México, Distrito Federal I Enero-Febrero 2007 I Año 1 I Número 6

 








 

 

Eugenio Bautista De la Cruz: Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica, egresado del Instituto Politécnico Nacional. Poeta y narrador. Mención de Honor en el IV Concurso Internacional de Poesía y Narrativa del Instituto Cultural Latinoamericano de Buenos Aires Argentina.Ha escrito un cuadernillo de poemas que se llama “Poemas para Daniela”, inédito, y actualmente escribe otros dos que son: “Vuelo de hojas” y “De tiempo en tiempo”, así como dos libros de cuentos  “Mis historias, mis cuentos, mis narraciones” y “Desde la ventana”, Participa en diversos certámenes de literatura, en México y España.

 


 

Piedra es piedra:
aleación de soledad, espacio y tiempo,
ya magnitud, inmemorial olvido”

Jorge Enrique Ramponi

 

Como la piedra y la flor,

se vuelve compacta y tierna.

Tierna en mis manos, el amor.

Compacta al tacto, a la pasión y ajena.


 

Hermosa mañana de arreboles alrededor.

Compacta y hermosa y piedra y sirena.

Mar profundo donde se avienta sin temor

Amor profundo, sencillo mar, arena.


 

Arena y piedra y profundo dolor.

La tuve yo y mía y tanto y lejana.

Piedra que yaces bajo el pudor.

Cuerpo y pasión y ternura y lozana.


 

Tu carne, tú, tu amor.

De piedra, tu corazón.

 

 


 

Es un suspiro de noche,

el que me obliga a sentarme aquí

y el que saca mis vísceras más deseadas

y las tiende al sol,

mi corazón y mi alma, ya desgarradas.


 

Es un suspiro de noche

el que me arrastra por el viento,

quitándome las alas,

y el que me patea el alma

hasta que se cansa.


 

Es un suspiro de noche,

el que vacía mi ser y mi cuerpo

y me saca los ojos y los lava.

Un suspiro nocturno, ajeno,

como la bocanada de humo

que sale de mi boca y del deseo mío.


 

Es un suspiro de noche, tu mano,

tu mano acariciante de las horas insanas,

el amor y el deseo, la pasión

y tu cuerpo tibio a mi lado,

dormidos.

 

 


 

Habría que borrar aquellas olas

que se rompen contra el horizonte,

aquel sol a medio morir, rojo como la sangre

borrar ese cielo azul, inundado de estrellas.


 

Habría que borrar el viento, amante de tu pelo

y quitarte de ahí, de la orilla de la nostalgia,

borrar esas palmeras emborrachándose de la sombra lunar

y poco a poco olvidarte corazón.


 

Habría que dejar el recuerdo tuyo a un lado,

sacarlo del alma por los poros del cuerpo.

Olvidar ese vestido mecido por el deseo,

huir a la montaña detrás de ti y olvidarte

poco a poco corazón.

 


 

Del mar, de la inmensa cortina que es el mar,
vienen los días tristes, el viento furioso,
las horas, iguales a otras horas.

El destino viene del mar, del gran desierto del mar,
y vienen las lágrimas de Dios, sus risas, su soledad.
Y viene él mismo juzgando, sentado en el viento.

Del mar también, del gran viejo que es el mar,
viene la vida y viene el agua andando.
Como el humo del cigarro,
viene la razón y viene la felicidad… cantando.

 

 

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