Conversación
con el escritor argentino Ricardo Juan Benítez
Entrevista
realizada por Omar Requena
Dentro del
panorama literario latinoamericano, las letras
argentinas han sido (y son) un caso particular. Héctor
Libertella escribe citando al siempre inquietante
Osvaldo Lamborghini: “Habrá que aceptar que la
´Argentina´ no es ninguna raza ni nacionalidad, sino
puro estilo y lengua”[1]. Crispación de un oficio que
carece de un fuerte color local, según este y otros
comentaristas para quienes la literatura argentina está
siempre de regreso, “como si se tratara del impensado
arte de inventar ruinas”[2]. Una tierra que quizá pide
como ninguna otra ser verbalizada en pos de una
identidad propia. Sin embargo, Ernesto Sábato opondría
su visión universal y arrolladora a estas opiniones:
“Porque esto de lo nacional está vinculado al máximo y
siempre equívoco problema del realismo. Esta palabra,
eh… cómo embroman con esta palabra. Si mientras duermo
sueño con dragones, y considerando la absoluta falta de
dragones en la Argentina , ¿se debe inferir que mis
sueños no son patrióticos?[3] No habrá sido indiferente
a estas preocupaciones mi caro amigo Ricardo Juan
Benítez (Barrio porteño de Caballito, Capital Federal
argentina, 1956); tampoco a los avatares que ha deparado
a su tierra la historia política y económica, templando
su temperamento, aguzando su sensibilidad. Comerciante,
maître de hotel o vendedor de café en las calles de
Buenos Aires, Benítez parece haber encontrado en el
ejercicio de escritura una manera de explicar y
reinventar el mundo, de hacerlo propio en un oficio que
ha dado sus resultados. Narraciones suyas aparecen
publicadas en: Almiar, Margen Cero (España);
Alma de Luciérnaga (Israel); Resonancias.org
(franco-argentina); Herederos del Caos (U.S.A.);
Azul Arte (Canadá) y Unchronicles de
Giampietro Stocco (Italia). En Marzo del año 2005,
su cuento Instrucciones para el sepelio de una mula,
fue portada del Proyecto Scherezade, de la Universidad
de Manitoba, en Winnipeg, Canadá. Asimismo, la
Asociación de Arte y Cultura de Merlo, en su país, y el
grupo Fausto (España) lo han galardonado con el segundo
premio y mención de honor, respectivamente, por sus
narraciones: Noche de bruma y silencio y El
hombre de marrón del fondo de mi casa. Su alter-ego,
el Talentoso Señor Benet, coautor de muchas de sus
ficciones, es lector apasionado de Edgar Allan Poe,
Hemingway, Cortázar, Quiroga y Jack London. Sabe de
memoria tangos de Enrique Santos Discépolo, y sigue el
rastro de Roberto Arlt.Le hice llegar algunas preguntas,
vía correo electrónico, que él amablemente ha contestado.
OM
¿Desde cuándo la literatura, y por
qué?
RJB: Bueno
Omar, desde mi niñez. Siempre fui muy imaginativo, y a
veces jugando a solas, creaba historias de vuelos
espaciales o de detectives. Como todo niño, podía
transformar una escopeta que lanzaba corchos en una nave
interplanetaria parecida al XL5 del Capitán Marte. Luego
vinieron las lecturas. Mi madre me obligaba a dormir la
siesta. Mi padre tenía una biblioteca muy bien provista.
Es así que sacaba un libro con mucho disimulo y lo
escondía debajo de la almohada. Después entornaba un
poco el postigo (mientras creían que dormitaba) y en ese
rayo de sol leía a Salgari, Conan Doyle, Verne, Dumas,
Shelley, Kipling, Lovecraft, Wells y siguen las
firmas.Creo que esta breve explicación da la respuesta
al por qué.
OR:
¿Por qué piensas que aún se
cuestiona la existencia -o no- de una literatura
nacional argentina, en un país que ha dado colosos como
Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato;
como José Bianco, Bioy Casares o las hermanas Ocampo,
por ejemplo?
RJB: Existe
una literatura argentina. Como existe una literatura
venezolana. O colombiana. Digamos: literatura
latinoamericana. Es como el sol, aunque uno no lo vea,
siempre está. Pero existen varios problemas por los que
se cuestiona su existencia.Pongamos un ejemplo: el cine.
