Ronald
Castillo Florián:
Nació en
Cañete-Lima, Perú el 26 de marzo de 1979, estudió
Literatura en la universidad San Luis Gonzaga de
Ica, Filosofía en ISET Juan XXIII y Teología en
Brasil.Cursa estudios de Maestría en la UNE Enrique
Guzmán y Valle en la mención: Didáctica de la
comunicación. Tiene tres poemarios inéditos, dos
novelas y varios cuentos. Editor con al poeta
Leoncio Luque de la revista virtual y física
Trombosis literaria.

CLARO, LE DIGO SIN
TITUBEAR, claro que sí, le vuelvo a decir… mientras
callo las ganas terribles de gritarle que me está jodiendo
la vida, que a partir de este momento ya no será igual mi
circunstancias, pero ahí estoy yo, todo jodido, todo huevas,
todo hipócrita aceptando lo que viene y sin hacer reproches,
algo así como un tontito apasionado que ante el adiós de la
amada sólo le queda respirar y mirar como se aleja aquella
silueta que algún día amó. Sí pues, me repito y le repito,
así tiene que ser, no me queda otra, y por dentro me quema
las entrañas, por dentro la impaciencia me adormece, me
congela, ¡por supuesto! digo enfático como convenciéndome de
aquellas palabras, que bien sé, no me gustan nada.
Al terminar su
argumento mi madre se alejó, no sé qué hacer, me dijo:
tienes que aceptar hijo, así es la vida, así sucede; yo como
siempre lo acepto, lo acepto, así tengo que repetirme varias
veces para que esas palabras se hagan parte de mí, para que
no hagan escollos en mi vida ni la deje en escombros, pero…
¡Carajo! Cómo se puede aceptar algo que sabes no es verdad,
y cómo voy a vivir con esa falsedad en mi vida... Así es
hijo, solo nos queda aceptar, es el destino; ahí estaban las
palabras de mi madre ante esta circunstancia, ahí resonando
como eco que nunca acaba o como un maldito pájaro que canta
cuando quieres dormir y que impacienta tu tranquilidad, sí,
esas palabras: aceptar, asentir, hacerlo parte de ti... pero
simplemente no puedo, no, no puedo, no quiero hacerlo…
Mi madre está
empeñada en que asuma la realidad como tal. Pero yo sé que
es una pesadilla, que en cualquier momento voy a despertar y
cuando lo haga reiré, sí, reiré mucho, y entonces diré, ¡carambas!
¡qué real parecía ese sueño, casi casi me mata del susto!,
sí, voy a esperar que amanezca, que el sol empiece a salir y
que mi cuerpo ya descansado, despierte, es ahí donde diré, ¡uf!
¡cómo me asustó ese sueño!, ¡fue tan real!; y ya despierto
lo plasmaré en un cuaderno viejo que me acompaña desde hace
mucho tiempo, es algo así como un diario, aunque ya dejó de
tener ese título porque solo escribo en él cuando algo fuera
de lo común me ha sucedido. Mientras seguiré viviendo este
sueño, que de lo real que parece hasta miedo me da, por eso
voy a vivirlo bien para así tener algo interesante que
escribir, y poder enviarlo a algunos amigos, muchos ya me
han dicho que tengo eso que se llama pasta de escritor pero
yo no lo creo, soy solamente un pobre aficionado, aunque
sueño que publico algún libro y que es reconocido, pero no
deja de ser un sueño, así como éste que estoy viviendo ahora.
Mientras asimilo
esta noticia, voy a leer un momento, ¿qué leer?, las
palabras desgarradoras aún me acompañan, trataré, trataré de
leer poesía, algo que vaya acorde con lo que siento. Pero
que será bueno, qué será; ya sé, leeré una vez más los
poemas de Vallejo, aquellos poemas que ya me conozco de
memoria, y que cuando tengo alguna situación límite los
recito como si fuesen míos, percibiendo el sentimiento que
acompañó al poeta cuando plasmó en un papel efímero sus
palabras cargadas de mucho contenido.
Pero cómo duele,
cómo impacienta, qué debo hacer, el sueño dura mucho...
