I Narciso
El cielo y las
nubes se sonrojan,
el viento
abandona su pretenciosa melodía.
roto en mil
pedazos que jamás nunca encajaron.
Ídolos paganos
a través de sus ojos de mármol
El cuerpo yacente de odisea de instintos que acecha,
mas guíame una
madre sabia.
Semillas,
siempre brusca, siempre en vilo, la gran tragedia prosigue
rota de un
golpe mudo de viento...
nuestras almas
se hunden.
II más vanidad
Emmanuel...
se derramaron
con tu sangre estridentes risas que desgarraron la noche,
campos
incultos como sepulcros donde ni el agua, ni el viento, como tu
palabra
ora dulce, ora
amarga, se niegan con tu carne
Emmanuel...
serpientes y
palomas anegas con tu verbo.
Emmanuel...
Se derramaron
con tus incultos como sepulcros.
Ni el agua
amarga.
Emmanuel...
serpientes y
palomas anegas
III el sátiro
de vanidad vacua
Enigmas son
teología,
poesía de las
almas temerosas.
El amor, los
sentimientos puros, crecer y morir son una predestinación absurda,
formas de
restringir el pensamiento.
Orar.
Respuesta:
senectud.
Respuesta:
guarda bajo llave muchas preguntas.
IV
tormenta-ocaso de phallus
Ella es el
laberinto y yo la de las estrellas.
Abre la fosa
de brumas tomando la mano del viento.
Abre la de los
árboles moribundos
siempre
eterna,
nunca
presentes.
Silencia a los
del abismo.
Tiembla la
tierra cuando su nombre es pronunciado
Tiembla la
tierra lo suficiente como para omitirse.
Ella es el
laberinto y los espacios sin tiempo.
Abre la fosa
por los árboles moribundos.
Es eterna
cuando su nombre es pronunciado.
V vanidad más
allá de las sombras. Dorada
Entra dentro
de una hoguera.
Ululando al
consumirme
para incendiar
nuevamente los cristales de un espejo roto.
Entra dentro
de mi una tormenta,
solo óxido
voraz de vida,
deslumbrándome por la muerte.
Así somos,
sólo cuerpo.
Entra dentro
de una hoguera ululando cristales.
Entra dentro
de la vida deslumbrado por la muerte
VI aliñada
Él es el gran
mercader-sangre,
embarrado con
sus propias heces.
La tempestad
es el fin de su obra.
Es la gran
prostituta de Babilonia,
es Sodoma-Gomorra
con el rostro
cubierto de lluvia, arado por miserias en un tiempo ávidamente
pausado
Digiriendo.
Viviendo la
muerte que ahora tornase en eterno dolor.
secretas
angustias y fobias emergen desbordando la campana.
Corrompe la
interior reflexión de ocasos mimándolos fieramente.
Él llora y ríe
porque siete son su pecados.
Aquellos que
eran ayer un presente vano y estéril de vida.
Aquellos que
entran
digiriendo puertas sin abrir,
las cierran
más tarde tiñéndose eternos.
VII más
aliñada de cuervos
Efímeros
brotes de placer.
Lentamente
angustias y fobias emergen desbordando el alma con frío.
Tañendo una
reflexión de ocasos,
mimando
fieramente su pecho de cristales,
desnudo.
Siete son sus
pecados,
aquellos que
en un espejo roto rumiaran estériles la vida.