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Carolina Contino
(Argentina, 1975)- Profesora en Letras.
Ejerce la docencia y coordina talleres
literarios. Ha publicado sus poemas en la
revista argentina Hablar de Poesía y
participó de la plaquette Países
inocentes editada por la Universidad
Nacional de Mar del Plata. Ha publicado el
libro Hierro de madera (Melusina,
2001).


Mal paso
si movieras tu peón
desde las sombras
El invierno se llenó
de infanticidas
y tu sonrisa sigue tan
blanca como siempre
mas la negra espalda
del Tiempo te delata
Mal hado
haberte hallado en
medio de las voces indefenso
y tener que recurrir a
apologías
Y ahora qué, dirás.
Frente a ti, toda una
vida de Hombre te sonríe:
la eternidad
estéril y el jardín sin flores


Dime ahora todo será
sellado después
volcará su luz de
única luciérnaga en el borde de la noche
tejerán sus manos
canciones de cuna y ninguna plegaria
Lo que ha de venir
Lo que vendrá tendrá
también manos para asir
será dócil manso
obediente
y aún en la más terca
de las tardes
ostentará corazón
fuerte para perdurar
y amplia sonrisa
encantadora no de serpientes.
Habla ahora todo habrá
sido escrito después
Será tarde para volver
para decir yo no puedo
no quiero
anochece me esperan
para huir
llagando
hacia el fondo
perentorio de la noche
donde unos
cuantos perros ladran, muertos de sed.


El espejo
Luz de un solo poema
reflejado durante
siete lunas,
siete magníficos
jabalíes de oro
mueren sin sangre
en la franja azul de
la noche:
son los espejos que me
miran
La máscara
Paladear la fragancia
de manzanas mágicas
sobre un fondo de
amapolas,
no soy yo
No me miren
No me crean
Tras murallas de fuego
me esconderé en el
humo
en los pliegos de un
ropaje
que se
desvanece al viento
en la sangre de oro de
siete jabalíes,
en la
superstición y el ocaso,
porque debajo del
hábito sólo llevo esta máscara.
Una daga azul como un
poema
no es lo
suficientemente mortífera.
destiempos.com
I
Año 2 I Número
7
I
2007 ©
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