(siempre recordando que hay que lavar bien la quinua
previamente para quitarle el amarguito)
Poner
la quinua en una olla con un poco de agua (que cubra) y
agregar el apio picado (eso de la quinua con apio me lo
copié del Tanta donde lamentablemente no volveré más
porque a mi padre le dieron su café muy aguado o porque
el mozo era muy feo ... Y yo, pues, yo soy poeta y no
puedo costearme esas exquisiteces).
Dejar que hierva. La quinua estará lista cuando hayan
reventado los granos y se sienta suave. Aproximadamente
unos veinte minutos, sino al ojo, pues.
Aparte, en una sartén:
Mi
hermana y yo cocinamos, somos unas muchachas muy
malcriadas.
No
lavamos platos
Ni
vasos
Ni
copas
Ni
cubiertos
No
lavamos nada en invierno, además el Magistral
debe durar cuatro semanas y en cuatro semanas, dice el
comercial, que pasan muchas cosas.
Todo lo dejamos repartido en las tres refrigeradoras que
hay en casa. Hasta ahora no me explico por qué tenemos
tres, si con una basta. Pero son tres: una*para*cada*uno*de*los*humanos*que*hay*en*la*casa,
hasta que me mude y me lleve una, pero eso no será sino
hasta que acabe de pagar las tarjetas o me case con el
hombre despistado: algún huevas pudiente y generoso y
sobre todo despistado.
Y
que venga Margarita seis dedos, con un palo de goma,
a lavar el servicio. Pero Margarita hace mucho que no
llega, para ser más exactos, desde el viaje a Trujillo,
para ser más exactos, desde el accidente del
mecánico-veterinario en el auto de mi padre en el grifo
de Dasso.
Porque
se nos acabó el dinero.
¿Por
qué se nos acabó el dinero?
Yo
rompí mi sueldo y mi alcancía de cerdito del zahorí
pagando tarjetas, viajes innecesarios, comida en pellets
para el pobre Nacho, veterinario para el pobre Nacho,
celular, comedor, xenical, roche, fataché, phase2; y
alguno que otro antojo excéntrico: un sarita cartonera,
perros héroes, mantillas, vino magro, ketarolaco, papel,
pedidure, taxis, matiz, muchachos incautos y en flor,
también y por qué no.
Mi
padre gastó lo suyo y lo prestado pagando el mal
ocasionado en el grifo: paredes y espejos.
Mi
hermana no suele trabajar (salvo una vez que fue a la
puerta de la Antica con sus amigas para vender
caramelitos dizque para los niños pobre de Manchay,
cuando en realidad lo que querían comprar era una pizza
y vaya que lo hicieron, claro, vendiendo a luca cada
caramelo todo se puede) y vive de propinas que cada vez
son más escasas. Aun así, a veces le gorreo. Nos
gorreamos. Últimamente ella está pagando la carne y la
quinua y el yogur de guanábana, que si quiero comer de
guindones me friego, no tengo dinero.
La
latita de Nescafé.
Caímos en desgracia en los noventas, más o menos en la
época de reelección de Fujimori.
Entonces vivíamos en Jaén en la casa de los abuelos
maternos. A mi padre, que siempre le gustó la empresa, y
tenía una agroveterinaria se le ocurrió hacer negocios
con el Estado y nos terminamos de joder (después del
fracaso que resultó ser el dueño del restaurante más
snob de un pueblo de cuatro calles que no tenía
costumbre con el foie grass o el magret de pato).
Hizo contacto con Fondeagro, y se convirtió en proveedor,
pero como no teníamos capital todo lo compramos a
crédito, luego Fujimori salió reelegido, congelaron
Fondeagro, mi viejo no podía pagar sus letras, me
cambiaron al colegio nacional (para mi buena suerte,
duespués de todo) y huyó de Lima, de paso para evadir a
los acreedores. En el 97 celebré mi último cumpleaños en
Jaén. Entonces ni lo imaginaba, pero ése sería uno de
los últimos cumpleaños que pasaba con mi madre. El
último fue el año pasado y fuimos a la Romana, ocho años
después ya podíamos volver a pagar una lasagna. Pero
antes no fue así. Y la desgracia se hizo extensiva y ya
parecía casi un mal perenne: en el 98 ingresé a la
universidad y recuerdo que durante todo ese año tuve que
llevar unos cuadernos usados que encontré por allí
porque no teníamos para esas cosas, lo importante era
pagar la pensión.
Lo
importante era pagar la pensión. A finales del 2000 se
empezaron a acomodar las cosas, ya en Lima pudimos dejar
la casa de los abuelos paternos y mudarnos al depa sobre
el chifa de dos de mayo.
Y
tener, al menos eso se nos grabó, siempre al menos para
comprar, como en El Perseguidor de Cortázar, una
latita de nescafé, mi viejo siempre lo recuerda, menos
mal.
Iba diciendo, mi hermana y yo cocinamos, aunque no muy a
menudo, pero lo hacemos porque somos muy malcriadas,
porque vivimos encima de la cocina de un chifa.
En
una sartén freímos (con poquito aceite, de oliva mejor)
el ajo, que se dore, luego agregamos la carne que
previamente hemos dejado macerar unos diez minutos con
vinagre, sal, pimienta, romero, orégano y cominos.
Agregamos un chorrito de sillao y un poquito de agua
para que no se pegue, para que no se seque. Calculamos
que todo esté cocido, revolvemos y apagamos la
hornilla.
Aparte en el microondas: sancochamos el zapallito
italiano cortado en daditos.
De
vuelta al fogón, en la misma sartén con la carne vamos
agregando, de a pocos y revolviendo, la quinua y el
zapallito sancochado y sal al gusto. Revolver todo,
mezclar bien y espolvorear el queso de tipo parma.
Servir con alguna verdura.