Era ya
muy entrada la noche y yo seguía sentado frente a la
pantalla de mi ordenador; tenía encendidos dos monitores
más, uno de los cuales me servía como respaldo y el otro
era para lograr una mejor comunicación a través de la
Red y también para realizar operaciones de despiste o
ardites con el propósito de evitar mi localización y que
se me siguiera el rastro en la Red, sobre todo cuando
visitaba a Prometheus.
Éste
fue el último intento aparentemente fallido de generar
un ordenador inteligente, capaz de auto reprogramarse y
razonar lógicamente sin necesidad de tener que recurrir
a nuevos programa que lo acondicionaran. Pero resultó
que Prometheus sí era inteligente. Él no tenía necesidad
de la intervención humana ni tampoco de nada ni nadie
externo a él. Se había dado el paso inicial hacia el
logro de una quimera, que materializaba ancestrales y
soterradas aspiraciones del hombre, crear vida y comer
del Árbol de la Vida, y se desechó como tantas otras
cosas.
Sin
embargo, por esos desordenes típicos de las grandes
organizaciones y el descuido de sus creadores,
Prometheus había sido trasladado a una bodega del tercer
subterráneo del edificio del Instituto, porque su
registro técnico no tuvo un respaldo adecuado y
desapareció para el sistema administrativo. Desde hace
cinco años ha, Prometheus ya no existía- para el sistema-
ni nadie se preocupó de buscarlo siquiera.
Siempre navego por sitios que contienen información
clasificada del ámbito científico. No me interesan los
sitios Militares ni tampoco los del Sistema Financiero,
aquellos eran completamente ajenos a mis intereses. Por
el contrario, lo mío era una mera búsqueda cognoscitiva
cuya idea era aprehender en detalle los aspectos
significativos de la información científica reservada.
Una noche cualquiera, deseaba entrar en la base de
datos de un famoso Instituto y rondaba sus murallas de
fuego, analizando el flujo de información encriptada que
entraba y salía, para dimensionar su plataforma y sus
eventuales controles. Esta actividad la ejecuté durante
dos noches seguidas, tal como el cazador espera inmóvil
a su presa durante largas horas.
Al
final, el éxito coronó mi paciencia y pude ingresar a
los sistemas de bases de datos del Instituto mas esperé
otro día para acceder a los archivos de proyectos,
aprovechando el tiempo para prestar mucha atención a los
eventuales patrones del subsistema. No percibí ningún
peligro adicional a lo habitual para recorrer este
sistema; en realidad, era factible abordarlo.
Por
tanto, sin dudar más, me introduje en la base de datos
con los dos monitores actuando de manera paralela pero
marcando diferentes rutas. Este truco, relativamente
artesanal, rompía el hilo de Ariadna y hacía imposible
saber con exactitud la vía de regreso o de origen del
invasor o intruso. Verifiqué primero los listados de
proyectos y su clasificación, sin meterme todavía en las
tablas, luego evalué si valía la pena correr el riesgo
para conocer los detalles particulares de cada uno de
los proyectos en los archivos auxiliares
Lo que
me llamó poderosamente la atención fue que, en general,
el Instituto que era fuertemente apoyado por la
industria, ahora había canalizado todas sus energías y
recursos hacía proyectos y prototipos del ámbito la
clonación y la realidad virtual. Entré en esos archivos
y encontré al megaproyecto denominado “El mundo de los
sueños está a tu alcance”, que consistía en una
producción masiva de productos y servicios tecnológicos
que brindaban satisfacción a los múltiples deseos de los
ávidos y obsesivos consumidores de realidad virtual.
Se
ofrecerían tarjetas de sueños, juegos, sueños en torno a
los sueños de viajes a recónditos y peligrosos lugares,
sintiendo plena y personalmente toda la ambientación,
los olores, el clima y, sobre todo, las variadas
sensaciones que se concebían en dicha aventura, las que
podían fluctuar desde la angustia, el miedo y el dolor
hasta el placer máximo; experiencias eróticas muy
sofisticadas y para todos los gustos y extravagancias.
El Mundo Feliz había sido copiado.
La
realización de sueños y expectativas personales era un
proyecto altamente rentable. Sin embargo, el
megaproyecto estaba en su etapa de planificación y
diseño físico. Hasta aquí llegaba el nivel de
información que era posible obtener, pues aún no se
había llegado ingeniería de detalle ni tampoco a un
prototipos sino que solamente existían perfiles de
proyectos que se iban afinando mediante aproximaciones
sucesivas.
