México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2007 I Año 2 I Número 7

 








 

Ronald Castillo Florián: Nació en Cañete-Lima, Perú el 26 de marzo de 1979, estudió Literatura en la universidad San Luis Gonzaga de Ica, Filosofía en ISET Juan XXIII y Teología en Brasil.Cursa estudios de Maestría en la UNE Enrique Guzmán y Valle en la mención: Didáctica de la comunicación. Tiene tres poemarios inéditos, dos novelas y varios cuentos. Editor con al poeta Leoncio Luque de la revista virtual y física Trombosis literaria.


 

CLARO, LE DIGO SIN TITUBEAR, claro que sí, le vuelvo a decir… mientras callo las ganas terribles de gritarle que me está jodiendo la vida, que a partir de este momento ya no será igual mi circunstancias, pero ahí estoy yo, todo jodido, todo huevas, todo hipócrita aceptando lo que viene y sin hacer reproches, algo así como un tontito apasionado que ante el adiós de la amada sólo le queda respirar y mirar como se aleja aquella silueta que algún día amó. Sí pues, me repito y le repito, así tiene que ser, no me queda otra, y por dentro me quema las entrañas, por dentro la impaciencia me adormece, me congela, ¡por supuesto! digo enfático como convenciéndome de aquellas palabras, que bien sé, no me gustan nada.

Al terminar su argumento mi madre se alejó, no sé qué hacer, me dijo: tienes que aceptar hijo, así es la vida, así sucede; yo como siempre lo acepto, lo acepto, así tengo que repetirme varias veces para que esas palabras se hagan parte de mí, para que no hagan escollos en mi vida ni la deje en escombros, pero… ¡Carajo! Cómo se puede aceptar algo que sabes no es verdad, y cómo voy a vivir con esa falsedad en mi vida... Así es hijo, solo nos queda aceptar, es el destino; ahí estaban las palabras de mi madre ante esta circunstancia, ahí resonando como eco que nunca acaba o como un maldito pájaro que canta cuando quieres dormir y que impacienta tu tranquilidad, sí, esas palabras: aceptar, asentir, hacerlo parte de ti... pero simplemente no puedo, no, no puedo, no quiero hacerlo…
 

Mi madre está empeñada en que asuma la realidad como tal. Pero yo sé que es una pesadilla, que en cualquier momento voy a despertar y cuando lo haga reiré, sí, reiré mucho, y entonces diré, ¡carambas! ¡qué real parecía ese sueño, casi casi me mata del susto!, sí, voy a esperar que amanezca, que el sol empiece a salir y que mi cuerpo ya descansado, despierte, es ahí donde diré, ¡uf! ¡cómo me asustó ese sueño!, ¡fue tan real!; y ya despierto lo plasmaré en un cuaderno viejo que me acompaña desde hace mucho tiempo, es algo así como un diario, aunque ya dejó de tener ese título porque solo escribo en él cuando algo fuera de lo común me ha sucedido. Mientras seguiré viviendo este sueño, que de lo real que parece hasta miedo me da, por eso voy a vivirlo bien para así tener algo interesante que escribir, y poder enviarlo a algunos amigos, muchos ya me han dicho que tengo eso que se llama pasta de escritor pero yo no lo creo, soy solamente un pobre aficionado, aunque sueño que publico algún libro y que es reconocido, pero no deja de ser un sueño, así como éste que estoy viviendo ahora.
 

Mientras asimilo esta noticia, voy a leer un momento, ¿qué leer?, las palabras desgarradoras aún me acompañan, trataré, trataré de leer poesía, algo que vaya acorde con lo que siento. Pero que será bueno, qué será; ya sé, leeré una vez más los poemas de Vallejo, aquellos poemas que ya me conozco de memoria, y que cuando tengo alguna situación límite los recito como si fuesen míos, percibiendo el sentimiento que acompañó al poeta cuando plasmó en un papel efímero sus palabras cargadas de mucho contenido.

Pero cómo duele, cómo impacienta, qué debo hacer, el sueño dura mucho...

