
Introducción
La inseguridad
atmosférica ha conseguido crear en el labriego
castellano una segunda naturaleza originada en la
desconfianza, en el tiempo primeramente, pero también en
sus vecinos y en la vida misma. Contra ese mal ha
buscado remedio en la religión.
Nunca el
campesino castellano nos dirá que las cosas van bien,
que ha conseguido una buena cosecha. Como hombre
insatisfecho, siempre está al acecho, en la zozobra.
Siempre ve más aquellas cosas por las que debe quejarse
que aquellas otras por las que debe estar contento.
Esta
insatisfacción profunda le hace más profundamente
religioso. Guarda las tradiciones de fiestas,
procesiones, votos y devociones con especial empeño y
dedicación.
Incluso cuando
se rebela contra su idea de Dios o de los santos, es
creyente... Todos estos sentimientos le preparan para
aceptar lo que le suceda en su vida cotidiana, al punto
de vivir como si estuviera esperando algo extraño que
tenga que pasar.
Esta faceta la
ha estudiado particularmente Miguel Delibes en varios de
sus libros sobre Castilla. Así en su obra Las guerras
de nuestros antepasados, describe las visiones de la
abuela Benetilde. En La hoja roja el portento de
los pájaros que no se vuelan de las andas de la Virgen o
en Las ratas, el episodio del petróleo.
Léxico rural
El discurso
rural en Miguel Delibes es el más importante de sus
discursos. Por encima de otros que también aparecen en
sus novelas (como el marinero o el de términos
hispanoamericanos). Este discurso central en Delibes se
concreta de tres formas: el léxico, las expresiones y
los personajes.
Ateniéndonos
al léxico y tomando solamente el capítulo III de El
camino, se recogen todos estos modos de hablar que
han dado forma a lo que de popular tiene el mundo rural
castellano.
El
campesino que ha adoptado la quejumbre como un
tic… (p. 55)
Quejumbre:
queja frecuente.
Eso que
canta en ese bardal es un rendajo. (p. 56)
Rendajo:
arrendajo. Ave del orden de los pájaros, parecida al
cuervo, pero más pequeña, de color gris morado, con moño
ceniciento, de manchas obscuras y rayas transversales de
azul, cuya intensidad va desde el celeste al de Prusia,
en las plumas de las alas. Abunda en Europa, habita en
los bosques espesos y se alimenta principalmente de los
frutos de diversos árboles. Destruye los nidos de
algunas aves canoras, cuya voz imita para sorprenderlas
con mayor seguridad, y aprende también a repetir tal
cual palabra.
Fue una
mala pisada o un resbalón en el légamo que
recubría las piedras. (p. 58)
Légamo:
parte arcillosa de las tierras de labor. Cieno, lodo,
barro pegajosa y resbaladiza.
Y colocó
una piedra en la badana. (p. 62)
Badana:
piel curtida de carnero o de oveja que se ata con gomas
a cada orquilla del tirachinas.
No había
visto el tordo hasta que lo dijo Tomás. (p.
63)
Tordo:
Pájaro de cuerpo grueso, pico delgado y negro, lomo gris
aceitunado, vientre blanco amarillento con manchas
pardas y las cobijas de color amarillo rojizo. Es común
en España y se alimenta de insectos y de frutos.
Se alejó
apoyándose en la cachaba, a pasitos muy lentos.
(p. 66)
Cachaba:
bastón curvo por la parte superior.
Conclusión
El discurso
rural se hace popular en El camino a través de
las tres formas antes comentadas. Desde la primera hasta
su última página, toda la novela es una sucesión de
términos y expresiones rurales que Delibes emplea con
naturalidad, llamando a las cosas por su nombre.
Daniel, el
Mochuelo, su protagonista, es personaje rural. Criado
entre vacas y prados, su padre le ha condenado a “progresar”,
es decir, le llevará a estudiar a la ciudad. Su padre y
sus amigos se comportarán también como auténticos seres
rurales que han vivido una circunstancia rural concreta
y que dan forma y estilo a la vida del pueblo en el que
transcurre la novela.
El pueblo de
El camino es un pueblo religioso. Es elemento
rural, que se ha hecho costumbre, el tañido de las
campanas de la iglesia. Al morir Germán, el Tiñoso, todo
el pueblo le llora y su capilla ardiente y su entierro
se hacen siguiendo las mismas costumbres que se han
usado siempre con todos los vecinos, es decir, según el
proceder de la Iglesia. El querer del pueblo hacia
Germán se comprueba en estas oraciones: “ Le extrañó
advertir que ahora todo el mundo quería al Tiñoso (…) A
Tomás se le saltaron las lágrimas (...) las mujeres
empezaron a hipar y a llorar a gritos (...) Daniel , el
Mochuelo, sintió que quería llorar (...) Roque, el
Moñigo, vigilaba sus reacciones sin pestañear (...)
Pancho, el Sindios, dijo de aquella fuerza que era el
destino, pero el Guindilla que era la voluntad del Señor
(...) El hermano entró en la casa como un loco (...) Se
abrazaron madre e hijo de una manera casi eléctrica
(...) Por los hipos y gimoteos se diría que Germán, el
Tiñoso, era hijo de cada una de las mujeres del pueblo
(...). La muerte de Germán y el tratamiento que le
da el pueblo a esa muerte, es un hecho religioso más que
se une a la sucesión de costumbres rurales que dan
entidad al pueblo.
A Miguel
Delibes se le tiene que leer teniendo en cuenta la
religiosidad del autor y la de sus personajes y
aceptando un discurso popular-rural que da naturalidad y
precisión a su narrativa.
Edición
utilizada de El camino: Destino, Barcelona, 1998.