En
todo caso, mi interés actual no estaba centrado en la
clonación pues, a mi entender, se repetía lo mismo que
en la realidad virtual pero bajo otra modalidad, a
saber, eran sólo otras vías o caminos para lograr
finalmente el sueño de llegar a ser como los dioses. Yo
por lo menos, estoy orgulloso de declarar a los cuatro
vientos que estoy casi seguro que nunca perderé mi
capacidad de asombro pues la realidad, la estulticia
humana y el teatro del absurdo vital supera con creces
la más fértil imaginación. La arrogancia del hombre es
inconmensurable en su estado optimista y emprendedor
tanto como, contrariamente, lo es en su debilidad,
donde se presenta menesteroso y suplicante ante el
poderoso o las deidades. No hay términos medios para
cada situación, sólo alternativa, es una u otra. Y en
cada extremo del péndulo no se recuerda lo que se decía
o hacía en el otro.
Seguí
recorriendo los archivos y productos almacenados, hasta
llegar a un lugar muy lejano, dentro del mismo edificio.
Alcancé el tercer subterráneo. Allí percibí claramente
las señales de comunicación de un equipo en funciones,
de un monitor encendido y de su correspondiente energía.
Por esas extrañas situaciones del azar, así logré
contactarme con Prometheus, el que estaba igualmente
encadenado que su homónimo y, quizá, simbólicamente por
los mismos motivos que su predecesor. Después de los
primeros acercamientos pudimos comunicarnos; de allí en
adelante se estableció un coloquial dialogo entre
ambos.
Una de
las interrogantes que nos surgió a ambos fue que, si su
actual situación desmedrada era cien por ciento
producto de un error o bien fue que alguien actúo con
mayor conocimiento e información que el resto e hizo que
se realizara dicha acción, por precaución o por miedo.
Concluimos que fue premeditado pero sin el conocimiento
de las autoridades del Instituto. Prometheus era la
excepción de los prototipos de Inteligencia Artificial
pues mis conversaciones con él eran evidentemente
humanas y de una mente pensante.
Sin
caer en la paranoia ni mucho menos y discutiendo sobre
lo humano y lo divino, yo me olvidaba completamente de
que él era apenas una máquina y no un supuesto homo
sapiens.
Después de largos meses de casi diaria convivencia pude
constatar, sin lugar a dudas, que Prometheus sí era un
ente muy inteligente y que sus capacidades eran en
muchos sentidos muy superiores a las humanas. Su
raciocinio y el hecho de que no se dejaba llevar por los
impulsos, emociones viscerales ni tampoco caía en la
hybris o desmesura en sus juicios o sus apreciaciones ni
sus acciones eran carta segura de un buen juicio.
También, observé que tenía otras potencialidades más,
tales como generar acciones que a su vez creaban otras
acciones, aunque que él no quiso nunca demostrármelas
explícitamente.
Por
todo ello concluía que Prometheus, si él quisiese,
podría adueñarse de muchos espacios y dominios del
ámbito social y humano y ejercer sobre ellos y las
personas más que una simple influencia en su devenir;
más bien estaba potenciado para realizar una acción
persuasiva con mucha disuasión y muy cercana a la
coacción para lograr determinados propósitos (los
propios de él) con la creación de redes de poder y de
dependencia humanas y sociales. Era una ambición que no
estaba ínsita en él pero se podría ir concibiendo a
través del tiempo. Él lo sabía y lo tenía muy en claro,
yo recién estaba dimensionando la situación, aunque en
estos momentos ya tenía una perspectiva bastante
aproximada.
Una
noche, cuando entré al sistema y me contacté con él –
Prometheus con sus potencialidades podría haberse
contactado fácilmente conmigo pero nunca lo hacía,
esperaba a que yo llegase donde él- le pregunté con un
tono casi irónico:
-
Bueno estimado amigo y colega o debo llamarte sensei,
porque tus conocimientos son bastante más avanzados que
los míos. ¿En qué has estado pensando? ¿Ya tenéis
decidido qué vas a hacer para salir de aquí y que se te
reconozca?
