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Will Rodríguez
(Mérida, Yucatán, 1970). Narrador.Colabora en
revistas y suplementos culturales del país. Ha
publicado Catarsis de mar, Sueños de
agua,Supervivencia del insecto y La línea
perfecta del horizonte; en coautoría, Litoral
del relámpago:imágenes y ficciones, Acequias
de cuentos, Nuevas voces de la narrativa mexicana,
Novísimos cuentos de la República mexicana y La
otredad.

Los
mártires del Freeway y otras historias
es el nuevo libro del narrador yucateco Carlos Martín
Briceño, bellamente publicado en la Biblioteca de cuento
contemporáneo de Ficticia Editorial, con sede en la ciudad
de México, en esta ocasión con el apoyo del Instituto de
Cultura de Yucatán.
Pareciera
que los temas predominantes en este volumen son el erotismo,
la ironía y los impulsos de la desesperación del hombre y la
mujer, pero hay otros factores que, enriquecidos por una
narrativa ágil y bien estructurada, se convierten en
elementos tan importantes como los propios personajes y las
situaciones por las que atraviesan; dichos factores son la
música, el silencio, el día, la tarde, la noche, la comida,
la bebida, el clima, los aromas… Sin negar la cruz de su
parroquia, el autor nos presenta en varios de sus cuentos a
una ciudad de Mérida construida con prejuicios, pero al
mismo tiempo cosmopolita y universal.
El libro
está dividido en dos partes: De la vasta piel, serie
de 13 cuentos cortos y medianos, y Los mártires del
Freeway, cuento largo —¿o novela corta?— que el autor le
dedica a su maestro, el escritor tamaulipeco recientemente
fallecido, Rafael Ramírez Heredia, con quien Carlos trabajó
la mayor parte de los textos reunidos en esta selección.
De la
vasta piel inicia con el cuento titulado Todas las
tardes, cuya principal virtud radica en convertir al
lector en un auténtico vouyerista. Desde el espejo podemos
aspirar la esencia de flor de naranja y ver a una mujer
robusta ahogar en la cama el recuerdo de su padre, el
comerciante libanés del pueblo, con un perfecto dildo de
marfil. Calle de arena es la anécdota de una
prostituta asidua al puerto de Progreso, donde es
ampliamente conocida por el propietario de un motel en el
que ella se desenvuelve como en su propia casa, chupando
cervezas y pisando cucarachas, mientras evade su realidad
preadolescente.
Helena o
la anunciación, dedicado al poeta Jorge Lara, es un
cuento que amalgama las buenas costumbres de una familia de
abolengo, las notas musicales de una obra de Satie y la
atracción sexual de la joven protagonista por su maestra de
piano, atracción también experimentada, en cobarde secreto,
por la madre de la alumna. Domingo, la siguiente
historia, narra lo que sucede o puede suceder cuando un
hombre cambia su rutina laboral por una rutina doméstica. Su
mujer, entonces proveedora de la estabilidad económica de la
casa, adquiere el rol del macho harto de la existencia de su
hembra. Abismos, uno de los cuentos mejor
estructurados del libro, aborda la pasión reprimida de una
solterona que, por cuidar a la madre anciana y enferma que
al parecer nunca morirá, se resigna a vivir con el recuerdo
de aquel vendedor de libros que le hizo descubrir las
maravillas del sexo y —por qué no— del amor.
Confabulación es la historia de una vieja postrada en
cama, cuyo cuidado está a cargo de sus interesados
familiares, algunas veces, y de un par de monjas trinitarias,
en otras, quienes a cambio de un plato de comida soportan el
lidiar con la insoportable enferma y limpiarle el culo,
ignorando, eso sí, que serán las herederas de su fortuna. En
Revancha, un orgulloso doctor inglés radicado en
Belice recurre a todo tipo de artimañas para evitar el
noviazgo de su adorada hija con un joven de raza negra.
Entre chien et loup,
término que en francés alude al momento en el que el sol se
oculta, y cuando “los miopes vemos con mayor dificultad”, es
en este caso el relato del fugaz romance de una mujer polaca,
entrada en años, y un joven yucateco interesado en la
cultura francesa, quienes después de materializar el deseo
en la alcoba se van convirtiendo en amigos lejanos. Una
larga estación de felicidades trata el tema del
rompimiento de la armonía marital ante la aparición de una
enfermedad venérea, atribuida en un principio a la
infidelidad del hombre, pero provocada finalmente por los
deslices de la “intachable” mujer.
En Hombres de bien el
pasado atormenta a un hombre, ahora padre de familia, que en
su infancia sufrió abusos sexuales por parte de un “selecto”
grupo de compañeros y maestros de exclusivo colegio español.
El instrumento de Dios es en este libro el formón de
un carpintero que, acorralado por los gravámenes de una
deuda cancerosa, da muerte al agiotista que provocó su ruina.
La utopía extraviada, otro de los grandes cuentos de
esta selección, dedicado al poeta Óscar Sauri, narra la
anécdota de un mexicano que viaja a Cuba para empacharse de
las glorias del marxismo, sin imaginar que la astucia de un
cubano logrará arrebatarle una considerable suma de dinero.
Los fines de semana es
el cuento con el que culmina la serie De la vasta piel.
Está dedicado al narrador Agustín Monsreal, también maestro
del autor, y trata del triángulo erótico entre dos
adolescentes y la madre de uno de ellos; flirteos que se
desarrollan en una casa de campo, entre la semidesnudez de
los cuerpos en la alberca y el sopor de los cocteles
margarita.
