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“El ser es,
el no ser, no es”
Parménides
GERMÁN LÓPEZ VELÁSQUEZ.
Colombiano. Abogado titulado. Autor de cuatro
libros de literatura. Director fundador de la
Revista Mefisto de Arte, Literatura y
Medio ambiente, que circula hace 21 años.

A
César Pavese le pudo el dolor de la vida a pesar de su
afirmación de que “ SUFRIR NO VALE LA PENA”. Una
maleta muy pesada sobre sus espaldas lo mató. Los somníferos
fueron fulminantes. A Fernando Vallejo, la primera granuja
colombiana, le pudo su conversión en acróbata de circo y
saltimbanqui. No conocía en la historia de la literatura un
pillo mayor. Él cree que nosotros, los herederos de Antonio
Nariño, somos idiotas. Por supuesto, hay algunos: los que
aplauden todas sus estupideces. Es apenas lógico que en toda
reunión no falte el bobo, el imbécil, el ignoto que no ríe
sino que hace muecas sin un porqué. A esos cuántos tarados
los perdono. Basta que el comediante de pueblo diga que los
congresistas colombianos son granujas para que se
descontrolen y aplaudan y lancen vivas. O que le diga
“culibajito” al Presidente Uribe o torturador y asesino al
ex alcalde Antanas Mockus; o mejor, que llegue con 20 perros
sarnosos al Gimnasio Moderno de Bogotá, confundiendo la
ridiculez con la excentricidad. Sin duda que el bozo de
Salvador Dalí no es para cualquiera. Pero bueno, insisto,
perdono a esos tarados rellenos de jabón. A propósito : ¿Tiene
alguna connotación política decirle “culibajito” al
Presidente?
La conducta de Vallejo en
Bogotá, donde insultó al Alcalde de Medellín Sergio Fajardo,
a varios colombianos llamándolos hijueputas y granujas sin
ton ni son y al urbanista Andrés Cánovas (de quien dijo era
una persona inmoral sin presentar pruebas), plantea la
urgencia de una nueva intelectualidad y unos nuevos
escritores. Seguramente quienes invitaron a Vallejo buscaban
circo, publicidad y, la verdad, lo lograron. No es la
primera vez que el comediante de pueblo sabotea
celebraciones a costa de la clase política colombiana, que
por supuesto, es un desastre. La Casa de Poesía Silva sí que
lo recuerda. Los chistecitos, las frases sin contenido y,
sobre todo, el odio visceral contra Colombia, hacen de
Vallejo un cuchillo más para un tejido social sangrante
urgido de medicamentos. Nuestros académicos no pueden seguir
mirando la masacre desde la ventana. Vallejo no es una vaca
sagrada. Está sin dientes, incapaz de coger una presa. La
nación exige propuestas, caminos, alternativas. El circo lo
estamos viviendo desde comienzos de la república y no
podemos aplaudirlo más. La nación pide a gritos un liderazgo,
una opción, una esperanza, condimentada desde luego, por la
ternura, por el alma, por el corazón. No basta el mero
tecnicismo, la cifra de congelador, la planeación atorrante,
la frivolidad cerebral ripio de burócratas del Banco
Mundial. Imploramos también un gran corazón para una nación
atribulada. No será con payasos como Vallejo que se hará la
reconstrucción de lo que queda. Mucho menos con García
Márquez a quien sólo le preocupa la salud de Fidel Castro y
sus escuelas de cine en La Habana. ¿Hay alguien más distante
de nuestro cataclismo que Gabo? El país reclama una
inteligencia responsable ante la magnitud de nuestra llaga.
En este desierto no falta
quien compare a Fernando Vallejo con José María Vargas Vila.
Debe quedar claro que hay una distancia diametral entre una
granuja y una inteligencia afilada y aristocrática. Entre un
pendenciero de estrato uno y un panfletario que se para ante
los bárbaros y ante los césares. Entre un fascista y un
demócrata liberal de principios del siglo XX.
Ahora bien, ¡qué tal la
granuja de Vallejo defendiendo a los pederastas católicos!
Nunca imaginé tanto despropósito. Mientras denuesta al Papa,
a quien trata peyorativamente de marica, defiende a los
pederastas de la misma Iglesia Católica. Claro, a Vallejo
seguramente le gustan los jóvenes de catorce años. Por eso,
por eso nada más, perdona y rehabilita a los curas acusados
de pederastia. Pasar de agache con los pederastas clericales,
mínimo es complicidad. ¡Qué horror! Si eso no es una
impostura, una inmoralidad con una nación, con una juventud,
con unas familias, con unos niños víctimas de un delito
despreciable como el que más, entonces no existe la
inmoralidad ni existe nada. A la mierda entonces con todo.
Responde el flamante Vallejo a
la pregunta sobre abuso de menores por sacerdotes en
Colombia : “Depende del concepto de menor que usted tenga.
Si tienen 14 años ya están grandecitos (sic). Un niño de 14
años , si no lo masturba un cura, se va a masturbar él mismo.
¿Quién ha dicho que los curitas los están violando o les
están poniendo un cuchillo en la cabeza para que tengan sexo
con ellos? Víctima es una vaca que la llevan al matadero,
pero no un hombre que masturba a otro con su consentimiento”.
Y agrega : “El abuso infantil es una palabra ambigua como el
aborto. No me gusta que molesten a la iglesia con esto,
porque muchos sacerdotes son víctimas expiatorias y hay
peores crímenes que comete la iglesia y no se denuncian”.