¡Alguien está
tocando a mi puerta!, ¡alguien me viene a visitar!, quién
será. Mi mamá siempre entra a mi cuarto sin tocar, esa manía
que tienen las mamás de sentirse dueña de los hijos, cuando
te miran en calzoncillos y les dices algo te salen con el
argumento: yo te parí y sé como eres; pero la puerta sigue
emitiendo ese extraño ruido de permiso para entrar, sonido
que nunca escuché porque siempre fue abierta sin tomar en
cuenta que soy un hombre que ama su privacidad, pero ahí
está, ahí sigue sonando y sonando: quedo mudo, no sé qué
hablar, esta experiencia es nueva, hasta que al fin digo,
entra, no tienes necesidad de tocar, en verdad nadie lo
tiene, me repito en voz baja, en verdad nadie lo nadie tiene
porque esa puerta no existe. Empieza a abrirse ese pedazo de
madera que nunca me defendió de los invasores, despacio,
poco a poco… y aparece ella, pero ella no es mi madre, ella
no es nadie -lo es todo- , ahí está ella, brillando como el
sol, cierro los ojos porque resplandece hermosamente. Lucia
ha llegado, ha venido a verme, pero, ¿Lucia? vuelvo a
decirme, ella nunca ha venido a mi casa, las veces que traté
de hablar con ella siempre me echó los perros, siempre ha
pensado que soy una marciano, un tipo ajeno de mirada
esquiva que no tiene sentimientos ni mucho menos amigos, que
sólo se dedica a leer y a leer, que está perdido en el
espacio sin tener consideración de nadie, en pocas palabras
o mejor dicho en sus palabras un lunático que no vive.
¡Lucía!... cierro
los ojos, vuelvo a abrirlos. Otro sueño, un sueño sobre en
otro sueño... ¡no puede ser! ¿cómo puede ser? a veces la
mente nos hace esas jugadas.
Ella se aproxima
de a poco, en su mirada tiene un sentimiento de culpa, de
pena, de lástima, de... ¿por qué me miras así? Puedo
sentarme me dice, y yo la sigo observando impávido
creyéndome loco porque ahora el espejismo me dialoga, me
dirige la palabra como si siempre me hubiese hablado. Sí, sí
puedes; y ahí está ella, mirándome de nuevo, la sigo con la
mirada y no puedo balbucir ninguna frase, pero… está
llorando, tiene lágrimas, qué le sucede, seguro tiene algún
problema y ha venido a contármelo, seguro no tiene nadie
quien la escuche y se recordó de mí. ¡Lucia, Lucia! le digo,
pero ella no me escucha, o no quiere hacerlo, no lo sé,
aunque no me sorprende porque nunca me quiso hablar. Sentada
al borde de mi cama me toma de las manos, me hace caricias,
y yo sin entenderlo, qué le he hecho, o qué le ha sucedido,
por qué así de pronto cambia de idea, por qué de pronto así
por así viene me habla me toma de las manos me hace caricias,
sigo mudo, tonto, alucinado, tal sorpresa me deja cojudo, y
las lágrimas le siguen brotando, sus bellos ojos, esos que
siempre amé, me miran ahora con lástima y dulzura, por qué
antes no te lo dije, decirme qué Lucía, -pienso-, decirme
qué, -todo eso lo digo en mi mente porque su presencia me
deja atónito-, decirme qué, y ella sigue diciendo, por qué
no te lo dije, por qué no te correspondí, yo también te
quiero mucho, también te quiero mucho; también me quiere
mucho, abro los ojos con sorpresa, y la mudez se vuelve
apoderar de mí, esta vez la garganta se me cierra, por qué
no te lo dije, insiste ella, te veo ahí en tu cama y siento
que el corazón me va a explotar por no haberte echo
participe de mí vida... Por qué no te lo dije, ella repite
esas palabras y yo no sé qué decir, bendita la hora que no
puedo hablar, bendita la hora que esta timidez me gobierna,
justo ahora que ella me está diciendo que me quiere… ¡un
momento! por qué ella ha venido a decirme esto, por qué ella
está aquí, por qué ella me confiesa su cariño, este sueño ya
no me gusta nada, y por qué no puedo hablarle, por qué tanta
mudez... ¿qué es esto?... una lágrima me brota, la recoge y
lo lleva a su corazón, como diciéndome que todo lo mío es
sagrado para ella, pero qué tengo, qué me ha pasado, me
quiero mover y no lo puedo hacer, qué me sucede... y el
recuerdo viene a mí. Estaba en un auto, estaba viajando… y
de pronto despierto aquí con mi madre a mi lado diciéndome
frases que no entendía pero que aceptaba irónicamente porque
a ella tampoco le podía hablar... sí, estoy aquí, en mi cama
sin poderme mover, atado a una máquina que me hace respirar,
atado a un cuerpo que ahora no es mío y si es mío ya no me
quiere obedecer, y ahí esta ella a mi lado llorando el nunca
haber aceptado mi corazón por mi forma de ser, bueno no la
culpo, yo también fui un cretino, un maldito elitista, un
misántropo, ahí está ella... diciéndome que me quiere y aquí
estoy yo, sin moverme, viviendo gracias a una máquina y como
una máquina. Ahora que la he escuchado y que me ha dado un
beso siento que mi vida está completa, pues ella me quiere;
es lo único que quiero saber... así que con dolor de mi
corazón, hoy elijo morir, sí, me voy a morir... adiós Lucia,
adiós madre, aunque no me escuchen… adiós, muero porque soy
feliz, porque soy libre, porque voy a vivir...