México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2007 I Año 2 I Número 7

 









Guillermina Walas . Profesora en la Universidad de Eastern Washington, Estados Unidos. Originaria de Tres Arroyos, Argentina, siguió la licenciatura y profesorado en Letras en la Universidad Nacional de Mar del Plata, de donde se graduó en 1994. Luego emigró a los Estados Unidos y recibió su doctorado en 1999 de la Universidad de Pittsburgh. Como crítica literaria ha publicado Entre dos Américas. Narrativas de Latinas en los ’90s (Lanham: University Press of America, 2000), y numerosos ensayos sobre mujeres, autobiografía, testimonio, literatura de migración y exilio y la búsqueda de identidad en Latinoamérica. Como poeta, su escritura ha salido a la luz recientemente con su primer libro Fecundiciclos (Scott Depot, WV: Obsidiana Press, 2005), aunque es una actividad que desarrolla desde su niñez. Algunos de sus poemas aparecieron en la revista electrónica Tatuana (de la Universidad de Alabama) en 2005, y en 2006 en Paradoja. Revista de Poesía (número 9 y 11), así como en la antología española del concurso Flores Nuevas.

 

Galardonada con el premio único en la categoría de poesía del “66 Certamen de Juegos Florales de Quetzaltenango” (2003), la colección Con la lengua pegada al paladar de Aída Toledo aparece publicada en forma independiente en 2006 y en este formato se presenta aún más reveladora de su carácter transgresivo, ya desde sus epígrafes cuidadosamente recortados hasta su opción por un lenguaje directo, casi conversacional y todavía así profunda y complejamente poético. Toledo es una reconocida escritora guatemalteca que obtuvo su doctorado en literatura hispanoamericana de la Universidad de Pittsburgh y reside actualmente en Tuscaloosa, Alabama, donde es profesora de la Universidad de Alabama. He aquí una conversación sobre su último poemario.
 

GW:  Escribiste los poemas de Con la lengua pegada al paladar desde Pittsburgh y Alabama, ¿verdad?¿Consideras que éste es un “texto del exilio”?
 

AT: Escribí la mayoría de los textos en Pittsburgh. La idea de la biblioteca como un lugar de acogimiento para mi, era muy importante. La primera versión de Con la lengua, la terminé en Pittsburgh, sin embargo me fui a Alabama con este libro que yo creía terminado, y no lo estaba, ya que cuando llegué allá, con el shock de lo que el sur significaba para mi, como espacio físico, pero también como espacio cultural, me hizo escribir algunos otros textos, como “Mississipi round trip”. En realidad el libro no creció tanto en tamaño por los nuevos textos, pero sí en cuanto al sentimiento de exilio, del que hablás. En Alabama se me ha acentuado mucho más mi identidad latinoamericana, y mucho más la guatemalteca, suelo usar en los textos frases que solo usaría un guatemalteco en medio de su comunidad. La idea de estar afuera y desde ese espacio foráneo poder ver a los otros como un “otro”, le dio a los textos ese toque, que yo no identificaba, pero que sí existe.
 

GW: La imagen de la lengua pegada al paladar te conecta con Nicanor Parra, pero también está enraizada en   tu poesía anterior. ¿Cómo explicarías estas relaciones? En otras palabras, ¿en qué sentido se emparenta esta colección con las anteriores y sobre todo con tu primera imagen de “batallar el silencio”?
 

