México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2007 I Año 2 I Número 8

 









 

 

Entrevista realizada por Andrea Gallo


Elizabeth Medina nació en Filipinas en 1954 y hasta 1973 vivió en Quezon City y Makati. A los 19 años emigró con su familia a los Estados Unidos, país en el que residió durante casi diez años viviendo en San Francisco y en Washington, D.C.. En 1983 se estableció en Santiago de Chile, donde se casó con un chileno-alemán, y allí sigue viviendo y trabajando como intérprete y traductora. Desde 1991 se dedica al estudio de la historia e identidad de Filipinas, intentando ponerlas en relación con la cultura latinoamericana. En 1998 publicó su traducción al inglés de la primera biografía, publicada en 1907, de José Rizal, héroe nacional filipino, escrita por el insigne filipinista español Wenceslao Retana y Gamboa entre 1897 y 1906, obra maestra de las letras filipinas, increíblemente desconocida por la mayoría de los filipinos por estar escrita en español. En 2006 ha publicado el libro Sampaguitas en la cordillera. Reencuentros en Chile, texto sobre el tema de la identidad filipina. Sus artículos y ensayos se han publicado en varias páginas web, de entre las que mencionamos Revista filipina, y la web-site de la Universidad de Viena. Es autora también de cuentos y poemas.

 

AG: Acabas de publicar en Chile Sampaguitas en la cordillera, un “libro-mosaico” en el que relatas diferentes experiencias: las vicisitudes trágicas de la vida de tu abuelo durante la Segunda Guerra Mundial en Filipinas, tu condición de inmigrante, la toma de conciencia de tu identidad nacional, la situación cultural de tu país ¿por qué escribiste este libro?

EM: “Libro mosaico” es el término justo. He tenido dos obsesiones en mi vida: el tiempo y el misterio, “el Velo”. Al nacer recibimos de nuestros padres un mosaico muy a medio construir y nos toca tomar decisiones sobre cuáles partes de ese mosaico nos dedicaremos a completar, a recrear, a armar con nuestra particular estampa de creador. Las personas para mí solo se convierten en reales cuando logro penetrar el velo de su cotidianidad y “capto” su secreta historia. Entonces todo cae en su lugar y ya no tengo que perder energías en la duda o el desconcierto. Soy una investigadora de lo desconocido en mi propia vida y en mi quehacer como escritora. No me atreví a plantearme escribir “en serio” hasta los 36 y demoré dos años más antes de descubrir “sobre qué” escribir. La historia de mi familia y de mi país que no solo tienen que ver conmigo como persona, sino también con mi familia chica y mi familia grande – sobre todo, la secreta historia que da las claves para comprender y lograr la paz.

En definitiva lo escribí porque, parafraseando a Julio Cortázar, “lo que hace un escritor, es tener la necesidad imperiosa de comunicar algo”. Necesito comunicar el embrujo con la existencia humana y cómo a veces la vida misma nos entrega las claves cuando descubrimos que tenemos urgencia de comprender lo profundo. La acción del tiempo para iluminar lo oculto y las mil interconexiones entre los destinos; el despertar a la perfecta simetría que subyace algo aparentemente azaroso, sin un sentido más allá de la prosaica lucha por el cobijo, el alimento y la evasión.
 

AG: En Sampaguitas hay afirmaciones originales, pero duras e inequívocas, por ejemplo defines la guerra filipino-norteamericana (1898-1901) como un «primer Vietnam, donde salió ganador Estados Unidos» ¿Cómo ves la relación colonial que Filipinas sufrió bajo el dominio español en un primer momento, y bajo el norteamericano después, y cuáles son sus efectos en la postura del filipino ante su pasado?


EM: Debo aclarar que mi voz viene de un lugar algo extraño que aparentemente no guarda relación con el pensamiento de los círculos culturales filipinos al interior de la sociedad filipina, y menos aún de los filipinos expatriados en la sociedad norteamericana. Ya he vivido más años en Chile que en Filipinas y los esfuerzos que he hecho para vincularme con los historiadores, poetas, y escritores filipinos han sido en general infructuosos. Sin embargo me considero una voz auténticamente filipina, y ojalá no peque de soberbia ni de ilusa cuando digo que me siento vivamente conectada y portavoz de los filipinos de fines del siglo XIX, más que con los de hoy. Mi visión es de la verdad histórica acallada que subyace al aparente caos de la situación actual, que comprendo es la lógica consecuencia del desgarro y fragmentación del alma colectiva filipina. No sé si hay otros escritores filipinos que han descrito la guerra fil-norteamericana como “el primer Vietnam” pero para mí resulta una obviedad. Fue la primera guerra de conquista abiertamente librada por EE.UU. contra una nación que acababa de declararse una República. Hubo más de un millón de muertos, no combatientes en su mayoría. El pueblo filipino hoy casi no tiene recuerdo de esa guerra porque practicamente no figuró en nuestros libros de historia. Y para el mundo hemos sido un pueblo invisible justamente porque nosotros hemos sido incapaces de correr el velo del desconocimiento. Los relatos de las 500 mil personas masacradas en Nanking, el millón de kurdos y armenios muertos bajo los otomanes en 1915 son conocidos pero nadie sabe de más de un millón de filipinos que dieron sus vidas para repeler la invasión norteamericana de 1898. Es una laguna grave tanto para la conciencia filipina como para la de toda la humanidad.

