La ciudad
ahora está devastada, a veces, a lo lejos, algunos de
los supervivientes todavía aseguran escuchar el sonido
de un caza que se aproxima. Son todo ilusiones de su
mente. Ya no están, pero estuvieron y dejaron cosas por
hacer.
Alguien, en un
país muy lejano, habrá visto mi ciudad pintada en verde,
una noche cualquiera, una de las de hace tan poco, con
todas esas luces yendo de un lado al otro de su
televisor, como un juego malo de un Spektrum que
ni siquiera recuerdo haber tirado.
Ahora somos
muy pocos, ni siquiera somos buenos, y hay tanto que
levantar, y tan pocas fuerzas.
Se oyen las
sirenas, una vez más, pero ya no nos lo creemos, porque
sería muy triste decir que ya poco nos importa.