Entrevista
realizada por Mariel Reinoso I.- Abril 2007-
D:
Eres una investigadora que elabora
artículos académicos, pero ¿por qué cultivar, también, la
creación literaria?
AGM: En realidad es al revés:
yo comencé mi vida académica buscando otras maneras de
comprender la literatura.
Desde
muy niña me gustaba leer, y muy pronto empecé a escribir. No
obstante, siempre tenía la sensación de que necesitaba
aprender más: Me di cuenta de que había gente que escribía
comentarios sobre las novelas que yo leía, y empecé a
leerlos también. Cuando estudié la carrera de Letras lo hice
porque pensé que me ayudaría a ser escritora. Luego, como
tantos estudiantes, me fui dando cuenta de que la carrera no
estaba planeada en esa forma, pero hasta la fecha me parece
que se trata de actividades afines. No encuentro ninguna
incompatibilidad entre ellas, al contrario, lo que he
estudiado sobre teoría de género y sexualidades se convirtió
en un estímulo para escribir esta novela, la enriqueció.
D:
Has escrito cuentos y obtenido reconocimientos por ellos.
¿Qué te llevó, ahora, a explorar otro género narrativo no
abordado antes?
AGM :Esta
novela empezó como un cuento, que está publicado en mi libro
Cuentos para ciclistas y jinetes. Entonces se llamaba
“Toros” y recibió mucha atención; fue antologado y
traducido. Ahora es un capítulo de la novela, y no ha
sufrido otro cambio que la eliminación del título. Lo que
sucedía en el cuento se amplió; ya no es sólo una escena:
los personajes fueron adquiriendo otras dimensiones,
generando una historia.
D:
¿Qué diferencias hay entre la creación de una novela y la de
un cuento?
AGM: El cuento busca, ante
todo, intensidad; todo debe concentrarse en unas pocas
páginas. La novela permite un desarrollo más sostenido;
sobre todo, permite explorar a los personajes, conocer otras
dimensiones de sus vidas, describir un mundo más amplio. Es
un género con leyes distintas. De todas maneras, la mía es
una novela bastante breve, porque sigo necesitando que el
relato tenga intensidad y concentración.
D:
¿Por qué el tema de tu novela El
lenguaje de las orquídeas, que da tratamiento a un
asunto tabú, como lo es el sexo, el incesto? ¿Por otra
parte, la obra refleja una realidad social y es una denuncia
social?
AGM: No, mi intención no es la
denuncia. Esta novela es un trabajo con la memoria, pues
tiene una raíz autobiográfica. Me interesaba escribir una
experiencia propia y transformarla literariamente.
Escribirla fue explorar la naturaleza inestable y proteica
de la memoria, comprobar cómo el pasado cambia al ser
recordado, y sobre todo, al ser escrito. La protagonista ha
estado obligada a guardar silencio; la suya es una historia
secreta. La narración en primera persona permite que ella
deje de estar callada y no sólo cuente la historia, sino que
la elabore, la explore, se convierta en la voz que la narra.
Por otra parte, es cierto que
se trata de una historia muy común; muchísima gente ha
vivido cosas parecidas, pero en general las vive
clandestinamente. Me parece muy importante que estos
silencios se abran. La institución familiar que se describen
en la novela (una familia tradicional, dominada por el
padre, donde las mujeres ocupan posiciones subordinadas y
están expuestas a abusos) se beneficia de estos secretos,
que inmovilizan a las personas y las someten. Es similar a
la Iglesia católica, que prefiere guardar silencio y
justificar los casos de pederastia. Creo que es hora de que
eso cambie; estamos viviendo en una sociedad que necesita y
celebra, por ejemplo, la legalización de las uniones entre
personas del mismo sexo, la capacidad de las mujeres para
decidir sobre su cuerpo y su maternidad. Empezar a hablar de
la sexualidad de los niños y los adolescentes, de las
relaciones entre personas de diferentes edades, de adultos
que abusan de su poder, me parece necesario y saludable.
D:
¿Cuál es el valor metafórico del título de tu novela?
AGM: El
título alude a un pasaje de El retrato de Dorian Gray,
un momento en que el personaje pasea por su invernadero y
descubre una maravillosa orquídea, “tan impresionante como
los siete pecados capitales”. Por desgracia le pregunta el
nombre al jardinero, que le dice un nombre científico,
horrible. El personaje se lamenta: “hemos perdido la
capacidad de darles nombres hermosos a las cosas”. Por
supuesto, alude a su sexualidad, que en ese momento era “el
amor que no se atreve a decir su nombre”. De manera similar,
mi novela termina con una escena en que la protagonista se
pregunta qué palabras podría decir a un ser indefenso que ha
sido herido, imaginando que las palabras podrían aliviarlo.
La novela se compone de esas palabras que rompen el secreto,
ese relato que restaura el pasado.
D:
¿Qué asociación, a nivel paradigmático,
puede establecerse entre la joven y su abuela?
AGM: Son dos mujeres que se
sienten incómodas dentro de la estructura familiar, ambas se
rebelan de maneras que también son influidas por la época.
La abuela se enfrenta a una sociedad muy rígida, muy
intolerante; la nieta tiene acceso a oportunidades
distintas, que le permiten transformar su historia. Para mí
es importante señalar que la abuela vive atrapada en una
vida melodramática y no encuentra los recursos para
cambiarla. La nieta se esfuerza por evitar los peligros del
melodrama, por narrar su historia de otra manera.
D:
¿El mundo “femenino” colabora,
irónicamente, a la desgracia de la chica?
AGM: Yo diría, más bien, que
el mundo femenino es una desgracia, en la medida en que
“femenino” sea sinónimo de confinamiento a la esfera
doméstica. En la novela hay mujeres que actúan buscando,
ante todo, preservar su posición dentro de la estructura
familiar, y en ese sentido se convierten en guardianas del
secreto. Pero todas sufren en sus vidas las limitaciones que
les impone una estructura familiar basada en el privilegio
masculino.
D:
¿Se puede revertir, en la edad adulta,
haber crecido con la idea de que “las niñas no tienen
importancia”, que es el leit motiv de tu novela?
AGM: Creo que se trata de un
esfuerzo colectivo, y creo que en la actualidad muchísimas
mujeres, si no la mayoría, viven construyendo la importancia
y el sentido de sus vidas.
D:
¿Seguirás cultivando ambos géneros
narrativos? ¿Escribes poesía?
AGM: No escribo poesía, pero
la traduzco. Está por aparecer una traducción del poeta
caribeño Kamau Brathwaite (publicada por la Universidad
Autónoma de la Ciudad de México) que realicé en colaboración
con Christopher Winks. También espero seguir escribiendo
cuentos y novelas.