Creo que antes del régimen estadounidense, Filipinas llegaba a un primer momento de maduración cultural y política y los estamentos ilustrados de la clase alta y media ya estaban articulados en términos modernos. La base social empezaba a tener nociones de identidad gracias a la labor desarrollada por la generación del Dr. Rizal, y justamente existía el debate entre cuál arma sería más eficaz para lograr un mayor desarrollo civil, económico, político y cultural para los filipinos – la organización política no-violenta, o el camino de la revolución armada. Lamentablemente tanto el tiempo histórico como la configuración de nuestro archipiélago estaban en contra. Las repúblicas latinoamericanas pudieron surgir en conjunto gracias al surgimiento de una clase criolla con una común identidad y un escenario geográfico continental; y EE.UU., Inglaterra y Francia acudieron en su ayuda de distintas formas, en distintos momentos. Filipinas fue la hija desdichada del siglo de las luces; llegó muy tarde y con el color de piel equivocado, y EE.UU. ya se había transformado en un águila hambriento de colonias. Después de la anexión, empezó el descalabro síquico de los filipinos. Hay que imaginar cómo fue todo eso. Fue, sin ninguna duda desde mi conciencia de hoy, un trance “tétrico” y mortal. Y creo que solo el arte sería capaz de comunicar la escala del horror y desgarro que significó para los filipinos, que se encontraron en un primer momento héroes luchando por la libertad, y ganadores, para de repente encontrarse convertidos en corderos llevados en masa al matadero. La lucha contra los españoles, casi sin armas de fuego, seguido por la guerra de guerrilla contra los norteamericanos, en desventaja aún frente a sus gattling guns, y encontrándose con un nivel de barbarie que no tuvieron los españoles, con el empleo de tácticas estrenadas contra los indígenas de Norte América como la matanza de los búfalos. En Filipinas, un dato no difundido es que hubo una matanza del cebú, el animal de tiro que era y es la base de la agricultura.

Después de la rendición del ejército revolucionario liderado por Aguinaldo, empieza la embestida cultural, económica y política. Y por si esto no fuera suficiente trastorno para la psiquis filipina, nos sobreviene escasos 40 años después, el trauma de la ocupación japonesa. Y con el país en ruinas, EE.UU. nos otorga la inmediata independencia.

Todo esto es sumamente surrealista, visto con ojos reflexivos y desde la distancia. Pero dentro de Filipinas, es prácticamente imposible de apreciar.

AG: En Sampaguitas escribes: «En Chile me vi obligada a asumir mi identidad étnica ya que, por supuesto, no era norteamericana. Durante los años vividos en Estados Unidos había llegado a sentirme norteamericana [...] Al radicarme en Chile me di cuenta de que no era norteamericana»; también cuentas el episodio de tu visita a la Base Naval de Súbic y la sensación de rabia que eso provocó en ti ¿Qué impresión tienes de la relación actual entre Filipinas y Estados Unidos?

EM: Sencillamente puedo decir que al igual que el dicho de que no se mueve una hoja en la Tierra sin que Dios lo sepa y lo permita, lo mismo ocurre en Filipinas: seguimos total y absolutamente supeditados a los deseos y designios de los EE.UU. Pero en esto ya no estamos solos; todo el mundo lo está, y con plena consciencia del hecho. No fue así a fines del siglo XIX hasta los 1970.

AG: ¿Cuál es tu opinión con respecto al panorama cultural filipino en la actualidad? ¿El intelectual sabe reflexionar sobre los grandes problemas del país? ¿Cuál es su papel? ¿Es capaz de proponer una visión crítica de la realidad?

EM: Estoy tan lejos del “mundo cultural filipino” que no podría dar una respuesta justa. Creo que la juventud está a falta de perspectivas que acerquen el mundo hispanoamericano a su experiencia vital. En definitiva, no veo a intelectuales filipinos que estén pensando “fuera del kilómetro cuadrado” de las influencias norteamericanas y europeas. Es el rol que me he autoadjudicado. Arturo Uslar Pietri escribió que para saber lo que pasa en la propia casa hay que saber lo que está pasando en el mundo; pero para la mayoría de los filipinos, sobre todo para la juventud, América Latina sigue invisible y por lo tanto, no existe.

AG: En todos tus escritos retomas la fuerte interconexión cultural entre Filipinas y Latinoamérica ¿por qué te parece tan importante este tema?

EM: América Latina es la hermana mayor de Filipinas. Hispanoamérica es sumamente importante para el futuro, no solo de Filipinas sino de todo el planeta. Se ha abierto muchísimo a Asia. Hispanoamérica es el futuro coloso porque está tan llena de vida nueva en todo sentido, por su riqueza históricocultural mestiza. Ya el resto del mundo se nutre de ella. Entonces, ¿por qué no Filipinas también?