Existen industrias pujantes en Asia (India, Iran, por
ejemplo) Muy buen cine Coreano. Japonés.En España,
Italia y Francia se hacen productos de gran nivel
artesanal. Incluso la cinematografía inglesa tiene un
nivel de excelencia supremo. Pero ¿Quiénes ocupan las
carteleras? ¿Esos complejos que arrasaron con los cines
de barrio? Las grandes producciones estadounidenses. Y
las no tan grandes también. Incluso películas
deleznables que jamás deberían ser estrenadas le quitan
su espacio a otras muy valiosas, pero de otro origen. O
sea, dominan no solo la producción, si no que se
aseguraron la distribución y las ventas.En la industria
editorial sucede lo mismo. Todo está organizado para
crear la expectativa para saber como sigue la saga de
Harry Potter, o si Dan Brown hará otro Código Da
Vinci. Es raro que se aúne calidad literaria con
grandes ventas. Tal vez el único ejemplo (según mi
criterio, que no muchos comparten) sea Stephen King. Un
gran escritor que vende a nivel best seller. Por otra
parte, no debemos dejar de lado los costos de esos
libros. Son casi prohibitivos para la mayoría del
potencial lector. También hubo políticas de
desculturización aplicadas por regímenes
condescendientes con las potencias hemisféricas.En
particular, en la Argentina, pese a que figuras como
Julio Córtazar fueron contemporáneos del llamado “boom
de la literatura latinoamericana” (que incluía a grandes
rasgos a: García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes)
se perdió una generación. Seguramente debido a la época
de oscurantismo impuesto por la dictadura militar y la
llamada “guerra sucia”, con su secuela de
“desaparecidos” y exiliados. Muchos de ellos gente de la
cultura.
OR:
¿Decantarse por el cuento, el ensayo o la poesía?
RJB: En lo
personal, Omar, creo que soy un muy buen prosista. Por
cuestiones de tiempo y dinero, me he dedicado a cultivar
el cuento en especial. Además de sentirlo (debo recordar
que existe una gran tradición de cuentistas en el Río de
La Plata) el ensayo requiere un nivel de información y
redacción, que exige mucha entrega.Hubo quién dijo: “el
que fracasa en la poesía, se dedica al cuento. El que
fracasa en el cuento, se dedica a la novela”. Ni tanto
ni tan poco.Creo que uno debe dedicarse a todo lo que se
sienta capaz de realizar dignamente. No cerrarse a
ninguna opción. Y últimamente, también he intentado la
poesía. Debido a un estado de ánimo especial, pero lo he
intentado.Una última acotación con respecto al cuento.
Debido a esas políticas editoriales a que hacia mención,
no tiene la difusión que merecería.Autores como Isidoro
Blastein (Dublín al Sur), Jorge Asís (Fe de
ratas), no han tenido oportunidad de mostrar todo su
potencial.El caso de Asís, es paradigmático. Para
obtener reconocimiento, archivó al cuentista, y se
dedicó a las novelas. Su gran éxito: Flores robadas
en los jardines de Quilmes.
OR
¿Y la novela? ¿Tendremos alguna vez una novela de
Richard John Benet?
RJB: Mira
Omar, de hecho tengo ideas para un par de ellas. Pero
dedicarse a la novelística requiere de esos factores que
mencioné. Tiempo y dinero. Si obtengo algún premio en
metálico, seguramente me tomaré un tiempo para escribir
mi primer novela. Por el momento, y con el objeto de
ampliar mis posibilidades de difusión, estoy terminando
una obra teatral. Veremos si algún grupo piensa que
puede ser llevada a escena. Todo esto también es debido
al poco interés que tienen los editores de sacar
antologías de cuentos. He visto el gran esfuerzo que
hace una camada de jóvenes cuentistas argentinos para
lograr algún reconocimiento. Me refiero a Washington
Cucurto y Diego Grillo Trubba, entre otros muchos que
editaron La joven guardia
OR:
¿Consideras al formato digital una
alternativa para la promoción de autores noveles y
emergentes?
RJB:
Sinceramente tengo mis dudas. Tal vez digan que soy un
viejo escéptico. Pero no es tan así. Por lo pronto sigo
usando este medio que me permitió conocer gente tan
valiosa como tú, Omar. Yo apuesto todos los días. Corro
el riesgo del plagio y la estafa lisa y llana. He
insisto constantemente. Pero no creo que sea tan
definitorio en el despegue de una carrera literaria. En
todo caso, es una alternativa más, como por ejemplo:
concursar, participar de foros, publicar en revistas,
estudiar, y visitar en persona las editoriales.
OR:
¿A la hora de escribir:
apuntalarse en la inspiración, o en la disciplina?
