que amas?

Tengo ganas de llorar porque tú me faltas,

sin ti no puedo ni siquiera respirar,

correr por estos pasillos,

oscuros y tediosos para el alma herida.

Siento tu despertar tan lejano,

Se, querida inteligencia, que estás asustada,

que sientes miedo de retornar,

vives en el continuo silencio.

¡Vuelve, inteligencia! Es la hora de despertar,

es el momento de consolarme,

es el instante de volver a encontrarte,

tú que vives en un sueño amargo;

te refugias del mundo que te zahirió.

 

 

 

Una  copa de cristal se desliza

entre mis manos temblorosas,

siente bailar entre sus dedos rítmicos

su movimiento estridente, violento…

¡Cuántas veces ha caído al suelo

mi frágil y pequeña copa,

incitándome a que acaricie su cuerpo dolorido,

 sienta cada una de sus heridas!

La observo con tristeza,

palpo sus cristales,

una cara se halla desdibujada,

un cuerpo cae al vacío.

Una espada de hielo afilada

atraviesa el ancho mar de mi alma,

vibrando al mismo ritmo de mi copa tambaleante.

 

destiempos.com  I  Año 1 I  Número 6 I  2007 ©

 

volver al índice

 

Copyright 2006-2007- destiempos.com - All Rights Reserved