México, Distrito Federal I Enero-Febrero 2007 I Año 1 I Número 6

 









Ruth Pérez Aguirre. Es egresada de la Esc. de Escritores “José Gorostiza” SOGEM, del Diplomado de Creación Literaria. Ha tomado cursos de narrativa auspiciados por FECAT , la Universidad Tecnológica de Tabasco y la Sociedad de Escritores. Es miembro activo de la Sociedad de Escritores de Tabasco “Letras y Voces”, del Grupo de Mujeres Periodistas y Escritoras de Tabasco y del PEN Club México Internacional. Publicó su primera novela en Buenos Aires, Argentina, Incompatibilidad-Compatibilidad; en México participó en la antología “Cuentos de la Pluma vol. 3”; en Tabasco publicó una noveletta Cuadros de vida, un poemario Arpegio Poético y un libro de cuentos Personajes de mis sueños, y en Argentina también colaboró en una antología con autores latinoamericanos “Escritura sin Frontera”.Ha escrito en revistas y periódicos en Tabasco y México, y colabora con revistas y blogs literarios en diferentes países en español e italiano.

 

 Javier, un escritor sin trayectoria, pero afanado en escribir una novela romántica exitosa, no lograba concluir satisfactoriamente el romance de su obra al ser tan idílico, por lo tanto, decide convertirse en el personaje protagónico viendo que la descripción del mismo podría concordar con la de él, y se lanza a la calle en busca de una musa inspiradora que lo llenara de nuevas ideas.

       Cambió su corte de cabello y manera de vestir haciéndolos más agradables y románticos, llevando siempre una flor en la solapa. Modificó su estilo de caminar levantando los hombros con elegancia. Así también tenía mucho empeño en que su imagen fuese impecable por lo que lustraba sus zapatos con esmero. Adoptó algunas extravagancias propias de su personaje, como fumar pipa, cosa que antes no hacía, comer frutas con cubiertos, usar fijador en el cabello en abundancia y cuanta locura hiciera aquel.

       Al verse reflejado en cuerpo entero con el otro, sale al encuentro de Rosaura, la protagonista femenina de su tórrido romance de papel. Después de ardua búsqueda encontró en una dorada tarde, en un parque, a Hilda, una mujer con el cabello exacto al de Rosaura que le imprimía un gesto tan angelical como el manto castaño y sedoso que caía en los hombros de su dulce personaje.

       Acercándose a ella le habló de sus propósitos: llevarla a su departamento de él y vivir un romance novelesco sin consecuencias que le sirviera de inspiración para terminar su novela. Siendo una mujer decente y felizmente casada, Hilda se sintió ofendida; su respuesta fue una bofetada dada con tanto ímpetu que tomó de sorpresa al sensible corazón de Javier quien fue sacudido y vuelto a su triste realidad.

       Pero no desistió en su afán y finalmente la convence de ir todos los días un par de horas para que le descubriera nuevas fuentes de inspiración, pagándole, por supuesto. Hilda aceptó con reservas, pero sólo en apoyo del arte ya que era muy aficionada a las novelas de ese género, y por lo cual quería sentirse parte importante de la trama, pero eso sí, sin dejar de cobrar por sus horas de empeño, como cualquier musa terrenal.

       Platicaban tomando el té, otra nueva costumbre del escritor, o paseaban en algún parque inspirándose con los jardines. Todo iba bien hasta llegado el día cuando Javier, enamorado hasta la médula, quiso sobrepasarse con ella besándola con los ojos cerrados, los cuales abrió abruptamente al recibir otra sonora bofetada, esta última de despedida.

     Era tan grande su entusiasmo que no se desilusionó con el incidente, pues aún se percibía en su casa el aura de Hilda la cual le serviría para unos días más de iluminación poética mientras se difuminara por completo.

       Otro día, sorpresivamente, se encontró en un restaurante con una mujer con la misma boca y sonrisa de su amorosa Rosaura quien lo cautivó al momento de regalarle una excitante sonrisa. Margarita, fascinada y sin dejar de sonreír, escuchó la historia completa de la protagonista de la novela y los propósitos del escritor; no le parecieron descabellados, sino invitantes a una lujuria desconocida para ella. El único problema era su poco interés en la vida por otra cosa que no fuera comer; sin embargo le prometió pensar en su proposición cuando terminara con los platillos que había pedido y que llenaban la mesa.

       Javier la veía engullendo grandes cantidades de comida a través de ese par de labios sensuales y su doble hilera de perlas moviéndose sin parar. Pagó su consumo, no sin sorprenderse del monto y del cuerpo de Margarita que al parecer no era tan frágil como su nombre. Con coquetería lo citó para la siguiente tarde en el mismo lugar.

     Así iniciaron el romance que después se trasladó al departamento de Javier no sin antes haber llenado todas las despensas y el refrigerador, surtidos de finas viandas compradas con la lista que ella le había proporcionado. Él se adaptaba a cualquier cosa, incluso a disimular que su nueva musa comía demasiado y su cuerpo no se asemejaba en nada al de su esbelta Rosaura.

       Llegó el día en que el tendero se negó a seguirle fiando exigiéndole el pago inmediato de su deuda so pena de llevarlo a la comisaría. Javier tuvo que trabajar por las noches con él mientras pagaba sus abonos. Margarita al ver las alacenas vacías se sintió ofendida, y se marchó para siempre.

       No fue suficiente para que Javier desistiera. Ya repuesto de su deuda seguía empeñado en encontrar a una chica ideal y transformarla en la verdadera Rosaura, como él mismo hizo con su imagen. Entonces conoció a Lorena en un teatro. De ojos cautivadores y mirada chispeante, muy parecida a su protagonista por su grácil figura. Era bailarina en ballets de cantantes, amaba el baile y poseía gran agilidad, lo que terminó por cautivarlo. De nuevo intentó seducirla llevándola a su departamento y diciéndole que sería su última musa en ayudarlo a finalizar su atropellada novela, y claro, pagándole por las ideas que le proporcionara.

       Lorena era una chica de carácter fuerte que no estaba dispuesta ni siquiera a modificar su peinado; era práctica y nada romántica, lo que más le interesaba aparte de bailar era el dinero, pero accedió a quedarse. Después de un romance con altas y bajas, un día, en cuanto supo la clave de la tarjeta de crédito de Javier, le sacó con sus ágiles dedos la cartera del pantalón y lo dejó sin nada.

       Durante una larga temporada el escritor tuvo que vivir ayudado de su antiguo empleo con el tendero. Ahora sí estaba indignado de no poder encontrar a su musa Rosaura fuera del papel y la tinta. Pero entusiasta como siempre, pensó que tal vez lo que necesitaba ahora era ir en busca de una bruja.

 

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