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Cristián. Nacido
entre 1959 y 1961, algún tiempo después aprendió a leer
y, según parece, también a escribir. Su principal
temática gira en torno a cualquier cosa, y generalmente
la perpetra en forma de poesía, cuento o ensayo,
indisciplinas de las que dirigió talleres gratuitos
durante más de 20 años, hasta que lo alcanzó el
desempleo y tuvo que hacer a un lado el idealismo para
cobrar.Eventual y furtivo aparecido en revistas (de
papel y electrónicas), páginas de Internet, y recitales
individuales o colectivos. Después de varios intentos de
definirse a sí mismo, todo indica que terminó por
desistir y, a la fecha, nadie más se ha interesado en el
asunto.No ha publicado la mayor parte de su obra, lo
cual le ha valido la gratitud de una legión de lectores,
así como el profundo reconocimiento de la crítica.


En aquel tiempo
Dios escribió la obra
y creó el escenario:
y los directores
vieron que era bueno
y alabaron Su obra;
y los escenógrafos
vieron que era bueno
y alabaron Su obra;
y los diseñadores de
vestuario
vieron que era bueno
y alabaron Su obra;
y los técnicos de
iluminación
y de sonido
vieron que era bueno
y alabaron Su obra;
y los tramoyistas vieron
que era bueno
y alabaron Su obra;
y los maquillistas y
los peinadores
vieron que era bueno
y alabaron Su obra;
y los actores vieron
que era bueno
y alabaron Su obra…
Al fin
Dios se sentó en la
única butaca
y a sus espaldas,
en un rincón,
de pie,
nos permitió a los
críticos
llenar con nuestras
dudas las cuartillas
que nadie va a leer
en el Infierno.


La soledad es un hotel
vacío
adonde los cansados de
perseguir las calles
suelen pagar un
cuarto,
un tiempo en ruinas,
para salir después de
un rato eterno tras haber cometido algún suicidio.
Las sombras que cruzan
sus paredes
tienen forma de vagos
corazones
y algunas iniciales
dibujadas con humo
forman su única
historia.
La soledad es un hotel
vacío.
En sus espejos pueden
verse besos secos y espectros clandestinos,
frases que dejó huecas
la carcoma invernal de la costumbre,
y predicciones
cumplidas de abandono.
Algún rayo de sol,
filtrado a veces entre el polvo que ahoga las ventanas,
hace más melancólico
el silencio,
hay botellas vacías
que delatan la presencia infinita del insomnio
y en las muertas
almohadas se adivinan los ojos derretidos de todos los poetas
y en las sábanas frías
se presienten las formas extraviadas de todos los olvidos.
La soledad es un hotel
abandonado
que sólo tiene entrada
por la parte trasera de la vida,
es un sitio remoto que
se halla en todas partes,
es un lugar inmenso en
donde sólo cabe una tristeza
y donde quien no tiene
a donde ir
paga para salir
después de un rato a seguirse mintiendo algún destino.
La soledad es un
pinche hotel vacío.
destiempos.com
I
Año 2 I Número
7
I
2007 ©
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