
Hace mucho no sonaba el cascabel.
Desde mil
novecientos sesenta y cuatro
hasta el dos
mil cinco, vivió diez vidas,
vida de
cascabel y sonaja,
de pájaro,
vida escarlata, astuta,
vida voraz,
vida mansa.
Solitaria
desde el ochenta y cinco
ya no fue
sonaja, quince años después,
se convirtió
en mariposa, oveja, lechuza, loba.
Mansamente
llamaba a su
existencia.
Siempre con su
primer aullido.

Hay una hora
cada día en la que asombra
el misterio de
la vida.
La hora en la
que cree
y espera
confiado, se reinventa,
recuenta
cualidades, resume grandeza,
la hora de
escudriñar el destino,
incorpóreo,
sublime,
presentir que
encontrará el tesoro.
Esos
instantes,
lo sostienen
todo.

Cubierta por
una crisálida
vaga, etérea y
sonriente,
ávidos la
miran con suspicacia,
si tropieza,
podrán atajarla,
sutilmente
destrozarla,
escoger
ocultos,
la pieza
veinte
de su galería
mansa.

Remedios malos
cayeron,
una constante
hostilidad las convirtió
en tristeza,
pero la
naturaleza,
la magia de su
alquimia
han renacido,
el paisaje es
ahora
ligero,
como el pájaro
que se lo lleva.

El grito
inicial permanece,
se reproduce,
como eslabones
de una cadena que atrapa.
El desencanto
primero
es una mina,
estamos
cautivos,
a cada paso es
posible volar en mil pedazos.

La garganta y
la voz no lo permiten
pero su
corazón gime con fuerza,
apenas musita
la mirada
es el espejo de toda
la
tristeza.

Lo que guardas
me estremece,
lo que callas,
los secretos
que ocultas.
Enloquezco
atrapado
en un delirio
in tremens.
En alguna
tibieza de mis manos
ya no soy sólo
un estremecimiento.

La Humanidad
es frágil,
sofisticada o
espontánea
es por igual
vulnerable.
Hay mil formas
de ir por la
vida,
en todas, la
fragilidad es manifiesta.
Por otra
parte,
es poético el
modo
como pretende
ignorarlo

La risa es su
fuerza.
La sombra
verde del frío
es alegría que
guía
los rastros de
los pájaros.
El enigma de
la loca y
el ciego es
fuerte, inmenso,
parece que
viven en una celda
pero Dios
camina
por sus pies.