AT: La conexión con Parra es una cuestión obsesiva. Diría que encuentro en algunas frases de este escritor, frases que yo hubiera dicho o pensado. No sé si esto tenga que ver con el mundo al revés, o la percepción de ese mundo. Las estructuras que Parra usa son muy complejas, aunque parezcan simples, pero principalmente están aludiendo constantemente al absurdo de todo, de la vida, de las actitudes del ser humano, etc. En ese sentido veo conexiones con la frase (la lengua pegada al paladar), que me parece perfecta como metáfora del mundo de las mujeres, en donde no importando el nivel de escolaridad, estás de alguna manera supeditada a callar, para no quedar mal, para no sentirte culpable, para no decir una pendejada y quedar en ridículo, o porque simple y sencillamente es también una manera opuesta de enfrentarte a lo masculino, que suele tener explicación para todo. Como vos muy bien me hacés ver, estas relaciones tienen vínculos con los poemas de Brutal batalla de silencios, donde ya la imagen existe, y en ese momento yo no había leído a Parra, y menos había caído en esa línea que ahora es el título de mi libro. Por eso pensando en lo que me preguntás, la imagen de la lengua pegada, como una imposibilidad para decir lo que se quiere decir, es importante, sigue siendo una metáfora del silencio a que nos forzamos algunos. Supongo que esta imposibilidad de decir viene también relacionada con no poder articular un discurso que parezca coherente, en el sentido en que está estructurado el lenguaje cotidiano, pero principalmente el lenguaje académico, donde he tenido que bregar estos últimos diez años. Mi primer poemario es parte de un conjunto de poemas escritos en los ochenta a inicios. Hacia 1987 yo me juntaba con un grupo de varones y una que otra muchacha de la Universidad de San Carlos, y leíamos nuestros textos (yo lo hacía por primera vez en grupo), la opinión de aquel grupo era que lo que yo escribía no era poesía, ni se le acercaba. No tuvieron miramientos para decírmelo, y yo empecé a dudar, porque en ese tiempo cayeron en mis manos poemarios de otros lugares del mundo que me ayudaron a pensar que mis textos podían entrar en esa categoría. Encontré muchas coincidencias entre mis textos de los ochentas, y los de poetas rumanos, polacos y rusos. Fue un gran descubrimiento para mi, leer a estos escritores en traducción por supuesto, pero que me hacían analizar mis textos desde otra perspectiva. Entonces creo que la frase o imagen de la lengua pegada, también aplicaba a esa época, no solo por lo que te cuento, sino porque el contexto político también lo proponía, te lo exigía, eran tiempos de silencio, de ausencias, de pérdidas.
 

GW: El humor, y más precisamente la sátira, es central en la colección y contrasta con el espacio académico en el que se ambientan los poemas. ¿Cuál es la relación entre humor, poesía, crítica y academia que trazan los poemas desde tu perspectiva de autora?
 

AT: Sí, mis textos tienen una intención satírica, estoy constantemente aludiendo a espacios culturales que en el fondo causan cierta risa irónica a quienes los leen. Esa serie de reseñas de la segunda parte del libro, en el que de cada hombre conocido es posible escribir una reseña, a la manera de un libro, es ciertamente irónico. Sobre todo porque como el sujeto que discurre es un sujeto pensante que ha ido cambiando, transformándose dentro de la biblioteca, no tiene ya otra opción sino la de ver cada capítulo amoroso real, exitoso o no, como historia contenida en uno de los libros que está leyendo. En ese espacio crítico que el sujeto se crea así misma, el dolor de la pérdida, o del desamor, dejan de tener la intensidad que le causarían en un contexto real, para pasar a ser historia, resumen, reseña. Por eso no veo lo satírico o irónico de los poemas, tan contrastado con lo académico, porque dentro del mundo de la academia, hay situaciones verdaderamente absurdas, incomprensibles sobre todo en el discurso utilizado, para una población que quiere acceder a leerla. Lo que hago en forma paródica en el caso de las historias amorosas contadas en el libro, es hacer un desplazamiento crítico, de forma irónica, hacia espacios que son muy serios, o la inversa, desde espacios muy íntimos o de condición popular, me desplazo hacia lo académico, por ejemplo al pretender hacerle otra lectura a una anécdota amorosa muy trivial y efímera, como si se tratara de una cosa que la academia, considera muy seria y formal.
 

GW: Quería articular en la pregunta anterior el tema de la crítica a la academia norteamericana que veo con claridad en toda la colección. Es interesante cómo integras ciertos planteos de identidad, sobre todo genérica, con cuestiones de la relación amorosa y la relación con lo profesional y la inserción en el sistema. ¿Cómo lo ves?¿Lo estás planteando desde el género a este conflicto o no necesariamente?

