México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2007 I Año 2 I Número 7

 









 

 Cristián. Nacido entre 1959 y 1961, algún tiempo después aprendió a leer y, según parece, también a escribir. Su principal temática gira en torno a cualquier cosa, y generalmente la perpetra en forma de poesía, cuento o ensayo, indisciplinas de las que dirigió talleres gratuitos durante más de 20 años, hasta que lo alcanzó el desempleo y tuvo que hacer a un lado el idealismo para cobrar.Eventual y furtivo aparecido en revistas (de papel y electrónicas), páginas de Internet, y recitales individuales o colectivos. Después de varios intentos de definirse a sí mismo, todo indica que terminó por desistir y, a la fecha, nadie más se ha interesado en el asunto.No ha publicado la mayor parte de su obra, lo cual le ha valido la gratitud de una legión de lectores, así como el profundo reconocimiento de la crítica.


 

En aquel tiempo

Dios escribió la obra

y creó el escenario:

 

y los directores vieron que era bueno

y alabaron Su obra;

 

y los escenógrafos

vieron que era bueno

y alabaron Su obra;


 

y los diseñadores de vestuario

vieron que era bueno

y alabaron Su obra;

 

y los técnicos de iluminación

y de sonido

vieron que era bueno

y alabaron Su obra;


y los tramoyistas vieron

que era bueno

y alabaron Su obra;


 

y los maquillistas y los peinadores

vieron que era bueno

y alabaron Su obra;

 

y los actores vieron que era bueno

y alabaron Su obra…


 

Al fin

Dios se sentó en la única butaca

y a sus espaldas,

en un rincón,

de pie,

nos permitió a los críticos

llenar con nuestras dudas las cuartillas

que nadie va a leer

en el Infierno.


 

La soledad es un hotel vacío

adonde los cansados de perseguir las calles

suelen pagar un cuarto,

un tiempo en ruinas,

para salir después de un rato eterno tras haber cometido algún suicidio.


 

Las sombras que cruzan sus paredes

tienen forma de vagos corazones

y algunas iniciales dibujadas con humo

forman su única historia.


 

La soledad es un hotel vacío.

En sus espejos pueden verse besos secos y espectros clandestinos,

frases que dejó huecas la carcoma invernal de la costumbre,

y predicciones cumplidas de abandono.


 

Algún rayo de sol, filtrado a veces entre el polvo que ahoga las ventanas,

hace más melancólico el silencio,

hay botellas vacías que delatan la presencia infinita del insomnio

y en las muertas almohadas se adivinan los ojos derretidos de todos los poetas

y en las sábanas frías se presienten las formas extraviadas de todos los olvidos.


 

La soledad es un hotel abandonado

que sólo tiene entrada por la parte trasera de la vida,

es un sitio remoto que se halla en todas partes,

es un lugar inmenso en donde sólo cabe una tristeza

y donde quien no tiene a donde ir

paga para salir después de un rato a seguirse mintiendo algún destino.

 

La soledad es un pinche hotel vacío.

 

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