Presentación
Con el interés de analizar críticamente el trabajo de un
escritor mexicano de fama mundial, poco conocido en
persona por su tendencia a no dejarse fotografiar, no
asistir a las presentaciones y eventos públicos, además
de mantener una constante discreción sobre su vida
privada, me adentro en el estudio de la vida y las
principales ideas de Gabriel Zaid, poeta católico
mexicano de origen judío centro-europeo, que se
convirtió no sólo al catolicismo, sino que se volvió
mexicano por la sola fuerza de su voluntad.
Antecedentes
¿Quién es Gabriel Zaid?
Es un mexicano naturalizado, nacido en Galtzia antigua
región del recién desaparecido imperio Austro - Húngaro,
el año de 1934, posiblemente de orígenes ladinos, su
apellido original pudo haber sido Zayed, migrante junto
con sus padres a la industrializada y progresista ciudad
mexicana de Monterrey, donde abundan las familias de
estirpe judía convertidas al catolicismo predominante en
el país, como los Sada, los Garza, los Lagüera. Estudió
ingeniería en el justamente famoso Tecnológico de
Monterrey, del que se graduó a los veintiún años. Como
buen ciudadano del norte ejerció su profesión y vive de
dirigir una empresa importadora de máquinas
herramientas. Con su experiencia empresarial reflexionó
con originalidad sobre la industria editorial. Como buen
muchacho escribió poesía de calidad que con el tiempo
mereció ser incorporada al corpus de poesía mexicana del
siglo XX. Como buen ciudadano, con una visión anti -
modernizante del país, comenzó a escribir ensayos
alrededor de la séptima década del siglo pasado
criticando el desarrollo estabilizador y el régimen
priísta en general.
Como buen converso católico, la base moral de sus
planteamientos se remonta a los padres y santos de la
Iglesia que le dio fundamento y rumbo a su vida, con
valores que él cree atemporales.
El comunismo y Zaid
Principal postulado del comunismo fue siempre la
simplicidad de la vida sobre lo cual Zaid opina: (los
hombres primitivos) recolectaban, cazaban y pescaban en
un lugar y se iban a otro, mientras el primero se
recuperaba. Su nomadismo les impedía acumular: no es
posible andar cargando de un lugar a otro víveres que se
descomponen, ni armamento pesado, ni medios de
producción aparatosos, sino utensilios y artefactos
ligeros, desechables, fácilmente reproducibles.
Otra idea del comunismo fue una versión laica de la
expulsión del paraíso terrenal: los hombres abandonan el
paraíso cuando aparece el progreso, la generación de
riqueza genera desigualdad y esto es criticable.
El
comunismo es nostálgico de la simplicidad y la igualdad:
“el extraordinario aumento de productividad que algunos
llaman la revolución paleolítica de la Nueva Edad de
Piedra, no pasó de noche. Hubo una conciencia
prehistórica universal de que se había logrado un
progreso memorable. Y hubo, ya desde entonces, una
crítica del progreso: la conciencia de que el progreso
abre la caja de Pandora.
El
comunismo publicita mucho la lucha de clases, los que
todo lo tienen se enfrentan con los que nada tienen, de
modo permanente a través de la historia:
“Los excedentes agrícolas era extraordinarios,
acumulables y concentrados en un solo lugar, casi como
una invitación al despojo. Para las tribus que seguían
siendo nómadas, el asalto pirata a los graneros
sedentarios era como una extensión de la recolección,
caza y pesca, como una pepena de bellotas, una visita a
los generosos alcornoques o a la república de solícitas
abejas, que ofrecían a la mano la cosecha de su
dulcísimo trabajo, así el hombre se convirtió en el
perro del hombre, codicioso de la productividad ajena.
Así empezó el Estado, la desigualdad y la dominación de
la mayoría por una minoría.”.
Un comunista laico del siglo XIX nos narró a su modo la
aparición de “la familia, la propiedad privada y el
Estado”; Zaid el cristiano comunista lo plantea en orden
inverso: “El Estado no era una institución a tiempo
completo, sino un servicio que se organizaba para el
caso, como, todavía en muchas partes, el servicio de
bomberos se organiza cada vez que hace falta. Luego, los
que organizaban la defensa armada comenzaron a quedarse
con el poder y sus prerrogativas, no sólo en un estado
permanente de alerta contra el lobo que viene del
exterior, sino como lobos del interior, disfrazados de
guardianes de la comunidad.”