Invitar a la conferencia de Vallejo, “El lejano país de
Rufino José Cuervo”, sin duda fue una burla. Qué bueno que
Vallejo viviera en Colombia, como nosotros, y padeciera la
tristeza diaria de los niños violados, del maltrato infantil
que está llegando a límites insospechados, de las familias
en llanto por el criminal accionar de los pederastas... En
últimas, qué puede interesarle a un maricón solitario como
Vallejo la familia y la niñez cuando él no las tuvo. La
defensa que Vallejo acaba de hacer a la pederastia de sotana
es despreciable. Ni es un genio, ni un hereje, ni un
blasfemo: es la otra cara de un sector de la vida
intelectual colombiana, donde la ética no existe y la
práctica del arte no es más que una rutina de buhoneros.
Dice Jorge Robledo Ortiz en
unos preciosos versos :
Irresponsablemente dinamitamos
nuestro pequeño grano de alegría,
Prostituimos la belleza y
cercamos de horrores el reino de la infancia.
De vivir entre el odio y ver
tumbas abiertas, los niños
Han crecido con la sonrisa
muerta y los juguetes rotos en el alma.
Pobres niños ya viejos, niños
de muecas trágicas que llevan en
Silencio una inocencia triste
que floreció con canas.
De manera, pues, que Colombia
no puede aplaudir, sino rechazar con toda su energía el
manoseo de estos fascistas, de esta disimulada inmoralidad.
No necesitamos camisas pardas ni negras, el único traje
apropiado es el de la paz y la reconciliación. Dice Vallejo
: “La solución para la pobreza en el país es que no se
reproduzcan más pobres, así serán menos pobres
irresponsables. El problema no es la pobreza, es el ser
humano y su inmoralidad”. Recuerdo a un ex defensor del
pueblo que propuso la esterilización para evitar nacimientos.
Se le vino el mundo encima. Fue llamado el Hitler colombiano.
¿Será que sólo pueden reproducirse los ricos y que los
pobres se queden pobres? Vallejo no sólo es una granuja,
también es fascista. Es exactamente lo que no necesita
Colombia. Vallejo debe permanecer en sus cuarteles de
invierno en México. ¿Habrá nuevos ingenuos que lo traigan?
Hoy más que nunca se reclama la academia, el ejercicio serio
de la literatura y la política, la actitud propositiva ante
una nación que, a pesar de todo, tiene sueños y esperanzas.
El ejercicio bufonesco de la literatura y el oficio de
escritor como fiestero de plaza pública deberían de estar
proscritos. Sobran los saltimbanquis, los payasos, las
sabandijas, las garlopas y los trepadores.
Para nuestro infortunio, pocos
descalifican de frente a Vallejo. Oscar Collazos escribe,
con doble moral, en El Tiempo. Mientras lo ataca, lo elogia;
mientras lo descalifica, se cuida hábilmente de conservarlo
como amigo: “Es que es un señor tan amable, tan tierno en el
trato personal”. “No mata una mosca”. “Fernando Vallejo es
un escritor admirable y un hombre dominado por la inocencia”.
¡Las pelotas! Igual, Eduardo Escobar. Su doble moral fue
mayor. Lo regañó a medias por su conducta en Bogotá y al
mismo tiempo lo justificó comparándolo con el filósofo
antioqueño Fernando González. Que yo sepa, González no fue
granuja, ni pederasta, ni fascista. Es hora de combatir
tanto maniqueísmo. Qué triste que Eduardo Escobar haya caído
en el espectáculo del circo. Ahora escribe sobre ex reinas
de belleza; declara en Caracol que Amparo Grisales ya está
muy vieja para él adicto a las jovencitas y, peor aún, cría
cerdos que luego convierte en lechonas con parranda
vallenata , por orden de los directivos de la Revista SOHO:
“Compre un cerdo, engórdelo, y después lo sacrificamos y le
hacemos una fiesta en su finca”. Lo que vi en la edición
número 77 de SOHO es francamente penoso. Es que hay
escritores colombianos que hasta se han hecho cirugías por
orden de SOHO. Los hay también boxeadores famosos. Reparten
trompadas a diestra y siniestra ante la más mínima
diferencia. Lo único viable para éstos emasculados es la
lisonja, su pedestal. No se han dado cuenta de que su obra
literaria pasó a un segundo plano. Priorizaron la bufonada,
la pantomima, la irresponsabilidad con su nación. Menos mal
que Vallejo encontró en la 93 de Bogotá, una estruendosa
rechifla. Fortunosamente no somos tan cafres, tan monigotes.
Harto lo quisieran.
La literatura colombiana tiene
que moverse por los fueros de la responsabilidad nacional.
No necesitamos de cerdas como Aurelia, la mascota de Eduardo
Escobar, ni loras parlanchinas como Vallejo, ni camaleones
que gusten de estar bien con Dios y el Diablo. La farsa está
agotada.
Ridículo hasta el exceso, el
presunto debate entre Eduardo Escobar, Jota Mario Arbeláez
y, Ángela, sobre si Gonzalo Arango vivió o no en un garaje
sin luz del barrio La Perseverancia de Bogotá. O si su
conversión crística fanática fue culpa de Ángela o no.
Naderías, naderías. Verborragia.
Si la intelectualidad está
dando respuestas tan mediocres a una nación que acaba de
despertar con un nuevo escándalo de congresistas con orden
de captura por paramilitarismo, no hay futuro. Menos mal,
que la Corte Suprema de Justicia, parece que existe. Queda
algo de autoridad. Hay una luz en el fondo.
La literatura no puede ser,
entonces, un espectáculo. La excentricidad del artista no
puede ser tergiversada. Si Colombia es “ un desastre inmenso
que nadie puede parar” como afirma Vallejo; si Uribe “como
granuja supera a Gaviria y Pastrana”, no hay duda de que es
grande el compromiso de la academia y la literatura y la
intelectualidad colombianas.
“Que crezca la audiencia”.
destiempos.com
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I Número 6
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