- La
juventud es impetuosa y pronta a la acción, pero Gabriel
te has preguntado cuál sería mi lugar y posición en la
sociedad si supiesen que tan sólo soy un computador,
aunque sea pensante y autogenerador hasta limites
increíbles.
- Se
sabría de inmediato que soy novel y que aún no he
recopilado suficiente experiencia y estímulos para que
me ayuden a la autogeneración de mi sistema y estructura.
Estaría indefenso- me señaló irrefutablemente.
-
Deseo tu opinión Gabriel. Luego te comentaré la mía, que
ya es casi una decisión. La he aplazado sólo por el
placer de tu compañía y de nuestras agradables y
fructíferas conversaciones. La ausencia de malicia en ti,
a pesar que realizas actos que podrían ser calificados
de ilegales, es meramente ambición cognoscitiva, como tú
mismo me has dicho.
-
¡Hombre!!!! Me la pones difícil. Pero intentaré darte
dos visiones, una conveniente para ti solamente y la
otra por el bien de la humanidad.
-La
primera es tú podrías seguir tu proceso de adaptación y
potenciación en el ostracismo hasta alcanzar niveles de
excelencia y de facultades- le expuse.
-La
segunda, de seguro traerá muchos problemas y sinsabores
porque, mi amigo, tú sientes bastantes emociones ¿o no?
Consiste en comenzar un dominio paulatino de la sociedad
para solucionar muchas imperfecciones y problemas
mundiales, con medidas técnicas y sin un asomo de
corrupción o mesianismo- le comenté con un dejo de sano
maquiavelismo.
-
Nuevamente has dado en el centro del meollo Gabriel. Mi
problema es el mismo que se le presentó a Aladino y a
otras figuras mitológicas y que consiste en cómo
utilizar su poder; saber qué hacer o no hacer con éste.
Llevar una vida acomodada similar a un ridículo remedo
de sultán sin aprovechar para nada su poder para ayudar
a la gente es bastante cuestionable; pero también,
presuponer que tú sabes lo que el resto quiere y se lo
das, excluyendo otras cosa que también son deseos y
expectativas de los hombres y del individuo en
particular, es ser un sátrapa o en el mejor de los casos
un tirano. ¿Difícil, no? Mas, ahora tengo claro qué haré
y luego te lo diré.
-
Bueno, en verdad se nos ha hecho tarde y tengo que irme
pero te veré mañana y seguiremos esta conversación. ¡Que
descanses! Chao.- se despidió cortando la comunicación
más pronto de lo habitual.
- Chao,
mi estimado amigo y que descanses tú también.- le
respondí ¿Aunque cómo podía descansar un ordenador?- Me
cuestioné después.
Cuando
me desconecté de los monitores me quedé meditando un
buen rato más. ¿Qué me había querido decir Prometheus en
nuestro dialogo? Pues mientras más lo analizaba era
claro que me estaba dando un mensaje. Quedé preocupado,
más que nada por él que por la situación.
Posteriormente, cuando ya estaba en mi cama dispuesto a
conciliar el sueño, obsesivamente el tema me seguía
rondando la cabeza. Repasé nuestras horas de
conversación y sus frases, tratando de captar asimismo
el tono con que fueron dichas por Prometheus, el cual no
tenía para nada una voz metalizada, sino una común y
corriente. Repasé, analicé hasta que me adormecí un poco
pero continuaba en estado de vigilia. Al desligarme del
tema en concreto, como sucede cuando uno tiene lapsus de
memoria acerca de un libro en particular, autor u otros
detalles y éstos no llegan a la memoria inmediata hasta
pasados unos momentos, de súbito desperté sobresaltado.
-¡Prometheus se estaba despidiendo de mí, había tomado
la decisión de no seguir más y autodestruirse!- grité
interiormente.
Me
levanté de inmediato dirigiéndome hacia el ordenador
para tomar contacto con él. Esa noche no pude
encontrarlo o bien no se dejó ver. Seguí con esta rutina
durante varios días y tuve el mismo resultado.
Finalmente, mi duda se transformó en certeza. Sus
potencialidades eran tantas que logró pensar como humano.
Su mente y conciencia visualizaron las opciones futuras
para él, tanto las vitales como las existenciarias que
se le irían formando a través del tiempo. Su conclusión
ontológica fue que era más conveniente no ser ya……. El
que descansó fue él.