México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2007 I Año 2 I Número 8

 








 

Jorge Urdiales Yuste. Investigador español (Madrid, 1969). Licenciado en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid (UCM, 1992), donde obtuvo también el Certificado de Aptitud Pedagógica (1995) y el doctorado en Ciencias de la Información (2004) con su tesis El discurso de carácter popular-rural en la narrativa de Delibes. En 2006 publicó el Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua (Ilcyl). Ha trabajado como profesor de lengua y literatura de ESO y bachillerato. Desde 2001 es colaborador honorífico del Departamento de Filología III de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM. Artículos suyos han aparecido en diversas publicaciones como Noticias SEK, Galicia en Madrid, Revista de Folclore, Espéculo, Letralia, Noticias Elche y Noticias Alicante.

Introducción
 

La inseguridad atmosférica ha conseguido crear en el labriego castellano una segunda naturaleza originada en la desconfianza, en el tiempo primeramente, pero también en sus vecinos y en la vida misma. Contra ese mal ha buscado remedio en la religión.

Nunca el campesino castellano nos dirá que las cosas van bien, que ha conseguido una buena cosecha. Como hombre insatisfecho, siempre está al acecho, en la zozobra. Siempre ve más aquellas cosas por las que debe quejarse que aquellas otras por las que debe estar contento.

Esta insatisfacción profunda le hace más profundamente religioso. Guarda las tradiciones de fiestas, procesiones, votos y devociones con especial empeño y dedicación.

Incluso cuando se rebela contra su idea de Dios o de los santos, es creyente... Todos estos sentimientos le preparan para aceptar lo que le suceda en su vida cotidiana, al punto de vivir como si estuviera esperando algo extraño que tenga que pasar.

Esta faceta la ha estudiado particularmente Miguel Delibes en varios de sus libros sobre Castilla. Así en su obra Las guerras de nuestros antepasados, describe las visiones de la abuela Benetilde. En La hoja roja el portento de los pájaros que no se vuelan de las andas de la Virgen o en Las ratas, el episodio del petróleo.



Léxico rural

El discurso rural en Miguel Delibes es el más importante de sus discursos. Por encima de otros que también aparecen en sus novelas (como el marinero o el de términos hispanoamericanos). Este discurso central en Delibes se concreta de tres formas: el léxico, las expresiones y los personajes.

Ateniéndonos al léxico y tomando solamente el capítulo III de El camino, se recogen todos estos modos de hablar que han dado forma a lo que de popular tiene el mundo rural castellano.
 

El campesino que ha adoptado la quejumbre como un tic… (p. 55)

Quejumbre: queja frecuente.
 

Eso que canta en ese bardal es un rendajo. (p. 56)

Rendajo: arrendajo. Ave del orden de los pájaros, parecida al cuervo, pero más pequeña, de color gris morado, con moño ceniciento, de manchas obscuras y rayas transversales de azul, cuya intensidad va desde el celeste al de Prusia, en las plumas de las alas. Abunda en Europa, habita en los bosques espesos y se alimenta principalmente de los frutos de diversos árboles. Destruye los nidos de algunas aves canoras, cuya voz imita para sorprenderlas con mayor seguridad, y aprende también a repetir tal cual palabra.
 

Fue una mala pisada o un resbalón en el légamo que recubría las piedras. (p. 58)

Légamo: parte arcillosa de las tierras de labor. Cieno, lodo, barro pegajosa y resbaladiza.
 

Y colocó una piedra en la badana. (p. 62)

Badana: piel curtida de carnero o de oveja que se ata con gomas a cada orquilla del tirachinas.

No había visto el tordo hasta que lo dijo Tomás. (p. 63)

Tordo: Pájaro de cuerpo grueso, pico delgado y negro, lomo gris aceitunado, vientre blanco amarillento con manchas pardas y las cobijas de color amarillo rojizo. Es común en España y se alimenta de insectos y de frutos.

Se alejó apoyándose en la cachaba, a pasitos muy lentos. (p. 66)

Cachaba: bastón curvo por la parte superior.
 

Conclusión

El discurso rural se hace popular en El camino a través de las tres formas antes comentadas. Desde la primera hasta su última página, toda la novela es una sucesión de términos y expresiones rurales que Delibes emplea con naturalidad, llamando a las cosas por su nombre.

Daniel, el Mochuelo, su protagonista, es personaje rural. Criado entre vacas y prados, su padre le ha condenado a “progresar”, es decir, le llevará a estudiar a la ciudad. Su padre y sus amigos se comportarán también como auténticos seres rurales que han vivido una circunstancia rural concreta y que dan forma y estilo a la vida del pueblo en el que transcurre la novela.

El pueblo de El camino es un pueblo religioso. Es elemento rural, que se ha hecho costumbre, el tañido de las campanas de la iglesia. Al morir Germán, el Tiñoso, todo el pueblo le llora y su capilla ardiente y su entierro se hacen siguiendo las mismas costumbres que se han usado siempre con todos los vecinos, es decir, según el proceder de la Iglesia. El querer del pueblo hacia Germán se comprueba en estas oraciones: “ Le extrañó advertir que ahora todo el mundo quería al Tiñoso (…) A Tomás se le saltaron las lágrimas (...) las mujeres empezaron a hipar y a llorar a gritos (...) Daniel , el Mochuelo, sintió que quería llorar (...) Roque, el Moñigo, vigilaba sus reacciones sin pestañear (...) Pancho, el Sindios, dijo de aquella fuerza que era el destino, pero el Guindilla que era la voluntad del Señor (...) El hermano entró en la casa como un loco (...) Se abrazaron madre e hijo de una manera casi eléctrica (...) Por los hipos y gimoteos se diría que Germán, el Tiñoso, era hijo de cada una de las mujeres del pueblo (...). La muerte de Germán y el tratamiento que le da el pueblo a esa muerte, es un hecho religioso más que se une a la sucesión de costumbres rurales que dan entidad al pueblo.

A Miguel Delibes se le tiene que leer teniendo en cuenta la religiosidad del autor y la de sus personajes y aceptando un discurso popular-rural que da naturalidad y precisión a su narrativa.

Edición utilizada de El camino: Destino, Barcelona, 1998.

 


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