México, Distrito Federal I Julio-Agosto 2007 I Año 2 I Número 9 Publicación Bimestral I

 








 

 

 

Alvaro Marín Marín es profesor de tiempo completo en la Universidad Pedagógica Nacional de México desde hace veinticinco años, tiene publicaciones en papel y electrónicas en prestigiadas revistas internacionales. Ganó el Premio Nacional de Ensayo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de México en 1997, recibió una mención honorífica en el Concurso Iberoamericano de Ensayo Político Caminos de la Libertad en el 2005.

 

Presentación

Con el interés de analizar críticamente el trabajo de un escritor mexicano de fama mundial, poco conocido en persona por su tendencia a no dejarse fotografiar, no asistir a las presentaciones y eventos públicos, además de mantener una constante discreción sobre su vida privada, me adentro en el estudio de la vida y las principales ideas de Gabriel Zaid, poeta católico mexicano de origen judío centro-europeo, que se convirtió no sólo al catolicismo, sino que se volvió mexicano por la sola fuerza de su voluntad.

Antecedentes

¿Quién es Gabriel Zaid?

Es un mexicano naturalizado, nacido en Galtzia antigua región del recién desaparecido imperio Austro - Húngaro, el año de 1934, posiblemente de orígenes ladinos, su apellido original pudo haber sido Zayed, migrante junto con sus padres a la industrializada y progresista ciudad mexicana de Monterrey, donde abundan las familias de estirpe judía convertidas al catolicismo predominante en el país, como los Sada, los Garza, los Lagüera.  Estudió ingeniería en el justamente famoso Tecnológico de Monterrey, del que se graduó a  los veintiún años. Como buen ciudadano del norte ejerció su profesión y vive de dirigir una empresa importadora de máquinas herramientas. Con su experiencia empresarial reflexionó con originalidad sobre la industria editorial. Como buen muchacho escribió poesía de calidad que con el tiempo mereció ser incorporada al corpus de poesía mexicana del siglo XX. Como buen ciudadano, con una visión anti - modernizante del país, comenzó a escribir ensayos alrededor de la séptima década del siglo pasado criticando el desarrollo estabilizador y el régimen priísta en general[1].  Como buen converso  católico, la base moral de sus planteamientos se remonta a los padres y santos de la Iglesia que le dio fundamento y rumbo a su vida, con valores que él cree atemporales.

El comunismo y Zaid

Principal postulado del comunismo fue siempre la simplicidad de la vida sobre lo cual Zaid opina: (los hombres primitivos) recolectaban, cazaban y pescaban en un lugar y se iban a otro, mientras el primero se recuperaba. Su nomadismo les impedía acumular: no es posible andar cargando de un lugar a otro víveres que se descomponen, ni armamento pesado, ni medios de producción aparatosos, sino utensilios y artefactos ligeros, desechables, fácilmente reproducibles[2]. Otra idea del comunismo fue una versión laica de la expulsión del paraíso terrenal: los hombres abandonan el paraíso cuando aparece el progreso, la generación de riqueza genera desigualdad y esto es criticable.

El comunismo es nostálgico de la simplicidad y la igualdad: “el extraordinario aumento de productividad que algunos llaman la revolución paleolítica de la Nueva Edad de Piedra, no pasó de noche. Hubo una conciencia prehistórica universal de que se había logrado un progreso memorable. Y hubo, ya desde entonces, una crítica del progreso: la conciencia de que el progreso abre la caja de Pandora[3].

