México, Distrito Federal I Enero-Febrero 2007 I Año 1 I Número 6

 








 

Manuel Garrido Palacios. Nace en Huelva, 1945. Escritor y realizador. A partir de una sólida formación en dirección cinematográfica ha dedicado su actividad como guionista y director de televisión (NKD de Japón, WDR de Alemania, TVE España).Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española en Nueva York, y miembro del jurado del Festival Internacional de Cine de Glaway, y del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Publicaciones: Alosno, palabra cantada : el año poético en un pueblo andaluz (México : Fondo de Cultura Económica, 1992). Aún existen pueblos : etnografía de lugares dispersos (Salamanca : Centro de Cultura Tradicional, 1994) De viva voz : romancero y cancionero al paso (Valladolid : Castilla Ediciones, 1995. Nueva Castilla) El cancionero de Alosno: (para bailar, cantar y tañer la guitarra) (Valladolid : Castilla Ediciones, 1996)Álora la bien cercada(Valladolid : Castilla Ediciones, 1998) Voces de la Sierra (Fuenteheridos : Libros de la Huebra, 2000) Un cuento contado en Doñana (Almonte (Huelva) : Ayuntamiento, 2001. C Rocío 2001 : (crónica intemporal) (Almonte (Huelva) : Ayuntamiento, 2002) Sepancuantos : (Andanzas por la tradición oral de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche).(Aracena (Huelva) : Asociación Literaria Huebra, 2003. Col. Cimbarón) Cartaya(Barcelona : Lunwerg, 2003) . Cancionero popular infantil : poemario de los juegos (Palma de Mallorca : Calima, 2003). Una mirada a Huelva (Huelva : Fundación Caja Rural del Sur , 2004)El clan y otros cuentos : relatos (Palma de Mallorca : Calima, 1998), Viaje al país de las leyendas (Valladolid : Castilla, 1997). Libro de relatos. Noche de perros : relatos (AR.Abelardo Rodríguez Ediciones, 1999) Retablillo del aprendiz y el maestro. (Fuenteheridos : Libros de la Huebra, 2000). El abandonario (Palma de Mallorca : Calima, 2001). Novela. Dos historias de amor(Biblioteca española y americana, 2001) Brocal (1964. .Col.Litoral, 1), es su primer libro de relatos y poemas, que puede considerarse el comienzo de su viaje literario. 1ª antología de la actual poesía onubense (Huelva : El autor, 1965). Colecc.: "Litoral; 4" Otro libro de poemas lo encontramos en: Soneto (Málaga : Corona del Sur, 2001).

 

«Todos tenemos una historia, una sombra, algo que saldar» dice Manuel Moya en el primer cuento de su nuevo libro La sombra del caimán, publicado por Editorial Onuba y que ahora se presenta en el Encuentro de Escritores de la Sierra, en Galaroza. El autor empieza así la narración y la termina con la postura vital de que mientras llega su momento –sabe que llegará- procura aceptarse tal cual es, dejando que los días transcurran con su pasividad, a su ritmo, sin ser alga o nube, vendaval o aire solo. Lo único que pide a cambio es que en las tardes de tormenta, cuando todos se refugian y el jardín aparece vacío, lo dejen reposar en el estanque, es decir, en ese otro mundo que está dentro de éste en el que vivimos, mundo interior de cada uno; que le permitan intentar ser por fuera lo que es por dentro, un buscador de ese algo mágico que sabe que tiene la existencia más allá o más acá del desasosiego que impone cada día.

Todos tenemos una historia con su final, que, en ciertos casos, como ocurre en el relato, puede ser un principio, el punto donde el personaje vuelve a un origen espiritual anterior a una realidad a la que se adapta pero que no entiende porque no es la suya, la prometida en un sueño, la imaginadamente verdadera, mientras estaba sorprendido por la ausencia de subterfugios y creía que lo propio de la vida iba a ser pasar las horas sobrevolando el ámbito donde conociera el rostro peregrino y hueco de la felicidad.

