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David Omar Juárez (El
Salvador, 1978) Graduado de la licenciatura
en Psicología por la Universidad
Centroamericana “José Simeón Cañas” en San
Salvador, en el año 2003. Ha publicado en el
Suplemento Cultural Tres Mil de
Diario CoLatino en San Salvador, y en las
revistas estadounidenses Divisadero
del departamento de Estudios
Latinoamericanos de la Universidad de San
Francisco, y Lucero del departamento
de Español y Portugués de la Universidad de
Berkeley. También ha publicado en las
revistas electrónicas de arte y literatura
Letralia, La puerta azul,
Destiempos, Los Noveles y
Remolinos.


Primero te enamoraste
de la situación
te encantaba ver como
me las arreglaba
para sobrevivir al día
y a la noche
que te preparara el
desayuno con extrañas recetas
y la materia que nacía
en mi patio
que me entregara al
baile incomprensible
para tus caderas de
bauxita
que me cubriera con
plumas y raros vestidos
para contarte la
historia de mis abuelos
que te hablara en mi
idioma peregrino
que te pintara la piel
con mi sudor
que te diera la mano y
agarraras mi codo
que te viera con
sorpresa cruzando la calle
todo eso te gustaba
y así me permitiste
entrar en tu cuerpo
trabajar en tu cuerpo
soñar en tu cuerpo
alimentarme en tu
cuerpo
crecer en tu cuerpo
y algunas veces
jugábamos a que no me permitías
entrar en tu cuerpo
inventando muros a tu
alrededor
y yo siempre llegando
hasta donde estabas
después empezaron las
quejas
(como ocurre con estos
amoríos)
que yo trabajaba de tu
cuerpo
que yo soñaba de tu
cuerpo
que yo me alimentaba
de tu cuerpo
que yo crecía de tu
cuerpo
y que hasta te robaba
tu cuerpo
fantaseabas con la
promulgación de leyes
para sacarme de tu
interior
y para evitarme el
ingreso
cada vez que se me
diera la gana
cuando amanecías de
buen humor
hasta me dabas
permisos temporales
para permanecer en tu
cuerpo
e incluso me
amenazabas jugando
que si me portaba mal
el permiso no sería
prorrogable
y yo que te dejo
entrar en mi cuerpo
tantas veces y te
ofrecí
los mejores rincones
de mi mapa personal
para que te hospedaras
y no te cobro
impuestos para que
te instales en mí
y hasta me he
acomodado a tu lengua
a tus costumbres
a tus domingos
a tus precios
para que te sientas
cómoda en mi cuerpo
y hoy
apenas hoy
se te ha ocurrido
levantar un nuevo muro alrededor tuyo
otro muro
para evitar que te
abrace
como si no supieras
que siempre
invento animales
mitológicos
que traspasan tus
muros
y me llevan adentro de
tus fronteras
entrando silencioso en
lo oscuro
para poder alcanzarte
y tocar tu cuerpo
a través de los
espacios en blanco
que seguramente
dejarás en ese muro
con toda intención.


Así mi país fue
bautizado con nombre hipócrita
y condenado a vagar
por el desierto
por la soledad de los
alfileres
por el desahucio de
las capuchas
y lo convirtieron en
el hazmerreír de los demás
y los de menos
y nunca ganó la
confianza de nadie
y lloró solitario en
mis rodillas
como la viudez de un
pájaro
como un crepúsculo
azotado
y al séptimo día fue
encontrado culpable de su orfandad
y puesto bajo llave
entre los lobos
negándosele los
placeres del recreo
y paseó por ninguna
parte
con el fastidioso ojo
de la verdad buscándole el rostro
y creció acomplejado /
y después ya nunca creció
dudando entre el
intenso río de lo dulce y
la cáscara irritable
de lo prohibido
dudando de su nombre
como un mendigo sin
transeúntes
y se sentó en un
rincón del cuarto
y lloró
…
y lloró de nuevo
anulado del paraíso.

destiempos.com
I
Año 2 I Número
7
I
2007 ©
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