El comunismo  publicita mucho la lucha de clases, los que todo lo tienen se enfrentan con los que nada tienen, de modo permanente a través de la historia:

“Los excedentes agrícolas era extraordinarios, acumulables y concentrados en un solo lugar, casi como una invitación al despojo. Para las tribus que seguían siendo nómadas, el asalto pirata a los graneros sedentarios era como una extensión de la recolección, caza y pesca, como una pepena de bellotas, una visita a los generosos alcornoques o a la república de solícitas abejas, que ofrecían a la mano la cosecha de su dulcísimo trabajo, así el hombre se convirtió en el perro del hombre, codicioso de la productividad ajena. Así empezó el Estado, la desigualdad y la dominación de la mayoría por una minoría.”[4]. Un comunista laico del siglo XIX nos narró a su modo la aparición de “la familia, la propiedad privada y el Estado”; Zaid el cristiano comunista lo plantea en orden inverso: “El Estado no era una institución a tiempo completo, sino un servicio que se organizaba para el caso, como, todavía en muchas partes, el servicio de bomberos se organiza cada vez que hace falta. Luego, los que organizaban la defensa armada comenzaron a quedarse con el poder y sus prerrogativas, no sólo en un estado permanente de alerta contra el lobo que viene del exterior, sino como lobos del interior, disfrazados de guardianes de la comunidad.”[5] Así, el Estado es malo en esencia, porque nació de un abuso y se sostiene por la violencia, no por el amor entre hermanos.

Zaid explica también con este argumento la renuencia de algunas tribus del siglo XX a constituirse en comunidades estatales. No lo atribuye como la mayoría a primitivismo e ignorancia, sino que les asigna una astucia “natural” para evitar la sujeción a un poder superior que seguramente los explotará. En esta línea de pensamiento un indígena que viva con tecnología de la edad de piedra será “mejor” que cualquier hombre urbano. Nomadismo es igual a libertad.

Con el paso de los siglos, el avance de la historia humana y sus etapas demostraron que la abundancia fue creciente gracias a los desarrollos culturales y tecnológicos, pero que la libertad fue disminuyendo en la misma medida que la igualdad y la fraternidad. Zaid sitúa en la Edad Media la transformación de los productos naturales como dones de Dios a los hombres, en mercancías que valen por si mismas, sin ninguna referencia metafísica. Con lo que estaría repitiendo la condena de Santo Tomás a quienes se enriquecen con el sudor del pobre.

Tuvo que aparecer entonces el Santo Francisco de Asís para recordar a los hombres que Cristo había predicado el desprendimiento de los bienes terrenales para recuperar el estado de gracia y el paraíso perdidos. La única diferencia entre los comunistas cristianos y los laicos del siglo XIX es la ubicación del paraíso: los primeros lo ubican atrás en el remoto pasado (el paleolítico  de Zaid) mientras los segundos lo mandan hasta adelante, en un futuro indefinido.

San Francisco / Zaid claman contra la ley, el poder, el dinero, el horror a la abundancia, el lucro con lo sagrado[6]  y parece de acuerdo con los frailes mendicantes de la Edad Media, lo más parecido que existió a los nómadas; primitivos pero “libres”. Zaid es un cristiano comunista radical, no cree que la Edad Media haya sido la cumbre de la religiosidad cristiana, sino por el contrario, la describe como una época de perdición por las innovaciones que propició en todos los órdenes de la vida.

San Pablo: “Quien no trabaja que no coma”, en términos más modernos, el santo criticaba a todos aquellos que aprovechaban el trabajo de otros en su propio beneficio, lo que podría significar una censura a lo que parecería una forma de explotación desde la perspectiva cristiana, ya que existe la opción inversa: es injusto que quien más trabaja no cobra. Este principio es norma rectora de la obra de Zaid y lo usa en varias ocasiones, veamos algunos ejemplos: en su artículo “El arte de convertir solapas en minifaldas”, Zaid critica a Emmanuel Carballo por aprovechar los trabajos y el renombre de escritores de prestigio para sacar adelante su propia fama, sugiriendo que Carballo  necesitaba más de Leñero y Elizondo qué estos de aquél[7].