Lejos de las anodinas crónicas de las glorias locales, no empapa la literatura de Moya la lluvia de los cauces establecidos, sino la de andar en la linde de los suburbios que asfixian el río, donde hasta la luz desfallece asqueada por el agrio rictus de la miseria. Ese es el cuadro que cuelga del muro del vivir en el que el autor entra en su segundo relato. Barrios dejados de la mano de Dios (¿dónde está Dios a veces, o siempre?) en cuyas esquinas dan sombra bujarrones y suripantas, ruinas consagradas a la ruina, donde sólo una desganada lucecita, que la humedad torna aún más débil, logra inocular un último resto de vida. Angustiosa visión de lo que podría ser tienda del deterioro en la que se vende la memoria extraviada de las perchas de cada personaje fronterizo con el patetismo. Cuadro presidido por una mesa en cuyo centro reposa una desaliñada palmatoria cubierta por un vaso que, a duras penas, protege la llama entrecortada de una vela: única visión esperanzadora para las figuras, casi sombras, que dejan correr el tiempo de espera con ingenuidad, como si del escaso fuego de la escena pudieran desprenderse consecuencias determinantes para no se sabe qué. Atmósfera válida para seguir teniendo una relación escéptica con el tiempo.

Los autores como Manuel Moya quieren los hechos para exprimirlos hasta que sueltan su gota de esencia. Usan la anécdota, no para dárnosla como cuento, sino para elevarla a categoría, a latido vital. Y he ahí la principal virtud de este libro. Podría situar sus escenas en Bolivia o en Bali, pero no lo hace porque lo que verdaderamente dibuja entre líneas es la biografía del alma. Da igual que el protagonista se llame Emporio o Rigoletto. Su nombre cabal será siempre el de un Manuel Moya, cuyo brillo esconde entre bambalinas de renglones como si, aún de esta manera, no se fiara del método de abrir de par en par las esas secuencias convertidas en sentimientos. Sensación pura son sus relatos, capaces de imaginar el soplo de la muerte como el de una súbita liberación, el momento en el que podría vagar de un lugar a otro, entregarse a un cuerpo rebosante de vida, cruzar los más procelosos cabos o librar intempestivos combates de amor. Todo eso que le prohíben los que están empeñados en dejarlo envejecer en una torre.

Manuel Moya es, para más señas y decirlo ya, una de las mentes literarias más lúcidas que parió este sur de Europa; un escritor que se ha ganado a pulso el reconocimiento por su calidad literaria, pareja, por supuesto, a su calidad humana.

A alguien le dolerá que haya tenido la osadía de ganar premios, más allá de las manoseadas fronteras locales, sin recurrir a amiguetes en el jurado, sin apaños por bajo cuerda, sin morder un carnet, sin hacer concesiones erótico-festivas, sin aceptar corrupciones de círculos cerrados, sin dar resbalones en locas carreras por el pasillo del poder, sin manchar el móvil con conjuras, sin anchos cargos que sólo sirven para rellenar una casilla del huero currículo, sin fastos de mesa y mantel a costa del erario, sin balar en ningún rebaño, sin toda esa farfolla infame en la que sólo se valora lo aparente bajo la consigna: A ese sí, a ese no. Premios fuera del trueque de «te doy esto a cambio de lo que tú sabes»; premios sacados a pulmón a base de batirse el cobre por esos mundos, premios de aire limpio, libre, despreciando el enfermizo consenso de camilla y lamparita bajo cuya luz se cuece el caldo engañabobos. Para algunos, este individuo tendría que purgar el éxito ¡sabe Dios de qué modo!. Igual quemándolo en la hoguera encendida con sus numerosos libros. Pero para los que lo queremos y creemos en lo que hace, para los que estamos convencidos de que cuando el tiempo barra la hojarasca abonada de autobombo y falsedad, él será uno de los pocos nombres que queden a flote, nos bastará saber que seguirá escribiendo libros como el presente, porque «Todo tiene / su luna y su estandarte, / sus bieldos, sus hisopos, / sus hímenes cosidos / y esa cruz que arrastran / las galernas»

Valga anunciar en esta breve reseña a su libro de cuentos la novela que acaba de parir la imprenta de Editorial Calima, en Palma de Mallorca, con el hombre La mano en el fuego, de la que se hablará en su momento.

Consciente el escritor de que sólo somos un cacho de memoria más un sueño, sabe que la vida es 'eso' que pasa sin que percibamos que pasa, como dijo John Lennon. Por eso inicia su nueva obra La sombra del caimán marcando que todos tenemos una historia, una sombra, algo que saldar, y lo termina con casi una declaración de principios cuando dice que mientras llega su momento –sabe que llegará- procurará aceptarse tal cual es, pese a quien pese. Entre ambos extremos está nada menos que su literatura, su taller de palabras, su expresión elegante, su guiño como imaginero real.


 

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