México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2007 I Año 2 I Número 7

 









Luis Amézaga. Nacido en el año 1965 en la ciudad de Vitoria. Se considero un escritor con vocación y lector profesional. Cuenta con varias participaciones en antologías poéticas de editoriales españolas y latinoamericanas. Ha participado en la antología de relatos Narrativa contemporánea española. Y en 60 Autores, 60 relatos de la editorial Beta. También colaboro con revistas literarias en papel como Nitecuento (Barcelona), Resonancias (Suiza) La Nuez (México)”, Los Papeles de la Manscupia (México) La Bolsa de Pipas (Palma de Mallorca), Cuadernos de Poesía Telira, Zuer Arte de Bilbao. Colaboró en el último número de la publicación Luces y Sombras de la Fundación María del Villar Berruezo. Así mismo impulso con diferentes colaboraciones el proyecto de la nueva revista El generador. Colabora en el ambicioso proyecto de poesía y arte de Amilamia (Vitoria) y  distintas revistas y periódicos virtuales como Luke, y dirije la revista El Verso que Viene. SigloXXI. Así como la publicación del blog literario El poeta mirón Ha recibido un accésit en el premio de poesía Mizares. Su último poemario publicado en solitario fue El caos de la impresión en la editorial madrileña Simar del grupo Vitruvio.  Está en vías de publicar con la editorial Baile del sol, la obra A pesar de todo.

Milagrosa

 

El amor sentimental es depósito de un tesoro de baratijas

repleto de verdades a medias

y mentiras aceptadas.

Cualquier cosa se perdona cuando los años

actúan como capas superpuestas

en fracasos y utopías venidas a menos

bajo el dicho de…

Agua que corre

es agua que sabe de dónde viene

mas no comprende cuál es su destino.

Hasta el feo se recrea en la deformidad del líquido espejo

aguardando que surja una sirena enamorada

de su alma corales.


Vital

Con el pelo enmarañado

y las arrugas como señal de identidad

dobla la espalda el campesino

poniendo en paralelo su cuerpo

con el cuerpo que lo acogió al nacer.

Gotas del sudor benigno

forman rosetones negros sobre la tierra seca.

Toma entre las manos un anónimo terrón

y lo convierte en polvo

depositándolo en cientos de sepulcros sin lápida.

El hombre observa a su compañera de trabajos

y musita: - ¡Qué frágiles son nuestras apariencias.



Silenciosa

 

La sangre que fluye por las venas

dando combustible a mi vigilia

mejor estaría desparramada por este impávido suelo,

acercándose a las patas de las sillas,

reflejándose ante el largo espejo,

rodeando las camas, las cosas mudas,

y gritar con el dolor de lo inerte

en la habitación de hotel, repleta de historias sin Historia.

Mejor lejos de aquí

comiendo tierra de la Tierra.

Pero a la primera caricia tostada

que se cuela entre los visillos

y roza su hombro sin atreverse a despertarla,

dicen adiós los temores.

Suenan cantos gregorianos

en un punto del dial

como el eco de un claustro de fantasmas encapuchados,

y con ellos huye la tragedia.

Gracias sobre todo a ella

que palpita dentro del cuerpo de una mujer,

cuerpo dormido, ¿por un momento eterno?

entre ronquido y ronquido, ¿palabras de los sueños?

Se despereza, se mueve,

sin ser consciente aún de la vida.

Alarga una mano en mi busca,

hoy es otro día y he podido tomársela entre las mías.

Seguimos vivos

y ella nunca imaginará lo cerca que pasó la tristeza.

 

destiempos.com  I  Año 2 I  Número 7 I  2007 ©

volver al índice  

 

 

Copyright 2006-2007- destiempos.com - All Rights Reserved