“En defensa de Pellicer” es un título engañoso, pues aquí Zaid defiende su propio trabajo de crítica aparentemente saqueado sin escrúpulos por Monsiváis. Con la precisión del ingeniero, Zaid compara textos propios previos con los publicados por Monsiváis tiempo después, y demuestra el plagio descarado y descarnado, además de la poca labor de investigación de Monsiváis sobre puntos clave de la vida del poeta, así como su desconocimiento de datos básicos. Algo muy comprensible porque desde entonces Monsiváis ya escribía abundante y rápidamente, lo que hace pensar que no tenía tiempo de documentarse. Para finalizar el artículo Zaid defiende la integridad moral de Pellicer pero, pone en duda la de Monsiváis. La literatura también era y es un buen campo de batalla de católicos contra protestantes[8].

La idea continúa vigente en “Premios, muchos premios” donde afirma: “quienes más trabajan, que son los que han hecho algo premiable, no cobran, excepto uno (o dos o tres). Los jurados, con frecuencia, tampoco. Muchas gacetillas y comentarios salen gratis…”[9] . “En defensa del jurado” dice que los escritores ganan más a través de los premios que mediante los derechos de autor de sus obras, lo que debería ser correcto en tanto hicieron un esfuerzo creativo. Como los jurados de todos modos no cobran pero si se esfuerzan por dar un dictamen bajo diversas presiones, sugiere dar un quince por ciento del monto total del premio a quienes lo otorgaron, en vista de que no parece haber de dónde pagarles[10].

Como buen cristiano y además, empresario independiente, en “Vivir en el error” hace mofa de los autores que, siendo funcionarios reciben premios del gobierno. El caso concreto entonces fue el de Agustín Yánez quien, siendo Secretario de Educación Pública  recibió el Premio Nacional de Literatura de manos de su jefe el Presidente Díaz Ordaz, además de que ordenó sacar la reseña del evento y los discursos de entrega / recepción en una revista de la SEP. Luis Spota escribió a propósito de tal acto que la Revolución Mexicana era “consustancial” con la cultura, Zaid aprovecha el lance para recordar que consustancial es un término técnico – teológico que significa que el padre, hijo y espíritu santo forman una unidad. Posiblemente sugería que Yánez se había premiado a sí mismo sin ningún trabajo ni esfuerzo verdadero; por eso el pueblo decía en esa época que: “vivir fuera del presupuesto era vivir en el error”[11].

No se escapan de la visión crítica de Zaid las colecciones “educativas” de los escritores oficiales ni las argucias de vendedor de Martín Luis Guzmán quien como ahora sabemos, no sólo fue funcionario de López Mateos, buen escritor, sino también editor de sus obras y las de sus amigos y dueño de las librerías de Cristal.  Zaid aprovecha para dar un buen jalón de orejas a Monsiváis, a quien parece no era afecto, pues dice que sus libros aparecen en las listas de los más vendidos antes de llegar a los exhibidores[12].    

De la época contemporánea, Zaid critica el despilfarro: de recursos naturales, de gas, de petróleo, de energía. Se opone al gigantismo en todos los órdenes pero reconoce que no se puede dar marcha atrás: “La Edad de Oro quedó atrás. No es razonable suponer que la humanidad pueda volver a diez millones de habitantes privilegiados…”[13]. ¿Qué propone? Propone mayor calidad de vida y menos desperdicio. Fue uno de los pioneros del recicla, reusa, reutiliza. En “invertir por invertir”[14] vuelve sobre las mismas ideas y afirma que “no hay mejor alternativa que las bicicletas de carga, molinos de nixtamal, máquinas de coser y tejer, apiarios, semillas y aperos para la producción doméstica de hortalizas y de pollos…”[15]. Se opone a las obras faraónicas de Luis Echeverría, pero recurre al ejemplo de lo que estaba ocurriendo en la China de Mao en la época del Gran Salto Adelante. Parece que Zaid deseaba un México bucólico de campesinos felices y autosuficientes.

