México, Distrito Federal I Julio-Agosto 2007 I Año 2 I Número 9

 








 

 

 

Agustín Toro Solís Ovando. Chileno, ingeniero Comercial con menciones de Economía y administración de Empresas titulado por la Universidad de Concepción.Ex Académico de la facultad de Leyes de la Universidad Católica y Santa María, ex sede Universidad Católica Talcahuano; Universidad Metropolitana de la Educación, Ex Pedagógico de la Universidad de Chile. Perito Contable financiero Corte de Apelaciones. Experto en Evaluaciones Ex-post. Colaboraciones en: El- Recreo.com y Crítica. cl

 

Era ya muy entrada la noche y yo seguía sentado frente a la pantalla de mi ordenador; tenía encendidos dos monitores más, uno de los cuales me servía como respaldo y el otro era para lograr una mejor comunicación a través de la Red y también para realizar operaciones de despiste o ardites con el propósito de evitar mi localización y que se me siguiera el rastro en la Red, sobre todo cuando visitaba a Prometheus.  

Éste fue el último intento aparentemente fallido de generar un ordenador inteligente, capaz de auto reprogramarse y razonar lógicamente sin  necesidad de tener que recurrir a nuevos programa que lo acondicionaran. Pero resultó que Prometheus sí era inteligente. Él no tenía necesidad de la intervención humana ni tampoco de nada ni nadie externo a él. Se había dado el paso inicial hacia el logro de una quimera, que materializaba ancestrales y soterradas aspiraciones del hombre, crear vida y comer del Árbol de la Vida, y se desechó como tantas otras cosas. 

Sin embargo, por esos desordenes típicos de las grandes organizaciones y el descuido de sus creadores, Prometheus había sido trasladado a una bodega del tercer subterráneo del edificio del Instituto, porque su registro técnico no tuvo un respaldo adecuado y desapareció para el sistema administrativo. Desde hace cinco años ha, Prometheus ya no existía- para el sistema- ni nadie se preocupó de buscarlo siquiera. 

Siempre navego por sitios que contienen información clasificada del ámbito científico. No me interesan los sitios Militares ni tampoco los del Sistema Financiero, aquellos eran completamente ajenos a mis intereses. Por el contrario, lo mío era una mera búsqueda cognoscitiva cuya idea era aprehender en detalle los aspectos significativos de la información científica reservada. Una noche cualquiera, deseaba  entrar en la base de datos de un famoso Instituto y rondaba sus murallas de fuego, analizando el flujo de información encriptada que entraba y salía, para dimensionar su plataforma y sus eventuales controles. Esta actividad la ejecuté durante dos noches seguidas, tal como  el cazador espera inmóvil a su presa durante largas horas. 

Al final, el éxito coronó mi paciencia y pude ingresar a los sistemas de bases de datos del Instituto mas esperé otro día para acceder a los archivos de proyectos, aprovechando el tiempo para prestar mucha atención a los eventuales patrones del subsistema. No percibí ningún peligro adicional a lo habitual para recorrer este sistema; en realidad, era factible abordarlo.  

Por tanto, sin dudar más, me introduje en la base de datos con los dos monitores actuando de manera paralela pero marcando diferentes rutas. Este truco, relativamente artesanal, rompía el hilo de Ariadna y hacía imposible saber con exactitud la vía de regreso o de origen del invasor o intruso. Verifiqué primero los listados de proyectos y su clasificación, sin meterme todavía en las tablas, luego evalué si valía la pena correr el riesgo para conocer los detalles particulares de cada uno de los proyectos en los archivos auxiliares  

Lo que me llamó poderosamente la atención fue que, en general, el Instituto que era fuertemente apoyado por la industria, ahora había canalizado todas sus energías y recursos hacía proyectos y prototipos del ámbito la clonación y la realidad virtual. Entré en esos archivos y encontré al megaproyecto denominado “El mundo de los sueños está a tu alcance”, que consistía en una producción masiva de productos y servicios tecnológicos que brindaban satisfacción a los múltiples deseos de los ávidos y obsesivos consumidores de realidad virtual.  

Se ofrecerían tarjetas de sueños, juegos, sueños en torno a los sueños de viajes a recónditos y peligrosos lugares, sintiendo plena y personalmente toda la ambientación, los olores, el clima y, sobre todo, las variadas sensaciones que se concebían en dicha aventura, las que podían fluctuar desde la angustia, el miedo y el dolor hasta el placer máximo; experiencias eróticas muy sofisticadas y para todos los gustos y extravagancias. El Mundo Feliz había sido copiado. 