RJB: Omar,
como diría Einstein: “todo es relativo”.Para escribir
debe haber una sabia combinación de: talento,
inspiración, disciplina, estudio y constancia. De nada
sirve un talento natural si escribe según le dicten sus
musas, o no.Uno debe obligarse a tener una conducta y
sus horarios. No pensar en “la hoja en blanco”. Algunas
veces divagando, de ideas aparentemente incoherentes,
surge “La Idea”.No me quiero extender demasiado, porque
el tema da para profundizar en un debate filosófico del
tipo: “Talentoso: ¿Se nace o se hace?”Mi opinión, es que
todo ser humano es talentoso. Algunos más, otros menos.
Pero para explotar ese talento hace falta igualdad de
oportunidades. El apoyo y estímulo necesario. Una
política cultural de la que nuestros países carecen.
OR:
¿De qué manera la música y el cine
alimentan tu escritura? ¿La precipitan?
RJB:
Absolutamente todo. Para mi, todas son herramientas
válidas al servicio de la escritura. Mis recuerdos,
experiencias personales, la música, la cinematografía,
las artes plásticas, el teatro… la vida.
OR:
Un gran actor de tu país, Federico
Luppi, mencionaba en una entrevista que el arte nos
aliviaba y rescataba de los horrores que nos depara la
política y la economía. Es el Arte, en mayúscula, como
necesidad urgente de nuestros países; sobre todo en
América Latina. ¿Estás de acuerdo con ello?
RJB: Omar ¿Recuerdas
La Rosa Púrpura del Cairo? En ella, ese
neoyorquino genial y neurótico, llamado Woody Allen,
hace que el personaje interpretado por Mia Farrow, huya
de la realidad por unos pocos peniques en un decadente
cine de barrio. Tan empobrecido como su país que
atravesaba por “La Gran Depresión” con su secuela de
falta de trabajo y hambruna. El marido de Mia, era un
pendenciero vividor que se gastaba el sueldo de ella en
el juego. Y ella se evadió de tal manera que “entró” en
la película.¿Cuántas veces nos habrá pasado a nosotros?
Con un libro en la mano. Con un tema sonando en la
radio. Bailando o bebiendo. O charlando con amigos de
temas totalmente intrascendentes en madrugadas sin
memoria. Creo que de alguna manera, siempre buscamos
huir por unos instantes de la realidad que es agobiante.
Sobre todo en nuestros países. Pero ¿Sabes? A fuerza de
convivir con estas condiciones estamos mejor preparados
que ellos para sobrellevarlas. Por lo tanto, aguza
nuestra capacidad de evasión y creación.
OR:
Si te tropezaras con Jean
Arthur Rimbaud en un rincón de Buenos Aires y te dijese:
"la verdadera vida está en otra parte". ¿Qué le
contestarías?
RJB: Algo que
dijo John Lennon: “La vida es lo que te pasa mientras
estás ocupado en otros planes.”
OR:
¿Es mejor ser el Talentoso
señor Benet, o Ricardo Juan Benítez?
RJB: Omar, no
se si se debe a una cuestión de ego. El hecho es que
prefiero firmar como Ricardo Juan Benítez. Mi alter ego:
Richard John Benet, comenzó como una broma interna con
un grupo de amigos. Yo les decía que cuándo fuera famoso,
les firmaría los ejemplares como Benet.Con respecto al
talento, eso lo dejo a aquellos que me han leído. Aunque
me encanta ese toque a lo Patricia Highsmith que has
impuesto a esta entrevista. Por último, amigo, no hay
conflictos entre estos dos tipos. Son amigables y se
complementan muy bien.
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-NOTAS: [1] ¿Hay Fantasmas en la Biblioteca de Babel?
Prólogo al nuevo relato argentino, Héctor Libertella (compilador),
Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1996, p.7
[2] Op. Cit. P. 8
[3] Abbadon el Exterminador, Ernesto Sábato, Bogotá,
Editorial La Oveja Negra y R.B.A. de proyectos
Editoriales, S.A. 1984, p. 158.

Omar
Requena. Venezolano, nació en Caracas en 1972. Cursó
estudios de Derecho y Artes visuales en la misma
ciudad. Cursa comunicación social en la Universidad
Bolivariana de Venezuela , en la población de
Ocumare de Tuy, antigua capital del estado Miranda,
donde reside desde hace varios años, interesado en
la riquísima y poco conocida momoria histórica de la
región. Tiene inédito un poemario Palabras para
después y prepara su primera colección de relatos