Galardonada
con el premio único en la categoría de poesía del “66
Certamen de Juegos Florales de Quetzaltenango” (2003), la
colección Con la lengua pegada al paladar de Aída
Toledo aparece publicada en forma independiente en 2006 y en
este formato se presenta aún más reveladora de su carácter
transgresivo, ya desde sus epígrafes cuidadosamente
recortados hasta su opción por un lenguaje directo, casi
conversacional y todavía así profunda y complejamente
poético. Toledo es una reconocida escritora guatemalteca que
obtuvo su doctorado en literatura hispanoamericana de la
Universidad de Pittsburgh y reside actualmente en Tuscaloosa,
Alabama, donde es profesora de la Universidad de Alabama. He
aquí una conversación sobre su último poemario.
GW:
Escribiste los poemas de Con la lengua pegada al paladar
desde Pittsburgh y Alabama, ¿verdad?¿Consideras que éste es
un “texto del exilio”?
AT: Escribí la mayoría de los
textos en Pittsburgh. La idea de la biblioteca como un lugar
de acogimiento para mi, era muy importante. La primera
versión de Con la lengua, la terminé en Pittsburgh,
sin embargo me fui a Alabama con este libro que yo creía
terminado, y no lo estaba, ya que cuando llegué allá, con el
shock de lo que el sur significaba para mi, como espacio
físico, pero también como espacio cultural, me hizo escribir
algunos otros textos, como “Mississipi round trip”. En
realidad el libro no creció tanto en tamaño por los nuevos
textos, pero sí en cuanto al sentimiento de exilio, del que
hablás. En Alabama se me ha acentuado mucho más mi identidad
latinoamericana, y mucho más la guatemalteca, suelo usar en
los textos frases que solo usaría un guatemalteco en medio
de su comunidad. La idea de estar afuera y desde ese espacio
foráneo poder ver a los otros como un “otro”, le dio a los
textos ese toque, que yo no identificaba, pero que sí
existe.
GW: La imagen de la lengua
pegada al paladar te conecta con Nicanor Parra, pero también
está enraizada en tu poesía anterior. ¿Cómo
explicarías estas relaciones? En otras palabras, ¿en qué
sentido se emparenta esta colección con las anteriores y
sobre todo con tu primera imagen de “batallar el silencio”?
AT: La conexión con Parra es
una cuestión obsesiva. Diría que encuentro en algunas frases
de este escritor, frases que yo hubiera dicho o pensado. No
sé si esto tenga que ver con el mundo al revés, o la
percepción de ese mundo. Las estructuras que Parra usa son
muy complejas, aunque parezcan simples, pero principalmente
están aludiendo constantemente al absurdo de todo, de la
vida, de las actitudes del ser humano, etc. En ese sentido
veo conexiones con la frase (la lengua pegada al paladar),
que me parece perfecta como metáfora del mundo de las
mujeres, en donde no importando el nivel de escolaridad,
estás de alguna manera supeditada a callar, para no quedar
mal, para no sentirte culpable, para no decir una pendejada
y quedar en ridículo, o porque simple y sencillamente es
también una manera opuesta de enfrentarte a lo masculino,
que suele tener explicación para todo. Como vos muy bien me
hacés ver, estas relaciones tienen vínculos con los poemas
de Brutal batalla de silencios, donde ya la imagen
existe, y en ese momento yo no había leído a Parra, y menos
había caído en esa línea que ahora es el título de mi libro.
Por eso pensando en lo que me preguntás, la imagen de la
lengua pegada, como una imposibilidad para decir lo que se
quiere decir, es importante, sigue siendo una metáfora del
silencio a que nos forzamos algunos. Supongo que esta
imposibilidad de decir viene también relacionada con no
poder articular un discurso que parezca coherente, en el
sentido en que está estructurado el lenguaje cotidiano, pero
principalmente el lenguaje académico, donde he tenido que
bregar estos últimos diez años. Mi primer poemario es parte
de un conjunto de poemas escritos en los ochenta a inicios.