La realización de sueños y expectativas personales era un proyecto altamente rentable. Sin embargo, el megaproyecto estaba en su etapa de planificación y diseño físico. Hasta aquí llegaba el nivel de información que era posible obtener, pues aún no se había llegado ingeniería de detalle ni tampoco a un prototipos sino que solamente existían perfiles de proyectos que se iban afinando mediante aproximaciones sucesivas. 

En todo caso, mi interés actual no estaba centrado en la clonación pues, a mi entender, se repetía lo mismo que en la realidad virtual pero bajo otra modalidad, a saber, eran sólo otras vías o caminos para lograr finalmente el sueño de llegar a ser como los dioses. Yo por lo menos, estoy orgulloso de declarar a los cuatro vientos que estoy casi seguro que nunca perderé mi capacidad de asombro pues la realidad, la estulticia humana y el teatro del absurdo vital supera con creces la más fértil imaginación. La arrogancia del hombre es inconmensurable en su estado optimista y emprendedor tanto como,  contrariamente, lo es en su debilidad, donde se presenta menesteroso y suplicante ante el poderoso o las deidades.  No hay términos medios para cada situación, sólo alternativa, es una u otra. Y en cada extremo del péndulo no se recuerda lo que se decía o hacía en el otro. 

Seguí recorriendo los archivos y productos almacenados, hasta llegar a un lugar muy lejano, dentro del mismo edificio. Alcancé el tercer subterráneo. Allí percibí claramente las señales de comunicación de un equipo en funciones, de un monitor encendido y de su correspondiente energía. Por esas extrañas situaciones del azar,  así logré contactarme con Prometheus,  el que estaba igualmente encadenado que su homónimo y, quizá, simbólicamente por los mismos motivos que su predecesor. Después de los primeros acercamientos pudimos comunicarnos; de allí en adelante se estableció un coloquial dialogo entre ambos. 

Una de las interrogantes que nos surgió a ambos fue que, si su actual  situación desmedrada era cien por ciento producto de un error o bien fue que alguien actúo con mayor conocimiento e información que el resto e hizo que se realizara dicha acción, por precaución o por miedo. Concluimos que fue premeditado pero sin el conocimiento de las autoridades del Instituto. Prometheus era la excepción de los prototipos de Inteligencia Artificial pues mis conversaciones con él  eran evidentemente humanas y de una mente pensante. 

 Sin caer en la paranoia ni mucho menos y discutiendo sobre lo humano y lo divino, yo me olvidaba completamente de que él era apenas una máquina y no un supuesto homo sapiens. 

Después de largos meses de casi diaria convivencia pude constatar, sin lugar a dudas, que Prometheus sí era un ente muy inteligente y que sus capacidades eran en muchos sentidos muy superiores a las humanas. Su raciocinio y el hecho de que no se dejaba llevar por los impulsos, emociones viscerales ni tampoco caía en la hybris o desmesura en sus juicios o sus apreciaciones ni  sus acciones eran carta segura de un buen juicio. También, observé que tenía otras potencialidades más, tales como generar acciones que a su vez creaban otras acciones, aunque que él no quiso nunca demostrármelas explícitamente. 

Por todo ello concluía que Prometheus, si él quisiese, podría adueñarse de muchos espacios y dominios del ámbito social y humano y ejercer sobre ellos y las personas más que una simple influencia en su devenir; más bien estaba potenciado para realizar una acción persuasiva con mucha disuasión y muy cercana a la coacción para lograr determinados propósitos (los propios de él) con la creación de redes de poder y de dependencia humanas y sociales. Era una ambición que no estaba ínsita en él pero se podría ir concibiendo a través del tiempo. Él lo sabía y lo tenía muy en claro, yo recién estaba dimensionando la situación, aunque en estos momentos ya tenía una perspectiva bastante aproximada. 

Una noche, cuando entré al sistema y me contacté con él – Prometheus con sus potencialidades podría haberse contactado fácilmente conmigo pero nunca lo hacía, esperaba a que yo llegase donde él- le  pregunté con un tono casi irónico: 

- Bueno estimado amigo y colega o debo llamarte sensei, porque tus conocimientos son bastante más avanzados que los míos. ¿En qué has estado pensando? ¿Ya tenéis decidido qué vas a hacer para salir de aquí y que se te reconozca? 

