México, Distrito Federal I Enero-Febrero 2007 I Año 1 I Número 6

 









 

José Acosta (Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 1964).Escritor y agrónomo, reportero del rotativo neoyorquino EL DIARIO/LA PRENSA. Con su primer libro Territorios extraños, ganó el Premio Nacional de Poesía de su país en 1993.Con su poemario En el secreto llamado, obtuvo la primera mención de honor del Concurso Internacional “La Porte des Poétes”, en París, Francia, en 1994.Ese mismo año le fue otorgado el Voto de Reconocimiento del Ayuntamiento de Santiago y el Premio al Comunicador del Año, Renglón Poesía, de la Unión de Comunicadores Católicos, en la República Dominicana.En 1998 gana la Mención de Poesía de la Bienal Latinoamericana de Literatura "José Rafael Pocaterra", en Valencia, Venezuela.Con Destrucciones obtuvo el Premio Internacional de Poesía "Odón Betanzos Palacios" de Nueva York, en 1998.En el 2000, a su libro de cuentos El efecto dominó se le otorgó el Premio Nacional Universidad Central del Este.En el 2001 ganó el premio único de cuentos, en el Concurso Internacional de Cuentos de Pecx, una organización colombiana de Nueva York.En el 2003 ganó la Mención de Honor del Premio Internacional de Poesía Revista Hybrido, de Nueva York.En el 2004, su poemario El evangelio según la Muerte obtuvo el Premio Internacional de Poesía "Nicolás Guillén", de México.Ese mismo año, otro poemario suyo quedó finalista del Premio Internacional de Poesía "Miguel de Cervantes", de Armilla, en España.En el 2005, ganó los premios nacionales de novela y cuento que otorga anualmente el gobierno dominicano a través de la Secretaría de Estado de Cultura.En 1999, el gobierno dominicano reunió su obra poética en la Colección Fin de Siglo.

Al nacimiento


Y vio que trepar la luz era bueno

y mucho más caer en el vacío,

astillada su sombra en su brío

de no estar sólo de sangre lleno.


Y fue raíz, esencia, más que cieno,

en su tumulto paz y albedrío,

mancha perpetua de algún río

que descubrió la nada en su seno.


Así surgió como fuego o canto,

azar en la huella que se vierte

en el pozo eterno de su llanto.

 

Y vio que era bueno ¡y qué suerte!

llegar a ser polvo de algún manto

para nacer feliz en esta muerte.


 

Al futuro

 

Territorio vacío del futuro,

vacío de un presente humano,

tu porción de no-ser toca ni mano

como toca mi báculo lo oscuro.

 

La vida me empuja hacia tu muro,

me hunde en tu vacío, en tu plano;

fin del límite del tiempo humano

donde, en mi propio cuerpo, me procuro.


Tierra donde seré, tierra baldía,

sin el frío trayecto de los días,

sin el dulce rincón de mis colmenas.


Yo pereceré en tu armonía

vistiendo azul mis alegrías

al caminar, por fin, en tus arenas.


 

Al habitante

 

Viene clavando sus puñales rojos

con la actitud del relámpago quebrado,

tiene vida para ser aprisionado

en la piel que se rinde ante sus ojos.


Mares de sangre que en mi paz recojo

con el zumbido trunco y amarrado,

tienen sus pasos el paso enterrado

del ser que en sus aguas yo remojo.


Y no hay palabras para su vil canto

de mil manos fusiladas en su risa

de sueños protegidos por su llanto.
 

Va clavando sus puñales y revisa

en su fugaz ser, tallado del espanto,

algo que nació de una sonrisa.

 

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