Así, el Estado es malo en esencia, porque nació de un
abuso y se sostiene por la violencia, no por el amor
entre hermanos.
Zaid explica también con este argumento la renuencia de
algunas tribus del siglo XX a constituirse en
comunidades estatales. No lo atribuye como la mayoría a
primitivismo e ignorancia, sino que les asigna una
astucia “natural” para evitar la sujeción a un poder
superior que seguramente los explotará. En esta línea de
pensamiento un indígena que viva con tecnología de la
edad de piedra será “mejor” que cualquier hombre urbano.
Nomadismo es igual a libertad.
Con el paso de los siglos, el avance de la historia
humana y sus etapas demostraron que la abundancia fue
creciente gracias a los desarrollos culturales y
tecnológicos, pero que la libertad fue disminuyendo en
la misma medida que la igualdad y la fraternidad. Zaid
sitúa en la Edad Media la transformación de los
productos naturales como dones de Dios a los hombres, en
mercancías que valen por si mismas, sin ninguna
referencia metafísica. Con lo que estaría repitiendo la
condena de Santo Tomás a quienes se enriquecen con el
sudor del pobre.
Tuvo que aparecer entonces el Santo Francisco de Asís
para recordar a los hombres que Cristo había predicado
el desprendimiento de los bienes terrenales para
recuperar el estado de gracia y el paraíso perdidos. La
única diferencia entre los comunistas cristianos y los
laicos del siglo XIX es la ubicación del paraíso: los
primeros lo ubican atrás en el remoto pasado (el
paleolítico de Zaid) mientras los segundos lo mandan
hasta adelante, en un futuro indefinido.
San Francisco
/ Zaid claman contra la ley, el poder, el dinero, el
horror a la abundancia, el lucro con lo sagrado
y parece de acuerdo con los frailes mendicantes de la
Edad Media, lo más parecido que existió a los nómadas;
primitivos pero “libres”. Zaid es un cristiano comunista
radical, no cree que la Edad Media haya sido la cumbre
de la religiosidad cristiana, sino por el contrario, la
describe como una época de perdición por las
innovaciones que propició en todos los órdenes de la
vida.
San Pablo:
“Quien no trabaja que no coma”, en términos más modernos,
el santo criticaba a todos aquellos que aprovechaban el
trabajo de otros en su propio beneficio, lo que podría
significar una censura a lo que parecería una forma de
explotación desde la perspectiva cristiana, ya que
existe la opción inversa: es injusto que quien más
trabaja no cobra. Este principio es norma rectora de la
obra de Zaid y lo usa en varias ocasiones, veamos
algunos ejemplos: en su artículo “El arte de convertir
solapas en minifaldas”, Zaid critica a Emmanuel Carballo
por aprovechar los trabajos y el renombre de escritores
de prestigio para sacar adelante su propia fama,
sugiriendo que Carballo necesitaba más de Leñero y
Elizondo qué estos de aquél.
“En defensa de Pellicer” es un título engañoso, pues
aquí Zaid defiende su propio trabajo de crítica
aparentemente saqueado sin escrúpulos por Monsiváis. Con
la precisión del ingeniero, Zaid compara textos propios
previos con los publicados por Monsiváis tiempo después,
y demuestra el plagio descarado y descarnado, además de
la poca labor de investigación de Monsiváis sobre puntos
clave de la vida del poeta, así como su desconocimiento
de datos básicos. Algo muy comprensible porque desde
entonces Monsiváis ya escribía abundante y rápidamente,
lo que hace pensar que no tenía tiempo de documentarse.
Para finalizar el artículo Zaid defiende la integridad
moral de Pellicer pero, pone en duda la de Monsiváis. La
literatura también era y es un buen campo de batalla de
católicos contra protestantes.
La
idea continúa vigente en “Premios, muchos premios” donde
afirma: “quienes más trabajan, que son los que han hecho
algo premiable, no cobran, excepto uno (o dos o tres).
Los jurados, con frecuencia, tampoco. Muchas gacetillas
y comentarios salen gratis…”
. “En defensa del jurado” dice que los escritores ganan
más a través de los premios que mediante los derechos de
autor de sus obras, lo que debería ser correcto en tanto
hicieron un esfuerzo creativo. Como los jurados de todos
modos no cobran pero si se esfuerzan por dar un dictamen
bajo diversas presiones, sugiere dar un quince por
ciento del monto total del premio a quienes lo
otorgaron, en vista de que no parece haber de dónde
pagarles.