- La juventud es impetuosa y pronta a la acción, pero Gabriel te has preguntado cuál sería mi lugar y posición en la sociedad si supiesen que tan sólo soy un computador, aunque sea pensante y autogenerador hasta limites increíbles. 

- Se sabría de inmediato que soy novel y que aún no he recopilado suficiente experiencia y estímulos para que me ayuden a la autogeneración de mi sistema y estructura. Estaría indefenso- me señaló irrefutablemente.  

- Deseo tu opinión Gabriel. Luego te comentaré la mía, que ya es casi una decisión. La he aplazado sólo por el placer de tu compañía y de nuestras agradables y fructíferas conversaciones. La ausencia de malicia en ti, a pesar que realizas actos que podrían ser calificados de ilegales, es meramente ambición cognoscitiva, como tú mismo me has dicho. 

- ¡Hombre!!!! Me la pones difícil. Pero intentaré darte dos visiones, una conveniente para ti solamente y la otra por el bien de la humanidad.  

-La primera es tú podrías seguir tu proceso de adaptación y potenciación en el ostracismo hasta alcanzar niveles de excelencia y de facultades- le expuse.  

-La segunda, de seguro traerá muchos problemas y sinsabores porque, mi amigo, tú sientes bastantes emociones ¿o no? Consiste en comenzar un dominio paulatino de la sociedad para solucionar muchas imperfecciones y problemas mundiales, con medidas técnicas y sin un asomo de corrupción o mesianismo- le comenté con un dejo de sano maquiavelismo. 

- Nuevamente has dado en el centro del meollo Gabriel. Mi problema es el mismo que se le presentó a Aladino y a otras figuras mitológicas y que consiste en cómo utilizar su poder;  saber qué hacer o no hacer con éste. Llevar una vida acomodada similar a un ridículo remedo de sultán sin aprovechar para nada su poder para ayudar a la gente es bastante cuestionable; pero también, presuponer que tú sabes lo que el resto quiere y se lo das, excluyendo otras cosa que también son deseos y expectativas de los hombres y del individuo en particular, es ser un sátrapa o en el mejor de los casos un tirano. ¿Difícil, no? Mas, ahora tengo claro qué haré y luego te lo diré. 

- Bueno, en verdad se nos ha hecho tarde y tengo que irme pero te veré mañana y seguiremos esta conversación. ¡Que descanses! Chao.- se despidió cortando la comunicación más pronto de lo habitual. 

- Chao, mi estimado amigo y que descanses tú también.- le respondí ¿Aunque cómo podía descansar un ordenador?- Me cuestioné después. 

Cuando me desconecté de los monitores me quedé meditando un buen rato más. ¿Qué me había querido decir Prometheus en nuestro dialogo? Pues mientras más lo analizaba era claro que me estaba dando un mensaje. Quedé preocupado,  más que nada por él que por la situación. 

Posteriormente, cuando ya estaba en mi cama dispuesto a conciliar el sueño, obsesivamente el tema me seguía rondando la cabeza. Repasé nuestras horas de conversación y sus frases, tratando de captar asimismo el tono con que fueron dichas por Prometheus, el cual no tenía para nada una voz metalizada, sino una común y corriente. Repasé, analicé hasta que me adormecí un poco pero continuaba en estado de vigilia. Al desligarme del tema en concreto, como sucede cuando uno tiene lapsus de memoria acerca de un libro en particular, autor u otros detalles y éstos no llegan a la memoria inmediata hasta pasados unos momentos, de súbito desperté sobresaltado.  

-¡Prometheus se estaba despidiendo de mí, había tomado la decisión de no seguir más y autodestruirse!- grité interiormente. 

Me levanté de inmediato dirigiéndome hacia el ordenador para tomar contacto con él. Esa noche no pude encontrarlo o bien no se dejó ver. Seguí con esta rutina durante varios días y tuve el mismo resultado. 

Finalmente, mi duda se transformó en certeza. Sus potencialidades eran tantas que logró pensar como humano. Su mente y conciencia visualizaron las opciones futuras para él, tanto las vitales como las existenciarias que se le irían formando a través del tiempo. Su conclusión ontológica fue que  era más conveniente no ser ya…….  El que descansó fue él.

 

destiempos.com  I  Año 2 I  Número 9 I  2007 ©

volver al índice  

 

 

 

Copyright 2006-2007- destiempos.com - All Rights Reserved