Por último, Los mártires
del Freeway, segunda parte del libro, es un texto del
género policiaco que, como es de esperarse, tiene el
objetivo de desenmascarar al asesino. La historia se
desarrolla en la ciudad de Mérida, a la cual apreciamos
mediante el relato de sus calles, las iglesias donde
aparecen los cadáveres y la intervención de personajes de
vidas diurna y nocturna que se interrelacionan y confunden
al lector al convertirse en sospechosos. Las víctimas son
prostitutos jóvenes y atractivos que, confiando en la
aparente seguridad de las calles meridanas y de la disco gay
de moda, arriesgan la vida cada noche al irse con algún
extraño. El personaje principal es Desiderio Grajales,
detective yucateco formado en Los Ángeles, quien tiene el
compromiso moral y social de demostrarles a todos, pero
sobre todo a sí mismo, que es capaz de resolver un caso tan
sonado. Tal vez involucrándose en el mundo nocturno de los
hombres consiga lo que busca…
Con estos cuentos que
proyectan las perversidades y pasiones del ser humano,
Carlos Martín Briceño consolida su posición privilegiada en
el panorama literario de la península yucateca y de México.
Dueño de una genialidad que le permite elevar el interés en
cada párrafo, aborda al erotismo con humor y con malicia,
logrando que el lector redescubra sensaciones propias y
ajenas. Quien lea este libro nunca se arrepentirá de haberlo
adquirido.
Mención aparte merece la labor
del editor Marcial Fernández, quien con este primer título
de la Biblioteca de cuento contemporáneo promete defender a
dicho género literario ante los embates mercantiles de la
industria editorial de nuestro país.
Los mártires del Freeway y
otras historias
Carlos Martín Briceño
Ficticia Editorial/Instituto
de Cultura de Yucatán
Biblioteca de cuento
contemporáneo 1
2006, 152 pp.
*Texto leído en
el Auditorio del Museo de la Cultura Maya, en el marco del I
Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía (16 de noviembre
de 2006).

*
Una
de las mejores razones para leer poesía es la esperanza de
encontrar esa voz que sugiera con belleza emociones
experimentadas o inéditas. En ambos casos el sueño puede ser
un recurso literario maravilloso, toda vez que constituye
una experiencia universal e irrepetible, pues si bien todos
los seres humanos —y hasta algunos animales— tenemos la
necesidad de soñar, cada sueño representa una comunión con
el pasado, el presente y el futuro de quien sueña. Incluso
el lenguaje para con uno mismo, con Dios o con la almohada
antes de dormir, es reflejo de cultura, de hábitos, de
deseos o de la lectura más reciente.
En
Madera sola, libro de la poeta jalisciense Karla
Sandomingo (1970), editado por el Fondo Editorial Tierra
Adentro (2004), la intimidad de la mujer es descubierta a
través de un lenguaje onírico que cuestiona creencias,
justifica actitudes y divaga en pensamientos, tal como
imaginamos que se habla o se piensa durante un sueño, un
dejavoú o un descanso mental. La autora presenta ocho
capítulos o momentums titulados Esta tabla mi casa,
Agua náufraga, Madera sola, Signos,
Aves negras, Cáliz, Entre grietas y
Voces de la primera luz. En todos ellos existe
uniformidad de estilo y recurrencia a elementos relacionados
con el mar, la madera (puertas, muelles y barcos), el cuerpo
y la espiritualidad. Pese a lo que pudiera suponerse al
tratarse del poemario íntimo de una mujer, aquí no estamos
ante un libro feminista ni lloroso de desamor, sino ante una
serie de pensamientos o de sueños que nos permiten conocer,
identificar y reconocer emociones.
De acuerdo con el texto de contraportada, los ocho capítulos
están relacionados con la vida de ocho mujeres. Sin embargo,
por la similitud estructural y estilística latente en todo
el poemario, podría tratarse de la historia intelectual de
una sola mujer, en distintas etapas de su existencia.
En el capítulo que da nombre
al libro, Karla ebanista da forma a los recuerdos e
involucra a la familia en su oficio de poeta. Ama a la
madera como se puede amar a una letra muda o a un verso
escandaloso. Aquí, cada palabra ocupa su lugar y asume su
papel en el destino del poema: “…Las letras van, regresan a
mis manos / crecidas y cambiadas: son otras. / Las beso pero
las aviento / al despeñadero”.
Hay un
capítulo de signos y señales donde la mirada al todo y a uno
mismo se concentra por conducto de un ojo solo, de un ojo
ciego, de un ojo en medio. Como una especie de Vishnú, ahora
de seis brazos, la protagonista de este apartado es un ser
omnipenetrante que navega por el cuerpo, el alma y sus
entornos para encontrar la razón de sus ideas: “…Me he
quedado viendo los silencios de los mares, me he quedado
ciega y veo. Aunque no entienda, entiendo que el lenguaje
son las puertas que se cierran, abren, tienen una
cerradura…”
Por otro
lado, en Cáliz un rumor de olas acompaña a la
remebranza cotidiana, religiosa por el puerto; en tiempo
presente, Karla describe a la soledad cual porteña que nace,
crece, se reproduce y muere junto al mar: “…Pero estas otras
tierras que son las que me forman / son de barcos encallados
y barcos navegantes / en medio de la sala tienen árbol /
remo / en donde brinca / lo poco de lenguaje que me queda”.
Trátese de
ocho mujeres o de sólo una, Madera sola es un viaje
por los senderos de la voz y el pensamiento, una aventura de
decires nuevos, una invitación a reflexionar sobre la vida…
en fin , un libro de sueños.
*Texto
leído en la presentación del libro Madera sola,
de Karla Sandomingo, el 5 de diciembre de 2006 en la
Casa del Poeta Ramón López Velarde (D.F.).
destiempos.com
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