 

AT: Tengo la impresión al releer el poemario que la crítica a la academia en general es mordaz. Y no necesariamente porque no me guste o me sienta muy mal dentro de la academia, sino porque el sistema dentro del cual nos movemos allí es de muchas maneras injusto y a veces hasta absurdo. La academia norteamericana es mucho menos rígida que la academia latinoamericana, en sus propios espacios geográficos. El asunto del desplazamiento caótico y carnavalizado se sucede cuando trasladas una serie de maneras académicas de actuar, procedentes de las periferias hacia el centro, o cuando desde los centros, tratas de actuar, hablar y de reaccionar como que estuvieras dentro de los ritos de las periferias. Entonces hay un trastocamiento de los valores, de las maneras de actuar, de la lengua o idioma, que me choca a veces. Sin embargo este fenómeno es parte del hoy, de la globalización, de los desplazamientos, etc. Y es cierto hay una visión crítica, un tanto oblicua, cuando asocio identidades con relaciones amorosas, porque es en esos espacios híbridos que te describo de las academias, donde se dan esos fenómenos culturales que son incomprensibles tanto para los sujetos femeninos como para los masculinos.

En cuanto al fenómeno de la inserción en el campo profesional, como mujer proveniente de una periferia, la autocrítica es lacerante, porque hablamos de un sujeto que viene de una periferia, con una formación latinoamericana muy fuerte, que se debate entre varias interrogantes que están en relación con la identidad que irá perdiendo paulatinamente, si al final se asimila. Encuentro que para mi yo lírico, una de las tablas de salvación está en el poder que dan los saberes a los que tiene acceso y una especie de anonimia dentro del sistema.
 

GW: En ese sentido, es muy interesante lo que logras en este poemario ya que la lírica femenina ha sido recluida muchas veces en el espacio amoroso, dejándose de lado otros aspectos como la sátira política. Sólo unas pocas poetas guatemaltecas de una generación anterior como es el caso de Ana María Rodas han abierto otro camino ¿Cómo te relacionas tú con esa nueva línea y la generación de Rodas? Y luego, ¿cuál es el peso de ser mujer en tu escritura, específicamente como poeta?

 

AT: Sí es cierto, cuando las personas piensan en lo amoroso, piensan en la poesía escrita por mujeres. Me parece que una buena parte de la poesía guatemalteca de mujeres escrita dentro de la línea “política”, en el sentido en que la poesía asume una posición política desde la perspectiva de género, yo inmediatamente pienso en la vertiente de poesía abierta por Ana María Rodas. A partir que ella en su libro: Poemas de la izquierda erótica, crea un sujeto femenino que habla abiertamente de su propia sexualidad y de la de los otros, abre un nuevo espacio (para mi político) discursivo en la poesía de mujeres. Es indudable que queriéndolo o no, yo me inscribo como continuadora de esa línea, pero no me siento de la misma generación, porque Ana María y otros poetas ya han sido ubicados en un periodo de la poesía guatemalteca que data de fines de los sesenta e inicios de los setenta. Ellos publican sus primeros libros a inicio de los setentas, en el caso mío, el primer libro lo tengo preparado a fines de los ochenta y se publica en 1990, aunque la escritura provenga de toda la década anterior. Ellos (Marco Antonio Flores, Luis de Lión, Enrique Noriega, Luis Eduardo Rivera y Ana María Rodas) participaban en unas tertulias literarias que los ayudaron a comentar, a polemizar sobre literatura, cultura y política, que yo no tuve en ese momento. Mi formación la hice yo hasta en los ochenta, ya adentro del departamento de letras de la USAC, en Guatemala. Por eso no me veo como parte de esa generación.

Respecto a tu pregunta del peso como mujer en mi escritura. Me parece a la distancia que ese hecho marca lo que escribo, pero no me determina totalmente. Tengo la impresión que esa situación de nacer mujer puede haber determinado a los grupos de mujeres escritoras que nos precedieron. Por eso, el operativo efectuado por Ana María es crucial, ya que a partir de que ella habla de forma tan valiente e independiente, de su propia sexualidad como mujer, a las nuevas escritoras ese hecho nos marca, porque ya no hay vuelta atrás, ni debemos enfrentar por primera vez a una sociedad tan sexista y conservadora como la guatemalteca. Nosotras aparecemos en el panorama de nuestra literatura abordando ya el tema de la mujer como sujeto de su propio canto. Lo hacemos cada una a su manera, usando o no, las estrategias utilizadas por Rodas ya que no tuvimos la tarea de enfrentar discursivamente por primera vez, a esa sociedad que sí ha determinado nuestro papel en otros aspectos de la cultura. En nuestra poesía, aparecen trabajados después de la primera publicación de Rodas, otros aspectos que ella no trabaja tan abiertamente, como lo son la ironía y el sarcasmo, llevados en algunos casos a los excesos y a la desviación de los mitos clásicos, como me sucede a mi en el segundo libro: Realidad más extraña que el sueño (1994). Sin embargo creo que ser mujer centroamericana, específicamente guatemalteca y ladina, sí determina lo que escribo, porque es inevitable evadir un destino, donde aspectos como la raza o el sexo siguen pesando como una carga que llevas a donde vayas.