¡Alguien está tocando a mi puerta!, ¡alguien me viene a visitar!, quién será. Mi mamá siempre entra a mi cuarto sin tocar, esa manía que tienen las mamás de sentirse dueña de los hijos, cuando te miran en calzoncillos y les dices algo te salen con el argumento: yo te parí y sé como eres; pero la puerta sigue emitiendo ese extraño ruido de permiso para entrar, sonido que nunca escuché porque siempre fue abierta sin tomar en cuenta que soy un hombre que ama su privacidad, pero ahí está, ahí sigue sonando y sonando: quedo mudo, no sé qué hablar, esta experiencia es nueva, hasta que al fin digo, entra, no tienes necesidad de tocar, en verdad nadie lo tiene, me repito en voz baja, en verdad nadie lo nadie tiene porque esa puerta no existe. Empieza a abrirse ese pedazo de madera que nunca me defendió de los invasores, despacio, poco a poco… y aparece ella, pero ella no es mi madre, ella no es nadie -lo es todo- , ahí está ella, brillando como el sol, cierro los ojos porque resplandece hermosamente. Lucia ha llegado, ha venido a verme, pero, ¿Lucia? vuelvo a decirme, ella nunca ha venido a mi casa, las veces que traté de hablar con ella siempre me echó los perros, siempre ha pensado que soy una marciano, un tipo ajeno de mirada esquiva que no tiene sentimientos ni mucho menos amigos, que sólo se dedica a leer y a leer, que está perdido en el espacio sin tener consideración de nadie, en pocas palabras o mejor dicho en sus palabras un lunático que no vive.

¡Lucía!... cierro los ojos, vuelvo a abrirlos. Otro sueño, un sueño sobre en otro sueño... ¡no puede ser! ¿cómo puede ser? a veces la mente nos hace esas jugadas.

Ella se aproxima de a poco, en su mirada tiene un sentimiento de culpa, de pena, de lástima, de... ¿por qué me miras así? Puedo sentarme me dice, y yo la sigo observando impávido creyéndome loco porque ahora el espejismo me dialoga, me dirige la palabra como si siempre me hubiese hablado. Sí, sí puedes; y ahí está ella, mirándome de nuevo, la sigo con la mirada y no puedo balbucir ninguna frase, pero… está llorando, tiene lágrimas, qué le sucede, seguro tiene algún problema y ha venido a contármelo, seguro no tiene nadie quien la escuche y se recordó de mí. ¡Lucia, Lucia! le digo, pero ella no me escucha, o no quiere hacerlo, no lo sé, aunque no me sorprende porque nunca me quiso hablar. Sentada al borde de mi cama me toma de las manos, me hace caricias, y yo sin entenderlo, qué le he hecho, o qué le ha sucedido, por qué así de pronto cambia de idea, por qué de pronto así por así viene me habla me toma de las manos me hace caricias, sigo mudo, tonto, alucinado, tal sorpresa me deja cojudo, y las lágrimas le siguen brotando, sus bellos ojos, esos que siempre amé, me miran ahora con lástima y dulzura, por qué antes no te lo dije, decirme qué Lucía, -pienso-, decirme qué, -todo eso lo digo en mi mente porque su presencia me deja atónito-, decirme qué, y ella sigue diciendo, por qué no te lo dije, por qué no te correspondí, yo también te quiero mucho, también te quiero mucho; también me quiere mucho, abro los ojos con sorpresa, y la mudez se vuelve apoderar de mí, esta vez la garganta se me cierra, por qué no te lo dije, insiste ella, te veo ahí en tu cama y siento que el corazón me va a explotar por no haberte echo participe de mí vida... Por qué no te lo dije, ella repite esas palabras y yo no sé qué decir, bendita la hora que no puedo hablar, bendita la hora que esta timidez me gobierna, justo ahora que ella me está diciendo que me quiere… ¡un momento! por qué ella ha venido a decirme esto, por qué ella está aquí, por qué ella me confiesa su cariño, este sueño ya no me gusta nada, y por qué no puedo hablarle, por qué tanta mudez... ¿qué es esto?... una lágrima me brota, la recoge y lo lleva a su corazón, como diciéndome que todo lo mío es sagrado para ella, pero qué tengo, qué me ha pasado, me quiero mover y no lo puedo hacer, qué me sucede... y el recuerdo viene a mí. Estaba en un auto, estaba viajando… y de pronto despierto aquí con mi madre a mi lado diciéndome frases que no entendía pero que aceptaba irónicamente porque a ella tampoco le podía hablar... sí, estoy aquí, en mi cama sin poderme mover, atado a una máquina que me hace respirar, atado a un cuerpo que ahora no es mío y si es mío ya no me quiere obedecer, y ahí esta ella a mi lado llorando el nunca haber aceptado mi corazón por mi forma de ser, bueno no la culpo, yo también fui un cretino, un maldito elitista, un misántropo, ahí está ella... diciéndome que me quiere y aquí estoy yo, sin moverme, viviendo gracias a una máquina y como una máquina. Ahora que la he escuchado y que me ha dado un beso siento que mi vida está completa, pues ella me quiere; es lo único que quiero saber... así que con dolor de mi corazón, hoy elijo morir, sí, me voy a morir... adiós Lucia, adiós madre, aunque no me escuchen… adiós, muero porque soy feliz, porque soy libre, porque voy a vivir...


 

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