Como buen cristiano y además, empresario independiente,
en “Vivir en el error” hace mofa de los autores que,
siendo funcionarios reciben premios del gobierno. El
caso concreto entonces fue el de Agustín Yánez quien,
siendo Secretario de Educación Pública recibió el
Premio Nacional de Literatura de manos de su jefe el
Presidente Díaz Ordaz, además de que ordenó sacar la
reseña del evento y los discursos de entrega / recepción
en una revista de la SEP. Luis Spota escribió a
propósito de tal acto que la Revolución Mexicana era
“consustancial” con la cultura, Zaid aprovecha el lance
para recordar que consustancial es un término
técnico – teológico que significa que el padre, hijo y
espíritu santo forman una unidad. Posiblemente sugería
que Yánez se había premiado a sí mismo sin ningún
trabajo ni esfuerzo verdadero; por eso el pueblo decía
en esa época que: “vivir fuera del presupuesto era vivir
en el error”.
No
se escapan de la visión crítica de Zaid las colecciones
“educativas” de los escritores oficiales ni las argucias
de vendedor de Martín Luis Guzmán quien como ahora
sabemos, no sólo fue funcionario de López Mateos, buen
escritor, sino también editor de sus obras y las de sus
amigos y dueño de las librerías de Cristal. Zaid
aprovecha para dar un buen jalón de orejas a Monsiváis,
a quien parece no era afecto, pues dice que sus libros
aparecen en las listas de los más vendidos antes de
llegar a los exhibidores.
De
la época contemporánea, Zaid critica el despilfarro: de
recursos naturales, de gas, de petróleo, de energía. Se
opone al gigantismo en todos los órdenes pero reconoce
que no se puede dar marcha atrás: “La Edad de Oro quedó
atrás. No es razonable suponer que la humanidad pueda
volver a diez millones de habitantes privilegiados…”.
¿Qué propone? Propone mayor calidad de vida y menos
desperdicio. Fue uno de los pioneros del recicla, reusa,
reutiliza. En “invertir por invertir”
vuelve sobre las mismas ideas y afirma que “no hay mejor
alternativa que las bicicletas de carga, molinos de
nixtamal, máquinas de coser y tejer, apiarios, semillas
y aperos para la producción doméstica de hortalizas y de
pollos…”.
Se opone a las obras faraónicas de Luis Echeverría, pero
recurre al ejemplo de lo que estaba ocurriendo en la
China de Mao en la época del Gran Salto Adelante. Parece
que Zaid deseaba un México bucólico de campesinos
felices y autosuficientes.
La crítica ciudadana contra Echeverría y López Portillo
La
crítica de Echeverría se centra en el tipo de política
económica que siguió este gobierno y el de su sucesor el
licenciado López Portillo. En Zaid como en muchos otros,
la crítica consiste en dos elementos uno no declarado
pero evidente y el otro explícito. El primero se refiere
a una especie de superioridad moral frente al criticado
y al público en general, que podría racionalizarse de la
siguiente manera: yo critico porque se que tengo un
modelo mejor y la gente no lo sabe o no se da cuenta.
Tengo que publicitar mis propuestas.
El
segundo es consecuencia lógica: mi modelo de política
económica es mejor, o superior o ambos. Al publicitarlo,
la gente verá lo erróneo del modelo oficial y me dará la
razón. En el fondo existe una lucha por el poder, aunque
para el escritor o publicista sólo hayan recompensas
simbólicas de prestigio y/ o reconocimiento.
La
propuesta de política económica de Gabriel Zaid es
simple y fácil de enunciar: se debe buscar el desarrollo
desde abajo, “Hay que desconectar, desatar, desencadenar,
devolver autonomías”,
permitir la iniciativa privada en provincia, exportar,
generar empleos usando mano de obra de manera intensiva,
hacer empresas rentables, no subsidiadas, no
dependientes del poder central. Hacer inversiones en
pequeñas dosis, a cargo de sus dueños, sin sindicatos de
por medio y por supuesto lejos de la voluntad
presidencial.
