México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2007 I Año 2 I Número 7

 









 

David Omar Juárez (El Salvador, 1978) Graduado de la licenciatura en Psicología por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” en San Salvador, en el año 2003. Ha publicado en el Suplemento Cultural Tres Mil de Diario CoLatino en San Salvador, y en las revistas estadounidenses Divisadero del departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de San Francisco, y Lucero del departamento de Español y Portugués de la Universidad de Berkeley. También ha publicado en las revistas electrónicas de arte y literatura Letralia, La puerta azul, Destiempos, Los Noveles y Remolinos.

 

Primero te enamoraste de la situación 

te encantaba ver como me las arreglaba

para sobrevivir al día y a la noche

que te preparara el desayuno con extrañas recetas

y la materia que nacía en mi patio

     que me entregara al baile incomprensible

     para tus caderas de bauxita

     que me cubriera con plumas y raros vestidos

     para contarte la historia de mis abuelos

que te hablara en mi idioma peregrino

que te pintara la piel con mi sudor

que te diera la mano y agarraras mi codo

que te viera con sorpresa cruzando la calle

          todo eso te gustaba

 

y así me permitiste entrar en tu cuerpo

trabajar en tu cuerpo

soñar en tu cuerpo

alimentarme en tu cuerpo

crecer en tu cuerpo

 

y algunas veces jugábamos a que no me permitías

entrar en tu cuerpo

inventando muros a tu alrededor

y yo siempre llegando hasta donde estabas

 

          después empezaron las quejas

          (como ocurre con estos amoríos)

          que yo trabajaba de tu cuerpo

          que yo soñaba de tu cuerpo

          que yo me alimentaba de tu cuerpo

          que yo crecía de tu cuerpo

y que hasta te robaba tu cuerpo

 

fantaseabas con la promulgación de leyes

para sacarme de tu interior

y para evitarme el ingreso

cada vez que se me diera la gana

 

cuando amanecías de buen humor

hasta me dabas permisos temporales

para permanecer en tu cuerpo

e incluso me amenazabas jugando

que si me portaba mal

el permiso no sería prorrogable

 

          y yo que te dejo entrar en mi cuerpo

          tantas veces y te ofrecí

          los mejores rincones de mi mapa personal

          para que te hospedaras

          y no te cobro impuestos para que

          te instales en mí

y hasta me he acomodado a tu lengua

a tus costumbres

a tus domingos

a tus precios

para que te sientas cómoda en mi cuerpo


 

y hoy

apenas hoy

se te ha ocurrido levantar un nuevo muro alrededor tuyo

          otro muro

para evitar que te abrace

 

          como si no supieras que siempre

          invento animales mitológicos

          que traspasan tus muros

          y me llevan adentro de tus fronteras

 

entrando silencioso en lo oscuro

para poder alcanzarte y tocar tu cuerpo

a través de los espacios en blanco

que seguramente dejarás en ese muro

con toda intención.


 

Así mi país fue bautizado con nombre hipócrita

y condenado a vagar por el desierto

por la soledad de los alfileres

por el desahucio de las capuchas

y lo convirtieron en el hazmerreír de los demás

y los de menos

y nunca ganó la confianza de nadie

y lloró solitario en mis rodillas

como la viudez de un pájaro

como un crepúsculo azotado


 

y al séptimo día fue encontrado culpable de su orfandad

y puesto bajo llave entre los lobos

negándosele los placeres del recreo

y paseó por ninguna parte

con el fastidioso ojo de la verdad buscándole el rostro

y creció acomplejado / y después ya nunca creció

dudando entre el intenso río de lo dulce y

la cáscara irritable de lo prohibido

dudando de su nombre

como un mendigo sin transeúntes


 

y se sentó en un rincón del cuarto

y lloró

y lloró de nuevo

anulado del paraíso.

 


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