Hacia 1987 yo me juntaba con un grupo de varones y una que
otra muchacha de la Universidad de San Carlos, y leíamos
nuestros textos (yo lo hacía por primera vez en grupo), la
opinión de aquel grupo era que lo que yo escribía no era
poesía, ni se le acercaba. No tuvieron miramientos para
decírmelo, y yo empecé a dudar, porque en ese tiempo cayeron
en mis manos poemarios de otros lugares del mundo que me
ayudaron a pensar que mis textos podían entrar en esa
categoría. Encontré muchas coincidencias entre mis textos de
los ochentas, y los de poetas rumanos, polacos y rusos. Fue
un gran descubrimiento para mi, leer a estos escritores en
traducción por supuesto, pero que me hacían analizar mis
textos desde otra perspectiva. Entonces creo que la frase o
imagen de la lengua pegada, también aplicaba a esa época, no
solo por lo que te cuento, sino porque el contexto político
también lo proponía, te lo exigía, eran tiempos de silencio,
de ausencias, de pérdidas.
GW: El humor, y más
precisamente la sátira, es central en la colección y
contrasta con el espacio académico en el que se ambientan
los poemas. ¿Cuál es la relación entre humor, poesía,
crítica y academia que trazan los poemas desde tu
perspectiva de autora?
AT: Sí, mis textos tienen una
intención satírica, estoy constantemente aludiendo a
espacios culturales que en el fondo causan cierta risa
irónica a quienes los leen. Esa serie de reseñas de la
segunda parte del libro, en el que de cada hombre conocido
es posible escribir una reseña, a la manera de un libro, es
ciertamente irónico. Sobre todo porque como el sujeto que
discurre es un sujeto pensante que ha ido cambiando,
transformándose dentro de la biblioteca, no tiene ya otra
opción sino la de ver cada capítulo amoroso real, exitoso o
no, como historia contenida en uno de los libros que está
leyendo. En ese espacio crítico que el sujeto se crea así
misma, el dolor de la pérdida, o del desamor, dejan de tener
la intensidad que le causarían en un contexto real, para
pasar a ser historia, resumen, reseña. Por eso no veo lo
satírico o irónico de los poemas, tan contrastado con lo
académico, porque dentro del mundo de la academia, hay
situaciones verdaderamente absurdas, incomprensibles sobre
todo en el discurso utilizado, para una población que quiere
acceder a leerla. Lo que hago en forma paródica en el caso
de las historias amorosas contadas en el libro, es hacer un
desplazamiento crítico, de forma irónica, hacia espacios que
son muy serios, o la inversa, desde espacios muy íntimos o
de condición popular, me desplazo hacia lo académico, por
ejemplo al pretender hacerle otra lectura a una anécdota
amorosa muy trivial y efímera, como si se tratara de una
cosa que la academia, considera muy seria y formal.
GW: Quería articular en la
pregunta anterior el tema de la crítica a la academia
norteamericana que veo con claridad en toda la colección. Es
interesante cómo integras ciertos planteos de identidad,
sobre todo genérica, con cuestiones de la relación amorosa y
la relación con lo profesional y la inserción en el sistema.
¿Cómo lo ves?¿Lo estás planteando desde el género a este
conflicto o no necesariamente?
AT: Tengo la impresión al
releer el poemario que la crítica a la academia en general
es mordaz. Y no necesariamente porque no me guste o me
sienta muy mal dentro de la academia, sino porque el sistema
dentro del cual nos movemos allí es de muchas maneras
injusto y a veces hasta absurdo. La academia norteamericana
es mucho menos rígida que la academia latinoamericana, en
sus propios espacios geográficos. El asunto del
desplazamiento caótico y carnavalizado se sucede cuando
trasladas una serie de maneras académicas de actuar,
procedentes de las periferias hacia el centro, o cuando
desde los centros, tratas de actuar, hablar y de reaccionar
como que estuvieras dentro de los ritos de las periferias.
Entonces hay un trastocamiento de los valores, de las
maneras de actuar, de la lengua o idioma, que me choca a
veces. Sin embargo este fenómeno es parte del hoy, de la
globalización, de los desplazamientos, etc. Y es cierto hay
una visión crítica, un tanto oblicua, cuando asocio
identidades con relaciones amorosas, porque es en esos
espacios híbridos que te describo de las academias, donde se
dan esos fenómenos culturales que son incomprensibles tanto
para los sujetos femeninos como para los masculinos.
