Eugenio
Bautista De la Cruz:
Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica, egresado del
Instituto Politécnico Nacional. Poeta y narrador.
Mención de Honor en el IV Concurso Internacional de
Poesía y Narrativa del Instituto Cultural
Latinoamericano de Buenos Aires Argentina.Ha escrito un
cuadernillo de poemas que se llama “Poemas para
Daniela”, inédito, y actualmente escribe otros dos
que son: “Vuelo de hojas” y “De tiempo en tiempo”,
así como dos libros de cuentos “Mis historias,
mis cuentos, mis narraciones” y “Desde la ventana”,
Participa en diversos certámenes de literatura, en
México y España.
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“Piedra
es piedra:
aleación de soledad, espacio y tiempo,
ya magnitud, inmemorial olvido”
Jorge
Enrique Ramponi
Como la piedra y la flor,
se vuelve compacta y tierna.
Tierna en mis manos, el amor.
Compacta al tacto, a la pasión
y ajena.
Hermosa mañana de arreboles
alrededor.
Compacta y hermosa y piedra y
sirena.
Mar profundo donde se avienta
sin temor
Amor profundo, sencillo mar,
arena.
Arena y piedra y profundo
dolor.
La tuve yo y mía y tanto y
lejana.
Piedra que yaces bajo el pudor.
Cuerpo y pasión y ternura y
lozana.
Tu carne, tú, tu amor.
De piedra, tu corazón.

Es un suspiro de noche,
el que me obliga a sentarme
aquí
y el que saca mis vísceras más
deseadas
y las tiende al sol,
mi corazón y mi alma, ya
desgarradas.
Es un suspiro de noche
el que me arrastra por el
viento,
quitándome las alas,
y el que me patea el alma
hasta que se cansa.
Es un suspiro de noche,
el que vacía mi ser y mi
cuerpo
y me saca los ojos y los lava.
Un suspiro nocturno, ajeno,
como la bocanada de humo
que sale de mi boca y del
deseo mío.
Es un suspiro de noche, tu
mano,
tu mano acariciante de las
horas insanas,
el amor y el deseo, la pasión
y tu cuerpo tibio a mi lado,
dormidos.

Habría que borrar aquellas
olas
que se rompen contra el
horizonte,
aquel sol a medio morir, rojo
como la sangre
borrar ese cielo azul,
inundado de estrellas.
Habría que borrar el viento,
amante de tu pelo
y quitarte de ahí, de la
orilla de la nostalgia,
borrar esas palmeras
emborrachándose de la sombra lunar
y poco a poco olvidarte
corazón.
Habría que dejar el recuerdo
tuyo a un lado,
sacarlo del alma por los poros
del cuerpo.
Olvidar ese vestido mecido por
el deseo,
huir a la montaña detrás de ti
y olvidarte
poco a poco corazón.

Del mar, de la
inmensa cortina que es el mar,
vienen los días tristes, el viento furioso,
las horas, iguales a otras horas.
El destino viene del mar, del gran desierto del mar,
y vienen las lágrimas de Dios, sus risas, su soledad.
Y viene él mismo juzgando, sentado en el viento.
Del mar también, del gran viejo que es el mar,
viene la vida y viene el agua andando.
Como el humo del cigarro,
viene la razón y viene la felicidad… cantando.
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I Número 6
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