 

GW: Entonces, ¿Consideras que Con la lengua.. es un texto feminista? Y si es así ¿cómo definirías tu feminismo o el feminismo específico de este texto?
 

AT: Sí, considero que la perspectiva del poemario es de corte feminista, sobre todo porque posicionado el sujeto lírico desde un espacio mucho menos periférico que el de otras mujeres de la periferia, hay la oportunidad de cuestionar el discurso que nos determina en las diferentes capas de la subordinación, y a las que nos condena el sistema.Te podría decir que esta mirada feminista, se hace desde el ojo de la que ha llegado a las esferas donde se puede relacionar más abiertamente con las taras de lo masculino, y desde ese mismo espacio discursivo hablarles, ponerles trampas de comprensión, usando un lenguaje similar, lleno de claves y giros, en donde a veces no logran captar la ironía o el sarcasmo, porque aparece como algo políticamente correcto, o como algo que desean oír respecto a las relaciones amorosas o sexuales. No sé, es lo que me parece luego que leo los textos hoy día. Este libro tiene diálogos con Pezóculos (2001), con algunos de esos textos narrativos, porque allí creo algunos sujetos femeninos, que a distintos niveles han sido blanco de las aberraciones del sistema. Personajes que desean salir de esa subordinación y que están en el intento. Creo que este poemario también hace eso, hay intentos de insubordinación discursiva, usando claves masculinas, pero trastocándolas con la fusión de un discurso femenino emplazante, una voz subversiva que se cuela.
No digo que no haya contradicciones a nivel de género, porque el sujeto que habla es el producto de años de subordinación, y por eso pienso que intenta, aprende a flotar, cuando alcanza cierto punto de lucidez provocado por lo que lee. Me recuerdo que yo leía Los vigilantes de Eltit en esos días, y me daba cuenta de que su personaje tenía conciencia de que el lenguaje, la escritura, le daba cierto poder, y que dejar de escribir le haría quedar expuesta de nuevo al poder del otro. Me parece que mis sujeto lírico está dialogando con esta idea de la escritora chilena.

 

GW: Integras en esta respuesta el hecho de que además eres narradora y crítica. Has publicado varios libros de crítica, como Vocación de herejes en 2002 y Rosa palpitante en 2005 (en co-autoría con Juan F. Cifuentes), entre otros. Siendo crítica, narradora y poeta, cómo te ubicarías a ti misma respecto de tus coterráneos y contemporáneos?

 

AT: Es una pregunta difícil de responder porque el trabajo crítico lo hago desde afuera, desde donde me he formado o transformado como persona, más bien. En ese sentido soy parte de los exiliados voluntarios que buscando otros caminos para desarrollar una obra creativa distinta, alcanzamos a desarrollar y practicar una crítica (sobre nuestra propia literatura y cultura) del distanciamiento. Yo salí culturalmente de Guatemala en 1995 y he regresado a vivir allá únicamente durante un año durante estos 12 años, o sea mi abordamiento crítico es distinto al de quienes hacen la crítica dentro del país. Tiene que ser distinto, aunque yo no ceje de estudiar y abordar aspectos guatemaltecos entre literatura, arte y cultura. En suma podría decirte que ver desde afuera estos fenómenos tiene una serie de desventajas, porque mi crítica adolece de ciertos matices, que te los da únicamente el contacto directo con la cultura de la que hablás. Pero supongo que si estuviera dentro del país, lo que escribiera adolecería de tiempo para hacerlo, porque tendría que preocuparme mucho más por mi supervivencia.

En cuanto al trabajo creativo, supongo que me asumen como parte de una literatura que se hace principalmente en el exterior, aunque no sea totalmente así, porque había escrito y publicado varios libros antes de salir para Estados Unidos a inicios de 1995.
 

GW: Te agradezco, Aída, este espacio de intercambio y aprovecho para felicitarte por el poemario. ¡Muchos éxitos!

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