En cuanto al fenómeno de la
inserción en el campo profesional, como mujer proveniente de
una periferia, la autocrítica es lacerante, porque hablamos
de un sujeto que viene de una periferia, con una formación
latinoamericana muy fuerte, que se debate entre varias
interrogantes que están en relación con la identidad que irá
perdiendo paulatinamente, si al final se asimila. Encuentro
que para mi yo lírico, una de las tablas de salvación está
en el poder que dan los saberes a los que tiene acceso y una
especie de anonimia dentro del sistema.
GW: En ese sentido, es muy
interesante lo que logras en este poemario ya que la lírica
femenina ha sido recluida muchas veces en el espacio
amoroso, dejándose de lado otros aspectos como la sátira
política. Sólo unas pocas poetas guatemaltecas de una
generación anterior como es el caso de Ana María Rodas han
abierto otro camino ¿Cómo te relacionas tú con esa nueva
línea y la generación de Rodas? Y luego, ¿cuál es el peso de
ser mujer en tu escritura, específicamente como poeta?
AT: Sí es cierto, cuando las
personas piensan en lo amoroso, piensan en la poesía escrita
por mujeres. Me parece que una buena parte de la poesía
guatemalteca de mujeres escrita dentro de la línea “política”,
en el sentido en que la poesía asume una posición política
desde la perspectiva de género, yo inmediatamente pienso en
la vertiente de poesía abierta por Ana María Rodas. A partir
que ella en su libro: Poemas de la izquierda erótica,
crea un sujeto femenino que habla abiertamente de su propia
sexualidad y de la de los otros, abre un nuevo espacio (para
mi político) discursivo en la poesía de mujeres. Es
indudable que queriéndolo o no, yo me inscribo como
continuadora de esa línea, pero no me siento de la misma
generación, porque Ana María y otros poetas ya han sido
ubicados en un periodo de la poesía guatemalteca que data de
fines de los sesenta e inicios de los setenta. Ellos
publican sus primeros libros a inicio de los setentas, en el
caso mío, el primer libro lo tengo preparado a fines de los
ochenta y se publica en 1990, aunque la escritura provenga
de toda la década anterior. Ellos (Marco Antonio Flores,
Luis de Lión, Enrique Noriega, Luis Eduardo Rivera y Ana
María Rodas) participaban en unas tertulias literarias que
los ayudaron a comentar, a polemizar sobre literatura,
cultura y política, que yo no tuve en ese momento. Mi
formación la hice yo hasta en los ochenta, ya adentro del
departamento de letras de la USAC, en Guatemala. Por eso no
me veo como parte de esa generación.
Respecto a tu pregunta del
peso como mujer en mi escritura. Me parece a la distancia
que ese hecho marca lo que escribo, pero no me determina
totalmente. Tengo la impresión que esa situación de nacer
mujer puede haber determinado a los grupos de mujeres
escritoras que nos precedieron. Por eso, el operativo
efectuado por Ana María es crucial, ya que a partir de que
ella habla de forma tan valiente e independiente, de su
propia sexualidad como mujer, a las nuevas escritoras ese
hecho nos marca, porque ya no hay vuelta atrás, ni debemos
enfrentar por primera vez a una sociedad tan sexista y
conservadora como la guatemalteca. Nosotras aparecemos en el
panorama de nuestra literatura abordando ya el tema de la
mujer como sujeto de su propio canto. Lo hacemos cada una a
su manera, usando o no, las estrategias utilizadas por Rodas
ya que no tuvimos la tarea de enfrentar discursivamente por
primera vez, a esa sociedad que sí ha determinado nuestro
papel en otros aspectos de la cultura. En nuestra poesía,
aparecen trabajados después de la primera publicación de
Rodas, otros aspectos que ella no trabaja tan abiertamente,
como lo son la ironía y el sarcasmo, llevados en algunos
casos a los excesos y a la desviación de los mitos clásicos,
como me sucede a mi en el segundo libro: Realidad más
extraña que el sueño (1994). Sin embargo creo que ser
mujer centroamericana, específicamente guatemalteca y ladina,
sí determina lo que escribo, porque es inevitable evadir un
destino, donde aspectos como la raza o el sexo siguen
pesando como una carga que llevas a donde vayas.
