México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2007 I Año 2 I Número 8

 









 

Adriana González Mateos. Nació en la ciudad de México en 1961. Es narradora, ensayista y doctora en literatura comparada por la Universidad de Nueva York. Recibió el premio nacional de literatura Gilberto Owen 1995 por Cuentos para ciclistas y jinetes, el Premio Nacional de Ensayo Literario (1996) por Borges y Escher y el Premio Nacional de Traducción Literaria  por La música del desierto, de William Carlos Williams, en colaboración con Miriam Moscona. Realizó también la traducción de una antología del poeta caribeño Kamau Brathwaite, en colaboración con Christopher Winks. Actualmente es profesora investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Sus cuentos y ensayos se han publicado en revistas, suplementos, antología y libros colectivos.

 

Entrevista realizada por Mariel Reinoso I.- Abril 2007-

D:  Eres una investigadora que elabora artículos académicos, pero ¿por qué cultivar, también, la creación literaria?

AGM: En realidad es al revés: yo comencé mi vida académica buscando otras maneras de comprender la literatura. Desde muy niña me gustaba leer, y muy pronto empecé a escribir. No obstante, siempre tenía la sensación de que necesitaba aprender más: Me di cuenta de que había gente que escribía comentarios sobre las novelas que yo leía, y empecé a leerlos también. Cuando estudié la carrera de Letras lo hice porque pensé que me ayudaría a ser escritora. Luego, como tantos estudiantes, me fui dando cuenta de que la carrera no estaba planeada en esa forma, pero hasta la fecha me parece que se trata de actividades afines. No encuentro ninguna incompatibilidad entre ellas, al contrario, lo que he estudiado sobre teoría de género y sexualidades se convirtió en un estímulo para escribir esta novela, la enriqueció.

D: Has escrito cuentos y obtenido reconocimientos por ellos. ¿Qué te llevó, ahora, a explorar otro género narrativo no abordado antes?

AGM :Esta novela empezó como un cuento, que está publicado en mi libro Cuentos para ciclistas y jinetes. Entonces se llamaba “Toros” y recibió mucha atención; fue antologado y traducido. Ahora es un capítulo de la novela, y no ha sufrido otro cambio que la eliminación del título. Lo que sucedía en el cuento se amplió; ya no es sólo una escena: los personajes fueron adquiriendo otras dimensiones, generando una historia.

D: ¿Qué diferencias hay entre la creación de una novela y la de un cuento?

AGM: El cuento busca, ante todo, intensidad; todo debe concentrarse en unas pocas páginas. La novela permite un desarrollo más sostenido; sobre todo, permite explorar a los personajes, conocer otras dimensiones de sus vidas, describir un mundo más amplio. Es un género con leyes distintas. De todas maneras, la mía es una novela bastante breve, porque sigo necesitando que el relato tenga intensidad y concentración.

D: ¿Por qué el tema de tu novela El lenguaje de las orquídeas, que da tratamiento a un asunto tabú, como lo es el sexo, el incesto? ¿Por otra parte, la obra refleja una realidad social y es una denuncia social?

AGM: No, mi intención no es la denuncia. Esta novela es un trabajo con la memoria, pues tiene una raíz autobiográfica. Me interesaba escribir una experiencia propia y transformarla literariamente. Escribirla fue explorar la naturaleza inestable y proteica de la memoria, comprobar cómo el pasado cambia al ser recordado, y sobre todo, al ser escrito. La protagonista ha estado obligada a guardar silencio; la suya es una historia secreta. La narración en primera persona permite que ella deje de estar callada y no sólo cuente la historia, sino que la elabore, la explore, se convierta en la voz que la narra.

Por otra parte, es cierto que se trata de una historia muy común; muchísima gente ha vivido cosas parecidas, pero en general las vive clandestinamente. Me parece muy importante que estos silencios se abran. La institución familiar que se describen en la novela (una familia tradicional, dominada por el padre, donde las mujeres ocupan posiciones subordinadas y están expuestas a abusos) se beneficia de estos secretos, que inmovilizan a las personas y las someten. Es similar a la Iglesia católica, que prefiere guardar silencio y justificar los casos de pederastia. Creo que es hora de que eso cambie; estamos viviendo en una sociedad que necesita y celebra, por ejemplo, la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo, la capacidad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo y su maternidad. Empezar a hablar de la sexualidad de los niños y los adolescentes, de las relaciones entre personas de diferentes edades, de adultos que abusan de su poder, me parece necesario y saludable.

D: ¿Cuál es el valor metafórico del título de tu novela?

AGM: El título alude a un pasaje de El retrato de Dorian Gray, un momento en que el personaje pasea por su invernadero y descubre una maravillosa orquídea, “tan impresionante como los siete pecados capitales”. Por desgracia le pregunta el nombre al jardinero, que le dice un nombre científico, horrible. El personaje se lamenta: “hemos perdido la capacidad de darles nombres hermosos a las cosas”. Por supuesto, alude a su sexualidad, que en ese momento era “el amor que no se atreve a decir su nombre”. De manera similar, mi novela termina con una escena en que la protagonista se pregunta qué palabras podría decir a un ser indefenso que ha sido herido, imaginando que las palabras podrían aliviarlo. La novela se compone de esas palabras que rompen el secreto, ese relato que restaura el pasado.

D: ¿Qué asociación, a nivel paradigmático, puede establecerse entre la joven y su abuela?

AGM: Son dos mujeres que se sienten incómodas dentro de la estructura familiar, ambas se rebelan de maneras que también son influidas por la época. La abuela se enfrenta a una sociedad muy rígida, muy intolerante; la nieta tiene acceso a oportunidades distintas, que le permiten transformar su historia. Para mí es importante señalar que la abuela vive atrapada en una vida melodramática y no encuentra los recursos para cambiarla. La nieta se esfuerza por evitar los peligros del melodrama, por narrar su historia de otra manera.

D: ¿El mundo “femenino” colabora, irónicamente, a la desgracia de la chica?

AGM: Yo diría, más bien, que el mundo femenino es una desgracia, en la medida en que “femenino” sea sinónimo de confinamiento a la esfera doméstica. En la novela hay mujeres que actúan buscando, ante todo, preservar su posición dentro de la estructura familiar, y en ese sentido se convierten en guardianas del secreto. Pero todas sufren en sus vidas las limitaciones que les impone una estructura familiar basada en el privilegio masculino.

D: ¿Se puede revertir, en la edad adulta, haber crecido con la idea de que “las niñas no tienen importancia”, que es el leit motiv de tu novela?

AGM: Creo que se trata de un esfuerzo colectivo, y creo que en la actualidad muchísimas mujeres, si no la mayoría, viven construyendo la importancia y el sentido de sus vidas.

D: ¿Seguirás cultivando ambos géneros narrativos? ¿Escribes poesía?

AGM: No escribo poesía, pero la traduzco. Está por aparecer una traducción del poeta caribeño Kamau Brathwaite (publicada por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México) que realicé en colaboración con Christopher Winks. También espero seguir escribiendo cuentos y novelas.

 

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