La crítica ciudadana contra Echeverría y López Portillo

La crítica de Echeverría se centra en el tipo de política económica que siguió este gobierno y el de su sucesor el licenciado López Portillo. En Zaid como en muchos otros, la crítica consiste en dos elementos uno no declarado pero evidente y el otro explícito. El primero se refiere a una especie de superioridad moral frente al criticado y al público en general, que podría racionalizarse de la siguiente manera: yo critico porque se que tengo un modelo mejor y la gente no lo sabe o no se da cuenta. Tengo que publicitar mis propuestas.

El segundo es consecuencia lógica: mi modelo de política económica es mejor, o superior o ambos. Al publicitarlo, la gente verá lo erróneo del modelo oficial y me dará la razón. En el fondo existe una lucha por el poder, aunque para el escritor o publicista sólo hayan recompensas simbólicas de prestigio y/ o reconocimiento.

La propuesta de política económica de Gabriel Zaid es simple y fácil de enunciar: se debe buscar el desarrollo desde abajo, “Hay que desconectar, desatar, desencadenar, devolver autonomías”[16], permitir la iniciativa privada en provincia, exportar, generar empleos usando mano de obra de manera intensiva, hacer empresas rentables, no subsidiadas, no dependientes del poder central. Hacer inversiones en pequeñas dosis, a cargo de sus dueños, sin sindicatos de por medio y por supuesto lejos de la voluntad presidencial[17].

En cambio lo que Zaid llama la “economía presidencial”, que no fue sino el estilo personal de gobernar de Echeverría, consiste en el ya conocido pero caduco sistema de concentrar el poder político y el poder económico en manos de un presidente que no era economista, y por lo tanto no regía sus decisiones económicas por el principio de la rentabilidad, sino por el de popularidad.

De modo correcto, Zaid dictamina que todo el poder económico de un país concentrado en las manos de un solo personaje, pudo y lo logró, desestabilizar el sistema con las consecuencias que ya todos conocemos. “Una falla menor en un circuito subsidiario puede subir hasta volverse un apagón general”[18]; nuestro autor compara el sistema económico de Echeverría con una empresa no rentable:

“Las inversiones improductivas son como fiestas celebradas a crédito, como vacaciones de viaje ahora y pague después, como un gran hotel a medio construir que no produce ingresos, no consigue crédito adicional, no puede pagar lo que debe, y ni siquiera vale lo que debe, porque los intereses acumulados y los errores (de ubicación, de construcción, de contratación) le dan de hecho un valor negativo: habría que pagar para que alguien comprara la inversión”[19]. Correctamente Zaid enfoca el problema desde el ángulo de una población cada vez más moderna, gobernada con un sistema premoderno autoritario. Por tanto, los cambios que propone no son sólo económicos, primero deberían ser políticos y aquí insiste en la democratización de la vida nacional, que se respete el voto, que el sufragio sea efectivo, que los funcionarios deban sus puestos a la ciudadanía y no al gran elector de Palacio Nacional para después ¿o al mismo tiempo?, descentralizar la toma de decisiones político – económicas, confiar en la capacidad emprendedora de los ciudadanos para así acabar con el gigantismo de la economía presidencial[20].

Con la llegada al poder del presidente López Portillo  Zaid ya tenía más experiencia crítica y mejores armas retóricas, además de soltura para escribir, por lo que sus análisis se vuelven más complejos y exactos, las propuestas más puntuales y las críticas más agudas, pues ahora se toma licencias como analizar la psique presidencial y atribuir sus errores a deficiencias de carácter, no sólo de cálculo.

En “Invertir por invertir” utiliza el término más técnico de progreso improductivo que define como el gasto gubernamental irresponsable de enormes sumas de dinero barato en proyectos improductivos y consumo privado mediante subsidios a los habitantes de las ciudades[21]. A la propuesta gubernamental opone la suya de “progresar en bicicleta” que es un refinamiento de planteamientos previos ya conocidos. La idea sigue siendo más o menos la misma: en vez de derrochar el dinero de la Hacienda Pública en proyectos faraónicos que no toman en cuenta el sentir de la gente de a pie, deberán otorgarse microcréditos a los campesinos y gente pobre en general para que se auto empleen y produzcan riqueza. Esto me sonó muy similar a lo que propone Ivan Illich con sus ideas acerca del desmesurado gasto actual en energía para obtener los mismos resultados que se obtenían hace siglos con tecnologías más sencillas, así como las paradojas que este mismo autor plantea en el sentido de que cada institución genera más problemas de los que resuelve como las escuelas que producen analfabetos, los hospitales que causan enfermedades y así. Zaid e Illich hacen la crítica de la idea del progreso mostrando sus contradicciones.