GW: Entonces, ¿Consideras
que Con la lengua.. es un texto feminista? Y si es
así ¿cómo definirías tu feminismo o el feminismo específico
de este texto?
AT:
Sí, considero que la
perspectiva del poemario es de corte feminista, sobre todo
porque posicionado el sujeto lírico desde un espacio mucho
menos periférico que el de otras mujeres de la periferia,
hay la oportunidad de cuestionar el discurso que nos
determina en las diferentes capas de la subordinación, y a
las que nos condena el sistema.Te podría decir que esta
mirada feminista, se hace desde el ojo de la que ha llegado
a las esferas donde se puede relacionar más abiertamente con
las taras de lo masculino, y desde ese mismo espacio
discursivo hablarles, ponerles trampas de comprensión,
usando un lenguaje similar, lleno de claves y giros, en
donde a veces no logran captar la ironía o el sarcasmo,
porque aparece como algo políticamente correcto, o como algo
que desean oír respecto a las relaciones amorosas o sexuales.
No sé, es lo que me parece luego que leo los textos hoy día.
Este libro tiene diálogos con Pezóculos (2001), con algunos
de esos textos narrativos, porque allí creo algunos sujetos
femeninos, que a distintos niveles han sido blanco de las
aberraciones del sistema. Personajes que desean salir de esa
subordinación y que están en el intento. Creo que este
poemario también hace eso, hay intentos de insubordinación
discursiva, usando claves masculinas, pero trastocándolas
con la fusión de un discurso femenino emplazante, una voz
subversiva que se cuela.
No digo que no haya contradicciones a nivel de género,
porque el sujeto que habla es el producto de años de
subordinación, y por eso pienso que intenta, aprende a
flotar, cuando alcanza cierto punto de lucidez provocado por
lo que lee. Me recuerdo que yo leía Los vigilantes de
Eltit en esos días, y me daba cuenta de que su personaje
tenía conciencia de que el lenguaje, la escritura, le daba
cierto poder, y que dejar de escribir le haría quedar
expuesta de nuevo al poder del otro. Me parece que mis
sujeto lírico está dialogando con esta idea de la escritora
chilena.
GW: Integras en esta
respuesta el hecho de que además eres narradora y crítica.
Has publicado varios libros de crítica, como Vocación de
herejes en 2002 y Rosa palpitante en 2005 (en co-autoría
con Juan F. Cifuentes), entre otros. Siendo crítica,
narradora y poeta, cómo te ubicarías a ti misma respecto de
tus coterráneos y contemporáneos?
AT: Es una pregunta difícil de
responder porque el trabajo crítico lo hago desde afuera,
desde donde me he formado o transformado como persona, más
bien. En ese sentido soy parte de los exiliados voluntarios
que buscando otros caminos para desarrollar una obra
creativa distinta, alcanzamos a desarrollar y practicar una
crítica (sobre nuestra propia literatura y cultura) del
distanciamiento. Yo salí culturalmente de Guatemala en 1995
y he regresado a vivir allá únicamente durante un año
durante estos 12 años, o sea mi abordamiento crítico es
distinto al de quienes hacen la crítica dentro del país.
Tiene que ser distinto, aunque yo no ceje de estudiar y
abordar aspectos guatemaltecos entre literatura, arte y
cultura. En suma podría decirte que ver desde afuera estos
fenómenos tiene una serie de desventajas, porque mi crítica
adolece de ciertos matices, que te los da únicamente el
contacto directo con la cultura de la que hablás. Pero
supongo que si estuviera dentro del país, lo que escribiera
adolecería de tiempo para hacerlo, porque tendría que
preocuparme mucho más por mi supervivencia.
En cuanto al trabajo creativo,
supongo que me asumen como parte de una literatura que se
hace principalmente en el exterior, aunque no sea totalmente
así, porque había escrito y publicado varios libros antes de
salir para Estados Unidos a inicios de 1995.
GW: Te agradezco, Aída,
este espacio de intercambio y aprovecho para felicitarte por
el poemario. ¡Muchos éxitos!