AG: En Filipinas se hablan muchas lenguas, además tú te educaste en inglés y pilipino ¿Por qué, entonces, escribes tanto en español?

EM: Mi ethos como escritora es servir de puente entre los filipinos y los latinoamericanos. El español es uno de los idiomas filipinos pero se ha difundido la creencia errónea de que los filipinos nunca hablamos el castellano. Por otro lado, en América Latina se difunde hoy por hoy el inglés como un idioma elitista, y no estoy de acuerdo. El contenido y la intención transforman un idioma en un arma para dividir y subyugar. Quiero que nos conozcamos, que corramos los velos, y para eso hay que esgrimir los idiomas como puentes capaces de vincular y enamorar en vez de alienar.

AG: ¿Qué significado tiene para ti valorar y defender la herencia hispánica y la lengua castellana?

EM: Es la vida misma para mi raza, para que logre consciencia de que le pertenece todo el mundo. Conceptúo a mi nación en su actual estado como un niño autista, encerrado en su propio mundo y con urgente necesidad de sentirse pertenecedor a la humanidad toda. La cultura y la lengua no son únicamente vehículos de la autoafirmación a ultranza, que las convierte en una prisión, una excluyente ideología. Eso tuvo su papel en otros momentos históricos, pero ya no sirve para el planeta hoy por hoy. Porque es verdad que necesitamos saber quiénes somos, pero al mismo tiempo, debemos saber igualmente que somos todos los pueblos del mundo; somos muchos y a la vez, uno solo.

AG: ¿El mundo intelectual filipino se da cuenta de la importancia de lo hispano en vuestra cultura e historia? ¿Qué espacio tiene un intelectual y escritor que, como tú, utilice el español?

EM: Me atrevo a afirmar que sí, cada vez más. He percibido que la nostalgia cunde en Filipinas, y en las comunidades expatriadas, que hoy dirigen la mirada hacia las imágenes, los textos, las memorias del pasado. Un pintor que ha hecho una labor de titán en esta dirección es Santiago Bosé. Realizo mi labor de concienciación más bien en los círculos de filipinos que entablan diálogos en Internet. Me ha costado un mundo hacer entender que no estoy en la “parada” de rendir culto a los llamados “coño boys” (los mestizos de español conocidos por salpicar cada frase con la muletilla). La cultura mestiza hispanofilipina en Filipinas degeneró porque frente a la embestida cultural y política estadounidense se redujo a un club social de la antigua clase terrateniente, una élite sin capacidad regeneradora, sin mística que vive en su propio mundo sin el menor interés en relacionarse con el filipino común. Esta imagen fue leña para la hoguera de lo hispanofilipino, sobre todo después de la Segunda Guerra, que convirtió los últimos reparos populares en adoración hacia los salvadores de Filipinas: MacArthur y los G.I.

AG: ¿Cuál piensas que será el futuro del español en Filipinas? ¿Y cuál debería ser el papel de instituciones como la Academia de la lengua o la Fundación Zóbel, además del papel de España y de Hispanoamérica en la defensa del idioma?

EM: El español tiene futuro en Filipinas si surgen nuevos referentes culturales capaces de revertir el odio y transformar el olvido en amor y rememoración. Las instituciones culturales ya existentes que promueven la cultura y lengua hispana no cumplen el rol de impulsores, más bien intentan conservar lo poco que sigue existiendo. Lo que cambiará la situación de inercia es imponer una nueva inercia, y eso solo lo logrará la irrupción de lo nuevo, de un misil mental que, para penetrar el alma filipina, debe conjugar dos elementos: lo religioso y lo amoroso. En otras palabas: veneración por el verdadero pasado, y unión fraterna.

AG: ¿Cómo ves el futuro de tu país?

EM: Se debate entre la luz y la oscuridad, al igual que el resto del mundo.

AG: Tus futuros proyectos artísticos...

EM: Escribir ficción que recree y explique en términos de vivencia humana, en imágenes evocativas, ese complejo, doloroso y bellísimo pasado que perdimos y que hemos de finalmente comprender y recuperar.

 

Andrea Gallo, Mirano-Venezia (Italia), 02/01/1974. Licenciaturas en Lingue e Letterature Moderne Euroamericane (2004) y Lingue e Letterature Straniere (1999) en la Università Ca’ Foscari di Venezia. Alumno de doctorado en “Studi Iberici” Università Ca’ Foscari” di Venezia y de doctorado “Tradición e innovación en la literatura española del siglo XX” Universidad de Valladolid. Publicación de reseñas, artículos, ensayos sobre literaturas hispánicas e italiana en: Rassegna Iberistica, Cuaderno Internacional de Estudios Humanísticos y Literatura, Humanities, Tonos Digital, Revista Filipina, Critica letteraria, Otto/Novecento, Archivi del Nuovo, Forum Italicum, Studi Medievali e Moderni, Igitur, Padova e il suo territorio, Notiziario Bibliografico, Il Gazzettino, La Repubblica Letteraria Italiana, www.escritorasypensadoras.es.

 


 

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