En
cambio lo que Zaid llama la “economía presidencial”, que
no fue sino el estilo personal de gobernar de Echeverría,
consiste en el ya conocido pero caduco sistema de
concentrar el poder político y el poder económico en
manos de un presidente que no era economista, y por lo
tanto no regía sus decisiones económicas por el
principio de la rentabilidad, sino por el de popularidad.
De
modo correcto, Zaid dictamina que todo el poder
económico de un país concentrado en las manos de un solo
personaje, pudo y lo logró, desestabilizar el sistema
con las consecuencias que ya todos conocemos. “Una falla
menor en un circuito subsidiario puede subir hasta
volverse un apagón general”;
nuestro autor compara el sistema económico de Echeverría
con una empresa no rentable:
“Las inversiones improductivas son como fiestas
celebradas a crédito, como vacaciones de viaje ahora y
pague después, como un gran hotel a medio construir que
no produce ingresos, no consigue crédito adicional, no
puede pagar lo que debe, y ni siquiera vale lo que debe,
porque los intereses acumulados y los errores (de
ubicación, de construcción, de contratación) le dan de
hecho un valor negativo: habría que pagar para que
alguien comprara la inversión”.
Correctamente Zaid enfoca el problema desde el ángulo de
una población cada vez más moderna, gobernada con un
sistema premoderno autoritario. Por tanto, los cambios
que propone no son sólo económicos, primero deberían ser
políticos y aquí insiste en la democratización de la
vida nacional, que se respete el voto, que el sufragio
sea efectivo, que los funcionarios deban sus puestos a
la ciudadanía y no al gran elector de Palacio Nacional
para después ¿o al mismo tiempo?, descentralizar la toma
de decisiones político – económicas, confiar en la
capacidad emprendedora de los ciudadanos para así acabar
con el gigantismo de la economía presidencial.
Con la llegada al poder del presidente López Portillo
Zaid ya tenía más experiencia crítica y mejores armas
retóricas, además de soltura para escribir, por lo que
sus análisis se vuelven más complejos y exactos, las
propuestas más puntuales y las críticas más agudas, pues
ahora se toma licencias como analizar la psique
presidencial y atribuir sus errores a deficiencias de
carácter, no sólo de cálculo.
En
“Invertir por invertir” utiliza el término más técnico
de progreso improductivo que define como el gasto
gubernamental irresponsable de enormes sumas de dinero
barato en proyectos improductivos y consumo privado
mediante subsidios a los habitantes de las ciudades.
A la propuesta gubernamental opone la suya de “progresar
en bicicleta” que es un refinamiento de planteamientos
previos ya conocidos. La idea sigue siendo más o menos
la misma: en vez de derrochar el dinero de la Hacienda
Pública en proyectos faraónicos que no toman en cuenta
el sentir de la gente de a pie, deberán otorgarse
microcréditos a los campesinos y gente pobre en general
para que se auto empleen y produzcan riqueza. Esto me
sonó muy similar a lo que propone Ivan Illich con sus
ideas acerca del desmesurado gasto actual en energía
para obtener los mismos resultados que se obtenían hace
siglos con tecnologías más sencillas, así como las
paradojas que este mismo autor plantea en el sentido de
que cada institución genera más problemas de los que
resuelve como las escuelas que producen analfabetos, los
hospitales que causan enfermedades y así. Zaid e Illich
hacen la crítica de la idea del progreso mostrando sus
contradicciones.
Zaid califica a López Portillo de presidente “apostador”
por sus alusiones de tahúr como decir que “se la jugó
por México” “apostó a una carta equivocada”, “se quedó
sin fichas”.
Critica la entrega del programa de Alianza para la
Producción a los grandes empresarios y recuerda que
los campesinos son más previsores y ahorrativos.
Idea muy rara en Zaid que es un empresario moderno,
bien educado en las reglas del sistema capitalista,
totalmente urbano, aunque no debemos olvidar que
todos los que buscan seres simples y auténticos
voltean la vista al campo.
Para no variar, Zaid como buen provinciano critica
los subsidios a la ciudad de México en los ejes
viales, el abastecimiento de agua potable, el
sistema de transporte colectivo así como el gasto
irreflexivo de los recursos de PEMEX. Según nuestro
autor, muchos errores de López Portillo se debieron
a su “machismo”, su humillación y su sentimiento de
devaluación; para Zaid, la nacionalización de la
banca fue “la apuesta patética de un ego en quiebra”.
Parece ser que Zaid tenía razón.