Zaid califica a López Portillo de presidente “apostador” por sus alusiones de tahúr como decir que “se la jugó por México” “apostó a una carta equivocada”, “se quedó sin fichas”.

Critica la entrega del programa de Alianza para la Producción a los grandes empresarios y recuerda que los campesinos son más previsores y ahorrativos. Idea muy rara en Zaid que  es un empresario moderno, bien educado en las reglas del sistema capitalista, totalmente urbano, aunque no debemos olvidar que todos los que buscan seres simples y auténticos voltean la vista al campo. 

Para no variar, Zaid como buen provinciano critica los subsidios a la ciudad de México en los ejes viales, el abastecimiento de agua potable, el sistema de transporte colectivo así como el gasto irreflexivo de los recursos de PEMEX. Según nuestro autor, muchos errores de López Portillo se debieron a su “machismo”, su humillación y su sentimiento de devaluación; para Zaid, la nacionalización de la banca fue “la apuesta patética de un ego en quiebra”[22]. Parece ser que Zaid tenía razón.


 

[1] Humberto Musacchio, Gran Diccionario Enciclopédico de México Visual R- Z, vol. 4 México, Andrés León Editor, 1999,  p. 2207.

[2]  Gabriel  Zaid , “Abundancia y libertad”, en Vuelta. Revista mensual, año xvii, número 205, diciembre 1993, México, D.F. p. 16.

[3] Gabriel  Zaid, Op. Cit., 1993, p. 16.

[4] Gabriel  Zaid, Idem., 1993,  p. 17.

[5] Gabriel  Zaid, “Abundancia y libertad”, en Vuelta. Revista mensual, año xvii, número 205, diciembre 1993, México, D.F. p. 17.

[6] Gabriel  Zaid, “Abundancia y libertad”, en Vuelta. Revista mensual, año xvii, número 205, diciembre 1993, México, D.F. p. 18.

[7] Gabriel Zaid, Cómo leer en bicicleta; México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1979,  p. 50.

[8] Gabriel Zaid, Op. Cit., 1979, pp. 59 – 63.

[9] Gabriel Zaid, Op. Cit. 1979, p. 69.

[10] Gabriel Zaid, Idem., p. 74.

[11] Gabriel Zaid dice que el autor de esta frase fue el escritor mexicano César Garizurieta (1904-1961) que hizo carrera política y acabó suicidándose, verlo en: Cómo leer en bicicleta; México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1979,  pp. 83 – 84 y 191.

[12] Gabriel Zaid, Op.Cit., 1979, p. 95.

[13] Gabriel  Zaid, “Abundancia y libertad”, en Vuelta. Revista mensual, año xvii, número 205, diciembre 1993, México, D.F. p. 19.

[14] Gabriel Zaid, “Invertir por invertir”, en La economía presidencial, México, Océano 2000.

[15] Idem., p. 71.

[16] Gabriel Zaid, La economía presidencial, México, Océano, 2000,  p. 35.

[17] Gabriel Zaid, Op.Cit. 2000, p. 31.

[18] Gabriel Zaid, Idem, p. 22.

[19] Gabriel Zaid, La economía presidencial, México, Océano, 2000, p. 23.

[20] Gabriel Zaid, Idem, p. 35.

[21] Gabriel Zaid, Ibidem. 2000, pp. 63 – 75.

[22] Gabriel Zaid, La economía presidencial, México, Océano, 2000, p. 95.

 


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